Esta es una noticia q salio hoy en el diario infobae, se q no es un post muy largo pero es para q de una ves por todas esto q pasa en practicamente todos los acontecimientos de la argentina se termine y empezemos a tomar conciencia y dejemos de fomentar la bulgaridad y la mala educacion tanto entre nosotros como con los del extranjeros asi una ves q terminemos con esto seamos respetados en todas partes y no odiados y con la fama de mal educados q tenemos en muchas partes del mundo. Esta es la noticia: Así será difícil que vengan las grandes figuras Por: Pedro Fermanelli El ATP de Buenos Aires tuvo una buena organización, un aceptable nivel de juego y un triste comportamiento en las tribunas. En algunos casos, se faltó el respeto a los jugadores extranjeros Cuando, hace exactamente diez años, Argentina recibía a Colombia en el marco de la primera fecha de la zona sudamericana de la Copa Davis, lo hizo en un country -el Mayling Club de Campo- en lugar del Buenos Aires Lawn Tennis Club, que hubiera quedado muy grande para la ocasión. Entonces, menos de mil personas fueron a ver la serie. Para esos mismos años, el torneo de Buenos Aires hacía rato que había dejado de disputarse y el tenis argentino quizá pagaba, en líneas generales, la escasez de éxitos importantes que reemplazaran de una vez la era Vilas. Porque, así como se dice que Willy fue quien "inventó" el tenis en la Argentina, no menos cierto es que una camada como la que supieron liderar David Nalbandian, Guillermo Coria, Gastón Gaudio y compañía fue la que lo levantó de su agonía. Y lo hizo, vale aclarar, en simultáneo con una de las peores crisis económicas que azotaron al país. Hoy, y desde hace tres años, el equipo que lidera Alberto Mancini, ampliamente consolidado en el Grupo Mundial de la competición, recibe a los visitantes en el Parque Roca, con capacidad para 15 mil personas y nunca ocupado en menos de un 75%. También hace ya tres años que la firma Telmex apostó fuerte y se adueñó del nombre del ATP de Buenos Aires. Apuesta que decidió renovar, según se anunció ayer, por igual plazo. Evidentemente las cosas no deben ir tan mal. Lo que no parece ir del todo bien -porque la organización del torneo, con Martín Jaite a la cabeza, ha sido una vez más un lujo- es el efecto que ha producido en el deporte esta masificación, que algunos optaron por denominarla, directamente, la futbolización del tenis. A esto vienen los números que remarcábamos al principio y cómo han crecido al día de hoy. No está mal que el tenis -un deporte siempre asociado a las grandes elites- se haya popularizado, que nuevamente esté al alcance de todos. Incluso muchos integrantes de La Legión reconocen que le deben su presente al pasado de Vilas. El problema es que ese crecimiento fue desmesurado, y a uno le da la sensación de que muchas personas que se sientan tanto en una tribuna como en un palco vip para insultar a un jugador, indistintamente y con vehemencia, en realidad no conocen demasiado del tema. Qué es lo que nos mueve a manifestar tanta pasión por una persona cuya única coincidencia con nosotros es la de haber nacido bajo la misma bandera, aun en el contexto de un deporte individualista, es una cuestión que da para largo rato. El problema, nuevamente, surge cuando el respeto por el otro, el extraño, el ajeno, el extranjero, se pierde por completo. Allí está el chistoso de la tribuna que silba e insulta -y lo hace notar lo más que puede- ante el ingreso de un jugador italiano al court. Y ahí está Diego Maradona, ubicado en una silla destinada a los invitados, tratando de "botón" a un juez de línea y molestando a Potito Starace durante el partido ante Nalbandian (y duele que David, en tanto ídolo de muchos chicos, lo premie con un abrazo y una camiseta apenas terminado el encuentro). Después, el ex futbolista se justificaba, claro: "Todo bien con Potito (en referencia a quien había llamado "Putito" durante todo el juego), pero acá el que tiene que ganar es Nalbandian". Como para que fuera más grosero todavía, ese italiano sociable y respetuoso se había pasado toda la semana diciendo que su sueño era conocer al hombre que tantas alegrías le había regalado con la camiseta del Napoli. Imaginen la desilusión que se habrá llevado el pobre de Starace, cuyo pecado fue el de haber estado cerca de ganarle a la estrella local. Las excepciones fueron remarcadas en este mismo lugar en los primeros días del torneo. Por ejemplo, el segundo, cuando hubo un choque entre argentinos (Calleri-Mónaco) y otro parecido, el que enfrentó a Acasuso y a Moyá, español pero argentino por adopción. El problema (y van…) no es que haya pocos Moyá, sino más bien que haya pocos buenos modales. Aquella jornada había resultado un placer para los ojos -por el juego- y otro para los oídos -por el comportamiento del público-. A Filippo Volandri, quien en dos oportunidades, en el partido contra Acasuso, limpió fleje (esto es, borrar la marca de un pique en beneficio del rival), tampoco se le perdonó su condición de italiano. Para nada… eso sí, cuando reclamó una revisión, bajaron algunos silbidos. Nicolás Almagro, en tanto, tuvo problemas en dos partidos diferentes, el que jugó ante el argentino Martín Vassallo Argüello y el que disputó ante su compatriota Oscar Hernández. Y siguen los ejemplos… Y los que vendrán: en abril nomás, Suecia visitará otra vez la Argentina, como en 2006. En aquella oportunidad, el jugador Robing Soderling también debió bancarse la prepotencia de Maradona, en tanto que un compañero suyo contó una historia que se conoció tiempo después, en ocasión de la reciente visita de Gran Bretaña. "Hablé a fines del año pasado con Jonas Bjorkman, y nos dijo que fue la experiencia más terrorífica de su vida en términos de su relación con los espectadores", fue el testimonio de Judy Murray, madre de Andy y Jamie. Cuando promediaba la semana, se dio a conocer la posibilidad de que Rafael Nadal venga a la Argentina en 2009 para jugar el torneo. En ese caso, el español dejaría de disputar otros certámenes que entregan más puntos para el ránking y más dinero y que, además, le servirían mucho más para preparar la temporada de cemento que comienza dos semanas después con los Masters Series de Miami e Indian Wells. De más está decir que no hay ningún inconveniente en que el número dos del mundo vuelva a nuestro país (vino en 2005, antes de ganar su primer Roland Garros y saltar a la fama). Más bien todo lo contrario. El problema (y este sí que traería cola más allá de la indignación de un periodista) sería que la presencia de un chico que juega al tenis como pocos en la historia y que tanta atención genera (del mundo, de la ATP…) fuera insultado por su forma de festejar un punto, por su forma de vestir, por ser extranjero. Si en el calendario ya estamos en desigualdad de condiciones respecto de otros torneos, que el público se comporte de este modo no ayuda para que las figuras se la jueguen y elijan Argentina. Sería un mal negocio para ellos que, automáticamente, se convertiría en un mal negocio para los dueños de casa.
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