Aca les dejo algunos crepypastas
-No, mamá… no me encierres en el cuarto del monstruo… - gimió Andrés.
-Andrés, deja de lloriquear y acepta el castigo como un niño grande - contestó María. Además, te he dicho mil veces que olvides esa patraña del monstruo que ya somos mayorcitos.
-Pero no fui yo quien pinté la pared de mi cuarto, fue Luis.
-No acuses a tu hermano, sabes que fuiste tú. Te manchaste las manos de pintura.
-Porque quise borrarlo para que no lo vieras.
-Se acabó la discusión. Reconoce tus errores y acepta el castigo.
-Pero mamá, el monstruo…
-¡Se acabó! Los monstruos no existen, solo buscas eludir tu castigo.
-Me comerá…- sollozó Andrés entre lágrimas.
Andrés, con sus diez años recién cumplidos, sabía entre otras cosas que lo reyes magos eran los padres, sabía cómo se hacían los niños, y también sabía que los monstruos no existen. Pero también sabía que si no entraba en el cuarto del monstruo, no tenía que preocuparse por eso.
Su hermano pequeño, Luis, observaba la escena desde el pasillo con el miedo pintado en su cara, ante la posibilidad de que a su hermano mayor le hicieran entrar en aquel cuarto. Andrés le había explicado infinidad de historias sobre él, y Luis, por supuesto, las creía todas a pies juntillas, (los hermanos mayores lo sabían todo). Andrés le miraba intentando que su hermano aceptara la autoría del suceso y le evitara así el castigo que se le venía encima, pero el terror en los ojos del pequeño le hizo comprender que no sería así.
-Mamá, por favor, te lo suplico…
-Si no entras ahora mismo no saldrás hasta la hora de la cena.
Andrés abandonó toda esperanza de evitar lo inevitable. Bajó la cabeza y una lágrima se precipitó en caída libre hasta la moqueta. Dio media vuelta sobre sus pies y un paso tras de otro, mirando al suelo, se encaminó hacia la planta baja donde se ubicaba el cuarto de los trastos. Su madre le vio desaparecer escaleras abajo poniendo los ojos en blanco, preguntándose que había hecho ella para tener que lidiar con un hijo como aquel.
Fue la última vez que vio a Andrés.
La policía dijo que debió salir por la puerta del garaje y perderse después por las calles de la urbanización, con la oscuridad y el frio por techo. Que podría haber caído en un canal de agua de riego cercano, o haber llegado a la carretera, o…
Se hicieron muchas conjeturas pero nunca encontraron a Andrés.
Pasaron dos años con todos sus segundos, uno detrás de otro. Y María olvidó que tenía otro hijo, incluso olvidó que ella misma estaba viva. Sus cajones se llenaron de píldoras y sus ojos de dolor y de amargura.
El día que llamo la policía para comunicarle que el expediente de la desaparición de su hijo sería archivado, María supo lo que tenía que hacer.
Entró en la habitación de su hijo y cogió la fotografía que mostraba a Andrés y a ella en la puerta de entrada a casa, unas semanas antes del día en que cambió su vida para siempre. Su corazón se comprimió un poco más y acabó por exprimir las últimas gotas de sensibilidad que quedaban en sus venas. Con la fotografía en la mano bajó las escaleras que conducían al garaje, que no había vuelto a pisar desde entonces.
La puerta del cuarto en cuestión estaba abierta, como si quisiera invitarla a discutir sobre un problema largamente demorado. Se detuvo justo delante y con los ojos perdidos en una dimensión solamente discernible por las personas que han sufrido un dolor intolerable, miró. Y vio lo que había bajado a ver.
-Ya voy cariño…- dijo con un hilo de voz.
Lo último que notó antes de entrar en esa inmensa boca fue su aliento.
Que harian ponganlo en los comentarios.
Estás acorralado por una horda de zombies...
