Mi imposible refugio
Era hermoso. Cuando lo conocí me di cuenta al instante de su ternura. Nos presentó un amigo que fue a visitarme. Antonio era una persona muy dulce y eso lo hacía muy interesante. Además, era muy guapo. Sin embargo, tenía un gran defecto, era adicto a las drogas.
Yo tenía 17 años cuando lo conocí y fui muy feliz por haberlo conocido.
El día que lo iba a volver ver (nos invito, a mí y a unas amigas, a una fiesta en su casa) fue uno de los más felices de mi vida. Nos dimos un beso esa noche. Fue perfecta. La sensación de alegría y bienestar me duró por varios días, aunque él nunca me llamó, yo sabía que no despertaba en él lo que él en mi.
Menos de un mes después me invitaron a una fiesta de quince años, no había duda, sabía con quien quería ir. Tomé valor y lo llamé, lo invite ¡y me dio el sí! El momento previo a la fiesta muy especial para mí, sentía una felicidad enorme, me arreglé con dedicación y mucha emoción. Me llamó varias veces. El encuentro era un hecho.
Ya en la fiesta me llamó de la puerta y me preguntó si podía ir para que lo dejaran ingresar, le dije que iba para allá y me dijo “pero un favor, estoy con mi novia, ¿puedes hacer que ingresé ella también? De más está decir que mi corazón y mi ilusión se partieron en mil pedazos. Le dije que sí y salí para que ambos entraran. Fue la peor fiesta de mi vida, hasta entonces. Tomé más de la cuenta y sólo lloraba y lo miraba, tanto que su novia se enojó. Él supo contenerla y estuvieron juntos toda la noche, mientras tanto yo estaba cada vez más borracha. Una verdadera lástima.
No podía enojarme con él, ni hacerme la digna, porque sinceramente a él no le importaba, es más, creo que registró muy poco mi existencia.
Por alguna extraña razón, ese chico, me causaba demasiada ternura y nos volvimos a encontrar un par de veces por cosas de los demás amigos, pero yo era muy feliz cuando lo veía.
El 2003 mi vida cambió para siempre cuando conocí a quien fuera el amor de mi vida, Lucho, y como me fue tan mal con él pasé un año terrible. De los únicos días felices que recuerdo de ese año fueron las tres veces que volví a ver a Antonio. Bueno, dos resultaron buenas, la tercera, un desastre.
Pero yo había hecho de este chico “mi angelito” sin que él lo supiera. Cuando ya estaba a punto de morir de pena por todo lo que estaba pasando en mi vida, tomaba valor y lo llamaba, sólo para charlar y preguntarle como estaba, me conformaba con que sea mi amigo, pero hoy que lo pienso me da pena haberlo hostigado. Había días que me hablaba muy bonito y días que más bien parecía decirme “no me molestes”. Lo que él nunca supo es que yo lo llamaba prácticamente diciéndole
“sálvame la vida, por favor”.
Un día de aquellos tomé valor y le propuse “tomar un traguito juntos, y con mis amigas”. Él acepto (seguro ya me tenía pena). Así que quedamos que un día de aquellos, no iba a ir al colegio para vernos, el encuentro sería en su casa.
Esperé ese día por minutos, tenía una emoción enorme en el corazón (nunca supe que se llamaba lo que yo sentía por este chico, sé que no era amor porque yo estaba enamorada de otro chico, pero en fin). Yo llevé a mi mejor amiga, Verónica, él estaba con su mejor amigo también. Yo llegué como a una gran fiesta, emocionadísima. Tomé, me puse borracha, me porte muy mal y a la mitad de nuestro encuentro Verónica y su amigo fueron a comprar. Antonio y yo nos besamos. Recuerdo que le dije “Quiero hacer el amor contigo” ¡Uy! Él me besó muy lindo y me dijo “No hermosa, ahorita no estás bien y no estaría bien de mi parte”. Obviamente no lo hizo por “caballero” sino porque definitivamente no quería tener sexo conmigo. Se puso a dibujar y finalmente me regalo el dibujito con una dedicatoria, decía “Te quiero mucho”. De todas maneras fui feliz con sus besos, su carta y el día que me dedicó.
