InicioParanormalGusto Infantil(Cuento de terror)Pasa si te gusta leer.
Gusto Infantil


Miraban el reloj, presurosos, miedosos, se encontraban en la sala, ya hacía varios años que no se veían, las formalidades y los falsos abrazos solamente hacían la estancia más obligatoria, más incomoda, más nefasta, a excepción de Morris que siempre había sido el mas risueño de los cuatro.

-¿Y bien? ¡Saquen el vino!, no vine desde España para ver caras largas- Gruño Morris, acentuando lo antes dicho frotándose la barba y acariciándose esa abundante barriga.

- No es que me moleste verlos, es, es la casa Morris la que me pone de malas, simplemente no me acostumbro- Alejandra la mayor de los cuatro hermanos, estaba al borde del pánico, no dejaba de estrujarse las manos, las palabras entre alaridos apenas le salían.

-¿Y yo que quieres que haga? Era la voluntad del viejo vernos aquí cuando el muriera, a mi no me heches la culpa, yo solo trato de pasarla bien en este muladar-

-¡Pues te hubieras quedado en España! Si no hubiera sido por la bocona de Saraí, tu ni te hubieras enterado, fuiste el primero en largarte de este pueblo mugriento, claro, los demás también lo hicimos, pero ya cuando era mas tortura que gozo seguir aquí- Refutó fuertemente Alberto, el penúltimo de ellos.

-Yo, yo, yo pensaba que era necesario decirle a Morris, él es, él es uno de los nuestros ¡Yo nunca lo culpe por irse! Mi papá lo trataba muy mal y el tenía coraje, no sean hipócritas, nosotros solo teníamos miedos- Entre tartamudeos y sollozos por fin sono la voz de la menor en la inmensa sala, la bella Saraí.

-Tranquila Sarita, aquí nadie se esta matando, es mas cálmense todos, la verdad a mi también me da un poco de escalofrío la casa, por eso pedí el vino, joder, para hacer la estancia mas amena, y tu Alberto deja a Sarita en paz, ya sé que jamás me perdonaste el haberme ido, y no pido que lo hagas ni me hace falta-

-¿Quién te crees para decirme que hacer?-

-¡Ya calmate Alberto! Yo mas que nadie sé, que te hizo falta Morris, una figura paterna mejor que la del viejo, pero ya es suficiente, ire por el vino ¡Y todos malditos beberemos!- Hasta los mares más bravos temían cuando Alejandra alzaba la voz.

Así pues pasaron la tarde, y la tarde se convirtió en noche, pronto encendieron la chimenea, ninguno tenía sueño, contaban anécdotas, se reían de tiempos pasados, cuando eran niños y jugaban en la hacienda, llego un punto en que se servían el vino como podían, copas rotas, manchones en la alfombra, Morris abrazando a sus hermanas, hasta Alberto se dejo llenarse de mimos un rato, cantaban y seguían bebiendo; Alejandra platicando de sus amores fallidos de lo torpe que son los hombres, los malditos hombres; Saraí contando sobre lo bien que le iba como diseñadora, sus planes y su futuro.

Cerca de las 3 de la mañana decidieron irse a dormir, pero pronto cambiaron de opinión, pues sus camas se encontraban apolilladas y, por supuesto ninguno cabía, prefirieron juntar cobertores y quedarse a dormir en la sala, el viento hacía que las ramas de los árboles chocaran con los ventanales, atmósfera macabra, en una mansión vieja y descuidada, pero que a la luz de la luna presumia la gloria que alguna vez tuvo.

- Morris, despierta ¿Oíste eso?-

-¿Qué pasa Alberto?, ¿Ha llegado el notario?-

-No, no, escucha, pon atención, se oyen pasos-

-Carajo Alberto, te sigue haciendo daño el vino-

-Y tu sigues siendo un gordo incredulo, escu...- No pudo terminar el enunciado, cuando efectivamente, sonaban unos pasos en el segundo piso, haciendo crujir la vieja duela.

-Maldita sea, donde haya un ladrón te juro Alberto que lo mato, vamos por la escopeta, despierta a las mujeres que estén alertas-

-No creo que sea un ladrón Morris ¿Acaso ya no te acuerdas de lo que ella hacía?, tu lo viste, fuiste el primero en verlo y el primero en huir-

-¿Qué pasa muchachos?¿Porqué tanto alboroto?- Los murmullos eran como clavos para la pequeña cabeza de Saraí.

