Atahualpa Yupanqui 1908-2008: cien años de soledad.
Hoy se cumple el centenario de su nacimiento. Edificó una obra monumental. Como nadie, le cantó a la soledad, el silencio y
las tristezas del "paisano". Sus canciones están más vigentes que nunca. Murió en Francia, en 1992.
Si bien es cierto que la coincidencia cronológica multiplica por estos días su nombre en toda la Argentina, también es cierto
que como artista popular está asentado en un meseta de vigencia desde hace décadas. Es una vigencia sólida, sin impacto.
Reverbera más allá incluso de la Argentina y nada tiene que ver con homenajes, plaquetas y notas periodísticas: se acerca
bastante al ideal de anonimato que Yupanqui postuló en El canto del viento y que refiere a la misma definición de folclore.
Hoy, y desde hace mucho tiempo, Chacarera de las piedras, La añera, El alazán, Luna tucumana, Camino del indio, Zamba del
grillo, Los ejes de mis carreta, El alazán, El arriero, Los hermanos y tantas más vienen explicando, en cada peña, la
diferencia entre popular y masivo.
La obra de Yupanqui ha influido decisivamente, por lo menos, la obra de tres próceres de Hispanoamérica: Joan Manuel Serrat,
Alfredo Zitarrosa y Silvio Rodríguez. Sin contar fascinaciones más epidérmicas como la de Edith Piaf (fascinación que le
abrió a Atahualpa las puertas más sofisticadas de París) o, más acá, la de las figuras del llamado neo folk Devendra Banhart
y José González. Es que, a pesar de la concentración temática de su obra, Yupanqui se extiende a través del tiempo en un
caleidoscopio: cada cual tiene el Atahualpa que quiere. El de protesta (Minero soy), el político (El arriero), el paisajista
(Chacarera de las piedras), el zen (El cielo está dentro de mí), el poeta, el compositor, el guitarrista.
Si bien su filosofía poética se condensaba, como en Borges, en tres o cuatro temas, lo desvelaban muchas y variadas
manifestaciones de la cultura. El punto de partida era la vida cotidiana del paisano -su soledad, su silencio, las tristezas-
cuya esencia había escudriñado en los primeros años de Pergamino. Pero enseguida, a los 13 años, completó ese embelesamiento
por las cifras, los estilos y las milongas que hablaban de las penurias de las tareas de campo con la biblioteca. Y matizaba
los poetas del siglo de oro español (Góngora, Lope de Vega, Quevedo) y Cervantes con la filosofía de Nietzsche y Shopenhauer;
sacaba los arpegios lentos de los peones y se maravillaba con las demostraciones de música clásica de su maestro de guitarra,
Bautista Almirón: "La guitarra de Almirón llenaba la casa y los rosales del patio con los preludios de Fernando Sor, de
Costes, con las acuarelas prodigiosas de Albéniz, Granados, con Tárrega, maestro de maestros, con las transcripciones de
Pujol, con Schubert, Liszt, Beethoven, Bach, Schumann. Toda la literatura guitarrística pasaba por la oscura guitarra del
maestro Almirón, como derramando bendiciones sobre el mundo nuevo de un muchacho del campo, que penetraba en un continente
encantado, sintiendo que esa música, en su corazón, se tornaba tan sagrada que igualaba en virtud al cantar solitario de los
gauchos", escribió.
Fue peregrino de caminos y también de libros. En el arco que va del testimonio de El payador perseguido a la reflexión de Del
algarrobo al cerezo(que narra su deslumbramiento por la cultura oriental y por Japón en particular) late su vida. Nació en
Campo de Cruz, partido de Pergamino, el 31 de enero de 1908. Hijo de un ferroviario con sangre indígena y una ama de casa de
origen vasco ("llevo en mi sangre el silencio mestizo y la tenacidad del vasco"
, el empleo de su padre fue la primera causa
de su nomadismo. Cada cambio de destino significaba un nuevo paisaje. Después de la muerte de su padre (se suicidó en
circunstancias que nunca se aclararon del todo) Atahualpa Yupanqui acumuló geografías y oficios: fue hachero, arriero,
"entregador de telegramas", oficial de escribanía, periodista; vivió en Córdoba, Tucumán, Entre Ríos, Buenos Aires, Uruguay,
París...