Meses después nos encontramos en la calle, también estábamos con nuestros mejores amigos, respectivamente, así que nos quedamos horas juntos los cuatro. Reíamos mucho, nos divertimos… fui feliz (en medio de tanta tristeza en mi vida). Había hecho de este chico mi refugio.
La última vez que nos vimos, ese año, fue en la víspera del día de su cumpleaños. Me había pasado semanas pensando qué cosa especial podría darle. Así que le hice un cuadro hermoso, con un mensaje de Dios, sentía que él lo necesitaba por su adicción, también le compré chocolates (¡Ay por Dios que ridícula!) Lo llamé dos días antes de su cumpleaños, le dije
“Sé que mañana es tu cumpleaños y que vas a estar con tus amigos, así que quería saber si puedo pasar por tu casa mañana para dejarte un regalito”
Me agradeció el gesto y me respondió que sí. ¡Había llegado el día para el que me había preparado tanto! Llegué del colegio volando, me alisté, y alisté los regalos. Me fui muy emocionada y nerviosa hasta su casa. Llegué y nadie abría la puerta, yo no podía creer que me había plantado. Salió su empleada y me dijo “El joven Antonio no está”. Quise morirme, le pregunté a qué hora volvería y me respondió que en la noche.
¿Se había olvidado? O lo que era peor ¿me había esquivado? Bajé aquella calle hecha un mar de llanto. ¡Cinco cuadras más abajo lo encontré! Me saludó como si nada, estaba con sus amigos, y me preguntó “¿Qué haciendo por aquí?” Yo lo miré desconcertada, ¡realmente había olvidado todo! Le respondí
“Te cuento que vine a dejarle un regalo a mi amigo, por su cumpleaños, pero olvidó que iba a ir y me plantó”
¡NI ASÍ CAYÓ EN CUENTA! Me respondió “Qué hijo de puta” Lo mire, casi llorando, y le entregué el regalo diciéndole “Feliz cumpleaños”, él se tapo la boca y la cara y me dijo “¡Por Dios, perdón, se me borró por completo, por favor, perdóname” . Me despedí y me fui.
Un año después volví a saber de él. Había besado a una amiga mía y que además le dijo
“Sé que no vas a querer besarme porque tu amiga está enamorada de mi, pero yo no siento nada por ella”
. Aquello terminó en un beso de las dos partes. Enterarme fue terrible porque, desde ya, tenía mi vida destruida a causa de Lucho, el hombre que amaba y el no a mí.
En año nuevo de 2007 volví a ver a Antonio. Llegó a la fiesta que habíamos organizado con mis amigos. Para aquel entonces, ya había superado mis tristezas profundas. Nos vimos, nos alegramos, bailamos toda la noche y terminamos haciendo el amor, bueno como ya me había pasado, el amor lo hice yo, el tuvo sexo. Pero fue muy especial, en primer lugar ver a mi amor platónico haciéndose realidad sobre mi cuerpo, fue inolvidable. Recuerdo que me decía
“Gracias por todo lo que me has querido siempre, por todo lo que has hecho por mí, yo sé que tu si me quisiste de verdad y no lo olvido”
Aquel encuentro terminó con la fiesta. Obviamente no me llamó después y por supuesto ni lo esperaba. Esta vez ya tenía las cosas claras.
Lo vi dos años después. Me partió el corazón porque yo estaba en la puerta de una discoteca y me toco el hombro (sin saber que era yo) estaba vendiendo aretes de hippies, estaba muy destruido por tanta droga, su pareja estaba con él, también era drogadicta y para colmo estaba embarazada. Después me reconoció y hablamos un poco.
Nunca sabré que sentía por él, pero me hizo feliz cuando nadie lograba que lo sea. Fue mi refugio y su sola existencia me ayudo a sobrevivir. Sin embargo, aprendí que encajarle a alguien nuestra presencia sin su consentimiento, o vincularnos con él sin que él quiera estar vinculados con nosotros, es un tipo de agresión y yo lo agredí.