-Nada, no pasa nada, cosas de hombres, saldré a fumar un habano con "Albi", tu sigue durmiendo-

-Odio eso de "Albi", pero de acuerdo Morris vayamos afuera a fumar-

Afuera hacia un frío de los mil demonios, la hacienda se encontraba en una zona montañosa, la adornaban bellos cipreses, robles y varios pinos, de vez en cuando nevaba, hace unos años lo que ahora es el páramo estaba cubierto de cientos de matas de café, de naranja y plátano, mas adelante tenian vacas y uno que otro borrego. Era una hermosa propiedad, aún abandonada tenia una majestuosidad impresionante semejante propiedad. Su padre se había hecho de ella en el gobierno de Díaz*, pues era un hombre hábil para los negocios y muy buen diplomático.

No muy lejos de la mansión se sentaron a fumar los dos hermanos en el viejo tronco de un roble, cortado años atrás.

-¿Sabes porque soy feliz Alberto?, porque guardé todo aquí- Señalando su calva. En el momento en el que me fui, antes de empacar mis cosas, empaque mis recuerdos, debiste de haber hecho lo mismo muchacho.

-Sí, recuerdo esa noche en la que nos dejaste, estabas más blanco que el mármol, apenas un adolescente, pero se veía fuego en tus pupilas, estabas decido-

-No me culpes, les pedí que vinieran conmigo, no, no les pedí, prácticamente les rogué, con todo mi coraje y mis sollozos, pero prefirieron una cama caliente y un plato seguro de comida, eran muy niños, no hubieran entendido- Morris parecia un trenecito, cada que tomaba aire, era para fumar, estaba nervioso.

-No tienes que repetirlo, lo sé, por eso te estoy hablando en este momento, es solo que fue muy duro, tu nos dabas coraje y valor, eras el líder, yo trataba de emularte, pero no podía, no todos tenemos tu coraje-

-Caray Alberto, tal vez debí de haberme quedado, lo siento mucho-

-No te preocupes Morris ya es pasado ¿Por cierto qué fue lo que viste esa noche?-

-No me tortures así muchacho, pero esta bien, han pasado años, me fui y te debo una explicación de esa noche ¿Recuerdas cuando llego Catalina a la casa?-

-Claro que la recuerdo, jamás había visto mujer tan hermosa, toda una mestiza, con mas rasgos indígenas que españoles, pero bellísima y exuberante la maldita-

-¿Recuerdas todo lo demás? ¿Lo que hacia en el granero?- Era impresionante como volvía la mirada de fuego en Morris solo al empezar a recordar.

-Claro que lo recuerdo, la noche que vinieron los campesinos a exigir su cabeza fue el día mas feliz de mi vida-

Cuando Don Manuel Cerdán de León trajo a Catalina Araujo a la hacienda, mas de un obrero y campesino se había quedado boquiabierto ante semejante mujer, bellísima, con una piel morena que se veía tan apetitosa como la miel, unos ojos avellana tan grandes y brillantes como el mismo sol, su cabellera, negra como el ébano le llegaba hasta la línea de la cadera pasando por su delgada cintura, insinuando ese perfecto derrière , con cada caminar su redondo busto brincaba, era casi hipnotizante y, entre cada palabra y risa, se asomaba una dentadura perfecta cuyo marco eran unos carnosos labios, todo eso en un embase de 1.70 metros, mucho más alta que las demás mestizas.
Los cuatro niños espiaban desde la celosía de una habitación, ¿Acaso ella sería el reemplazo de su madre? Se preguntaban preocupados, Alejandra estaba que rompía en llanto, no pensaba que tan pronto se olvidaría su querido papá de su madre, de su madre santa, su madre sufrida, cuya enfermedad la devoró mas rápido, que una plaga a un campo entero.

-Ya cállate Alejandra, nos van a oír que estamos espiando, no creo que nuestro padre la ame, debe ser, como nos había dicho la nana cuestión de hombre, sí, eso debe de ser, calmate y sigamos observando- Un joven y valiente Morris pronto se hacía cargo de la desesperada situación.