Su pasión por la política fue decreciente. Apoyó a Hipólito Irigoyen y más tarde, se afilió al Partido Comunista. Fue
perseguido por el primer peronismo e incluso, "por comunista y guitarrero", un policía tiró en una comisaría una máquina de
escribir sobre su mano derecha (sin saber que era zurdo): la agresión no tuvo consecuencias inmediatas, pero a la vejez esa
mano se le puso peor y debió ralentar su manera de tocar.
Por esos años publica su primera novela, Cerro Bayo, sobre una parejita coya. En los 50 el P.C. le organiza una gira por
Europa del Este y, al regreso, descubre París. Empezaría una relación de ida y vuelta con Europa. Durante la década del 60 es
incluído en lo que se llamó "la canción de protesta", un mote que detestaba. París se transforma en su patria adoptiva,
potenciado por el amor de la mujer de su vida, la franco-canadiense Nenette, pianista clásica, que con el alias de Pablo del
Cerro compuso varios temas junto a su marido. Sus detractores lo criticaban por vivir en Francia; Atahualpa decía con
pragmatismo que París era la capital del mundo y que "mi patria está en la guitarra". Cuando podía, volvía a su casa de Cerro
Colorado donde lo esperaba su caballo, un zaino llamado El Extraño.
Ayer, en esa misma casa, le realizaban un homenaje que se extiende hasta hoy con Jairo, Juan Falú y Alberto Muñoz, entre
otros; en Pergamino se pondrá la piedra fundamental de una escultura; José Ceña -uno de los músicos más estudiosos de
Yupanqui- acaba de editar el notable Canciones del mensajero, consagrado a su obra. Cosquín inauguró el año yupanquiano con
menciones y homenajes en cada una de las nueve noches. Y los tributos siguen.
En tanto, en un subte porteño de la línea D, un muchacho con charango y sikus toca casi todos los atardeceres El arriero.
Antes lo presenta: "Voy a tocar un tema de Divididos". En esa ignorancia se cumple el anhelo de Yupanqui. El tema ya no
pertenece a nadie, está disuelto en el chirrido metálico del subte, en el ahínco de un muchacho que hace música por monedas.
Otra vez, la diferencia entre lo popular y lo masivo.
Esa, la del subte, es la singular vigencia que sostiene a Yupanqui. Esa fue su misión en la tierra. Mi sión cumplida.
Los dos exilios uruguayos
Yupanqui pasó dos extensos períodos en Uruguay. La primera vez fue en 1932 cuando, tras participar de una rebelión frustrada
en apoyo a Hipólito Yrigoyen, eligió Uruguay para exiliarse. Se dirigió a la capital, pero Montevideo, al igual que Buenos
Aires, le pareció una ciudad que tenía demasiados prejuicios como para detenerse a escuchar el canto de un paisano. En El
canto del viento, que editaría años después, escribió: "Escucho a jóvenes cantores de hermosa voz y simpática apariencia que
andan por ahí, entonando cantares de Brasil, de Argentina, de México, de Chile. No está mal, pero está mal. Es que no se han
hechos amigos del viento. (...) . Y han de pasar por la tierra, sin haberla traducido".
Un poco por eso fue que salió a recorrer el "otro Uruguay", el del interior, en el que sí deambulaban guitarreros y poetas
consustanciados con su pueblo. Marcado por la hospitalidad del pueblo uruguayo en los momentos difíciles que pasaba, el
cantor dejó vívidas imágenes de aquellos días a través de una bellísima composición llamada Poema para un dulce nombre.
A mediados de la década del 40, con Perón en el poder, se radicó nuevamente en Uruguay, donde por primera vez cantó en otro
idioma. "Entoné La Marsellesa -recordó después-. Es lo único que acepto cantar en francés, fue en Montevideo, en agosto del
45, cuando se anunció la liberación de París. La canté -un poco a los tumbos- junto a todos los franceses que estaban en
Uruguay en esos momentos".
Zitarrosa y Viglietti, en condición de cronistas, lo entrevistaron para varios medios. Y muchas veces, pese a no ser hombre
propenso a los elogios, destacó la dimensión que, como poeta popular, alcanzó Osiris Rodríguez Castillos.
