Entre los adolescentes es tìpico escuchar historias como èsta: dos chicos de dieciséis o diecisiete años de edad que van juntos a la misma escuela mantienen una relaciòn de noviazgo. El joven quiere muchìsimo a su novia y ella lo sabe; el se desvive por atenderla y tenerla contenta, con ese ímpetu que caracteriza al amor entre adolescentes, para quienes sobre todo la experiencia del primer amor representa un paso formidable, eso que los hace sentir “mariposas en el estòmago” y los hace ruborizarse con la experiencia del primer beso. Sin embargo los amigos del chico comienzan a ver con cierta molestia y resentimiento el hecho de que su cuate “ya no los pela para nada” porque siempre se la pasa con la novia. Comienzan los amigos a notar ciertos cambios en la conducta del chico: ya no quiere ir a jugar futbol con ellos, ya no le gusta participar en las actividades culturales que solìa practicar, comienza a alejarse de su cìrculo de amigos, ello a la par que con el paso del tiempo comienzan a notar que la actitud de la muchacha hacia el joven es algo prepotente, quizàs dèspota o caprichosa. Lo mismo comienza a notar la familia, quien preocupados por su bienestar le preguntan a èste muchacho què es lo que le pasa o por què anda tan retraìdo, pues quizàs sus calificaciones han comenzado a bajar. Èl les dice a todos, familia o amigos, que no le pasa nada y que no se metan con el, que todo està bien y si le hacen algún comentario en relaciòn con la forma en que la novia lo estaà tratando èl se molesta y grita que lo dejen en paz, que èl la ama y que ella tambièn a èl. Para ello, no es de dudarse que la novia de èste muchacho lo cele excesivamente o que lo amenace con dejarlo y buscarse otro si lo llama por telèfono a las once de la noche dicièndole que necesita verlo y èl se niega en un primer momento a ir dada la hora por lo que ella quizàs le harà un berrinche por telèfono diciendole que si en verdad la ama harà por ella lo que sea… Y el joven en cuestión terminarà acudiendo a la casa de su novia aùn a escondidas de sus padres, para que a la mera hora ese “problema urgente” por el cual la muchacha necesitaba verlo no sea mas que una estupidez, una babosada.

Con èstos protagonistas ficticios puede suceder tambièn que si el chico tiene la osadìa de decirle a su novia que lo estàn invitando sus amigos a una excursión al Popocatèpetil, ella le haga un sùper berrinche dicièndole que si se va de su lado ese fin de semana “se va a matar” o se va a conseguir otro que no la abandone “inmisericordemente” como èl pretende hacerlo… Quizàs hasta le suelte ella a èl dos o tres cachetadas, por “desalmado y cruel” y èl se quedarà con un sentimiento de culpa tremendo por haberla hecho sufrir de èsta manera. Asì las cosas, el chico opta por comunicar a sus cuates que no los podrà acompañar al tan ansiado viaje y ellos sabran inmediatamente la razòn y sabràn tambièn que, por mas que intenten convencerlo de lo contrario y de que no se deje manipular y chantajear por la novia todo intento de convencerlo para ir con ellos… serà inútil.

Esta situación que me acabo de inventar en èste momento es algo que no solo es producto de mi imaginación. No es ficciòn. Es algo real, es una situación que cada vez mas sucede en nuestro medio muchas veces acompañada de situaciones de maltratos fìsicos de la chica hacia el joven: golpes, arañazos, insultos, humillaciones y chantajes emocionales… Sin embargo ¿se le da acaso la misma difusión cuando el sujeto pasivo de èstas situaciones es el hombre? No es ficciòn, es algo verdadero, YO LO VIVÌ, y lo digo sin pena alguna, lo digo con el deseo ferviente que nace dentro de mì esperando sinceramente que los hombres que viven el flagelo de la violencia de pareja puedan comprender algo de lo que quiero compartir con èste espacio. Esto es lo que busco, saber que puedo ayudar a otros serà mi mejor recompensa al esfuerzo y al tiempo que me toma escribir èsto.

¿Por què los hombres que padecemos violencia de parte de nuestra pareja (sea emocional, fìsica, psicològica o de cualquier ìndole) la soportamos o la toleramos? ¿Por què no nos quitamos ese flagelo de encima desde el primer momento? O mejor aùn ¿por què atraemos a personas que ejercen violencia? La respuesta es la falta de amor a nosotros mismos. Si hemos crecido bajo la idea de que somos tontos, de que no merecemos algo mejor, si tuvimos un padre o una madre que nos tachò de inútiles y nunca nos permitieron afrontar retos, eso es lo que atraemos: alguien que siempre nos recuerde la idea que tenemos de nosotros mismos. Y mientras esa idea no cambie dentro de nosotros, nosotros mismos somos responsables de lo que nos sucede.

