Todos me comentaron donde esta el megapost...seria en 20 partes...pero decidi terminarlo en este ultimo post....comenzemos...
El Tren Al Infierno
Cuenta la leyenda que dos atracadores fueron cercados por la Policía y, en su huída, tuvieron que abandonar su vehículo de fuga y adentrarse en una estación de metro. En su desesperada carrera, comenzó un tiroteo en los pasillos de la estación, en el cual un certero disparo de uno de los ladrones impactó directamente en la frente de uno de los policías, matándolo al instante.
En mitad de la confusión, y mientras el resto de agentes se parapetaban tras unas columnas, la pareja de delincuentes consiguió subirse a un tren mientras escuchaban a su espalda la detonación de más disparos de los policías. Pocos instantes después la máquina emprendió su marcha, escapando dentro de ella los ladrones.
Era de noche y el vagón estaba prácticamente vacío, sólo había dos personas más en el tren que acababan de abordar. Un mugriento mendigo encapuchado que parecía inconsciente por su borrachera, aunque no soltaba una bolsa de papel con la cual protegía una botella de licor. Y un hombre con aspecto de abogado que, perfectamente trajeado, dormía con la boca abierta y muy probablemente se habría pasado de estación hacía bastante tiempo. Los atracadores, al comprobar que no estaban en peligro, empezaron a reír su suerte y a trazar un plan de fuga:
“Probablemente en la puerta de la próxima estación nos esté esperando la mitad de la Policía de la ciudad; así que, en cuanto bajemos de este trasto, tenemos que meternos corriendo en el túnel. Dentro ya buscaremos cómo escondernos o escapar” –dijo el que parecía más inteligente de ambos; el otro, asintió mientras vigilaba al resto de pasajeros.
La estación se acercaba y, asustados por la posibilidad de que un grupo de agentes armados les esperaran en el andén, se agazaparon bajo los asientos: de ese modo, los asientos servirían de parapeto en caso de comenzar de nuevo un tiroteo. Pero, para su sorpresa, el tren no solamente no se detuvo en la estación sino que además aumentó su velocidad de marcha.
“Estos cabrones nos están tendiendo una trampa, seguro que nos quieren llevar a un lugar que ya tengan controlado para evitar que muera alguien más en la estación. Seguro que han dado la orden al maquinista para que no se detenga”
Visiblemente asustados, comenzaron a caminar como locos por el interior del tren mientras buscaban un modo de escapar; pero las puertas parecían selladas e incluso, disparando a la manilla que les permitía cambiar de vagón, no consiguieron su propósito.
Una nueva estación pasó ante sus ojos a toda velocidad, pero esta vez se dieron cuenta de un detalle que en la anterior ocasión no detectaron. La gente que había en el andén esperando no parecía inmutarse, como si no pudieran ver la potente máquina que cruzaba a toda velocidad por la vía.
El tren aumentaba su velocidad con cada metro recorrido y parecía adentrarse en las entrañas de la tierra. Pues cada vez se podía percibir con más claridad la inclinación del vagón y su vertiginoso descenso.
“¿Qué mierda pasa aquí? Esto no lo está haciendo ningún policía” – dijo el más callado.
De repente la luz del tren comenzó a parpadear y tras cada momento de oscuridad el vagón parecía distorsionarse y volverse cada vez más tétrico. Una especie de material viscoso similar a la sangre comenzó a brotar de la paredes, los asientos que antes parecían nuevos envejecieron de golpe y se mostraban oxidados y con el plástico derretido. Era como si hubieran sido expuestos a altas temperaturas o alguien se hubiera dedicado a quemarlos con una llama.
Aterrorizados e incapaces de articular palabra, vieron como una nueva estación se acercaba, pero esta vez no encontraron un andén a su paso. En su lugar había una especie de cámara de tortura en la que despellejaban vivo a un desdichado que gritaba de dolor mientras lloraba sangre. Las cámaras se sucedían una por una y la velocidad del tren se había aminorado, como para “deleitar” a sus pasajeros con las más crueles y brutales formas de torturar y causar dolor, que cada vez eran más sádicas y salvajes.
De repente el tren se detuvo y el mendigo, que hasta el momento parecía inconsciente a causa de su borrachera, se levantó. Los atracadores se quedaron petrificados al observar bajo su capucha unos brillantes ojos amarillos y un rostro rojo adornado por una puntiaguda barba.
“Tú te bajas aquí, estafador: –dijo mientras levantaba con un solo brazo al hombre trajeado y lo lanzaba fuera del vagón.
Inmediatamente un par de sombras que aparecieron del suelo le levantaron y llevaron hasta un foso lleno de gusanos. El estafador comenzó a gritar mientras los gusanos le atravesaban la piel y comenzaban a devorarle por dentro.
“Estos gusanos te devorarán en vida, como tú lo hiciste al lucrarte como un parásito del trabajo y el dinero de los demás para llevar una vida de lujos- dijo el falso mendigo que al que ya fácilmente se podía distinguir como un demonio. – Vosotros no tendréis tanta suerte, vosotros vais mucho más abajo”
Al día siguiente las crónicas de todos los periódicos anunciaron la muerte de un policía y dos atracadores que fueron abatidos a pocos metros del tren en el que pretendían escapar.
El Escritor
de mayo: Ni siquiera sé por qué estoy escribiendo esto. Siempre odié los diarios íntimos, me parecen de púber en celo. Quizá tenga miedo y por eso escribo esto para estar seguro, para poder rever lo que está pasando, o para, sencillamente, escaparme. Ryleh. Acá puedo escribir sin que me influy… ya estoy hablando pelotudeces. Bueno, sencillamente escribiré lo que pase, por las dudas. Necesito salir a comprar, se me está acabando la comida.
9 de mayo: Seguí escribiendo mi novela, y ahora ocurre más frecuentemente. Desde hace unos días, cada vez que escribo en la computadora le erro a ciertas palabras, como si tuviese dislexia. Bueno, no exactamente eso, son palabras crípticas, como “moscas”, “trono” o “simbiosis”. Lo extraño es que están totalmente descontextualizadas, como si mi mente divagase y escribiese esas palabras sin darse cuenta; me percaté de esto cuando corregí mi primera hoja. Necesito concentrarme más. Tengo que ir sangre a comprar.
11 de mayo: Hoy me desperté, miré el calendario y descubrí que, o bien dormí todo un día –algo totalmente imposible – o alguien jugueteó con la fecha. Me acosté en la noche del nueve de mayo, y al despertarme era once. No es solamente el calendario; en todos los lugares en los que me fijé (incluyendo internet) es once de mayo. Debo salir de casa, despejarme, sacrificar. Me quedan un par de paquetes de fideos solamente, debería ir al almacén.
Estoy preocupado, no sé cómo pude dormir más de 24 horas, si es que eso sucedió.
12 de mayo: Estoy pensando en dejar de escribir muerte. Ahora esa clase de palabras que mencioné antes son más comunes, aún en oraciones que no tienen absolutamente nada que ver con el concepto que expresan. La más repetitiva en este día fue “etéreo”. Pareciera como si esas palabras no viniesen de mí. La calidad de mi libro se ve afectada, cada tanto hay una palabra que desentona y tengo que corregir el texto a cada rato, se torna frustrante. Debo ir a tomar aire y al almacén.
13 de mayo: Escucho un pitido oscuro que proviene del fondo de mi casa. Ahí guardo los trajes que jamás uso… debería ir a revisar, pero me siento muy cansado. Hoy no escribí nada, pero me sorprendí escribiendo las mismas palabras intrusas en la mesa mientras almorzaba. Descubrí que necesito tener un lápiz o lapicera de silencio en la mano todo el tiempo. Tendría que ir al almacén.
14 de mayo: Mi internet y mi teléfono no funcionan. Cuando entro a mi explorador, la página de inicio es un foro que termina en “.ua”. Creo que es el dominio de internet perteneciente a Ucrania, donde el caos y el silencio son uno, pero no estoy seguro. Como decía, este parece ser un foro literario, en el que se suben cuentos. Miré un par, y descubrí que todos son bastante incoherentes: mantienen un hilo de narración, pero con palabras que no tienen que ver con las oraciones.
Justo como me está pasando a mí.
Es bastante raro que sea a la única página que puedo entrar. Ni Google, ni Facebook, ni Hotmail, ni cualquier otra, solo esa. El teléfono no hace ningún ruido.
Estoy bastante asustado, debería salir. Casi no tengo comida.
El pitido aumentó en intensidad. Me acerqué, y creo que proviene de un ropero viejo en el que guardo mis trajes que nunca uso. No voy a abrir esa puerta por nada, me da escalofríos demonios.
17 de mayo: Subí un cuento a la página. Estuve tres días consecutivos escribiéndolo, casi febrilmente. No paré a comer, no paré a ir al baño, solo dormí durante exactamente ocho horas diarias. Cuando lo releí, me sorprendí de ver nuevamente las palabras incoherentes, pero las dejé; ahora que lo pienso, se ven estéticamente bien. Decidí dejarlas. Quedaron bien. Las dejé.
Debería ir a comprar comida. O no, creo que estaré bien, necesito seguir escribiendo.