Guillermo Pellegrino (Corresponsal en Uruguay)
Un artista que fue grande entre los grandes
Yupanqui tenía una personalidad sumamente curiosa. Y una apertura mental sorprendente. Si bien era terminante en sus
conceptos, siempre los vertía después de haber ahondado en el asunto. No era, en general, prejuicioso. Tenía una relación con
el tango bastante especial. En sus primeros viajes a la Capital tuvo la oportunidad de ir a ver un concierto de Carlos
Gardel. Fue, dijo mucho tiempo después, una experiencia inolvidable. En la década del 40 trabó cierta amistad con Aníbal
Troilo y hasta llegaron a compartir algún escenario y programa de radio. Marcaba una gran diferencia entre el tango y el
folclore en cuanto a la letrística, "Mire -decía-, el paisano esconde su sufrimiento. Tiene una fuerte noción del pudor...
Cualquier día un compadre va a decir: Cerrando los ojos me puse a llorar... Se hace degollar primero. En el tango se llora
con mucha facilidad".
En Francia también tuvo oportunidad de codearse con la "crema parisina". Frecuentó a Henri Matisse y a Paul Eluard y a través
de llos a Edith Piaf. Contaba: "La conocí en la casa de Eluard. Después de cenar, toqué la guitarra. Me estaba quedando sin
monedas para el hotel y Piaf tuvo gestos maravillosos. De pronto aparecieron unos afiches que decían: Edith Piaf cantará para
usted y para Yupanqui. ¡Estaba en la cima de su fama y quería compartir un show conmigo, que era un negrito que se escondía
detrás de la guitarra!"
A partir del espaldarazo de El Gorrión de París, Yupanqui firmó contrato con el prestigioso sello Chant du Monde y editó
Minero soy, disco emblemático de lo que se llamó "la canción de protesta".
Fuente
¿Quien Fue Atahualpa Yupanqui? Si no lo conoces sos un animal!
pero siempre ta el
colgado..
Atahualpa Yupanqui, seudónimo de Héctor Roberto Chavero (Pergamino, Argentina; 31 de enero de 1908 - París, Francia; 23 de
mayo de 1992) fue un cantautor, guitarrista y escritor argentino. Se le considera el más importante músico argentino de
folclore. Sus composiciones han sido cantadas por reconocidos intérpretes, como Mercedes Sosa, Los Chalchaleros, Horacio
Guarany, Jorge Cafrune, Alfredo Zitarrosa, José Larralde, Víctor Jara, Ángel Parra y Marie Laforêt, entre muchos otros, y
siguen formando parte del repertorio de innumerables artistas, en Argentina y en distintas partes del mundo.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Informacion Personal:
Nombre Héctor Roberto Chavero
Nacio Pergamino, Argentina
*31 de
enero de 1908
Murio París, Francia
*23 de mayo de
1992
Genero (s) Canción de autor
Ocupacion (es) Cantautor
Instrumento (s) Voz, Guitarra
Tiempo 1935 – 1992
Sitios Web Atahualpa Yupanqui
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Canciones Mas Conocidas
De las aproximadamente 350 canciones de su autoría registradas oficialmente[1] , pueden citarse: La alabanza, La añera, El
arriero, Basta ya, Cachilo dormido, Camino del indio, Coplas del payador perseguido, Los ejes de mi carreta, Los hermanos,
Indiecito dormido, Le tengo rabia al silencio, Luna tucumana, Milonga del solitario, Piedra y camino, El poeta, Las
preguntitas, Sin caballo y en Montiel, Tú que puedes, vuélvete, Viene clareando y Zamba del grillo entre muchas otras.
Libros
Piedra sola (1939)
Aires (1943)
Cerro Bayo (1953)
Guitarra (1960)
El canto del viento (1965)
El payador perseguido (1972)
Confesiones de un payador (Ediciones Galerna)(1984)
La palabra sagrada (1989)
La Capataza (1992)
La canción triste
Coplas del payador perseguido (Rama Lama Music España, 2007)
Fuente
Imagenes..
Videos..
Musica!
Mercedes sosa y acompañando, el mas grande, Don Atahualpa Yupanqui!
Diganme un servidor swf y lo subo..
tinypic me pide copyright 
Link Tarigueros Relacionados:
http://www.taringa.net/posts/videos/1050413/Homenaje-a-Don-Atahualpa.html
http://www.taringa.net/posts/musica/972346/Atahualpa-Yupanqui-Grandes-exitos.html
http://www.taringa.net/posts/musica/934892/Atahualpa-Yupanqui---Discografía-(Parte-I).html
http://www.taringa.net/posts/musica/934925/Atahualpa-Yupanqui---Discografía-(Parte-II).html
Hoy se cumple el centenario de su nacimiento. Edificó una obra monumental. Como nadie, le cantó a la soledad, el silencio y
las tristezas del "paisano". Sus canciones están más vigentes que nunca. Murió en Francia, en 1992.