-¿Y si no es así? ¿Y si ella se queda?- La mirada dubitativa de Alberto acompañada de su delgado físico y su tez ceniza lo hacían ver enfermo, pasaria por un niño tuberculoso muy fácilmente.

-No, tranquilos, ella no se quedará, ya verán, confíen en papá, el ya ha traído mujeres antes, y a la mañana siguiente, el cochero ya las esta esperando-

-Pero, se ve diferente Morris, ésta es más bonita que las anteriores y fíjate como papá la presenta con todo el mundo, la mira, la toma del brazo y se ríen- Alejandra se estrujaba el vestido con una desesperación digna de una embolia, por un momento penso que se desmayaría de la impresión.

-Una mujer tan bonita, no puede ser tan mala, tal vez sea como una princesa, como la de los cuentos de la nana Aurelia- Alberto se mojaba los labios y calmaba su ansiedad.

-No seas tonto "Albi" esas son las peores, se ven hermosas por fuera y son malas por dentro, como las brujas, podría ser una bruja ó peor aún, podría ser una santera*- La mirada de fuego en Morris comenzaba a aparecer, casi se podía ver como sus púpilas verdes como el jade se tintaban de rojo.

Sin embargo con instinto casi sobrenatural Morris sabía lo que venía, casi podía ver en su cabeza las palabras que su padre estaba a punto de decir.

-¡Pronto Aurelia! Llama a mis hijos, saca el vino, preparen la mesa, que hoy comeremos seis, será maravilloso, quiero que conozcan a mi bella mujer- Dijo esto último acompañado de risas, estaba embelezado, se podía ver lo emocionado que estaba desde la mata de café mas lejana de la hacienda.

-Si señor, claro que sí, ahora mismo voy por los niños, solo serán los mas grandes, pues Saraí esta dormida en su cuna-

-Si, si, no importa- Haciendo un cínico ademan con la mano izquierda- Ándale Aurelia no te tardes que tenemos hambre.

Aurelia recorrió todo el extenso corredor, adornado de altos pilares de piedra de cantera, el manzarín del piso era hermoso; Mirando por la derecha se podía observar una fuente de talavera, las escaleras eran de mármol y cedro, los interiores estaban forrados con bellos tapices, alfombras carísimas, retratos de la época del virreinato, los cuartos de los niños tenían duela y una estancia grande para los cuatro, los baños eran una preciosura con acabados de concha nácar, una mansión colonial preciosa con más 100 habitaciones. Aurelia conforme se acercaba a los niños tenía un mal presentimiento, ella no era una católica debota, venía de la zona del Istmo en Oaxaca, hablaba mejor el zapoteco* que el español, ella tenía mas contacto con la naturaleza y los buenos espíritus, sin embargo, no practicaba la santería, creía en la mirada de las personas, en la pureza de su ser, y los ojos de esa mujer no le decían nada bueno, regordeta ella, sentia un alivio (solamente físico) de haber llegado por fin al cuarto de sus niños.

-Pero mi niña hermosa, ¿Qué te sucede madresita?- Acariciaba la pequeña cara de Alejandra.

-¡Déjala Aurelia! ¡Déjanos en paz! Hemos escuchado todo, quiere que bajemos, ¡Pues nadie bajará!- Morris no solo tenía fuego en su mirada, parecía un tigre protegiendo a su manada.

-Hijitos mios, cálmense por favor, Alejandra deja de llorar, no pasa nada- Le daba un pañuelo a la pequeña y la acercaba a su regazo. De seguro es un caprichos de su padre, el se encapricha seguido con cosas y también con mujeres, yo no quiero que venga y nos regañe, mejor bajemos pronto, muy pronto.

-Pues dile que me siento mal, que al menos yo no bajo, tengo asco- Alberto se recostaba en un peluche y fingía cara de vomito.

-No, iren (había querido decir "miren" ) yo los quiero mucho, y ustedes a mi, son como mis hijos, yo se como se pone su papá, como les regaña y les suena (como les pega), ahorita el quiere que bajen, pues bajemos todos, ya después le dicen que quieren jugar, y ya nos subimos ¿Qué les parece?- Aurelia los miraba con un rostro de pena, sentía que esta vez no sería un capricho pasajero.