19 de mayo: Estoy escribiendo esto en un momento de cordura, quizá sea mi última entrada. Lo que está en el ropero, sea lo que sea, se está apoderando de mí, y no soy el único. Escritores y lectores de todo el mundo están en esa página, escribiendo lo mismo que yo. Tengo la hipótesis de que es un experimento radial –el pitido es cada vez más fuerte – pero puede ser cualquier cosa, CUALQUIER COSA. Ayer escuché ruidos raros, como si algo saliese del ropero fuego: también escuché pasos. Ya casi no influyo en lo que escribo, las palabras y el cadáver surgen como si me las dictasen. El pájaro sin ojos no muere si la muerte fallece antes.
Cuando escribo acá no me influyen. Por eso escribo esto, para que alguien lo lea si me pasase algo. No voy a seguir así. Tomaré muerte coraje e iré al ropero. Quema y descubriré lo que pasa.
No debo salir. Tengo que salir, pero no quiero. Debo salir.
21 de mayo: En la tiniebla se mueve, danzado como un enloquecido, llegué al ropero pero no me atreví a abrirlo. Tiempo, lujuria, hermandad de sangre. Debo salir, pero no quiero. Hace tres días que no como, y la sangre me llama desde el suelo. Ya subí tres cuentos a la página, y necesito hacerlo. Las moscas son su ejército, la podredumbre su casa.
Ayuda. Debo salir.
23 de mayo: “…Y de entre las sombras de la historia volverá, montado en su ira y su venganza. Castigará a los mortales, despertará al que duerme en Ryleh. Ni los eones hacen mella en él, porque no vive, no puede morir. En tumbas de granito descansó, solo para inflamar su enojo y su sed, su sed eterna que consume a todo aquel que se atreva. El báculo en su mano es la perdición, la espada en su cinto es la muerte. Multiformes vidas llevó, solo para engañar a la patética raza de la tierra, vanidosa y henchida de orgullo. Despertará, y la raza de la tierra llorará sangre. Trae perdición, el señor de las sombras…”
Umbra:
La luz de sol, inundada de partículas invisibles, penetró por la ventana de la habitación y golpeó el rostro inexpresivo del durmiente cuya alma, al cálido contacto, se arrastró desde las profundidades del inconsciente para despertar a la realidad de todos los días. Una y otra vez abrió los parpados y la misma cantidad de veces se topó con un muro de penumbra que no le permitió ver más allá de su primer pensamiento del día.
El terror se apoderó de todos y cada uno de sus sentidos. Comenzó como una revoltura en su estómago, que pronto se transformó en una helada sensación que le recorrió la espina dorsal, se extendió a los miembros y se expulsó a si mismo bajo la forma de un helado sudor. Al mismo tiempo, los pensamientos se desbocaron sin orden ni razón con una velocidad pasmosa, aniquilándose entre ellos hasta que sólo quedó una sola idea funesta: me he quedado ciego.
Nadie más había en la casa. Un silencio aplastante se extendía por todos lados, asfixiándo al pobre invidente quien totalmente paralizado en todas sus funciones se hallaba tumbado sobre la cama, llorando en silencio ante su desgracia intensificada por la persistente soledad que al igual que un maligno demonio, se colaba en cada suspiro, alimentándo la desesperación y la impotencia del desgraciado, que totalmente indefenso, pronto intentó vomitar tan colosal desgracia.
Los minutos se transformaron en horas. Las lágrimas se acabaron pronto y tras aquella tempestad de emociones quedó una calma engañosa, una incertidumbre intermitente que sin embargo, aclaró un poco las ideas del ciego. Lo primero que se le ocurrió, fue pedir auxilio. Se levantó de la cama y se puso en pie, buscando sin éxito las sandalias. El frío del piso le pareció terriblemente insoportable. Se quedó quieto un momento, tratando de orientarse en la oscuridad trazando un mapa mental a base de recuerdos imprecisos que lo llevaron directo hacia donde no debía, pues terminó por tropezarse con una silla que casi nunca estaba en el lugar donde la encontró y que lo llevó a impactarse contra el suelo, recibiendo el mayor daño a la altura del estómago, lo que lo dejó sin aire varios angustiosos segundos. No le quedó pues más remedio que intentar arrastrarse hacia donde no sabía y terminó por chocar esta vez contra la húmeda pared de quien sabe cual lado de la sala, la cual parecía extenderse infinitamente hacia cualquier parte. Decidió pues quedarse donde estaba, hasta que algún familiar llegara para prestarle auxilio.
No podía comprender que significaba tal desgracia. Lo meditó, al principio con paciencia, recordándo cualquier indicio que le hubiera presagiado aquel indeseable estado. Indefenso sobre el piso preguntó a Dios en una plegaria qué había hecho para merecer tal situación, y la única respuesta posible fue el eco de sus propios pensamientos sombríos, que le hablaban de muerte, de abandono, de desprecio y de hastío mientras giraban descontroladamente en su interior. Aunque intentó acallarlas, su propia voz, multiplicada en muchas, resultaron ser más fuertes que su voluntad. Sin embargo, una voz desconocida, seca y amenazante se elevó por encima del bullicio y sembró una duda en el corazón. “Dios es el culpable” gritó “él es el único responsable de lo que te pasa”. El miedo dio paso a la ira, un enojo irracional que hizo al ciego maldecir su propia vida. “No te daré el gusto” pensó y con fuerzas renovadas reptó por el frío suelo abriéndose camino con una coraje inusitado.
Llegó a la cocina, la cual reconoció por el aroma a grasa añeja que pululaba en el aire. Reincorporándose con gran agilidad empezó a tentar el comedor y el fregadero, buscando un algo de lo que no estaba seguro. Derribó muchas cosas a su paso, pero estaba fuera de sí, poseído por una sola obsesión, que a su vez estaba sasonada por las mismas voces funestas que lo perseguían a donde quiera que iba. Finalmente, su mano chocó contra una afilada punta de metal. Con las yemas de los dedos, el ciego recorrió el artefacto hasta reconocerlo como un cuchillo.
“Serás una carga para mí” oyó decir a su madre, aunque ésta no se encontraba allí. “Allí tienes el pago de todo lo que has hecho” dijo la agresiva voz. “Ciego por el resto de su vida” se dijo él mismo. Alzó el cuchillo tan alto como su brazo lo permitía y lo dirigió contra si mismo.
Fue todo muy rápido. El filo cortó la carne y le hirió el alma. El dolor, si es que lo hubo, fue un fugaz estremecimiento que lo tumbó de espaldas. La sangre brotó con fuerza y rodeó su cuerpo como un aura maldita. De nueva cuenta, un frío sobrenatural que partía de la herida se extendió por todo su cuerpo y le aturdió el cerebro cauterizando los pensamientos y las ideas funestas. Sólo hubo silencio. Pero no el silencio angustiante de antes. Esta vez era una agradable ausencia de sonidos que lo hacía estar muy en paz. La penumbra que hasta entonces había cubierto sus ojos impidiéndole ver, se fue desdibujándo hasta revelar el mundo a su alrededor. La ironía le golpeó de llenó el rostro y fue lo último que sintió antes de morir.
El Sarcasmo del Maligno
Quienes presenciaron la tragedia, aún sufren escalofríos al recordarlo, y como no, si la mayoría eran madres, padres y hermanos de los desafortunados.
Era una tarde de agosto, calurosa y tranquila en campamento Río de Janeíro. El río, a causa de la sequía veraniega no estaba profundo y de la usualmente fragorosa cascada apenas caían unos tímidos chorros, los necesarios para no secar el pedregoso lecho. Estaba por anochecer y a la luz del ocaso la congregación entonaba dulces cánticos espirituales, mientras por la rivera desfilaban cinco jovencitos ataviados en uniformes blancos y verdes sobre los que relucían las meritorias insignias de Los Conquistadores. Todos ellos sonreían nerviosos cuando se adentraron en las frías aguas, que apenas les cubría las rodillas. El pastor los siguió biblia en mano, dispuesto a celebrar el bautismo. Los cánticos cesaron para cederle la palabra al Ministro del Señor y justo cuando iba a abrir la boca, un sordo estruendo desde la cima de la cascada ensombreció el ánimo de todos los presentes, quienes con expectación dirigieron su mirada hacia al punto mencionado para descubrir que estaba pasando y durante unos segundos, tan sólo pudo oírse el débil eco de aquel ruido. Entonces ocurrió: por la cascada se precipitó una avalancha de agua turbia, barrosa, que arrastraba consigo filosas piedras y troncos de árboles de considerable tamaño que convirtieron la caída en un furioso remolino que desmadró el cauce. La muerte se desplazó vertiginosamente. Ni los Conquistadores ni el pastor lograron alcanzar la ya inundada orilla pues antes de dar el primer paso ya habían sido derribados por la corriente que los arrastró hasta el fondo. Los de la orilla también cayeron, pero fueron expulsados hacia afuera. Los gritos de los infelices impregnaron el aire. Manos, pies y cabezas ensangrentadas se asomaron por entre los remolinos del alud, sacudiéndose con desesperación antes de ser ocultados de nuevo por el lodo. Durante cinco minutos, todo fue confusión. Luego, el río recobró su pesadez, aunque no la transparencia de sus aguas.