Si bien es cierto que la coincidencia cronológica multiplica por estos días su nombre en toda la Argentina, también es cierto
que como artista popular está asentado en un meseta de vigencia desde hace décadas. Es una vigencia sólida, sin impacto.
Reverbera más allá incluso de la Argentina y nada tiene que ver con homenajes, plaquetas y notas periodísticas: se acerca
bastante al ideal de anonimato que Yupanqui postuló en El canto del viento y que refiere a la misma definición de folclore.
Hoy, y desde hace mucho tiempo, Chacarera de las piedras, La añera, El alazán, Luna tucumana, Camino del indio, Zamba del
grillo, Los ejes de mis carreta, El alazán, El arriero, Los hermanos y tantas más vienen explicando, en cada peña, la
diferencia entre popular y masivo.
La obra de Yupanqui ha influido decisivamente, por lo menos, la obra de tres próceres de Hispanoamérica: Joan Manuel Serrat,
Alfredo Zitarrosa y Silvio Rodríguez. Sin contar fascinaciones más epidérmicas como la de Edith Piaf (fascinación que le
abrió a Atahualpa las puertas más sofisticadas de París) o, más acá, la de las figuras del llamado neo folk Devendra Banhart
y José González. Es que, a pesar de la concentración temática de su obra, Yupanqui se extiende a través del tiempo en un
caleidoscopio: cada cual tiene el Atahualpa que quiere. El de protesta (Minero soy), el político (El arriero), el paisajista
(Chacarera de las piedras), el zen (El cielo está dentro de mí), el poeta, el compositor, el guitarrista.
Si bien su filosofía poética se condensaba, como en Borges, en tres o cuatro temas, lo desvelaban muchas y variadas
manifestaciones de la cultura. El punto de partida era la vida cotidiana del paisano -su soledad, su silencio, las tristezas-
cuya esencia había escudriñado en los primeros años de Pergamino. Pero enseguida, a los 13 años, completó ese embelesamiento
por las cifras, los estilos y las milongas que hablaban de las penurias de las tareas de campo con la biblioteca. Y matizaba
los poetas del siglo de oro español (Góngora, Lope de Vega, Quevedo) y Cervantes con la filosofía de Nietzsche y Shopenhauer;
sacaba los arpegios lentos de los peones y se maravillaba con las demostraciones de música clásica de su maestro de guitarra,
Bautista Almirón: "La guitarra de Almirón llenaba la casa y los rosales del patio con los preludios de Fernando Sor, de
Costes, con las acuarelas prodigiosas de Albéniz, Granados, con Tárrega, maestro de maestros, con las transcripciones de
Pujol, con Schubert, Liszt, Beethoven, Bach, Schumann. Toda la literatura guitarrística pasaba por la oscura guitarra del
maestro Almirón, como derramando bendiciones sobre el mundo nuevo de un muchacho del campo, que penetraba en un continente
encantado, sintiendo que esa música, en su corazón, se tornaba tan sagrada que igualaba en virtud al cantar solitario de los
gauchos", escribió.
Fue peregrino de caminos y también de libros. En el arco que va del testimonio de El payador perseguido a la reflexión de Del
algarrobo al cerezo(que narra su deslumbramiento por la cultura oriental y por Japón en particular) late su vida. Nació en
Campo de Cruz, partido de Pergamino, el 31 de enero de 1908. Hijo de un ferroviario con sangre indígena y una ama de casa de
origen vasco ("llevo en mi sangre el silencio mestizo y la tenacidad del vasco"

, el empleo de su padre fue la primera causa
de su nomadismo. Cada cambio de destino significaba un nuevo paisaje. Después de la muerte de su padre (se suicidó en
circunstancias que nunca se aclararon del todo) Atahualpa Yupanqui acumuló geografías y oficios: fue hachero, arriero,
"entregador de telegramas", oficial de escribanía, periodista; vivió en Córdoba, Tucumán, Entre Ríos, Buenos Aires, Uruguay,
París...
