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El hombre encapuchado de Ámsterdam

Paranormal10/6/2012
Nora extendía el peine lentamente sobre su extensa cabellera acicalándose. El cóquer escocés de muy fina raza corría alocadamente por el pasillo resbalándose en el piso de madera bien encerado y revolcándose por el suelo jugueteando con una extraño juguete de mimbre.

La lluvia en cualquier momento cesaría y llegaría Frank en su escarabajo rojo desgastado. Por eso a Nora mucho no le apetecía salir con él, porque el muchacho provenía de una familia de no muy alta alcurnia como de la que ella era. De niña había sido una consentida con todos los privilegios con los que sus padres la malcriaban. Recordaba sus dos ponis, todas las muñecas de colección que quisiera, una casa inmensa de juguetes,un porche pequeño para que ella lo condujera (era un réplica de juguete en realidad con un motor no muy potente como los originales, claro) y así puedo estar todo un día mencionándoles todos los caprichos de Nora.

Sonó el timbre agudo y fuerte haciendo que la chica se sobresaltara y se le resbalara el peine plateado de la mano. El perro corrió bajando las escaleras y comenzó a rasquetear la puerta de entrada. Nora lo hizo a un lado con una pierna y corrió el seguro de la puerta.Afuera, Frank la saludaba con un impermeable rojo todo empapado.
-Llegaste, te estaba esperando hace una hora-replicó Nora con una sonrisa forzada.

En realidad iba a la fiesta con Frank porque todos los muchachos de la universidad ya habían conseguido pareja y no quería hacer de menos teniendo que estar pidiéndoles a todos si estaban desocupados para llevarla al baile.
El chico daba muy mal aspecto debajo del impermeable llevaba una camisa de mangas cortas a rayas demasiado colorida, y abajo unos jeans negros muy ajustados y con un cinturón que llevaba tachuelas grises que resplandecían cuando caminaba.

-Llegue un poco tarde porque te compré algo- dijo extendiendo su pálida mano mojada. Era una cajita dorada. Nora la abrió y sacó de su interior una cadenita que al parecer era de fantasía y no de oro original. Le dirigió a Frank otra sonrisita fingida y se lo colocó de mala gana.-Em, te ayudo-dijo el deslizándole su mano por el cuello cálido, ella se estremeció cuando los dedos helados de Frank hicieron contacto con su piel.

-Listo vamos, es un poco tarde- dijo colocándose nuevamente el impermeable.-No creo que debas ponértelo, la lluvia ha cesado bastante, guárdalo en mi placard-.

Frank subió las escaleras a toda velocidad, cuando entró a la inmensa habitación de ella se sorprendió. Le pareció gracioso lo que dijo Nora de ``guárdalo en el placard´´ cuando en realidad tenía treinta de estos, o tal vez me quedé corto.

La pálida luz de la lamparita alumbrara un cuaderno rosa afelpado. El muchacho se acercó y lo tomó. Ojeó página por página, en muchas de ellas la chica había garabateado dibujos de estrellas y caritas sonrientes.-Mmh, nada interesante-murmuró Frank.Dió vuelta otra hoja y abrió grandes los ojos en un fragmento breve leía ``ese chico vulgar, Frank el de la universidad, no me cae nada bien, además se cree muy buen mozo y anda en un pedazo de hojalata como ese que tiene…´´ las letra de Nora era casi inelegible y no pudo seguir leyendo. Abajo en un gran corazón rojo leía ``Richard tienes que ser mío, tu sí que eres un buen partido para mí, TE AMO´´ abajo habían mas corazones garabateados y un chico dibujado con la cabellera rubia y bien vestido, al parecer con traje de boda.

Frank sintió un sabor amargo en la boca y disgustado tiró el cuaderno debajo de la cama. Bajó velozmente por los escalones y le dirigió una media sonrisa a Nora. Ésta se sobresaltó por su extraña expresión.- ¿Te ocurre algo?-, Frank Magliascchi sacudió su cabeza y los largos rulos se sacudieron al mismo tiempo.-Vamos, se nos hace tarde-dijo en tono cortante. Y tras las dos largas sombras la puerta de roble hermosamente tallada se cerró. El ladrido agudo del coquer corriendo rápidamente por el corredor, hasta, sin resultado alguno de lograr frenar con sus pies delanteros, se estampó fuertemente contra el pesado roble cayendo desmayado al piso.
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