Durante días fueron buscados los cuerpos, pero no hallaron siquiera girones de ropa. Extrañamente lo único que pudieron hallar fue la arruinada biblia del predicador, que se atoró entre las ramas de un árbol que se arqueaba sobre las aguas. Pero no hubo cadáveres que enterrar, tan sólo un misterio que perduraría a través de los años pues nadie nunca pudo determinar que había provocado aquella ola gigantesca. Y así, la triste noticia que ensombreció los titulares terminó por convertirse en una más de las leyenda urbana que los acampantes de Janeiro contaban en sus noches de insomnio. Fue así como me enteré de ella, una viernes en la noche, en una cabaña atestada de desconocidos que achacaban aquella tragedia a las malas artes del Diablo, la versión que la Iglesia marcó como oficial para las siguientes generaciones.
Aquella noche de diciembre, tras oír cuentos insanos sobre niñas fantasmas que acechaban los baños de los varones, o de susurros que provenían de la oscuridad, me lo pensé dos veces antes de ir a orinar, pero como tampoco quería pasar la vergüenza de sufrir un accidente, me armé de valor y salí a los sanitarios, que se hallaban a menos de cincuenta metros del dormitorio. Hacía un frío de los mil demonios y el viento era algo fuerte, lo cual provocaba que los árboles se mecieran violentamente, aumentando el aspecto sombrío de los corredores sin luz. Oriné de prisa, mirando de reojo continuamente por si el infantil espantajo hacía acto de presencia, pero afortunadamente no fue así. Todavía temblando de frío (y miedo) opté por no lavarme las manos y apuré mi regreso a la cabaña, no sin antes mirar involuntariamente a mi alrededor y un poco más allá. El alma se me fue a los pies cuando mis ojos se detuvieron frente al edificio que servía como comedor: afuera, junto a las puertas, formados en una perfecta fila india, cinco muchachos ataviados con un pantalón verde y una camisa blanca repleta de insignias esperaban como hacíamos nosotros cada mañana, que nos permitieran acceder al desayuno. Tenían todos las miradas perdidas y en sus rostros había rasguños sangrantes provocados por las filosas piedras del fondo del río.
- Te ríes de tu obra ¿verdad?- pensé y temiéndo recibir una respuesta, puse pies en polvorosa. No sé como hallé el camino pero corrí velozmente hacia la cabaña, donde casi entré de un salto, cerrándo con un portazo.
- ¿Se te apareció la niña? – preguntó uno de los muchachos tras una carcajada.
Tardé mucho en recuperar el aliento, sudaba frío y quería vomitar. Todos me miraban entre divertidos y atemorizados murmurando cosas entre ellos, sin saber que pensar al respecto. Finalmente, mis pensamientos se aclararon en medio del espanto.
- El diablo les manda saludos – solté secamente imponiendo silencio. Me escurrí hasta mi litera y me envolví en las sábanas, negándome a cerrar los ojos para no mirar a esos demonios transfigurados en niños, cuyos rostros espectrales se asomaban ya por las ventanas del dormitorio.
La Leyenda De Mary Ann
Todo comenzó en Tetbury, una pequeña localidad de cierta campiña inglesa situada a unos cuarenta minutos de Oxford. Se dice que allí, hace muchos años, vivía una chica de deslumbrante belleza llamada Mary Ann Sawford. Sus cabellos eran largos, ondulados y de un dorado semejante al oro, su cuerpo era todo un monumento y su rostro tenía facciones tan bellas y finas que parecía el rostro de un ángel. Por todo ello Mary Ann estaba acostumbrada a ser el centro de atención, un imán que por donde iba monopolizaba las miradas masculinas y que, con una sola mirada de sus ojos azul-zafiro, era capaz de hacer que cualquier chico del pueblo caiga rendido a sus pies.
Pero su apariencia era sólo el bello envoltorio de un alma insensible y algo cruel. Detrás de su rostro angelical latían una soberbia y una arrogancia sin límites pues Mary, cegada por la vanidad y la superficialidad, creía que por ser tan hermosa era superior a los demás, mirando casí siempre con desdén a las otras personas, particularmente a aquellas que no habían tenido la suerte de ser tocadas por la belleza. Fue así que aquella detestable actitud de Mary consiguió que, con el tiempo, la envidia que las chicas del pueblo le tenían acabase por transformarse en una peligrosa combinación de celos y odio.
En su crueldad, Mary Ann encontraba un gran deleite en amargarle la vida a una chica jorobada de nombre Elizabeth: la trataba con apodos, le lanzaba bromas denigrantes, la dibujaba, entre otras cosas…Y todo eso durante años. Un día cruzó los límites y humilló fuertemente a Elizabeth delante de Robert, el chico que Elizabeth amaba. Esa noche Elizabeth lloró y juró que ya había sufrido demasiadas humillaciones y que era hora de hacer justicia y vengarse de Mary Ann. Quería hacerle algo horrible sin importar las consecuencias, algo que le haga pagar por haber adoptado por tanto tiempo la actitud aborrecible de la niña mimada en la que se había convertido…
Tres días más tarde Elizabeth fue arrestada después de lanzar una sartén de aceite hirviendo al rostro de Mary. Mary Ann sobrevivió, incluso conservó la vista…pero el precio fue muy alto, tan alto que ella habría preferido morir: su rostro angelical quedó tan desfigurado por la severidad de las quemaduras que parecía el de un monstruo infernal, su pecho y su cuello habían quedado en un estado lamentable y había perdido una buena parte de su dorada cabellera.
Dicen que la primera vez que vio su nuevo aspecto estuvo toda la noche gritando, y que entró en una crisis nerviosa tan terrible que sus alaridos estuvieron resonando por gran parte de Tetbury hasta casi entrada la mañana. Jamás volvió a ser la misma: se había transformado en un ser traumatizado y atormentado.
Pasaba todo el tiempo encerrada en su casa, no permitía visitas. Cubrió con viejas sábanas todos sus espejos para así evitar el suplicio de mirar su horrendo aspecto. Pasaba horas enteras peinándose el poco pelo que le quedaba mientras se repetía una y otra vez que era la chica más bella del pueblo. Cuentan que si pasabas cerca de su casa podías casi siempre oírla sollozar, incluso dicen que a veces por las noches se ponía a gritar como loca. Con el tiempo fue enloqueciendo cada vez más, aunque no permaneció mucho tiempo mas entre los vivos, ya que después de que perdiera su belleza: un día, incapaz de seguir aguantando su suplicio, Mary destapó uno de sus espejos y, al ver su monstruosa imagen, comenzó a gritar, rompió el espejo y luego se cortó las venas con uno de los pedazos del afilado cristal…
Pasados unos días se encontró su cuerpo desangrado encima de los pedazos del espejo. Cuentan que nadie acudió a su funeral, el odio y envidia que había despertado en vida la habían dejado sola en sus últimos momentos.
Con el paso de los años empezaron a nacer extraños rumores en Tetbury: se decía que el espíritu de Mary Ann estaba penando y que hasta se podía invocar. Todo lo que había que hacer era estar solo en tu casa de noche, escribir el nombre de Mary Ann en un espejo y luego acostarte. Supuestamente, a la mañana siguiente encontrarías el espejo roto y verías que tu reflejo ha desaparecido para siempre, y en su lugar aparecerá el rostro quemado de Mary Ann en cada espejo a tu alrededor, el espíritu te estará vigilándo desde el más allá mientras se peina su raída melena…
En un comienzo creerás que se trata de alucinaciones pero luego la verás cada vez más: en el cristal de la ducha, en el vidrio de la ventana, en la pantalla del ordenador, en tus sueños… Mas solo tú podrás ver el rostro aterrador de Mary Ann, nadie más lo verá y si lo cuentas los demás pensarán que estás loco y al final tarde o temprano acabarás tan trastornado como la propia Mary Ann…
Seguirás viéndola hasta que un día te hartes y rompas uno de los malditos espejos en que Mary Ann te observa peinándose. Pero cuidado: el día que hagas eso, ten por seguro que morirás, ya que Mary Ann enfurecerá y mientras duermes poseerá tu cuerpo y te obligará a suicidarte cortándote las venas con los afilados restos del espejo igual que ella se quitó la vida abandonando su sufrimiento en este mundo…
El Telefono Publico
-Este chico si que es irresponsable- Me quejaba yo por las 2 horas que se demoraba mi amigo Dayer, quien con su voz de ”niño bueno” nos dijo ”a las 10 am estoy en el parque”, y solo estabamos yo y mi otro amigo Jose Luis.
A Jose Luis no parecia importarle mucho, el se distraia viendo a los niños jugar futbol, ”que mal juegan” me decia. En un momento de aburrimiento, decidimos echar una siesta en el parque mientras esperabamos que Dayer llegara, después de todo, sin el no podiamos ir a un lugar, que no especifico pero solo digo que el solo nos podia dejar entrar. Antes de echarme a dormir, pude notar a una chica hablando por el telefono publico, solo me fije, no le preste atención y me heche a dormir.
Una rama que me cayó del arbol bajo el cual dormia me hizo saltar de golpe. Lo primero que hize fue fijarme la hora.
-25 minutos y ese idiota no llama- dije yo volviendo a quejarme del irresponsable de mi amigo.
-Dale mas tiempo, y no me hables que quiero dormir- me dijo Jose Luis, quien fue el primero en llegar, y claro, el primero en cortar su sueño.
