
Chocorón.
¿Han probado el Baileys? Cremoso, de rica textura, agradable al paladar y con un poco de hielo es adictivo y engañador. ¿No tienen Baileys? Entonces anótense con ese concho de ron que sobró del último carrete y rellene con leche con chocolate. Cierre los ojos y disfrute. ¿Tampoco tiene leche con chocolate? Tampoco es problema: mezcle leche Purita –sí, la que dan en los consultorios- y unas cucharadas de Milo.
Proporciones: lo que sobró del ron de la semana pasada y lo que sobró de leche con chocolate del desayuno.

Tropical / Pichí de canguro.
Es una mezcla muy simple: vino blanco y bebida sabor piña. Personalmente creo que no es necesario estar corto de plata para aprovechar este brebaje: como nacimos en un país fértil para la vinicultura, el peor de nuestros vinos en caja (‘Cartoné’) resulta ser mejor que el Premium de otras latitudes –por favor, no beban vino brasileño- y al mezclarlo con la bebida, alcanza para darle de beber a un batallón entero.
Proporciones: 60% bebida, 40% Tropical.

Vodka Yupi.
Hay que tener cojones y una sed insaciable como para recurrir a esto, pero con tal de beber, hay gente dispuesta a vender a su madre. Compre cualquier vodka y vaya al almacén y pídase un sobre de jugo en polvo del sabor que prefiera, lo mezcla y a seguir destruyendo al mártir de su hígado.
Eso sí, ‘Yupi’ ya no existe.
Proporciones sugeridas: 40% vodka, 5% jugo en polvo, 55% agua potable.

Sangría de emergencia.
Según la RAE, sangría es una “bebida refrescante que se compone de agua y vino con azúcar y limón u otros aditamentos”, pero estamos convencidos de que usted no es capaz siquiera de cortar un limón de lo flojo que es y prefiere tomar vino con agua (‘pisagua’) a preparar algo más elaborado, así que la sangría de emergencia es para seres unineuronales: una botella de plástico rajada para verter el vino tinto y luego tome la manzana que iba a llevar de colación a clases y la corta en trozos como se le acomode; ponga la mezcla al sol un rato y a beber se ha dicho, coño.

Melón con vino.
Este brebaje no es un recurso de emergencia. De hecho es bien visto cuando se prepara con los ingredientes adecuados y el cariño suficiente, además que –como suelo decir- “hidrata y alimenta al mismo tiempo”, pero háganlo en verano porque a esta altura del año encontrarán melones podridos y sin sabor –si es que los encuentra.
En cambio, cuando llegue el verano, hágase asesorar por el amigo verdulero o por alguien que sepa al menos diferenciar el melón calameño del tuna. Elija este último, hágale un corte circular por arriba, retire el contenido –sin desperdiciar el jugo, cave un poco la carne del melón sin botarlo, métale un vino blanco bueno, algo de azúcar, revolver y dejar congelando un rato.
Al sacarlo, beba con moderación y comparta el brebaje.



:Este post es de mi autoría; las imágenes y la información han sido tomadas de la red.