Aunque es conocido, porque no es ningún secreto, que la violencia hacia el hombre por parte de la pareja existe y bastante, nuestra sociedad parece desdeñarlo; parece ser indiferente, parece ser que sigue consideràndose a la mujer como la parte dèbil de la relaciòn de pareja. Solo veamos algunos ejemplos pràcticos: si el hombre acude ante las instancias correspondientes a denunciar un hecho de violencia fìsica por parte de su pareja, es comùn que enfrente una o varias de las siguientes cosas:
- El Agente del Ministerio Pùblico lo ve con una sonrisa burlona… Si pudièramos leer su mente o si saliera de su cabeza una nubecita como la de las caricaturas como cuando el personaje està pensando, quizàs verìamos: “no inventes, ya parece que voy a creer que dice que le pega su vieja, marica èste”
- Las burlas de los amigos: “pues ya ponte los pantalones wey”
- La incredulidad de la familia de la esposa o la novia
- La incredulidad de su propia familia. Sì, ASÌ TAMBIÈN SUCEDE!!! A mì me sucediò, se sale regañado porque “no es posible que tu esposa sea capaz de èso que dices, seguramente algo le hiciste”
- El posible despido de su trabajo porque los jefes (si es que se anima a contarles la historia) lo van a considerar como una persona dèbil, no apta para el “puesto tan importante” que desempeña.
- La indiferencia de las amigas de la pareja, quienes inmediatamente cierran filas en torno a aquella para darle su apoyo contra la “calumnia” que el novio o esposo ha inventado hacia ella. Y de pilòn hasta le dejan de hablar al sujeto. Ah, y si hay hijos de por medio el reclamo es para el novio o esposo, para regañarlo dicièndole que “Fulana no està sola, nos tiene a nosotras porque ella no es como tu dices porque nosotros vemos que es una madre excelente y amorosa”
Podrìamos decir que la violencia del hombre hacia la mujer es mas comùn que en el caso contrario; basta pararse por un rato en una oficina de la Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia (a la cual yo en alguna ocasión tuve que acudir) y ver que de cada cuatro personas aproximadamente que solicitan atención por conflictos matrimoniales, tres son mujeres. Pero ¿es en verdad màs comùn que la mujer sea el sujeto pasivo de la violencia de pareja? ¿O es solo que el hombre aùn no se anima a denunciar o a pedir ayuda? Si los hombres que padecen èste flagelo, si los hombres que sufren en silencio la violencia por parte de sus novias, concubinas o esposas se animaran a pedir ayuda ¿no se igualarìa acaso la misma proporción? ¿Por què no existe una institución gubernamental o privada que apoye al “hombre maltratado” como las hay para las mujeres? En Mèxico tenemos un Instituto Nacional de las Mujeres y en algunos Estados de la Repùblica los hay similares, tanto pùblicos como privados, tanto municipales, estatales y regionales. ¿Por què nadie ha pensado en constituir uno que sirva de apoyo al hombre que padece violencia?
Otro factor que incide en la cifra negra de hombres que prefieren callar la situación de maltrato que padecen por parte de sus parejas es, lo reconozco, que los varones por naturaleza no somos muy sentimentales; el hombre es mas objetivo, mas frìo y desgraciadamente, en cierta forma insensible. Por eso cuando alguien se anima a contarle a sus amigos el infierno en el que vive suele recibir burlas de parte de èstos, lo cual evidentemente lo desanima y opta por quedarse callado. Pero precisamente eso es lo que debemos de cambiar. No todos son asì. Gracias a Dios yo recibì mucho apoyo de amigos hombres que me confortaron y me escucharon con todo respeto y es lo que pretendo con èste espacio. Y esa caracterìstica es lo que en mucho nos distingue de las mujeres: ellas suelen ser muy solidarias entre sì de manera que si se enteran que una amiga tiene problemas con el marido o el novio inmediatamente le prestan su apoyo y la confortan. ¿Por què no podemos lograr nosotros eso? Es tiempo de ser ya lo suficientemente maduros y dar algo de nosotros, con todo el respeto que quien padece èstas situaciones merece como ser humano.
Me consta que la sociedad es muy dura cuando se trata de juzgar los actos del hombre. La mujer tiene la gran ventaja de que ante la sociedad es la parte dèbil, inclusive las leyes en nuestro paìs permiten ejercer ese sentimiento de tutela, lo cual tiene su razòn de ser precisamente en èste estereotipo de debilidad. Un ejemplo de èsto lo podemos hallar en el artìculo 261 del Còdigo de Procedimientos Civiles del Estado de Querètaro, que si bien es cierto habla de “cualquiera de los cónyuges”, en la pràctica forense es comùn que los supuestos previstos en este dispositivo legal suelen aplicarse mas benévolamente hacia la mujer que hacia el hombre.