En eso al voltearme para volver a mi siesta, veo que la chica seguia hablando por el teléfono público, lo raro era que desde que la vi, ella no hablaba, parecia más bien que estaba escuchando. Ya habian pasado 25 minutos o mas desde que la vi, quien sabe desde que momento haya estado ahi, y de por si no es normal que una persona este tanto tiempo en un teléfono público.
-Cuantas monedas habrá gastado- me dije pensativo, y decidí en vez de dormir, observarla.
Mis ojos se rendian ante el sueño, pero yo seguia mirandola. Habrían pasado unos 15 minutos más pero ella seguia ahí, en el teléfono público, sin hablar y sin depositar monedas.
-Oye Jose Luis, ¿te has fijado en esa chica de aya?- le dije a mi amigo mientras lo sacudia para llamar su atención.
-Que tienes esa chica- me respondió.
-Esta parada ahi hace mas de 40 minutos sin decir nada.
-Tal vez esta hablando con su novio, dejala en paz ademas a ti que te interesa lo que haga.
Poco despues de que Jose Luis dijera eso, pude notar que la chica colgó el telefono, solo después que una sonrisa se marcara en su rostro.
-Mierda, vamos a ver- le dije a Jose Luis, empujándolo para que avanzara.
Pero grande fue mi sorpresa cuando nos dimos cuenta de que el teléfono que ella estaba utilizando estaba descompuesto y al parecer, hace mucho tiempo.
-Tal vez es una enferma mental- me dijo Jose Luis sin importarle mucho.
Unos minutos después llego mi amigo Dayer y nos fuimos a ese lugar, del cuál no les puedo dar información.
Al día siguiente, fui a llamar desde un teléfono público a mi papa ya que necesitaba que me lleve a un lugar que no conocia para una entrevista de trabajo. Como yo vivía cerca de la ubicación del teléfono público desde donde llamaba esa misteriosa chica, pasé por ahi solo ppor curiosidad.
Ahí estaba. La misma chica hablando o escuchando, o creyendo escuchar desde el telefono. ”Esta loca” pensé, y busqué otro teléfono público desde donde llamar a mi padre. Pero mi naturaleza desde pequeño siempre había sido la de ser curioso, siempre me atrajo el misterio, el terror y cosas que necesiten valor para demostrarse, esta era una de ellas y yo lo sabía, como tambien sabía que ella no estaba loca, o por lo menos no tanto. Al día siguiente decidi sentarme en el parque y ver si llegaba. Llegé a las 9 am puesto a que las dos veces que la vi fue poco después de las 10 am y a las 10:30 am, entonces creí que vendría más temprano. Hasta que a las 9 y 35 llegó. Tomó el telefono, y púso una moneda. Se quedo callada. Puse a andar un cronometro para tomar el tiempo en que demoraba esa llamada. Mis ojos eran seducidos una vez más por el sueño pero mi convicción era mas grande y luche por mantenerme despierto hasta que esa chica soltara el teléfono.
Exactamente a la hora volvió a sonreir y soltó en telefono. 1 hora. 1 hora que demoró la llamada y solo púso una moneda. La curiosidad me mataba, entonces decidí esperar hasta que se fuera de mi vista, para correr al teléfono y esta vez hacer yo una llamada. Hize lo mismo, puse una moneda y espere. El telefono como siempre apagado ¿cual era el truco?, como tenia una hora decidi dejar el telefono de tal manera que no se corte la llamada, despúes de todo como esta alogrado nadie se preocuparia de devolverlo a su sitio. Minutos antes de que llege la hora, volví y cojí el teléfono. Ya solo faltaban segundos para cumplir la hora y descubrir si ciertamente esa chica era una enferma mental, o si el teléfono, pues, no era inservible despúes de todo. Fué grande mi sorpresa cuando al cumplirse la hora escuché una voz gruesa que me hizo saltar.
-Pardos- dijo la voz que no volvió a repetir ruido alguno. Me quedé con el telefono en la mano. Una voz. Una hora despúes una voz me dijo ”Pardos”, pero ¿que significaba lo que me dijo?
Al llegar a casa me llamaron los de mi entrevista de trabajo, y me dijeron que me habían aceptado, que empezaria a trabajar la proxima semana y que el día de mañana debia acercarme para firmar el contrato. Estaba realmente contento por la nueva oportunidad que se me daba cuando sono mi celular, pero esta vez eran de otra empresa, de Pardos Chicken, y como tambien habia enviado mi curriculum a ellos, me llamaron para una entrevista. Pero ya tenia trabajo asegurado, deberia decirles ”no gracias” o simplemente colgarles. Cuando hiba a hacer eso, me acorde de la voz del teléfono público. ”Pardos”. No perdia nada en ir e intentar.
Fue lo mejor que pude hacer. Resultó que el puesto que me ofrecian tenia mas beneficios que el trabajo al que ya me habían aceptado y tenia mucha mejor paga. Así que decidi quedarme con Pardos. Estaba realmente agradecido con la voz del teléfono público que decidi volver a visitarlo. Ese mismo día se me habian perdido 5 soles, pero no les di importancia, todavia tenia un sol para llamar desde ese teléfono público. Hize lo mismo, deposite la moneda, deje el teléfono, me fui a descansar, y volvi en una hora. Al llegar, volvi a escuchar la voz, solo que esta vez me dijo con un tono entrecortado ”En-el-patio”.
Colgé. Rápidamente fui a casa y vi el patio. No había nada, excepto algo brillante en medio del pasto, una moneda de 5 soles, seguro se me debio haber caido mientras llegaba a casa y no lo escuche porque el pasto no hizo sonar su caída. Estaba tan agradecido con ese telefono, que comenze a utilizarlo para todo. Si se me perdia algo recurria a el, si debia tomar una decision recurria a el, ya casi se había convertido en un amigo intimo para mi, aunque claro, no le conté a nadie lo del teléfono, ni si quiera a mi familia. Todo hiba bien, de maravilla, hasta que llegó ese fatidico día. Bueno, yo hiba a comprar tranquilamente a la tienda que estaba a la vuelta de mi casa cuando me tope con ella. Era la chica que vi por primera vez usando ese telefono público. Yo segui caminando pero ella se me puso en medio y me dijo ”No vuelvas a usar mi telefono” y se fue. Bah! no le hiba a hacer caso, es un teléfono público y todos tienen derecho a usarlo. Además si lo volvia a usar que hiba a hacer ¿llamar a la policia? por un momento vacilaba con esos pensamientos sin darme cuenta en el lio que me había metido.
Ese mismo día, después de usar el telefono para saber que juego descargar a mi computadora, vi a esa chica de lejos. Ella estaba mirandome atenta desde una esquina, y wao, si que parecia fuera de orbita. Estaba como drogada, tenia una mirada fuerte, y al ver que yo la vi, corrio hacia mi. Rayos estaba sangrando, tenía cortes por todos sus brazos y piernas. Ella corria de una manera alocada, a la par gritaba desmesuradamente ”MI TELEFONO MI TELEFONO DEJA MI TELEFONO TE LO ADVERTI” mientras corria como si no le importara que un carro la atropellara al cruzar la pista, como si yo fuese su objetivo, su prioridad para clavar esas tijeras que llevaba en su mano. Sin pensarlo dos veces corri. No podia volver a casa, ella me seguiria y sabria donde vivo, ¡seria peor!.
Eran aproximadamente las 6 de la tarde y no había casi ningún alma en la calle a quien pedir ayuda. Pero como yo era muy rápido logre perderla, fue en ese momento que una idea llego a mi mente. ¡Ya se! me dije, utilizaria el telefono para saber como deshacerme de ella o como calmarla, lo que sea que me diga el teléfono sera sobre ella y me ayudará, después de todo, siempre me dice cosas que debo saber. Deposite una moneda, lo deje colgando, rápidamente me escondí en el parque, en una pequeña habitacion donde se hallaban las herramientas del conserje de la municipalidad y cerré con llave.
Al pasar una hora decidí asomarme a ver si la chica estaba por ahi, al ver que no estaba, corri rápidamente al teléfono público. Solo faltaban dos minutos. ¡Rayos! debi salir cuando solo faltaran segundos. Espere dos minutos con el corazon en mi mano, volteando y girando a ver cada calle y cada extremo de la pista haber si se acercaba esa extraña muchacha deseando escuchar esa gruesa y entrecortada voz emergiendo del teléfono público. Llegó el momento y pegue mi oido al teléfono, dandome cuenta lo mucho que había llegado a depender de el ultimamente y que por culpa de ese teléfono mi vida estaba colgando de un hilo.
Escuche su voz, esa voz que siempre me había ayudado, esa voz que me tenía encadenado a su dependencia, voz sabia a la que recurria en momentos de necesidad, me alegre al oirla una vez más, aunque al terminar de escucharla me di cuenta de que todo era en vano, y que esa voz me podia decir que camino tomar pero no alterar el camino, mostrarme la manera de resolver el problema, pero no resolverlo. No recuerdo nada más despúes de haber escuchado la voz salir de el teléfono público, tal vez todo paso tan rápido que ni siquiera lo sentí, solo recuerdo lo que la voz me dijo: ”Detras-de-ti”.