Su pasión por la política fue decreciente. Apoyó a Hipólito Irigoyen y más tarde, se afilió al Partido Comunista. Fue
perseguido por el primer peronismo e incluso, "por comunista y guitarrero", un policía tiró en una comisaría una máquina de
escribir sobre su mano derecha (sin saber que era zurdo): la agresión no tuvo consecuencias inmediatas, pero a la vejez esa
mano se le puso peor y debió ralentar su manera de tocar.
Por esos años publica su primera novela, Cerro Bayo, sobre una parejita coya. En los 50 el P.C. le organiza una gira por
Europa del Este y, al regreso, descubre París. Empezaría una relación de ida y vuelta con Europa. Durante la década del 60 es
incluído en lo que se llamó "la canción de protesta", un mote que detestaba. París se transforma en su patria adoptiva,
potenciado por el amor de la mujer de su vida, la franco-canadiense Nenette, pianista clásica, que con el alias de Pablo del
Cerro compuso varios temas junto a su marido. Sus detractores lo criticaban por vivir en Francia; Atahualpa decía con
pragmatismo que París era la capital del mundo y que "mi patria está en la guitarra". Cuando podía, volvía a su casa de Cerro
Colorado donde lo esperaba su caballo, un zaino llamado El Extraño.
Ayer, en esa misma casa, le realizaban un homenaje que se extiende hasta hoy con Jairo, Juan Falú y Alberto Muñoz, entre
otros; en Pergamino se pondrá la piedra fundamental de una escultura; José Ceña -uno de los músicos más estudiosos de
Yupanqui- acaba de editar el notable Canciones del mensajero, consagrado a su obra. Cosquín inauguró el año yupanquiano con
menciones y homenajes en cada una de las nueve noches. Y los tributos siguen.
En tanto, en un subte porteño de la línea D, un muchacho con charango y sikus toca casi todos los atardeceres El arriero.
Antes lo presenta: "Voy a tocar un tema de Divididos". En esa ignorancia se cumple el anhelo de Yupanqui. El tema ya no
pertenece a nadie, está disuelto en el chirrido metálico del subte, en el ahínco de un muchacho que hace música por monedas.
Otra vez, la diferencia entre lo popular y lo masivo.
Esa, la del subte, es la singular vigencia que sostiene a Yupanqui. Esa fue su misión en la tierra. Mi sión cumplida.
Los dos exilios uruguayos
Yupanqui pasó dos extensos períodos en Uruguay. La primera vez fue en 1932 cuando, tras participar de una rebelión frustrada
en apoyo a Hipólito Yrigoyen, eligió Uruguay para exiliarse. Se dirigió a la capital, pero Montevideo, al igual que Buenos
Aires, le pareció una ciudad que tenía demasiados prejuicios como para detenerse a escuchar el canto de un paisano. En El
canto del viento, que editaría años después, escribió: "Escucho a jóvenes cantores de hermosa voz y simpática apariencia que
andan por ahí, entonando cantares de Brasil, de Argentina, de México, de Chile. No está mal, pero está mal. Es que no se han
hechos amigos del viento. (...) . Y han de pasar por la tierra, sin haberla traducido".
Un poco por eso fue que salió a recorrer el "otro Uruguay", el del interior, en el que sí deambulaban guitarreros y poetas
consustanciados con su pueblo. Marcado por la hospitalidad del pueblo uruguayo en los momentos difíciles que pasaba, el
cantor dejó vívidas imágenes de aquellos días a través de una bellísima composición llamada Poema para un dulce nombre.
A mediados de la década del 40, con Perón en el poder, se radicó nuevamente en Uruguay, donde por primera vez cantó en otro
idioma. "Entoné La Marsellesa -recordó después-. Es lo único que acepto cantar en francés, fue en Montevideo, en agosto del
45, cuando se anunció la liberación de París. La canté -un poco a los tumbos- junto a todos los franceses que estaban en
Uruguay en esos momentos".
Zitarrosa y Viglietti, en condición de cronistas, lo entrevistaron para varios medios. Y muchas veces, pese a no ser hombre
propenso a los elogios, destacó la dimensión que, como poeta popular, alcanzó Osiris Rodríguez Castillos.