-¡Aurelia ya te estas tardando!¿¡No sera que te tenga que regresar a tu mugroso pueblo!? Si no puedes controlar a tres chamacos, no me sirves de nada- La voz fuerte de Don Manuel resonaba por toda la mansión, hacia entrar en pánico a Aurelia.

-No quiero que nos quiten a Aurelia también, bajemos Morris, bajemos "Albi"- Alejandra siempre pensando en los demás mas que en ella misma, parecía una señora, tan solemne al decir esas palabras.

-¡Enseguida van los niños Don Manuel!- Aurelia y los tres, bajaban las escaleras a todo lo que daban, después de bajar, Aurelia juraría haber perdido mas de un kilo de grasa.

Ya en el comedor, una Catalina amorosa, se presento, con ademanes de una señora de alta sociedad les daba cumplidos a los niños.

-Mucho gusto, yo soy Catalina Araujo, Manuel me había platicado de ustedes, pero nunca me dijo que eran tan lindos, vaya, ustedes son totalmente europeos, unos niños muy bonitos-

-Nuestra madre era muy bonita- Replicó Alejandra casi al instante.

-No lo dudo ¿Y tu eres...?-

-Catalina, del mayor al menor, Alejandra, Morris y Alberto, mis mal educados hijos, falta Saraí que esta durmiendo en su cuna- En ese enunciado se veía la dureza y lo escrupuloso de Don Manuel.

-No te preocupes querido, después de todo, debe ser muy duro para ellos haber perdido a su madre, yo no intento reemplazarla, quiero ser su amiga, si ustedes me dejan, se lo duro de la vida, y tal vez en mi encuentren cariño-

Los niños no respondieron nada, se limitaron a sentarse y comer, estaban confundidos, no sabían que pensar, el unico consuelo que tenían era que habían matado a un guajolote*, amaban el guajolote mas que a cualquier comida, su padre y Catalina platicaban y reían, somo si los niños no estuvieran ahí, se hacían cariñitos, él le besaba la oreja, ella le besaba el cuello, eran tan enfermizo para ellos, ni siquiera se esperaron al postre, eso no era un incentivo suficiente para ver semejante escena de "amor", dijeron que se iban a jugar arriba, nadie los escucho.

Así pasaron tres años, cada año se parecían mas a un mueble polvoriento, abandonado, que a un hijo amado y cuidado, Alejandra ya tenía quince, Morris catorce, Alberto doce y Saraí cinco. Su padre Don Manuel de ser un hombre bravo y altanero, parecía un títere, obedeciendo ordenes de aquella mujer, no perdía oportunidad para pegarle a sus hijos, principalmente a Morris que era el que lo cuestionaba y defendía a sus hermanas de las garras de Catalina.Una tarde de Octubre mientras regresaba del colegio, Morris vio como Catalina golpeaba a Saraí con una vara, era suficiente, mas de lo que podía soportar, su límite de tolerancia había llegado al limite, tomo un tronco y golpeo a Catalina en el vientre, penso en reventarle la cabeza, pero estaba tan privado del susto y la emoción, que solamente cargo a Saraí, la encerro en su habitación, llamo a Aurelia para que la cuidara, y corrió hasta lo mas recondito de la hacienda, donde los campesinos tenían un cuarto para guardar materiales, ahí pasaria la noche, sabía que su papá podría inclusive matarlo a golpes por semejante acción.

Llegada la noche, no veía movimiento alguno, se había subido a lo alto de un árbol, un frondoso guayabo, pero nada, todo normal, no se veía señales de disturbio o que alguien lo buscara, se asomaba para el cuarto de su hermana mayor, que quedaba casi enfrente de la fuente, solamente se veía el vaivén de su sombra, pensaba que su hermana se debería de estar preguntando donde estaria su hermano y, que probablemente Sarita le había contado todo lo sucedido. Se había pasado la noche en vela, aunque no tenia reloj, era muy buen calculista, conocía perfectamente en su interior la duración de los minutos, cerca de las cuatro de la mañana, algo llamo su atención, salió del pequeño cuarto, con habilidad de un cirquero se subió a lo mas alto del guayabo en cuestión de un par de minutos, sus pupilas estaban mas dilatadas que nunca.