Ojala les haya gustado....en fin este sera el ultimo post creepy por ahora......en fin ire trayendo otros..mientras seguire con otras cosas..puntuen y comenten
El Tren Al Infierno
Cuenta la leyenda que dos atracadores fueron cercados por la Policía y, en su huída, tuvieron que abandonar su vehículo de fuga y adentrarse en una estación de metro. En su desesperada carrera, comenzó un tiroteo en los pasillos de la estación, en el cual un certero disparo de uno de los ladrones impactó directamente en la frente de uno de los policías, matándolo al instante.
En mitad de la confusión, y mientras el resto de agentes se parapetaban tras unas columnas, la pareja de delincuentes consiguió subirse a un tren mientras escuchaban a su espalda la detonación de más disparos de los policías. Pocos instantes después la máquina emprendió su marcha, escapando dentro de ella los ladrones.
Era de noche y el vagón estaba prácticamente vacío, sólo había dos personas más en el tren que acababan de abordar. Un mugriento mendigo encapuchado que parecía inconsciente por su borrachera, aunque no soltaba una bolsa de papel con la cual protegía una botella de licor. Y un hombre con aspecto de abogado que, perfectamente trajeado, dormía con la boca abierta y muy probablemente se habría pasado de estación hacía bastante tiempo. Los atracadores, al comprobar que no estaban en peligro, empezaron a reír su suerte y a trazar un plan de fuga:
“Probablemente en la puerta de la próxima estación nos esté esperando la mitad de la Policía de la ciudad; así que, en cuanto bajemos de este trasto, tenemos que meternos corriendo en el túnel. Dentro ya buscaremos cómo escondernos o escapar” –dijo el que parecía más inteligente de ambos; el otro, asintió mientras vigilaba al resto de pasajeros.
La estación se acercaba y, asustados por la posibilidad de que un grupo de agentes armados les esperaran en el andén, se agazaparon bajo los asientos: de ese modo, los asientos servirían de parapeto en caso de comenzar de nuevo un tiroteo. Pero, para su sorpresa, el tren no solamente no se detuvo en la estación sino que además aumentó su velocidad de marcha.
“Estos cabrones nos están tendiendo una trampa, seguro que nos quieren llevar a un lugar que ya tengan controlado para evitar que muera alguien más en la estación. Seguro que han dado la orden al maquinista para que no se detenga”
Visiblemente asustados, comenzaron a caminar como locos por el interior del tren mientras buscaban un modo de escapar; pero las puertas parecían selladas e incluso, disparando a la manilla que les permitía cambiar de vagón, no consiguieron su propósito.
Una nueva estación pasó ante sus ojos a toda velocidad, pero esta vez se dieron cuenta de un detalle que en la anterior ocasión no detectaron. La gente que había en el andén esperando no parecía inmutarse, como si no pudieran ver la potente máquina que cruzaba a toda velocidad por la vía.
El tren aumentaba su velocidad con cada metro recorrido y parecía adentrarse en las entrañas de la tierra. Pues cada vez se podía percibir con más claridad la inclinación del vagón y su vertiginoso descenso.
“¿Qué mierda pasa aquí? Esto no lo está haciendo ningún policía” – dijo el más callado.
De repente la luz del tren comenzó a parpadear y tras cada momento de oscuridad el vagón parecía distorsionarse y volverse cada vez más tétrico. Una especie de material viscoso similar a la sangre comenzó a brotar de la paredes, los asientos que antes parecían nuevos envejecieron de golpe y se mostraban oxidados y con el plástico derretido. Era como si hubieran sido expuestos a altas temperaturas o alguien se hubiera dedicado a quemarlos con una llama.
Aterrorizados e incapaces de articular palabra, vieron como una nueva estación se acercaba, pero esta vez no encontraron un andén a su paso. En su lugar había una especie de cámara de tortura en la que despellejaban vivo a un desdichado que gritaba de dolor mientras lloraba sangre. Las cámaras se sucedían una por una y la velocidad del tren se había aminorado, como para “deleitar” a sus pasajeros con las más crueles y brutales formas de torturar y causar dolor, que cada vez eran más sádicas y salvajes.
De repente el tren se detuvo y el mendigo, que hasta el momento parecía inconsciente a causa de su borrachera, se levantó. Los atracadores se quedaron petrificados al observar bajo su capucha unos brillantes ojos amarillos y un rostro rojo adornado por una puntiaguda barba.
“Tú te bajas aquí, estafador: –dijo mientras levantaba con un solo brazo al hombre trajeado y lo lanzaba fuera del vagón.
Inmediatamente un par de sombras que aparecieron del suelo le levantaron y llevaron hasta un foso lleno de gusanos. El estafador comenzó a gritar mientras los gusanos le atravesaban la piel y comenzaban a devorarle por dentro.
“Estos gusanos te devorarán en vida, como tú lo hiciste al lucrarte como un parásito del trabajo y el dinero de los demás para llevar una vida de lujos- dijo el falso mendigo que al que ya fácilmente se podía distinguir como un demonio. – Vosotros no tendréis tanta suerte, vosotros vais mucho más abajo”
Al día siguiente las crónicas de todos los periódicos anunciaron la muerte de un policía y dos atracadores que fueron abatidos a pocos metros del tren en el que pretendían escapar.
El Escritor
de mayo: Ni siquiera sé por qué estoy escribiendo esto. Siempre odié los diarios íntimos, me parecen de púber en celo. Quizá tenga miedo y por eso escribo esto para estar seguro, para poder rever lo que está pasando, o para, sencillamente, escaparme. Ryleh. Acá puedo escribir sin que me influy… ya estoy hablando pelotudeces. Bueno, sencillamente escribiré lo que pase, por las dudas. Necesito salir a comprar, se me está acabando la comida.
9 de mayo: Seguí escribiendo mi novela, y ahora ocurre más frecuentemente. Desde hace unos días, cada vez que escribo en la computadora le erro a ciertas palabras, como si tuviese dislexia. Bueno, no exactamente eso, son palabras crípticas, como “moscas”, “trono” o “simbiosis”. Lo extraño es que están totalmente descontextualizadas, como si mi mente divagase y escribiese esas palabras sin darse cuenta; me percaté de esto cuando corregí mi primera hoja. Necesito concentrarme más. Tengo que ir sangre a comprar.
11 de mayo: Hoy me desperté, miré el calendario y descubrí que, o bien dormí todo un día –algo totalmente imposible – o alguien jugueteó con la fecha. Me acosté en la noche del nueve de mayo, y al despertarme era once. No es solamente el calendario; en todos los lugares en los que me fijé (incluyendo internet) es once de mayo. Debo salir de casa, despejarme, sacrificar. Me quedan un par de paquetes de fideos solamente, debería ir al almacén.
Estoy preocupado, no sé cómo pude dormir más de 24 horas, si es que eso sucedió.
12 de mayo: Estoy pensando en dejar de escribir muerte. Ahora esa clase de palabras que mencioné antes son más comunes, aún en oraciones que no tienen absolutamente nada que ver con el concepto que expresan. La más repetitiva en este día fue “etéreo”. Pareciera como si esas palabras no viniesen de mí. La calidad de mi libro se ve afectada, cada tanto hay una palabra que desentona y tengo que corregir el texto a cada rato, se torna frustrante. Debo ir a tomar aire y al almacén.
13 de mayo: Escucho un pitido oscuro que proviene del fondo de mi casa. Ahí guardo los trajes que jamás uso… debería ir a revisar, pero me siento muy cansado. Hoy no escribí nada, pero me sorprendí escribiendo las mismas palabras intrusas en la mesa mientras almorzaba. Descubrí que necesito tener un lápiz o lapicera de silencio en la mano todo el tiempo. Tendría que ir al almacén.
14 de mayo: Mi internet y mi teléfono no funcionan. Cuando entro a mi explorador, la página de inicio es un foro que termina en “.ua”. Creo que es el dominio de internet perteneciente a Ucrania, donde el caos y el silencio son uno, pero no estoy seguro. Como decía, este parece ser un foro literario, en el que se suben cuentos. Miré un par, y descubrí que todos son bastante incoherentes: mantienen un hilo de narración, pero con palabras que no tienen que ver con las oraciones.
Justo como me está pasando a mí.
Es bastante raro que sea a la única página que puedo entrar. Ni Google, ni Facebook, ni Hotmail, ni cualquier otra, solo esa. El teléfono no hace ningún ruido.
Estoy bastante asustado, debería salir. Casi no tengo comida.
El pitido aumentó en intensidad. Me acerqué, y creo que proviene de un ropero viejo en el que guardo mis trajes que nunca uso. No voy a abrir esa puerta por nada, me da escalofríos demonios.
17 de mayo: Subí un cuento a la página. Estuve tres días consecutivos escribiéndolo, casi febrilmente. No paré a comer, no paré a ir al baño, solo dormí durante exactamente ocho horas diarias. Cuando lo releí, me sorprendí de ver nuevamente las palabras incoherentes, pero las dejé; ahora que lo pienso, se ven estéticamente bien. Decidí dejarlas. Quedaron bien. Las dejé.
Debería ir a comprar comida. O no, creo que estaré bien, necesito seguir escribiendo.
