Los orígenes del corset se pierden en la antigüedad. Las mujeres de civilizaciones antiguas tales como Creta, Grecia, Roma, Egipto, Siria, usaban una especie de corset para levantar el busto, afinar la cintura o en ocasiones también para practicar ciertos deportes que requerían trajes de soporte o constrictores. Pero no fue sino hacia los siglos XVI y XVII que el uso del corset se difundió como una prenda usada por todas las mujeres, independientemente de su posición social. Como muestran los cuadros del Renacimiento, aquellos primeros corsés eran particularmente rígidos e incómodos, aunque su fin siempre fue el mismo (mantener una postura erguida, levantando o aplanando el busto, afinando la cintura) el esqueleto de la prenda se armaba con varillas de hierro o madera, también de hueso de ballena. Para entonces las mujeres ya hacían uso y “abuso” del corset: afinando sus cinturas a medidas extremas. La moda comenzó en España y Francia más a finales del Siglo XVII, aquí los corsets se volvieron más elaborados y fueron una parte esencial de la imagen con faldas voluminosas, pequeños abrigos y el aro entrelazado en el corset que empujaba el pecho hacia arriba, la imagen ideal y voluptuosa de una mujer en un evento social. En el siglo XVII la prenda ya era usada también por los hombres, los niños y niñas a partir de los 7 u 8 años, principalmente en las clases sociales más altas. La práctica de “tight lacing” (encordado ajustado) era en demasía popular, y continuó siéndolo en los años venideros. Las pinturas de la época dan cuenta gráficamente de las cinturas que aquellas damas esculpían tirando fuertemente de los cordones de sus corsés. Cuando la cintura regresaba a su posición natural durante la década de 1830, el corsé reapareció y tuvo doble propósito, el de sostén de pechos y el cinturón para reducir la cintura. Sin embargo, había cambiado su forma a la silueta de reloj de arena que es incluso ahora se considera típico del periodo victoriano, tanto para los corsés y de la moda victoriana. Al mismo tiempo, el corsé término siendo utilizado por primera vez en Inglaterra. En la década de 1830, los hombros artificialmente inflados y faldas de la cintura y un corsét apretando y sujetando el torso era la moda victoriana. A mediados del s. XVIII los corsés volvieron a ser el centro de la moda en tanto se hacía la transición hacia los famosos corsés victorianos. Contrario a las comunes concepciones acerca de los corsés victorianos, no todas las mujeres apretaban sus corsés al extremo y mucho menos a diario. Tampoco removían sus costillas quirúrgicamente, ni les provocaba tuberculosis, ni les dañaba la columna. Sin embargo, el continuo uso del corset extremadamente ajustado, les podía llegar a deformar la cavidad pulmonar, y provocar el desplazamiento de órganos. Las damas de la alta sociedad se reservaban el “tight lacing” para eventos formales tales como bailes o reuniones sociales. Y en estos momentos era cuando, si se excedían, les podría ocasionar desmayos (por la reducción de la caja torácica que privaba a los pulmones de recibir el aire necesario). El corset Victoriano o reloj de arena, tenia muchos peros y contras, entre esos peros y contras encontramos: Asfixia - Recordemos que iban fuertemente atados al cuerpo con lo cual tenias que acostumbrar como pudieses al cuerpo a respirar. Insolación - Aunque el clima era igual que el actual no dejaba de hacer calor y no solo se llevaba el corsé si no que además tenían que soportar toda la vestimenta, eso incluye, enagua, medias, pantalones, botines, falda, vestido y un largo etc. Infertilidad - Al ir tan ajustados las mujeres sufrían abortos continuos, muchas quedaban estériles de por vida, no era fácil llevar el corset, ya que si estabas embarazada podías perder al hijo e incluso la propia vida, en los "mejores" casos los niños salían deformados o con problemas cardiorrespiratorios. Desmayos o mal estar en general - Los desmayos muchas veces era culpa de la insolación pero en muchas otras los desmayos se producían por el hecho tan complicado de respirar, al no poder respirar o sentar o simplemente andar cómodamente hacían que una mujer sufriera desmayos, el mal estar en general nadie te lo quitaba, era algo que una se tenía que acostumbrar. Pero también tenia lo bueno llevar un corsét: Te levantaba el busto y realzaba (Aunque exageradamente) las curvas de las mujeres, incluso actualmente son unas prendas preciosas si se saben llevar bien y con elegancia, no tiene que haber ningún problema, además de que los corséts actuales no aprietan ni la mitad que los antiguos, y, eso es un alivio. Después de la segunda guerra mundial, las mujeres reaccionaron unidas contra la exigencia de resaltar el busto y las caderas, la igualdad entre los sexos se convirtió en una demanda femenina pero el resultado fue que las damas se masculinizaron y hacían esfuerzos por parecerse más y más al hombre. El pelo se acortó, las formas se alisaron, las caderas se disimularon y toda protuberancia inquietante que pudiera interferir en la diferenciación se ocultaba. La moda duro poco y las damas retomaron de nuevo la costumbre de destacar sus formas en relación con la caída de una cantidad de tabúes sexuales.
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