Una compleja madeja de responsabilidades
Por Alejandro Horowicz
“Todo gobierno necesita hacer creer en algo. Hacer creer que el rey es divino, que es justo y que la voz del pueblo es la voz de Dios.
Hacer creer que el pueblo tiene una voz o hacer creer que los representantes del pueblo son el pueblo. Hacer creer que los gobernantes están al servicio del pueblo. Hacer creer que todos los hombres son iguales o hacer creer que no lo son.” Edmund S. Morgan, La invención del pueblo.
El 20 de octubre de 2010 Mariano Ferreyra fue asesinado en Barracas, mientras apoyaba una protesta contra la tercerización de trabajadores ferroviarios. El militante de 23 años pagó con su vida la defensa de un derecho conculcado. Una vieja bandera sindical, igual salario por igual trabajo, a más de un siglo de elaborada, sigue siendo un derecho teórico. Millones de trabajadores, en el mundo entero, saben que por hacer lo mismo se puede cobrar muchísimo menos, y que intentar cobrar como los que más no es gratis ni sencillo. El derecho del patrón a pagar menos choca con el de los trabajadores, y dos derechos "iguales" se resuelven casi siempre por el derecho del más fuerte.
En el caso que nos ocupa, el "patrón", José Pedraza, dispuso de una ventaja adicional. En su carácter de secretario general de la Unión Ferroviaria debía defender los reclamos de Ferreyra y sus compañeros, pero en tanto propietario del servicio tercerizado, técnicamente de su segunda mujer Graciela Coria, nunca se propuso tal cosa. La contradicción era aun mayor, Pedraza no sólo jugaba de los dos lados del mismo mostrador, además enfrentaba a los compañeros de Ferreyra como potencial línea interna sindical, y el ingreso en masa de los tercerizados a planta permanente podía poner en tela de juicio su control del aparato. Es que la lista bordó, encabezada por el Pollo Sobrero, un crítico histórico de Pedraza, le viene soplando la nuca, y en caso de recibir un aporte adicional podría pasar de dirigir uno de los 32 cuerpos de delegados de la Unión Ferroviaria, a resquebrajar su descompuesta dirección actual. Pedraza decidió no permitir tal cosa, y por tanto para asegurarse el control de la Unión Ferroviaria, ordenó escarmentar a los díscolos. No queda claro si el pedagógico menú incluía el asesinato de Ferreyra, o si se trató de un aporte espontáneo de los matones contratados. En cualquiera de los casos, Pedraza no sólo era el beneficiario inmediato, sino también el responsable político e instrumental. Y debemos añadir que, si este relato puede ser tan preciso, tan poco tendencioso, es porque la investigación judicial lo probó paso a paso. Y esa es la verdadera novedad política: la voluntad del juez por desentrañar la madeja de responsabilidades.
Si se quiere, la historia personal de Pedraza permite dibujar con trazos rápidos una versión de la descomposición sindical del segundo peronismo. En la década del sesenta era un trabajador socialista. Mentan los memoriosos que Pedraza militaba en las huestes del Partido Socialista Argentino, y que cuando se constituye la CGT de los Argentinos, encabezada por el mítico Raimundo Ongaro, era el único miembro de la mesa de conducción que no encabezaba un sindicato sino una agrupación de trabajadores. Por ese entonces, los ferroviarios, al menos su conducción formal, integraban las tranquilas huestes de los participacionistas. Es decir, los soportes sindicales del gobierno del general Juan Carlos Onganía. Ese Pedraza avanzó todavía más lejos, cuando Juan Carlos Coral, una suerte de duplicado joven de Alfredo Palacios, confluyó con Nahuel Moreno para constituir el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), durante el año '71, formó parte de la movida. Todavía estaba muy lejos de su destino del 22 de febrero de 2011, cuando fue arrestado en el piso 18 de un edificio de departamentos de Puerto Madero, donde el metro cuadrado supera holgadamente los 4500 dólares, y las expensas rondan los 700 dólares mensuales. No es que antes viviera en una modesta tapera, pero había abandonado su magnífico chalet de Ramos Mejía, que vendió al Burrito Rodríguez, cuando todavía jugaba en Vélez, para llegar al corazón del jet set menemista. Por cierto, el destino final de Pedraza no puede desconectarse de la voluntad K, la intervención de Néstor Kirchner, tal como lo recordara su viuda, no sólo facilitó la relación de un testigo clave con la jueza a cargo de la instrucción del asesinato de Ferreyra, sino que impidió que algunos jueces de dedos ligeros permitieran que el jerarca sindical continuara siendo un intocable.
Tan claro lo tiene Pedraza que aun tras las rejas, y con el control de su organización en veremos, impuso a sus asociados distanciarse de Hugo Moyano, y de su propuesta sindical, para sumarse a huestes mas próximas a la Casa Rosada. No se trata de sobrestimar su poder de fuego, sino de entender que una conducción sindical herida en la cabeza no está en condiciones de enfrentar al gobierno. Y ese es hasta hoy el secreto a voces que organiza el comportamiento ferroviario, veremos por cuánto tiempo.