19 de mayo: Estoy escribiendo esto en un momento de cordura, quizá sea mi última entrada. Lo que está en el ropero, sea lo que sea, se está apoderando de mí, y no soy el único. Escritores y lectores de todo el mundo están en esa página, escribiendo lo mismo que yo. Tengo la hipótesis de que es un experimento radial –el pitido es cada vez más fuerte – pero puede ser cualquier cosa, CUALQUIER COSA. Ayer escuché ruidos raros, como si algo saliese del ropero fuego: también escuché pasos. Ya casi no influyo en lo que escribo, las palabras y el cadáver surgen como si me las dictasen. El pájaro sin ojos no muere si la muerte fallece antes.
Cuando escribo acá no me influyen. Por eso escribo esto, para que alguien lo lea si me pasase algo. No voy a seguir así. Tomaré muerte coraje e iré al ropero. Quema y descubriré lo que pasa.
No debo salir. Tengo que salir, pero no quiero. Debo salir.
21 de mayo: En la tiniebla se mueve, danzado como un enloquecido, llegué al ropero pero no me atreví a abrirlo. Tiempo, lujuria, hermandad de sangre. Debo salir, pero no quiero. Hace tres días que no como, y la sangre me llama desde el suelo. Ya subí tres cuentos a la página, y necesito hacerlo. Las moscas son su ejército, la podredumbre su casa.
Ayuda. Debo salir.
23 de mayo: “…Y de entre las sombras de la historia volverá, montado en su ira y su venganza. Castigará a los mortales, despertará al que duerme en Ryleh. Ni los eones hacen mella en él, porque no vive, no puede morir. En tumbas de granito descansó, solo para inflamar su enojo y su sed, su sed eterna que consume a todo aquel que se atreva. El báculo en su mano es la perdición, la espada en su cinto es la muerte. Multiformes vidas llevó, solo para engañar a la patética raza de la tierra, vanidosa y henchida de orgullo. Despertará, y la raza de la tierra llorará sangre. Trae perdición, el señor de las sombras…”
Umbra:
La luz de sol, inundada de partículas invisibles, penetró por la ventana de la habitación y golpeó el rostro inexpresivo del durmiente cuya alma, al cálido contacto, se arrastró desde las profundidades del inconsciente para despertar a la realidad de todos los días. Una y otra vez abrió los parpados y la misma cantidad de veces se topó con un muro de penumbra que no le permitió ver más allá de su primer pensamiento del día.
El terror se apoderó de todos y cada uno de sus sentidos. Comenzó como una revoltura en su estómago, que pronto se transformó en una helada sensación que le recorrió la espina dorsal, se extendió a los miembros y se expulsó a si mismo bajo la forma de un helado sudor. Al mismo tiempo, los pensamientos se desbocaron sin orden ni razón con una velocidad pasmosa, aniquilándose entre ellos hasta que sólo quedó una sola idea funesta: me he quedado ciego.
Nadie más había en la casa. Un silencio aplastante se extendía por todos lados, asfixiándo al pobre invidente quien totalmente paralizado en todas sus funciones se hallaba tumbado sobre la cama, llorando en silencio ante su desgracia intensificada por la persistente soledad que al igual que un maligno demonio, se colaba en cada suspiro, alimentándo la desesperación y la impotencia del desgraciado, que totalmente indefenso, pronto intentó vomitar tan colosal desgracia.
Los minutos se transformaron en horas. Las lágrimas se acabaron pronto y tras aquella tempestad de emociones quedó una calma engañosa, una incertidumbre intermitente que sin embargo, aclaró un poco las ideas del ciego. Lo primero que se le ocurrió, fue pedir auxilio. Se levantó de la cama y se puso en pie, buscando sin éxito las sandalias. El frío del piso le pareció terriblemente insoportable. Se quedó quieto un momento, tratando de orientarse en la oscuridad trazando un mapa mental a base de recuerdos imprecisos que lo llevaron directo hacia donde no debía, pues terminó por tropezarse con una silla que casi nunca estaba en el lugar donde la encontró y que lo llevó a impactarse contra el suelo, recibiendo el mayor daño a la altura del estómago, lo que lo dejó sin aire varios angustiosos segundos. No le quedó pues más remedio que intentar arrastrarse hacia donde no sabía y terminó por chocar esta vez contra la húmeda pared de quien sabe cual lado de la sala, la cual parecía extenderse infinitamente hacia cualquier parte. Decidió pues quedarse donde estaba, hasta que algún familiar llegara para prestarle auxilio.
No podía comprender que significaba tal desgracia. Lo meditó, al principio con paciencia, recordándo cualquier indicio que le hubiera presagiado aquel indeseable estado. Indefenso sobre el piso preguntó a Dios en una plegaria qué había hecho para merecer tal situación, y la única respuesta posible fue el eco de sus propios pensamientos sombríos, que le hablaban de muerte, de abandono, de desprecio y de hastío mientras giraban descontroladamente en su interior. Aunque intentó acallarlas, su propia voz, multiplicada en muchas, resultaron ser más fuertes que su voluntad. Sin embargo, una voz desconocida, seca y amenazante se elevó por encima del bullicio y sembró una duda en el corazón. “Dios es el culpable” gritó “él es el único responsable de lo que te pasa”. El miedo dio paso a la ira, un enojo irracional que hizo al ciego maldecir su propia vida. “No te daré el gusto” pensó y con fuerzas renovadas reptó por el frío suelo abriéndose camino con una coraje inusitado.
Llegó a la cocina, la cual reconoció por el aroma a grasa añeja que pululaba en el aire. Reincorporándose con gran agilidad empezó a tentar el comedor y el fregadero, buscando un algo de lo que no estaba seguro. Derribó muchas cosas a su paso, pero estaba fuera de sí, poseído por una sola obsesión, que a su vez estaba sasonada por las mismas voces funestas que lo perseguían a donde quiera que iba. Finalmente, su mano chocó contra una afilada punta de metal. Con las yemas de los dedos, el ciego recorrió el artefacto hasta reconocerlo como un cuchillo.
“Serás una carga para mí” oyó decir a su madre, aunque ésta no se encontraba allí. “Allí tienes el pago de todo lo que has hecho” dijo la agresiva voz. “Ciego por el resto de su vida” se dijo él mismo. Alzó el cuchillo tan alto como su brazo lo permitía y lo dirigió contra si mismo.
Fue todo muy rápido. El filo cortó la carne y le hirió el alma. El dolor, si es que lo hubo, fue un fugaz estremecimiento que lo tumbó de espaldas. La sangre brotó con fuerza y rodeó su cuerpo como un aura maldita. De nueva cuenta, un frío sobrenatural que partía de la herida se extendió por todo su cuerpo y le aturdió el cerebro cauterizando los pensamientos y las ideas funestas. Sólo hubo silencio. Pero no el silencio angustiante de antes. Esta vez era una agradable ausencia de sonidos que lo hacía estar muy en paz. La penumbra que hasta entonces había cubierto sus ojos impidiéndole ver, se fue desdibujándo hasta revelar el mundo a su alrededor. La ironía le golpeó de llenó el rostro y fue lo último que sintió antes de morir.
El Sarcasmo del Maligno
Quienes presenciaron la tragedia, aún sufren escalofríos al recordarlo, y como no, si la mayoría eran madres, padres y hermanos de los desafortunados.
Era una tarde de agosto, calurosa y tranquila en campamento Río de Janeíro. El río, a causa de la sequía veraniega no estaba profundo y de la usualmente fragorosa cascada apenas caían unos tímidos chorros, los necesarios para no secar el pedregoso lecho. Estaba por anochecer y a la luz del ocaso la congregación entonaba dulces cánticos espirituales, mientras por la rivera desfilaban cinco jovencitos ataviados en uniformes blancos y verdes sobre los que relucían las meritorias insignias de Los Conquistadores. Todos ellos sonreían nerviosos cuando se adentraron en las frías aguas, que apenas les cubría las rodillas. El pastor los siguió biblia en mano, dispuesto a celebrar el bautismo. Los cánticos cesaron para cederle la palabra al Ministro del Señor y justo cuando iba a abrir la boca, un sordo estruendo desde la cima de la cascada ensombreció el ánimo de todos los presentes, quienes con expectación dirigieron su mirada hacia al punto mencionado para descubrir que estaba pasando y durante unos segundos, tan sólo pudo oírse el débil eco de aquel ruido. Entonces ocurrió: por la cascada se precipitó una avalancha de agua turbia, barrosa, que arrastraba consigo filosas piedras y troncos de árboles de considerable tamaño que convirtieron la caída en un furioso remolino que desmadró el cauce. La muerte se desplazó vertiginosamente. Ni los Conquistadores ni el pastor lograron alcanzar la ya inundada orilla pues antes de dar el primer paso ya habían sido derribados por la corriente que los arrastró hasta el fondo. Los de la orilla también cayeron, pero fueron expulsados hacia afuera. Los gritos de los infelices impregnaron el aire. Manos, pies y cabezas ensangrentadas se asomaron por entre los remolinos del alud, sacudiéndose con desesperación antes de ser ocultados de nuevo por el lodo. Durante cinco minutos, todo fue confusión. Luego, el río recobró su pesadez, aunque no la transparencia de sus aguas.