Pasando el río estaba Catalina, con una bata blanca, la luna la hacía ver mas hermosa que nunca, estaba danzando, dando de vueltas en lo que parecía un circulo pintado con una fogata en medio, se veía excitada, sudada, era como si estuviera fuera de sí, al cabo de una hora, empezó a desnudarse, su cuerpo hacía movimientos extraños, se tocaba vulgarmente y, se empezó a transformar, no era un lobo, no era un tigre, era un híbrido con ojos rojos como rubíes. Alguna vez en las historias de la nana, Morris había escuchado el término, era un nahual*.

Pronto la criatura empezó a oler, a rastrear, Morris casi se cae del árbol, tal parecía que los ojos de la criatura apuntaban hacia donde él estaba, el nahual se precipitó, y corrió a una velocidad sorprendente, el pequeño joven bajo lo más rápido que pudo, buscaba armas en el cuarto, cualquier cosa, un machete, una guadaña, una honda y piedras, lo que fuera para defenderse de la horrenda nahual, pasaron al rededor de diez minutos, a ese tiempo ella ya debería de estar haciéndome cachos pensaba, cuando se estaba subiendo de nuevo al árbol, unos gritos le quebraron el corazón, era la nana Aurelia, tomo el machete y corrió hasta el cuartito de adobe en donde se encontraba ella, a los pasos que daba lloraba y lloraba, ¡La maldita sabía!, sabía donde herir, en donde le dolería mas a Morris, al llegar al cuarto de la nana el espectáculo era horrible, sangre por todos lados y la criatura devorándose el vientre de su amada nana, de su último vínculo con su madre. En ese momento el tigre interior de Morris salió a vengarse, estaba decidido, tomo el machete y se abalanzo sobre la criatura, logro pegarle justo en la columna, la nahual se volvió en contra del joven, pero el tumbó una repisa de figurines y unas veladoras, causando un fuego y dandole tiempo de escapar.

Hasta la fecha no sabe que tan rápido corrió a su casa, subió las escaleras y advirtió a sus hermanos, debió de haber roto un récord o algo parecido, sus hermanos lo miraban confundido, con miedos, nadie entendía con claridad lo sucedido, solamente veían el fulgor del fuego, el ruido que hacía el camión de bomberos, y todo el alboroto que armaban los empleados de la mansión. La pequeña Saraí alcanzo a decir "corre Morris, corre". Tomo lo básico, los beso a todos, se escabulló entre el alboroto y no volvió a mirar atrás.

-Siempre pensé que había muerto a causa del incendio- Decía un adulto Alberto enjuagándose los ojos.

-Pues esa es la verdad "Albi", no tendría porque mentirte, Dios guarde a nuestra amada Aurelia y a mi que me perdone por haberme ido, por haberlo dejado-

-No te culpes Morris, ahora lo entiendo todo, tu siempre fuiste el mejor de los cuatro, que bueno que le pegaste a ese espanto de ser humano-

-Jajaja, mírame, como carajo voy a ser el mejor de los cuatro, soy un viejo barrigón- La risa de Morris era la mas bonachona que Alberto había escuchado.

-Y yo soy un larguirucho y solterón, eso no podría ser peor, he Morris- La sonrisa de Alberto era digna de actor de cine, era muy atractivo.

-Y que lo digas "Albi", por cierto, ¿cuándo murió Catalina?, porque podría jurar que en el incendio no murió-

-No, no murió, permaneció encerrada en su habitación un par de meses, mi padre se encontraba subyugado, era tema tabú preguntar por ella ó hablar de ti, todos pensaban que habías muerto en el incendio, solo nosotros sabíamos que habías huido, pero jamás dijimos algo-

-Ya veo, ¿Y cuando fue la noche que fueron por ella los campesinos?-

-Pues, veras, eso fue 4 años después de que te fuiste, Alejandra ya no estaba, se había convertido en una mujer muy guapa bastante parecida a mamá, no tuvo problemas en encontrar un rico prometido, claro, el primero de todos, cansada de maltratos, acepto casarse con un adinerado ex militar mucho mas grande que ella, con la condición de llevarse consigo a Saraí y darle educación, yo me quede en la hacienda, tenía que investigar todos los rumores del pueblo, sabía que Catalina era la culpable de la desaparición de cientos de cabezas de ganado, pues una tarde, llevando el rastrojo al granero, vi como devoraba una vaca, aún no estaba completamente transformada, la verdad, varios campesinos ya sospechaban de Catalina, más de un recolector juraba haber visto una mujer de sus características en algunas fincas del pueblo, era sorprendente, por cierto, como a diferencia de nosotros, ella no envejecía, seguía idéntica, cosa que levantaba aún mas las sospechas-

-Bueno hombre, al grano "Albi", la mataron, ¿Si o no?- Morris estaba desesperado había esperado mas de treinta años para conocer esa respuesta, encendía con rapidez otro habano.