LA OTRA AGENDA. La agenda oficial es precisa: impedir que la oposición marque la cancha, lo que no presenta hasta hoy mayores dificultades, y que la presidenta sea el principal pivote de su propio juego político. Claro que la agenda pública no puede reducirse a la oficial. Para establecer la pública no alcanza la voluntad de Balcarce 50, los medios forman parte de su proceso de construcción. Esa es la agenda descendente. Existe otra, la directamente popular, la agenda ascendente, que se viene construyendo con esfuerzo y militancia. En ella la megaminería y sus efectos sobre el medio ambiente no pueden desconocerse. Incluso los debates preliminares por las candidaturas a gobernador, en proceso de incubación, no permanecen ajenos a su desenvolvimiento.
Una mirada a la interna riojana permite observar que Beder Herrera, que su compleja reelección, no puede desatarse del conflicto por el destino de Famatina, de la decisión local por impedir el avance de ese megaemprendimiento minero. Uno de los intendentes que no lo acompañan, Ricardo Quintela, ha llevado el enfrentamiento discursivo a un punto de difícil retorno. No sólo no cambió de postura frente al carácter contaminante del emprendimiento minero, sino que le recordó a Beder su compleja voltereta. Es decir, pasar de la postura del ambientalismo a una abiertamente pro minera; al tiempo que le impuso la necesidad de dar un debate público sobre el uso de los recursos provinciales.
La cosa no habría pasado de charla de café si los dichos de Quintela no fueran acompañados por una movilización popular; en este caso, los municipales solicitaron el ingreso a planta permanente, por tratarse de trabajadores contratados por la provincia, y respaldados por el intendente capitalino.
Conviene recordar que no se trata de cualquier intendencia, ya que la mitad de los habitantes de la provincia vive en la capital, por tal razón el ministro de Trabajo estableció contacto directo con Quintela para evitar que la sangre llegue al río. Sin salirse un metro de su rol de amable componedor, el intendente hizo saber al ministro que "acompaña el justo reclamo" de los trabajadores y que convoca para mediados de semana a una marcha en su defensa. Pasado en limpio, como se trata de uno de los tres intendentes enfrentados con Beder, y el único con capacidad de movilización propia, en una provincia donde el gobernador suele elegir a su sucesor, Quintela intenta hacer valer su apoyo desde abajo para modificar la lógica política de una provincia que no se agita desde la muerte del Chacho Peñaloza.
Por Alejandro Horowicz
“Todo gobierno necesita hacer creer en algo. Hacer creer que el rey es divino, que es justo y que la voz del pueblo es la voz de Dios.
Hacer creer que el pueblo tiene una voz o hacer creer que los representantes del pueblo son el pueblo. Hacer creer que los gobernantes están al servicio del pueblo. Hacer creer que todos los hombres son iguales o hacer creer que no lo son.” Edmund S. Morgan, La invención del pueblo.
El 20 de octubre de 2010 Mariano Ferreyra fue asesinado en Barracas, mientras apoyaba una protesta contra la tercerización de trabajadores ferroviarios. El militante de 23 años pagó con su vida la defensa de un derecho conculcado. Una vieja bandera sindical, igual salario por igual trabajo, a más de un siglo de elaborada, sigue siendo un derecho teórico. Millones de trabajadores, en el mundo entero, saben que por hacer lo mismo se puede cobrar muchísimo menos, y que intentar cobrar como los que más no es gratis ni sencillo. El derecho del patrón a pagar menos choca con el de los trabajadores, y dos derechos "iguales" se resuelven casi siempre por el derecho del más fuerte.
En el caso que nos ocupa, el "patrón", José Pedraza, dispuso de una ventaja adicional. En su carácter de secretario general de la Unión Ferroviaria debía defender los reclamos de Ferreyra y sus compañeros, pero en tanto propietario del servicio tercerizado, técnicamente de su segunda mujer Graciela Coria, nunca se propuso tal cosa. La contradicción era aun mayor, Pedraza no sólo jugaba de los dos lados del mismo mostrador, además enfrentaba a los compañeros de Ferreyra como potencial línea interna sindical, y el ingreso en masa de los tercerizados a planta permanente podía poner en tela de juicio su control del aparato. Es que la lista bordó, encabezada por el Pollo Sobrero, un crítico histórico de Pedraza, le viene soplando la nuca, y en caso de recibir un aporte adicional podría pasar de dirigir uno de los 32 cuerpos de delegados de la Unión Ferroviaria, a resquebrajar su descompuesta dirección actual. Pedraza decidió no permitir tal cosa, y por tanto para asegurarse el control de la Unión Ferroviaria, ordenó escarmentar a los díscolos. No queda claro si el pedagógico menú incluía el asesinato de Ferreyra, o si se trató de un aporte espontáneo de los matones contratados. En cualquiera de los casos, Pedraza no sólo era el beneficiario inmediato, sino también el responsable político e instrumental. Y debemos añadir que, si este relato puede ser tan preciso, tan poco tendencioso, es porque la investigación judicial lo probó paso a paso. Y esa es la verdadera novedad política: la voluntad del juez por desentrañar la madeja de responsabilidades.