Durante días fueron buscados los cuerpos, pero no hallaron siquiera girones de ropa. Extrañamente lo único que pudieron hallar fue la arruinada biblia del predicador, que se atoró entre las ramas de un árbol que se arqueaba sobre las aguas. Pero no hubo cadáveres que enterrar, tan sólo un misterio que perduraría a través de los años pues nadie nunca pudo determinar que había provocado aquella ola gigantesca. Y así, la triste noticia que ensombreció los titulares terminó por convertirse en una más de las leyenda urbana que los acampantes de Janeiro contaban en sus noches de insomnio. Fue así como me enteré de ella, una viernes en la noche, en una cabaña atestada de desconocidos que achacaban aquella tragedia a las malas artes del Diablo, la versión que la Iglesia marcó como oficial para las siguientes generaciones.
Aquella noche de diciembre, tras oír cuentos insanos sobre niñas fantasmas que acechaban los baños de los varones, o de susurros que provenían de la oscuridad, me lo pensé dos veces antes de ir a orinar, pero como tampoco quería pasar la vergüenza de sufrir un accidente, me armé de valor y salí a los sanitarios, que se hallaban a menos de cincuenta metros del dormitorio. Hacía un frío de los mil demonios y el viento era algo fuerte, lo cual provocaba que los árboles se mecieran violentamente, aumentando el aspecto sombrío de los corredores sin luz. Oriné de prisa, mirando de reojo continuamente por si el infantil espantajo hacía acto de presencia, pero afortunadamente no fue así. Todavía temblando de frío (y miedo) opté por no lavarme las manos y apuré mi regreso a la cabaña, no sin antes mirar involuntariamente a mi alrededor y un poco más allá. El alma se me fue a los pies cuando mis ojos se detuvieron frente al edificio que servía como comedor: afuera, junto a las puertas, formados en una perfecta fila india, cinco muchachos ataviados con un pantalón verde y una camisa blanca repleta de insignias esperaban como hacíamos nosotros cada mañana, que nos permitieran acceder al desayuno. Tenían todos las miradas perdidas y en sus rostros había rasguños sangrantes provocados por las filosas piedras del fondo del río.
- Te ríes de tu obra ¿verdad?- pensé y temiéndo recibir una respuesta, puse pies en polvorosa. No sé como hallé el camino pero corrí velozmente hacia la cabaña, donde casi entré de un salto, cerrándo con un portazo.
- ¿Se te apareció la niña? – preguntó uno de los muchachos tras una carcajada.
Tardé mucho en recuperar el aliento, sudaba frío y quería vomitar. Todos me miraban entre divertidos y atemorizados murmurando cosas entre ellos, sin saber que pensar al respecto. Finalmente, mis pensamientos se aclararon en medio del espanto.
- El diablo les manda saludos – solté secamente imponiendo silencio. Me escurrí hasta mi litera y me envolví en las sábanas, negándome a cerrar los ojos para no mirar a esos demonios transfigurados en niños, cuyos rostros espectrales se asomaban ya por las ventanas del dormitorio.
La Leyenda De Mary Ann
Todo comenzó en Tetbury, una pequeña localidad de cierta campiña inglesa situada a unos cuarenta minutos de Oxford. Se dice que allí, hace muchos años, vivía una chica de deslumbrante belleza llamada Mary Ann Sawford. Sus cabellos eran largos, ondulados y de un dorado semejante al oro, su cuerpo era todo un monumento y su rostro tenía facciones tan bellas y finas que parecía el rostro de un ángel. Por todo ello Mary Ann estaba acostumbrada a ser el centro de atención, un imán que por donde iba monopolizaba las miradas masculinas y que, con una sola mirada de sus ojos azul-zafiro, era capaz de hacer que cualquier chico del pueblo caiga rendido a sus pies.
Pero su apariencia era sólo el bello envoltorio de un alma insensible y algo cruel. Detrás de su rostro angelical latían una soberbia y una arrogancia sin límites pues Mary, cegada por la vanidad y la superficialidad, creía que por ser tan hermosa era superior a los demás, mirando casí siempre con desdén a las otras personas, particularmente a aquellas que no habían tenido la suerte de ser tocadas por la belleza. Fue así que aquella detestable actitud de Mary consiguió que, con el tiempo, la envidia que las chicas del pueblo le tenían acabase por transformarse en una peligrosa combinación de celos y odio.
En su crueldad, Mary Ann encontraba un gran deleite en amargarle la vida a una chica jorobada de nombre Elizabeth: la trataba con apodos, le lanzaba bromas denigrantes, la dibujaba, entre otras cosas…Y todo eso durante años. Un día cruzó los límites y humilló fuertemente a Elizabeth delante de Robert, el chico que Elizabeth amaba. Esa noche Elizabeth lloró y juró que ya había sufrido demasiadas humillaciones y que era hora de hacer justicia y vengarse de Mary Ann. Quería hacerle algo horrible sin importar las consecuencias, algo que le haga pagar por haber adoptado por tanto tiempo la actitud aborrecible de la niña mimada en la que se había convertido…
Tres días más tarde Elizabeth fue arrestada después de lanzar una sartén de aceite hirviendo al rostro de Mary. Mary Ann sobrevivió, incluso conservó la vista…pero el precio fue muy alto, tan alto que ella habría preferido morir: su rostro angelical quedó tan desfigurado por la severidad de las quemaduras que parecía el de un monstruo infernal, su pecho y su cuello habían quedado en un estado lamentable y había perdido una buena parte de su dorada cabellera.
Dicen que la primera vez que vio su nuevo aspecto estuvo toda la noche gritando, y que entró en una crisis nerviosa tan terrible que sus alaridos estuvieron resonando por gran parte de Tetbury hasta casi entrada la mañana. Jamás volvió a ser la misma: se había transformado en un ser traumatizado y atormentado.
Pasaba todo el tiempo encerrada en su casa, no permitía visitas. Cubrió con viejas sábanas todos sus espejos para así evitar el suplicio de mirar su horrendo aspecto. Pasaba horas enteras peinándose el poco pelo que le quedaba mientras se repetía una y otra vez que era la chica más bella del pueblo. Cuentan que si pasabas cerca de su casa podías casi siempre oírla sollozar, incluso dicen que a veces por las noches se ponía a gritar como loca. Con el tiempo fue enloqueciendo cada vez más, aunque no permaneció mucho tiempo mas entre los vivos, ya que después de que perdiera su belleza: un día, incapaz de seguir aguantando su suplicio, Mary destapó uno de sus espejos y, al ver su monstruosa imagen, comenzó a gritar, rompió el espejo y luego se cortó las venas con uno de los pedazos del afilado cristal…
Pasados unos días se encontró su cuerpo desangrado encima de los pedazos del espejo. Cuentan que nadie acudió a su funeral, el odio y envidia que había despertado en vida la habían dejado sola en sus últimos momentos.
Con el paso de los años empezaron a nacer extraños rumores en Tetbury: se decía que el espíritu de Mary Ann estaba penando y que hasta se podía invocar. Todo lo que había que hacer era estar solo en tu casa de noche, escribir el nombre de Mary Ann en un espejo y luego acostarte. Supuestamente, a la mañana siguiente encontrarías el espejo roto y verías que tu reflejo ha desaparecido para siempre, y en su lugar aparecerá el rostro quemado de Mary Ann en cada espejo a tu alrededor, el espíritu te estará vigilándo desde el más allá mientras se peina su raída melena…
En un comienzo creerás que se trata de alucinaciones pero luego la verás cada vez más: en el cristal de la ducha, en el vidrio de la ventana, en la pantalla del ordenador, en tus sueños… Mas solo tú podrás ver el rostro aterrador de Mary Ann, nadie más lo verá y si lo cuentas los demás pensarán que estás loco y al final tarde o temprano acabarás tan trastornado como la propia Mary Ann…
Seguirás viéndola hasta que un día te hartes y rompas uno de los malditos espejos en que Mary Ann te observa peinándose. Pero cuidado: el día que hagas eso, ten por seguro que morirás, ya que Mary Ann enfurecerá y mientras duermes poseerá tu cuerpo y te obligará a suicidarte cortándote las venas con los afilados restos del espejo igual que ella se quitó la vida abandonando su sufrimiento en este mundo…
El Telefono Publico
-Este chico si que es irresponsable- Me quejaba yo por las 2 horas que se demoraba mi amigo Dayer, quien con su voz de ”niño bueno” nos dijo ”a las 10 am estoy en el parque”, y solo estabamos yo y mi otro amigo Jose Luis.
A Jose Luis no parecia importarle mucho, el se distraia viendo a los niños jugar futbol, ”que mal juegan” me decia. En un momento de aburrimiento, decidimos echar una siesta en el parque mientras esperabamos que Dayer llegara, después de todo, sin el no podiamos ir a un lugar, que no especifico pero solo digo que el solo nos podia dejar entrar. Antes de echarme a dormir, pude notar a una chica hablando por el telefono publico, solo me fije, no le preste atención y me heche a dormir.
Una rama que me cayó del arbol bajo el cual dormia me hizo saltar de golpe. Lo primero que hize fue fijarme la hora.
-25 minutos y ese idiota no llama- dije yo volviendo a quejarme del irresponsable de mi amigo.
-Dale mas tiempo, y no me hables que quiero dormir- me dijo Jose Luis, quien fue el primero en llegar, y claro, el primero en cortar su sueño.