-A eso voy caray, pues, no se sabe, la noche en que todo el pueblo iracundo vino tras ella, y casi queman toda la hacienda, tan solo consiguieron herirla un poco, fue muy rápida para ellos, huyo con la noche, nadie jamás la volvió a ver, cuando entramos a su cuarto, había veladoras, estatuas de la Santa Muerte, hierbas, era una santera, con razón hasta la fecha se oyen pasos y cosas raras-

-¿Y si ella volvió?, ¿¡Como es posible que nos hayas traído aquí!? Si no tienes la certeza de que murió, tal vez ella haya vuelto, este espiando, a la mierda la mansión, puede quedársela el gobierno, iré a decirle a mis hermanas lo que pienso, en todo caso no se volverá a repetir, organizare gente y esta vez la mataremos- Morris no quería saber mas del asunto, esa respuesta le causaba enojo y pánico, quería regresar a España lo mas rápido posible, no sin antes haberla matado.

-La verdad Morris, aquí nadie ira a ningún lado- ¡BAM! con un disparo corto, directo al pecho, Alberto acabo con la vida de su hermano.

Como si hubiera sido presa de una especie de premonición, Saraí se había levantado del sillón donde dormía, había tenido una pesadilla, se encontraba preocupada, dispersa, entre sueños había escuchado un disparo y estaba muy angustiada, por un momento penso que eran los viejos recuerdos lo que la mantenían así, en el momento mas inoportuno y desgraciado, decidió acercarse sigilosa a un ventanal a ver como estaban sus hermanos, al ver un bulto que no distinguía bien su forma, sus pupilas se agrandaron más y más, con horror ese bulto tomaba forma, era Morris, pero no solo él, un desconocido Alberto se encontraba cortándole la cabeza a su hermano, para su desgracia el cielo estaba demasiado claro, la luna brillaba como pocas veces en el mes, lucían en el pasto sangre, cesos, trozos de ropa, de repente un puñal era clavado en su vientre, una, dos, tres veces, había saña en los movimientos de Alberto, y un tremendo gozo por lo que hacía, conteniendo las lagrimas y con una mueca de horror, Saraí se acerco a su hermana.

-Alejandra, despierta, Alejandra, vamos, despierta, rápido por favor- Movía a su hermana con mucha desesperación sin embargo, su voz era casi imperceptible.

-¿Qué sucede Saraí?¿Porque lloras?, viste un espanto verdad, eso ha pasado, tranquila pues- Alejandra volvía a acomodarse.

-¡No, no, Alberto ha asesinado a Morris! Tenemos que correr, tenemos que salir de aquí, nos matara a nosotras también-
El bello rostro de Saraí estaba irreconocible por el asco y el terror, las arrugas de Alejandra se hundieron aún mas, comprendiendo y sin comprender, sigilosas tal felinas, iban a salir por la puerta trasera, atravesarían el comedor y la bodega de granos, saldrían del otro lado del páramo, en seguida se encontraría con el viejo pozo, y de ahí pura cuesta abajo hasta llegar a la empedrada, caminarían cerca de 300 metros y habrían llegado a la avenida. Justamente al llegar al pozo, unos ojos salían del agujero, unos ojos familiares, ojos escarlata, mas vivos que nunca, parecía que ardían, pronto entendían las dos hermanas que no podrían escapar de semejante criatura, Alejandra la maldecía, lloraba y le arrojaba piedras, se arrojó al piso y solo se preguntaba ¿Porqué Dios, dime porque? La nahual solo se limitaba a mirar, estaba disfrutando el momento, tanto que aguantaba los golpes, ya no había escapatoria, Alberto siempre supo la ruta alterna, era el que había pasado mas tiempo en la hacienda, solamente habían estado jugando con ellas.

