Los Impacientes Es precisamente quien se halla en su devenir quien no quiere admitir el devenir; es demasiado impaciente para esto. El joven no quiere esperar a que, después de largos estudios, sufrimientos y privaciones, su concepto de los hombres y de las cosas sea completo; por tanto, acepta confiado otra imagen enteramente terminada y que el ofrecen, y la acepta como si encontrase en ella de antemano las lineas y los colores de su cuadro; se arroja en brazos de un filosofo o de un poeta y durante mucho tiempo tiene que prosternarse y renegar de si mismo; por consiguiente, durante toda su vida no pasa de ser un partidario. ¡Hay que sufrir y sudar mucho hasta que haya encontrado sus colores, su pincel, su lienzo! Y aun entonces está muy lejos de ser maestro en su arte de vivir, pero trabaja, al menos, como maestro en su propio taller.
«El viajero y su sombra» pag 252, aforismo 266. Ed EDAF