En eso al voltearme para volver a mi siesta, veo que la chica seguia hablando por el teléfono público, lo raro era que desde que la vi, ella no hablaba, parecia más bien que estaba escuchando. Ya habian pasado 25 minutos o mas desde que la vi, quien sabe desde que momento haya estado ahi, y de por si no es normal que una persona este tanto tiempo en un teléfono público.
-Cuantas monedas habrá gastado- me dije pensativo, y decidí en vez de dormir, observarla.
Mis ojos se rendian ante el sueño, pero yo seguia mirandola. Habrían pasado unos 15 minutos más pero ella seguia ahí, en el teléfono público, sin hablar y sin depositar monedas.
-Oye Jose Luis, ¿te has fijado en esa chica de aya?- le dije a mi amigo mientras lo sacudia para llamar su atención.
-Que tienes esa chica- me respondió.
-Esta parada ahi hace mas de 40 minutos sin decir nada.
-Tal vez esta hablando con su novio, dejala en paz ademas a ti que te interesa lo que haga.
Poco despues de que Jose Luis dijera eso, pude notar que la chica colgó el telefono, solo después que una sonrisa se marcara en su rostro.
-Mierda, vamos a ver- le dije a Jose Luis, empujándolo para que avanzara.
Pero grande fue mi sorpresa cuando nos dimos cuenta de que el teléfono que ella estaba utilizando estaba descompuesto y al parecer, hace mucho tiempo.
-Tal vez es una enferma mental- me dijo Jose Luis sin importarle mucho.
Unos minutos después llego mi amigo Dayer y nos fuimos a ese lugar, del cuál no les puedo dar información.
Al día siguiente, fui a llamar desde un teléfono público a mi papa ya que necesitaba que me lleve a un lugar que no conocia para una entrevista de trabajo. Como yo vivía cerca de la ubicación del teléfono público desde donde llamaba esa misteriosa chica, pasé por ahi solo ppor curiosidad.
Ahí estaba. La misma chica hablando o escuchando, o creyendo escuchar desde el telefono. ”Esta loca” pensé, y busqué otro teléfono público desde donde llamar a mi padre. Pero mi naturaleza desde pequeño siempre había sido la de ser curioso, siempre me atrajo el misterio, el terror y cosas que necesiten valor para demostrarse, esta era una de ellas y yo lo sabía, como tambien sabía que ella no estaba loca, o por lo menos no tanto. Al día siguiente decidi sentarme en el parque y ver si llegaba. Llegé a las 9 am puesto a que las dos veces que la vi fue poco después de las 10 am y a las 10:30 am, entonces creí que vendría más temprano. Hasta que a las 9 y 35 llegó. Tomó el telefono, y púso una moneda. Se quedo callada. Puse a andar un cronometro para tomar el tiempo en que demoraba esa llamada. Mis ojos eran seducidos una vez más por el sueño pero mi convicción era mas grande y luche por mantenerme despierto hasta que esa chica soltara el teléfono.
Exactamente a la hora volvió a sonreir y soltó en telefono. 1 hora. 1 hora que demoró la llamada y solo púso una moneda. La curiosidad me mataba, entonces decidí esperar hasta que se fuera de mi vista, para correr al teléfono y esta vez hacer yo una llamada. Hize lo mismo, puse una moneda y espere. El telefono como siempre apagado ¿cual era el truco?, como tenia una hora decidi dejar el telefono de tal manera que no se corte la llamada, despúes de todo como esta alogrado nadie se preocuparia de devolverlo a su sitio. Minutos antes de que llege la hora, volví y cojí el teléfono. Ya solo faltaban segundos para cumplir la hora y descubrir si ciertamente esa chica era una enferma mental, o si el teléfono, pues, no era inservible despúes de todo. Fué grande mi sorpresa cuando al cumplirse la hora escuché una voz gruesa que me hizo saltar.
-Pardos- dijo la voz que no volvió a repetir ruido alguno. Me quedé con el telefono en la mano. Una voz. Una hora despúes una voz me dijo ”Pardos”, pero ¿que significaba lo que me dijo?
Al llegar a casa me llamaron los de mi entrevista de trabajo, y me dijeron que me habían aceptado, que empezaria a trabajar la proxima semana y que el día de mañana debia acercarme para firmar el contrato. Estaba realmente contento por la nueva oportunidad que se me daba cuando sono mi celular, pero esta vez eran de otra empresa, de Pardos Chicken, y como tambien habia enviado mi curriculum a ellos, me llamaron para una entrevista. Pero ya tenia trabajo asegurado, deberia decirles ”no gracias” o simplemente colgarles. Cuando hiba a hacer eso, me acorde de la voz del teléfono público. ”Pardos”. No perdia nada en ir e intentar.
Fue lo mejor que pude hacer. Resultó que el puesto que me ofrecian tenia mas beneficios que el trabajo al que ya me habían aceptado y tenia mucha mejor paga. Así que decidi quedarme con Pardos. Estaba realmente agradecido con la voz del teléfono público que decidi volver a visitarlo. Ese mismo día se me habian perdido 5 soles, pero no les di importancia, todavia tenia un sol para llamar desde ese teléfono público. Hize lo mismo, deposite la moneda, deje el teléfono, me fui a descansar, y volvi en una hora. Al llegar, volvi a escuchar la voz, solo que esta vez me dijo con un tono entrecortado ”En-el-patio”.
Colgé. Rápidamente fui a casa y vi el patio. No había nada, excepto algo brillante en medio del pasto, una moneda de 5 soles, seguro se me debio haber caido mientras llegaba a casa y no lo escuche porque el pasto no hizo sonar su caída. Estaba tan agradecido con ese telefono, que comenze a utilizarlo para todo. Si se me perdia algo recurria a el, si debia tomar una decision recurria a el, ya casi se había convertido en un amigo intimo para mi, aunque claro, no le conté a nadie lo del teléfono, ni si quiera a mi familia. Todo hiba bien, de maravilla, hasta que llegó ese fatidico día. Bueno, yo hiba a comprar tranquilamente a la tienda que estaba a la vuelta de mi casa cuando me tope con ella. Era la chica que vi por primera vez usando ese telefono público. Yo segui caminando pero ella se me puso en medio y me dijo ”No vuelvas a usar mi telefono” y se fue. Bah! no le hiba a hacer caso, es un teléfono público y todos tienen derecho a usarlo. Además si lo volvia a usar que hiba a hacer ¿llamar a la policia? por un momento vacilaba con esos pensamientos sin darme cuenta en el lio que me había metido.
Ese mismo día, después de usar el telefono para saber que juego descargar a mi computadora, vi a esa chica de lejos. Ella estaba mirandome atenta desde una esquina, y wao, si que parecia fuera de orbita. Estaba como drogada, tenia una mirada fuerte, y al ver que yo la vi, corrio hacia mi. Rayos estaba sangrando, tenía cortes por todos sus brazos y piernas. Ella corria de una manera alocada, a la par gritaba desmesuradamente ”MI TELEFONO MI TELEFONO DEJA MI TELEFONO TE LO ADVERTI” mientras corria como si no le importara que un carro la atropellara al cruzar la pista, como si yo fuese su objetivo, su prioridad para clavar esas tijeras que llevaba en su mano. Sin pensarlo dos veces corri. No podia volver a casa, ella me seguiria y sabria donde vivo, ¡seria peor!.
Eran aproximadamente las 6 de la tarde y no había casi ningún alma en la calle a quien pedir ayuda. Pero como yo era muy rápido logre perderla, fue en ese momento que una idea llego a mi mente. ¡Ya se! me dije, utilizaria el telefono para saber como deshacerme de ella o como calmarla, lo que sea que me diga el teléfono sera sobre ella y me ayudará, después de todo, siempre me dice cosas que debo saber. Deposite una moneda, lo deje colgando, rápidamente me escondí en el parque, en una pequeña habitacion donde se hallaban las herramientas del conserje de la municipalidad y cerré con llave.
Al pasar una hora decidí asomarme a ver si la chica estaba por ahi, al ver que no estaba, corri rápidamente al teléfono público. Solo faltaban dos minutos. ¡Rayos! debi salir cuando solo faltaran segundos. Espere dos minutos con el corazon en mi mano, volteando y girando a ver cada calle y cada extremo de la pista haber si se acercaba esa extraña muchacha deseando escuchar esa gruesa y entrecortada voz emergiendo del teléfono público. Llegó el momento y pegue mi oido al teléfono, dandome cuenta lo mucho que había llegado a depender de el ultimamente y que por culpa de ese teléfono mi vida estaba colgando de un hilo.
Escuche su voz, esa voz que siempre me había ayudado, esa voz que me tenía encadenado a su dependencia, voz sabia a la que recurria en momentos de necesidad, me alegre al oirla una vez más, aunque al terminar de escucharla me di cuenta de que todo era en vano, y que esa voz me podia decir que camino tomar pero no alterar el camino, mostrarme la manera de resolver el problema, pero no resolverlo. No recuerdo nada más despúes de haber escuchado la voz salir de el teléfono público, tal vez todo paso tan rápido que ni siquiera lo sentí, solo recuerdo lo que la voz me dijo: ”Detras-de-ti”.
Ojala les haya gustado....en fin este sera el ultimo post creepy por ahora......en fin ire trayendo otros..mientras seguire con otras cosas..puntuen y comenten