-¿Sabes Alejandra? Siempre me había resultado molesta tu voz, tus sollozos, tus insoportables gritos, no sabes cuantas veces soñé que te cercenaba esa garganta- Con cansancio y sonrisas locas, Alberto se acercaba amenazante hacía su hermana, ella estaba fuera de si, se abrazaba de una roca privada en llanto, podría decirse que psicológicamente ya estaba muerta.

Ahora le tocaba a Saraí rescatar a su hermana, con todo el coraje tomo una piedra y estaba dispuesta a romperle la cabeza a su hermano, Alberto se dio una vuelta y con destreza de cazador, le hizo una cortada en el vientre y la arrojó hacia la entrada de la bodega, Alejandra miraba al vació.

Saraí escucho los gritos de su hermana, que enseguida se ahogaron entre la sangre, con la mirada en el piso, veía como cuatro patas saltaban del pozo, y se acercaban hacía ella, fue en ese momento de resignación cuando se le vino un recuerdo.
El día que se marchaba con Alejandra, había ido a la biblioteca a recoger sus tareas, algunos papeles de la escuela y uno que otro libro de los clásicos verdes*, una vieja tarea de Alberto estaba en uno de ellos, era solo una hoja, una hoja que Saraí no le dio mas importancia, pero que recordaba cada letra en ella, era un tipo de ensayo, una pregunta nada mas y una corta respuesta se encontraba en toda la hoja...ya comprendía todo, lloraba y se agarraba la cara, alzo los ojos y miró a la bestia, en su cabeza le pedía perdón a Dios, a la vida y a sus hermanos.



¿Cual era tu mayor gusto infantil?
Catalina, mi bella Catalina, mi hermosa princesa.




*Porfirio Díaz, fue un militar y político mexicano, que ejerció el cargo de Presidente de México, en nueve ocasiones; la primera, del 24 de noviembre de 1876 al 6 de diciembre de 1876 (después del triunfo de la Revolución de Tuxtepec, ocupando el cargo de forma interina ); y, la segunda vez, del 17 de febrero de 1877 al 5 de mayo de 1877. Periodo conocido como el "Porfiriato"


*Santera, a santería o Regla de Osha-Ifá es un conjunto de sistemas religiosos que funden creencias católicas con la cultura tradicional yoruba. Es, por lo tanto, una creencia religiosa surgida de un sincretismo de elementos europeos y africanos. Actualmente la religión cuenta con presencia también en España, por su estrecha relación con Cuba, México, Holanda, Alemania, Inglaterra, Francia, y otros países en los cuales hay un número considerable de inmigrantes cubanos.


*Zapoteco, El zapoteco (díidxa záa (Tehuantepec), tiits së (Santa Catarina Quioquitani), por ejemplo) es una macrolengua integrada por diferentes lenguas zapotecas, habladas por un total de 777.000 personas2 en Oaxaca y otros lugares, hace parte con el idioma chatino de un grupo lingüístico que pertenece al tronco otomangue de lenguas mesoamericanas, junto con la lengua mixteca, mazateca y popoloca, entre otras.

*Nahual, En la construcción social de la realidad mesoamericana, el nahual o nagual es un elemento del individuo que se considera un vínculo con lo sagrado y que por ello es sagrado él mismo. El concepto se expresa en diferentes lenguas significando algo similar a "interior" o "espíritu". Más comúnmente, entre los grupos indígenas se denomina nahualismo a la práctica o capacidad de algunas personas para transformarse en animales, elementos de la naturaleza o realizar actos de brujería.

*Clásicos verdes, se conoce como clásicos verdes a los libros que distribuía Don Jose Vasconcelos, padre de la educación en México, dichos libros traían contenido variado, desde las Iliada y la Odisea de Homero, pasando por cuentos de Tolstoi y otros de Romain Rolland, entre otros, actualmente se volverán a distribuir.

*Guajolote: guanajo, garullo, pavo.

Espero les guste mi cuento, es la primera vez que hago uno tan largo, pero era una idea que tenía que sacar de la cabeza, comprendo que tenga errores de redacción que posteriormente ire componiendo y puliendo varios detalles, he adjuntado un glosario para las personas que no sean de México espero disfruten leyendo, como yo, disfrute escribiéndolo. No se olviden de comentar. Gracias.
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