Callejeros en Santa Fe El regreso de los pibes de barrio Una ceremonia secreta se dio entre los artistas y el público, que no paró de corear y saltar durante las más de dos horas de show. Foto: Pablo Aguirre La banda de Villa Celina se presentó en el estadio de Gimnasia y Esgrima de Ciudadela ante unas 8.000 personas, en un esperado reencuentro que atrajo público de varios puntos del país Ignacio Andrés Amarillo Un silencio de misa fue el anticipo del descontrol en que se convirtió la cancha de Gimnasia y Esgrima de Ciudadela, un campo habilitado hasta la mitad que cobijó a unas 8.000 almas. Unas almas integradas en su mayoría por muchachones de estirpe futbolera, pibes a medio camino entre El Polaco y La Renga, y sensuales niñitas en zapatillas de lona. Seres que dejan de sentirse invisibles sólo gracias a la dulzura del cáñamo y a un par de rocanroles sin destino, que durante algo más de dos horas colmaron el nuevo lugar elegido para el concierto. Una renovada escenografía, tal vez menos elaborada que la del concierto anterior (con su pavo real gigantesco) pero muy vistosa (cubierta en su fondo con los edificios de una esquina porteña, con el Obelisco de fondo, y con imágenes laterales con relojes a las 10.45, la hora fatídica de Cromagnon) fue el marco en el que alrededor de las 19.50 la banda de Villa Celina salió a renovar el ritual con un público que vino desde distintos puntos del país. Las banderas llegaron desde Rosario, Villa Constitución y variados lugares de la provincia de Buenos Aires, destacándose la de la Agrupación María Claudia Falcone de La Plata, que hablaba de "nacionalismo popular y revolucionario". La cantante y bailaora Stella Carbone, el percusionista Luis Gastón Lamas, y el cerebro de Dancing Mood, el trompetista Hugo Lobo, fueron los refuerzos para que Cristian Torrejón (bajo), Eduardo Vázquez (batería), Elio Delgado (guitarra), Juancho Carbone (saxo y bandoneón), Maximiliano Djerfy (guitarra) y Patricio Santos Fontanet (voz) desplieguen un repertorio lleno de hits, una mezcla de poesía de arrabal y cánticos de tribuna. Tras un par de temas con Carbone en el fuelle, "Presión" fue la mecha que encendió a las masas, en un pasaje que incluyó a "Tres" y "Si me cansé". Una "Nueva Noche Fría" llegó temprano en la noche, y sería seguida por canciones emblemáticas como "Palo borracho", "Cristal", "Tiempo de estar" (con su inexplicable baile flamenco a cargo de Stella Carbone, ya un clásico), el poderoso tango "Fantasía o Realidad" (con Carbone en voz y bandoneón: "No existe más iluso que el iluso que aún espere que la mano, se la dé el que lo gobierne", reza). Los explosivos "Medallón naranja", "Rebelde", "Agitador y revolucionario" (en la que Fontanet se pone en la piel de un Jesús bastante contrahegemónico), "Morir", "Sonando", "Todo eso" y "Puede" fueron los puntos más altos de un show, que terminaría en un set de potentes canciones: "Los Invisibles" (una referencia a ese público fiel: "sin escuela y sin muelas los dejaron hoy", una de las tantas imágenes crudas en la letrística fontanetiana), "9 de Julio", "Cuánto más" ("cuántos abogados, cuántos abonados", una preocupación para los músicos), "Señales" y el apoteosis de "Prohibido", toda una declaración de principios ("mucho de lo que está prohibido me hace vivir". "Nos vemos en Mar del Plata, en menos de un mes. Ya me estoy probando la malla... ah, cierto que es invierno", dijo Fontanet, un impensable maestro de ceremonias con un despliegue escénico que lo lleva hacia las puntas del tablado, y un discurso lleno de ese tipo de comentarios jocosos. Abrazados como un elenco teatral, sin evidenciar las fisuras personales acarreadas por el proceso judicial, el grupo más polémico del rock argentino se despidió, devolviendo a la multitud a las calles de Barranquitas y a la dura realidad. fuente http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2008/05/25/escenariosysociedad/SOCI-01.html
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