Si se quiere, la historia personal de Pedraza permite dibujar con trazos rápidos una versión de la descomposición sindical del segundo peronismo. En la década del sesenta era un trabajador socialista. Mentan los memoriosos que Pedraza militaba en las huestes del Partido Socialista Argentino, y que cuando se constituye la CGT de los Argentinos, encabezada por el mítico Raimundo Ongaro, era el único miembro de la mesa de conducción que no encabezaba un sindicato sino una agrupación de trabajadores. Por ese entonces, los ferroviarios, al menos su conducción formal, integraban las tranquilas huestes de los participacionistas. Es decir, los soportes sindicales del gobierno del general Juan Carlos Onganía. Ese Pedraza avanzó todavía más lejos, cuando Juan Carlos Coral, una suerte de duplicado joven de Alfredo Palacios, confluyó con Nahuel Moreno para constituir el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), durante el año '71, formó parte de la movida. Todavía estaba muy lejos de su destino del 22 de febrero de 2011, cuando fue arrestado en el piso 18 de un edificio de departamentos de Puerto Madero, donde el metro cuadrado supera holgadamente los 4500 dólares, y las expensas rondan los 700 dólares mensuales. No es que antes viviera en una modesta tapera, pero había abandonado su magnífico chalet de Ramos Mejía, que vendió al Burrito Rodríguez, cuando todavía jugaba en Vélez, para llegar al corazón del jet set menemista. Por cierto, el destino final de Pedraza no puede desconectarse de la voluntad K, la intervención de Néstor Kirchner, tal como lo recordara su viuda, no sólo facilitó la relación de un testigo clave con la jueza a cargo de la instrucción del asesinato de Ferreyra, sino que impidió que algunos jueces de dedos ligeros permitieran que el jerarca sindical continuara siendo un intocable.
Tan claro lo tiene Pedraza que aun tras las rejas, y con el control de su organización en veremos, impuso a sus asociados distanciarse de Hugo Moyano, y de su propuesta sindical, para sumarse a huestes mas próximas a la Casa Rosada. No se trata de sobrestimar su poder de fuego, sino de entender que una conducción sindical herida en la cabeza no está en condiciones de enfrentar al gobierno. Y ese es hasta hoy el secreto a voces que organiza el comportamiento ferroviario, veremos por cuánto tiempo.
LA OTRA AGENDA. La agenda oficial es precisa: impedir que la oposición marque la cancha, lo que no presenta hasta hoy mayores dificultades, y que la presidenta sea el principal pivote de su propio juego político. Claro que la agenda pública no puede reducirse a la oficial. Para establecer la pública no alcanza la voluntad de Balcarce 50, los medios forman parte de su proceso de construcción. Esa es la agenda descendente. Existe otra, la directamente popular, la agenda ascendente, que se viene construyendo con esfuerzo y militancia. En ella la megaminería y sus efectos sobre el medio ambiente no pueden desconocerse. Incluso los debates preliminares por las candidaturas a gobernador, en proceso de incubación, no permanecen ajenos a su desenvolvimiento.
Una mirada a la interna riojana permite observar que Beder Herrera, que su compleja reelección, no puede desatarse del conflicto por el destino de Famatina, de la decisión local por impedir el avance de ese megaemprendimiento minero. Uno de los intendentes que no lo acompañan, Ricardo Quintela, ha llevado el enfrentamiento discursivo a un punto de difícil retorno. No sólo no cambió de postura frente al carácter contaminante del emprendimiento minero, sino que le recordó a Beder su compleja voltereta. Es decir, pasar de la postura del ambientalismo a una abiertamente pro minera; al tiempo que le impuso la necesidad de dar un debate público sobre el uso de los recursos provinciales.
La cosa no habría pasado de charla de café si los dichos de Quintela no fueran acompañados por una movilización popular; en este caso, los municipales solicitaron el ingreso a planta permanente, por tratarse de trabajadores contratados por la provincia, y respaldados por el intendente capitalino.
Conviene recordar que no se trata de cualquier intendencia, ya que la mitad de los habitantes de la provincia vive en la capital, por tal razón el ministro de Trabajo estableció contacto directo con Quintela para evitar que la sangre llegue al río. Sin salirse un metro de su rol de amable componedor, el intendente hizo saber al ministro que "acompaña el justo reclamo" de los trabajadores y que convoca para mediados de semana a una marcha en su defensa. Pasado en limpio, como se trata de uno de los tres intendentes enfrentados con Beder, y el único con capacidad de movilización propia, en una provincia donde el gobernador suele elegir a su sucesor, Quintela intenta hacer valer su apoyo desde abajo para modificar la lógica política de una provincia que no se agita desde la muerte del Chacho Peñaloza.