Guillermo Pellegrino (Corresponsal en Uruguay)
Un artista que fue grande entre los grandes
Yupanqui tenía una personalidad sumamente curiosa. Y una apertura mental sorprendente. Si bien era terminante en sus
conceptos, siempre los vertía después de haber ahondado en el asunto. No era, en general, prejuicioso. Tenía una relación con
el tango bastante especial. En sus primeros viajes a la Capital tuvo la oportunidad de ir a ver un concierto de Carlos
Gardel. Fue, dijo mucho tiempo después, una experiencia inolvidable. En la década del 40 trabó cierta amistad con Aníbal
Troilo y hasta llegaron a compartir algún escenario y programa de radio. Marcaba una gran diferencia entre el tango y el
folclore en cuanto a la letrística, "Mire -decía-, el paisano esconde su sufrimiento. Tiene una fuerte noción del pudor...
Cualquier día un compadre va a decir: Cerrando los ojos me puse a llorar... Se hace degollar primero. En el tango se llora
con mucha facilidad".
En Francia también tuvo oportunidad de codearse con la "crema parisina". Frecuentó a Henri Matisse y a Paul Eluard y a través
de llos a Edith Piaf. Contaba: "La conocí en la casa de Eluard. Después de cenar, toqué la guitarra. Me estaba quedando sin
monedas para el hotel y Piaf tuvo gestos maravillosos. De pronto aparecieron unos afiches que decían: Edith Piaf cantará para
usted y para Yupanqui. ¡Estaba en la cima de su fama y quería compartir un show conmigo, que era un negrito que se escondía
detrás de la guitarra!"
A partir del espaldarazo de El Gorrión de París, Yupanqui firmó contrato con el prestigioso sello Chant du Monde y editó
Minero soy, disco emblemático de lo que se llamó "la canción de protesta".
Fuente
¿Quien Fue Atahualpa Yupanqui? Si no lo conoces sos un animal!

pero siempre ta el
colgado..
Atahualpa Yupanqui, seudónimo de Héctor Roberto Chavero (Pergamino, Argentina; 31 de enero de 1908 - París, Francia; 23 de
mayo de 1992) fue un cantautor, guitarrista y escritor argentino. Se le considera el más importante músico argentino de
folclore. Sus composiciones han sido cantadas por reconocidos intérpretes, como Mercedes Sosa, Los Chalchaleros, Horacio
Guarany, Jorge Cafrune, Alfredo Zitarrosa, José Larralde, Víctor Jara, Ángel Parra y Marie Laforêt, entre muchos otros, y
siguen formando parte del repertorio de innumerables artistas, en Argentina y en distintas partes del mundo.
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Informacion Personal:
Nombre Héctor Roberto Chavero
Nacio Pergamino, Argentina
*31 de
enero de 1908
Murio París, Francia
*23 de mayo de
1992
Genero (s) Canción de autor
Ocupacion (es) Cantautor
Instrumento (s) Voz, Guitarra
Tiempo 1935 – 1992
Sitios Web Atahualpa Yupanqui
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Canciones Mas Conocidas
De las aproximadamente 350 canciones de su autoría registradas oficialmente[1] , pueden citarse: La alabanza, La añera, El
arriero, Basta ya, Cachilo dormido, Camino del indio, Coplas del payador perseguido, Los ejes de mi carreta, Los hermanos,
Indiecito dormido, Le tengo rabia al silencio, Luna tucumana, Milonga del solitario, Piedra y camino, El poeta, Las
preguntitas, Sin caballo y en Montiel, Tú que puedes, vuélvete, Viene clareando y Zamba del grillo entre muchas otras.
Libros
Piedra sola (1939)
Aires (1943)
Cerro Bayo (1953)
Guitarra (1960)
El canto del viento (1965)
El payador perseguido (1972)
Confesiones de un payador (Ediciones Galerna)(1984)
La palabra sagrada (1989)
La Capataza (1992)
La canción triste
Coplas del payador perseguido (Rama Lama Music España, 2007)
Fuente
Imagenes..
Videos..
Musica!
Mercedes sosa y acompañando, el mas grande, Don Atahualpa Yupanqui!
Diganme un servidor swf y lo subo..

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http://www.taringa.net/posts/videos/1050413/Homenaje-a-Don-Atahualpa.html
http://www.taringa.net/posts/musica/972346/Atahualpa-Yupanqui-Grandes-exitos.html
http://www.taringa.net/posts/musica/934892/Atahualpa-Yupanqui---Discografía-(Parte-I).html
http://www.taringa.net/posts/musica/934925/Atahualpa-Yupanqui---Discografía-(Parte-II).html