Los tiempos han cambiado. Estamos a las puertas de la llegada de la nueva generación de consolas, el PC es una plataforma de juego más potente que nunca, la tecnología nos rodea, y lejos quedan aquellos tiempos en los que debíamos ir a nuestra tienda de confianza para conseguir un ansiado cartucho que introducir en nuestros arcaicos sistemas. Muchas cosas han pasado por el camino, y con ello, muchas cosas han cambiado. Hemos vivido multitud de innovaciones que de un modo u otro han revolucionado el mundo de los videojuegos, como los primeros juegos en CD o la introducción de las pantallas táctiles, pero hay una, una sola, que todavía parece no acabar de cuajar entre los fans: el contenido digital.
Las velocidades de conexión, la introducción de almacenamiento propio en cualquier sistema apto para jugar, la interconectividad, las relaciones sociales… son cosas que han acabado derivando en la introducción en masa de la distribución digital. Una forma rápida, sencilla y más barata que la tradicional distribución física, pero cómo no, con sus “peros“. Nada es perfecto, claro está, y me parece estupendo que haya quienes todavía prefieran el formato físico al digital por motivos de coleccionismo, pero no deja de parecerme curioso cómo se oponen muchos a él con capa y espada.
Que sí, que sí. Que lo digital no es perfecto y sé que tiene sus inconvenientes, pero ¿de verdad es tan malo? Para nada. Lo primero que me gustaría que hiciera todo el que lea esto es mirar un poco a su alrededor. ¿Estáis leyendo esto en una revista física o en una web? Yo hace muchos años tenía que buscarme mucho la vida para conseguir alguna de las escasas revistas de información sobre manga/anime que existían, por las que encima tenía que pagar. ¡Y lo hacía muy gustosamente! Y creedme cuando os digo que todavía me gustan. Pero no por ello desprecio el formato digital.
Los tiempos han cambiado y lo “digital” lo recorre todo. Ya no escribimos preciosas cartas a mano que nuestros amigos y pareja guardarán de por vida, escribimos mails. Ya no enviamos por correo suscripciones para clubes y asociaciones, nos inscribimos en una web. Ya no vamos a casa de nuestros amigos a tocar a su puerta para ver si les apetece ir a dar una vuelta, simplemente les avisamos por WhatsApp o cualquier red social. Ya no tenemos que ir a la biblioteca para buscar ese volumen concreto de una enorme enciclopedia para hacer nuestro trabajo de clase, miramos en Wikipedia y en Google. No llevamos mapas en papel por la calle, simplemente miramos el GPS de nuestro móvil o Google Maps. Lo digital está en todas partes. Dependemos enormemente de contenidos que no son tangibles, de infraestructuras que pueden fallar y desaparecer en cualquier momento. O lo que es peor, para las que poder acceder, cuesta dinero. Pagamos por poder estar conectados a todo y en cualquier momento. En cualquier parte. Nos gusta. Y estamos aquí porque nos parece cómodo y es lo que siempre hemos querido.
Vale, ¿y qué tiene todo eso que ver con los videojuegos? Pues muy sencillo: no todo es malo. Hoy en día la red, lo digital, nos permite acceder a demos que antiguamente no existían (y poco después seguían siendo escasas), permite a las desarrolladoras añadir parches a los juegos para mejorarlos o solucionar errores, permite tener a nuestro alcance muchos contenidos que de otra forma no habrían existido. El medio digital se ha convertido en un ecosistema propio que ha permitido a muchos aficionados dar el salto a creadores y ofrecernos obras de gran calibre, juegos de primer nivel, que de haber necesitado de una distribución física se habrían quedado en meras ilusiones.
“¡Eso de los parches es una estafa! ¡Que saquen los juegos completos como antes y bien hechos y no los necesitarán!”
Uhm, podría darte la razón, pero prefiero no recordar la cantidad de versiones que tuvieron Diablo II o Starcraft hace ya muchísimos años. Por poner un ejemplo.
“¡Pero eso en PC! En consolas eso antes no pasaba”.
