Desde que hace 10 años el Viagra irrumpió en el mundo de la farmacología sexual, el intento de encontrar un efecto paralelo en la mujer, al que obtiene el varón, ha sido una constante. Pero aunque la fisiología de la respuesta sexual masculina y femenina se perecen bastante, los parecidos no son lo suficientes como para que el complicado entramado de neurotransmisores, enzimas, iones, etcétera que intervienen en la erección del pene responda igual que la lubricación vaginal, a la acción del sildenafilo. En este caso, el papel permeabilizador de las paredes vaginales, de los estrógenos, es fundamental.
Ahora, un estudio realizado en la Universidad de Nuevo México, y publicado en la revista JAMA, afirma que el sildenafilo ayuda a las consumidoras de antidepresivos a mejorar su vida sexual. Los autores del estudio consideran que la disfunción sexual femenina es un efecto secundario de la administración de antidepresivos recetados a las mujeres de entre 18 y 65 años.
Esta anomalía puede afectar a la lubricación vaginal y retrasar el orgasmo, entre otros síntomas. 76 mujeres terminaron el estudio, que se llevó a cabo entre septiembre de 2003 y enero de 2007, el resultado arrojó que el 73% de las mujeres que tomaron el placebo no mostraron ningún indicio de mejora de sus males. En cambio, un 28% de aquellas que recibieron sildenafilo sí lo hicieron.
Pues, o no sé hacer cuentas, o no hay grandes diferencias. De todas formas, lo de la depresión relacionado con el Viagra, y a la vez, con el orgasmo, resulta un galimatías, que no tiene ni pies ni cabeza, y que añade más confusión a las numerosas concepciones erróneas sobre los efectos reales del sildenafilo.