InicioInfoBatero: Te presento la Tamborada de Hellín

"los tambores a millares
redoblan por las laderas
"

Fracisco Lopez Martinez




Origenes.

Gracias a la utilización del tambor, las huestes almorávides, en la batalla de Sagrajas (año 1086), consiguieron la huida de las tropas cristianas (en las que formaban hellineros). Después se creyó que, tras la reconquista, los musulmanes conversos se mofaban de los cristianos en Semana Santa haciendo sonar los tambores y cualquier instrumento ruidoso.



Pero fue en 1411 cuando San Vicente Ferrer, en predicación en Hellín contra brujas y adivinos, instauró las procesiones de penitencia encabezadas por "músicos y tambores" y que perduraron hasta mediados del siglo XIX. Totalmente documentada está la procesión de los Azotes de mediados del XVIII en la entonces villa, que era encabezada por dos grandes hileras de tamborileros. Y también lo está la escisión definitiva de éstos en 1876, por las protestas del clero local ante su indisciplina y crecimiento espectacular, por lo que comenzaron a redoblar sus tambores fuera de las procesiones. Ello llevó a que las tamboradas se configuraran en la forma y manera en que hoy las conocemos, tocando los tamborileros el tambor libremente por las principales calles del centro de la ciudad.

Como se puede apreciar, la Tamborada de Hellín tiene un origen procesional que ha evolucionado de forma similar en localidades como Mula, Moratalla, Tobarra y Agramón. Existiendo también localidades en que los tamborileros forman también parte de los desfiles procesionales, como en Cuenca (las Turbas o Turbos), Baena (Coliblancos y Colinegros), Calanda, Híjar, Alcañiz, Alcora, Andorra, Teruel, Zaragoza, etc. Otra importante manifestación tamborilera de nuestro país son las "Tamborradas de San Sebastián", aunque estas no tienen un origen religioso sino más bien se trata de un alarde militar.

Hellín, la ciudad del tambor.

Las Tamboradas de Hellín (La Ciudad del Tambor), constituyen un multitudinario rito en el que impera la participación, la convivencia y la hospitalidad, entre los cerca de 20.000 tamborileros y tamborileras que toman parte en estas, bien de manera individual, o formando grupos o peñas. Sin distinciones de edad, sexo o condición se interpretan los redobles típicos de manera ininterrumpida.

Las Tamboradas transcurren entre el incesante y ensordecedor "rugido" de los miles de tambores, pudiéndose también apreciar "exhibiciones" en el redoble y sanos "piques" entre peñas por imponer su toque. Por todo ello y por el carácter integrador y hospitalario de los hellineros, las Tamboradas de Hellín, las más multitudinarias que se conocen, han merecido la declaración de "Fiesta de Interés Turístico Nacional".



Tamboradas y Procesiones en Hellín forman una dualidad indisoluble. Son los mismos hellineros los que mayoritariamente participan en ambos acontecimientos. Y si espectaculares son sus Tamboradas, no lo son menos sus desfiles procesionales. Sin duda podemos afirmar que Hellín es "la ciudad con más Semana Santa de España". Si nos atenemos a su población (30.000 habitantes), llama la atención la existencia de veinticinco Cofradías y Hermandades con siglos de historia a sus espaldas, que procesionan a hombros treinta imágenes y grupos escultóricos. Hellín se enorgullece de contar con la mejor colección nacional de imaginería religiosa de la posguerra hasta nuestros días, así como bellas tallas de siglos anteriores.

El tambor.

El tambor en Hellín es casi en su totalidad artesanal, mayoritariamente artístico y en muchos casos se convierte en verdaderas joyas de excepcional creatividad y belleza; constituyéndose en el elemento central, alrededor del que gira toda la magia de esta tradición.

Nuestro diccionario describe el tambor como: "instrumento músico de percusión, de forma cilíndrico, hueco, cerrado por dos pieles tensas y que se toca con dos palillos".

Se compone de caja, parches de resonancia con aros de sujeción, bordones y tornillaje. El tambor antiguo tiene la caja de hojalata, parches de piel montados en aros de madera, bordones de tripa y tornillos de sujeción con tuercas. La piel utilizada desde tiempo inmemorial es de cabrito (cría de la cabra), preferentemente en edad de "chivo" o "chivato". La preparación de la piel es totalmente artesanal y consta de los siguientes procesos: remojado, pelado, refregado, recorte, remetido en los aros y emparchado. Gracias a este singular proceso se consigue que cada tambor tenga su "particular voz".

En la actualidad el tambor, con la llegada de nuevos avances técnicos, es mayoritariamente elaborado con la caja de metal, los parches de resonancia de plástico, los tornillos niquelados, con tuercas tipo palometa y con dos juegos de bordones interiores bajo los dos parches y otro exterior en el de abajo, para los que se utiliza cuerda de guitarra.

El tambor artístico enriquece su caja, aros y sobre todo su tornillaje con motivos y figuras fundamentalmente de la pasión de Cristo. Exquisitos calados en las más variadas técnicas y materiales (madera, metacrilato, aluminio, niquelados, repujados, plata, oro, etc.) convierten a centenares de estos instrumentos en verdaderas obras de arte, dignas del mejor orfebre, en las que se invierten miles de horas de trabajo y se alcanzan valoraciones millonarias.

El tamborilero.

La indumentaria tradicional del tamborilero se compone de túnica negra y capuz negro a la cabeza (que no cubre el rostro) o anudado al cuello. Aunque la variante surgida a mediados del siglo XX de sustituir el capuz por un pañuelo de color (mayoritariamente rojo), también anudado al cuello, es la más utilizada. En el apartado de complementos podemos citar como habituales el escudo distintivo que portan las peñas, el clarín o corneta, la indispensable bota de vino y en muchos casos un zurrón. Encabezando los grupos o peñas de tamborileros suele llevarse "La Cruceta", báculo en forma de cruz patriarcal que porta el primero de estos y que en muchos casos está bellamente trabajada.



Las Peñas.

Respecto a "Las Peñas" citar que supusieron una forma de organización, surgida en los años setenta del pasado siglo, que vinieron a renovar los agrupamientos familiares o de amigos que hasta entonces se hacían para participar en las tamboradas de forma colectiva.

En la actualidad son más de 250 peñas de tamborileros, tamborileras y mixtas en su mayoría, las que redoblan en nuestras Tamboradas. Contando la mayoría con un local o sede en la que se reponen fuerzas y se vive con intensidad la Cuaresma y Semana Santa en convivencia.

En muchos casos estos locales se convierten en verdaderos museos en los que se venera tanto el aspecto religioso de esta fiesta, como el meramente lúdico, así como la exaltación de todo lo hellinero en general.

Otro de los aspectos en el que los locales de las peñas han tomado la iniciativa es el culinario. Además de ser portadas por los tamborileros, las habas tiernas con bacalao en salazón y las empanadas, son consumidas durante las noches de Tamborada. Y como plato a la mesa podemos citar el "cuchifrito" y el típico "mojete"; todo ello regado con buen vino de la tierra (en bota). El capítulo de postres es casi totalmente acaparado por los tradicionales "panecicos". Y el más universal de nuestros dulces son los famosísimos "Caramelos de Hellín" y "del Congreso", que en estos días son obsequio habitual entre tamborileros, nazarenos y todos aquellos que comparten su estancia en Hellín en los días de Semana Santa.



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