Eso es porque la mayoría sois jóvenes. ¿Sabéis lo divertidos que eran los bugs que te estropeaban toda una tarde de juego o una partida salvada? Muchos habríamos dado lo que fuera por poder acabar con ellos.
“¿Y el tema de los DLCs? Lo digital es un cáncer para sacarnos todo el dinero posible”.
Los DLCs son un tema controvertido y bien merecerían un texto aparte, pero siempre he sido de la opinión de que son algo opcional. No necesito 20 trajes diferentes para mis personajes. Ni necesito esos dos luchadores extra. Ni siquiera esa historia alternativa que han metido y que, aunque interesante, no afecta al desarrollo de lo que ya he jugado. No necesito nada de eso. Me puede gustar, me puede tentar, y me puedo cagar en los desarrolladores por hacerme caer en la trampa de pagar de nuevo por algo que bien podrían haberme dado gratis, pero eso es todo.
“Es que antes todos esos DLCs eran cosas desbloqueables dentro de los juegos. Por eso es una estafa”.
Sí y no. Es cierto que parece que se ha perdido un poco la tradición de “pásate el juego para conseguir esto o lo otro”, pero la mayoría de esos DLCs no existirían de no existir el formato. Si no pudieran venderlos aparte, la mayoría de DLCs ni serían creados porque son solo cosas accesorias y que no se necesitan en la obra principal, en el juego como tal. Pero siguen haciéndolos, y eso es porque venden, porque la gente los quiere, porque la gente los pide. Porque no podemos evitar que cuando disfrutamos de un juego queramos más y más, y si eso nos pide pasar por caja a dejar otra pequeña cantidad, lo hacemos. “Sarna con gusto no pica”, como suele decirse. Y no os lo voy a negar: yo he comprado DLCs de juegos que me han gustado mucho.
“Pero estás pagando por algo que no existe, algo que no puedes tocar. Yo quiero mis juegos en formato físico. Quiero un disco, su caja y su manual de instrucciones”.
Ante este tipo de frases no puedo evitar recordar cómo era antiguamente jugar en PC. Uno compraba su juego, venía en sus CDs, lo instalaba y se olvidaba de por vida de él. Y ni siquiera con los CDs, que puedo remontarme más atrás, a cuando compraba cintas para mi Amstrad. Instalabas el juego, sacabas el medio físico y jugabas sin más. A veces nos pedían dejar el CD dentro para reconocer que lo teníamos, y pensábamos: “Joer, qué coñazo. A ver si encuentro un No-CD”.
Es comprensible que haya gente a la que ver los juegos ordenaditos en su estantería le haga feliz. A mí me lo hace. Me gusta verlos ahí alineados ocupando espacio, aunque luego me parezca más cómodo tenerlos en digital por no tener que andar cambiando de juego sacando uno de su cajita y metiendo el anterior en la suya. Pero seamos sinceros: ¿también preferís un código numérico larguísimo como contraseña para salvar partida? ¿O preferís una partida salvada “digital” que puede corromperse o perderse? Gustar del formato físico no tiene por qué implicar ser enemigo del formato digital. Ambos pueden convivir sin problemas, y más con la variedad de oferta que hoy en día.
¿Cuántos títulos hay que son exclusivamente digitales? Muchos. Muchísimos. Compra en físico lo que puedas si es lo que prefieres, pero no te cierres la puerta a todo el resto del abanico de posibilidades que tienes disponibles. El que pierdes eres tú.
“Sí, sí, pero sigues sin responderme. ¿Pagar por algo que no es físico? Eso es una estafa”.
Ciertamente, no lo he hecho. Pero ¿de verdad es una estafa? Producir un juego cuesta dinero, porque tras eso hay un grupo de personas que ha dedicado mucho tiempo de sus vidas para ello. Y traer un juego a occidente cuesta dinero, que las traducciones y los acuerdos comerciales tampoco son gratis. No estás “pagando por nada”, estás pagando por un servicio prestado, por poder acceder a un producto que ha costado un dinero producirse y que tú puedes disfrutar a cambio de un precio. No hay estafa de por medio, solo una falsa sensación de “no tengo nada en realidad”.
“Es que lo siento, pero no soporto lo digital. Para pagar por algo así, prefiero descargarlo gratis”.
El juego que descargas también es digital, simplemente no has pagado por él. Parece que tu problema no es lo digital. Es pagar por lo que quieres. No le das valor al trabajo realizado para que ese juego pueda estar a tu alcance. Y si está disponible, es porque hay gente dispuesta a pagar por él y a hacer que compense su desarrollo. ¿O acaso lo más importante de todo el desarrollo de un juego es la impresión en un disco y meterlo en una cajita de plástico? Claro que no.
“Me da igual. Se lo merecen. Que saquen también formato físico para los que no queremos digital”.
Esto no siempre es posible. Piensa por un momento en lo que supone producir copias suficientes para abastecer solo a tu país. El dinero necesario para crear las copias, la red de distribución, la cantidad de copias que hay que hacer solo para que el juego pueda estar al alcance de la mayoría… y todo esto apostando por el que el juego va a vender bien. No todo el mundo se lo puede permitir. Estoy seguro de que a todo el mundo le gustaría lanzar sus juegos en el mayor número de formatos posibles, pero a veces hay que decidir cuál es la opción más lógica y viable. La distribución digital es en muchas ocasiones la única alternativa a la no distribución.
“No me vas a hacer cambiar de opinión. Nunca optaré por el formato digital”.
¿Estás seguro de ello? Posiblemente veas anime descargado de Internet en vez de comprarlo en DVD/BD. Posiblemente escuchas la música en mp3 o cualquier otro formato de audio en vez de llevar CDs grabados y un discman por la calle. Seguramente tienes un bonito fondo de pantalla en tu teléfono u ordenador porque te gusta la ilustración, pero no compras el libro que la contiene. Posiblemente tienes anotados todos los teléfonos de tus familiares en tu teléfono y no en una pequeña agenda de papel que siempre llevas a mano.
Claro que no. Nunca optarás por el formato digital.
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El paso de los videojuegos al formato digital ha traído consigo muchas ventajas, pero también muchos interrogantes y polémicas, aunque en cualquier caso es innegable que poco a poco se va extendiendo cada vez más y más, y no nos damos cuenta. No creo que la gente compre juegos de Android o iOS en formato físico, ¿no? ¿Hay alguien que prefiera un juego de PC en un DVD en vez de en Steam?
Quedan muchas cosas por pulir y preguntas por responder, como el qué pasará en el futuro cuando no podamos acceder a nuestros contenidos digitales. Aunque hoy en día no tengo problemas en encontrar en la red juegos de hace 20 años o más. También existía preocupación cuando se dio el salto al CD y la gente pensaba que no aguantarían tanto como los clásicos cartuchos.
Para avanzar hay que innovar, y con todo avance hay riesgos y nuevos retos que superar. Hoy en día oponerse al avance en lo digital en los videojuegos no es más que una forma drástica de aislarse, de cortar de raíz la posibilidad de tener una oferta mayor, más opciones, más accesibilidad. La clave no es oponerse a ello, es apoyar las iniciativas que nos gustan en dicho campo. ¿Un ejemplo? Las diferencias entre Steam y Origin. Steam siempre ha sido la plataforma digital de PC favorita de los jugadores, y Origin ha estado mucho peor considerado. Origin con el tiempo no ha tenido más remedio que ir adaptándose a lo que los jugadores quieren. También tenéis la retirada de las políticas restrictivas de Microsoft en Xbox One ante las críticas de los jugadores. Porque esa es la fuerza que mueve todo esto: los jugadores. Nosotros. Tú y yo. La industria no obliga a los jugadores a ir en ninguna dirección, son los jugadores los que obligan a la industria a moverse hacia un lado u otro, aunque a veces no estemos de acuerdo con la mayoría.
Porque el mayor enemigo del formato físico hoy en día no proviene de fuera, de lo digital, proviene de dentro: de sus propios usuarios.