Lugar: Escuela.... 4 pisos, un patio enorme, salón de intendencia con cosas que podrían ser útiles, escaleras por ambos lados, las paredes del alrededor tienen cerca, no hay luz
Situación: Te encuentras en el segundo piso, más de 25 zombies en la planta baja esperando a que salgas, 3 en las escaleras de la derecha y 2 en las de la izquierda, el enfermería se encuentra en la planta baja al igual que el salón de intendencia.... un miembro de tu equipo se rasgó la pierna izquierda tratando de saltar la cerca, sangra y mucho. Necesitas llegar a la enfermería, usar armas de fuego es altamente riesgoso, el estruendo sería enorme y atraería a muchos más zombies de los alrededores
Equipo: Tu medico se encuentra un poco cansado pero bien, armas: Sólo una pistola 9mm con apenas 6 balas
Compañero 1: Herido gravemente... apenas y puede caminar con un gran dolor, armas: Escopeta recortada ((Uso: NO RECOMENDADO)), cuchillo estilo militar y una USP con 2 balas
Compañero 2: En buen estado, pero impredecible y un poco temeroso, armas: cuchillo de carnicero, pistola .45 con 1 cartucho y medio ((Uso: NO RECOMENDADO)) y un bate de beisball
Tu: Buen estado, nervios bajo control, armas: Desert eagle con una ronda completa ((Uso: NO RECOMENDADO)), cuchillo Kukri y una palanca
Que harías para sobrevivir?
Tu equipo te necesita
Solo !2! Balas
Aquella noche ya lo habíamos pensado todo, planteamos cualquier error que pudiésemos tener, cualquier percance, creo que hasta contamos los pasos apresurados que íbamos a dar en caso de que sucediera algo como que aquello, que al parecer nos esperaba en uno de estos días venideros y agonizantes.
Mi hermana y yo teníamos un año encerrados en casa, sin ver ninguna otra cosa que no sea lo que nos rodeaba ahí dentro y hasta donde la vista de las rendijas de las ventanas selladas nos lo permitía. Ella perdió todo su carácter, su liderazgo como la mayor de nosotros dos; siempre fue una persona valiente y con decisiones acertadas… todas esas virtudes que la hacían ver como un refugio y fuente de seguridad las perdió con este desastre que aún continuaba destrozándola. Se transformó en una chica temerosa, levantaba la duda en donde quiera que se necesitara una elección. Con el tiempo la ojeras fueron acabando sus brillantes ojos, la poca exposición al sol arruino su piel ahora pálida, a pesar de tener un buen abastecimiento de comida adelgazo demasiado en cuestión de meses, la vanidad a su físico que era uno de sus atractivos ya no tenía cabida en este mundo, no tenía caso teñirse el cabello, usar buena ropa o labial si de todos modos la ibas a pasar encerrado en tu casa;…bueno, mejor dicho, refugio. Cada día sin quererlo se parecía más a uno de ellos. Así es, tal vez mi hermana y todo lo que representaba no servía de mucho en este nuevo mundo, en esta vida que solo consumía lo poco que quedaba de mi hermana. Una chica de 25 años de edad, con futuro enorme en la vida que perdió hace ya un año, esa era ella, una carga para mí y para su propia existencia.
En cambio yo me he adaptado rápido; aún recuerdo cuando todo esto empezó; iba camino a mi casa después de estar una hora más en el salón de clases, era mi castigo por fumar en los comedores…ya todos habían salido del edificio, solo me encontraba yo y el conserje.
Tenía alrededor de 20 minutos esperando el bus, pero eso no era lo raro, si no que al salir del colegio las calles que acostumbraba tomar para llegar a la parada de mi transporte estaba totalmente solitaria, creía que en el centro de la ciudad o a unas cuadras de allí había un desfile o algo así, de esos eventos que hacen que la gente se acerque a ver y dejen media ciudad vacía. Aun así aunque hubiese algo que desviara a las demás personas de su camino rutinario, había algo raro, se notaba en el color del cielo, en el olor del día…algo no marchaba bien.
Aún estaba en la parada del bus, ya algo impaciente cuando recibí una llamada de mi madre, ella algo nerviosa trataba de decirme algo sobre correr y tener cuidado con no sé qué cosas, en el fondo se escuchaba mi hermana llorando y gritando parecía que azotaba la puerta de la entrada, lo primero que vino a mi mente fue una de esas visitas violentas de mi padre golpeando la puerta, tratando de agredir a mi madre, su clásica forma de pedir dinero. Ignore la alarma familiar, aun así decidí caminar a casa con paso lento sin prisa alguna, pues no había nada de que correr, además mi madre y hermana ya sabían solucionar las singulares visitas de mi padre. Ya estaba a menos de diez minutos de mi casa y aún seguía sin ver a una sola persona…cuadras antes de llegar a mi destino escuche varios pasos, una marcha pensé, eso me relajo y solo pasaba a ser un día raro; de la calle siguiente venían unos gritos estremecedores, vi a una mujer y a el conserje de la escuela corriendo, detrás de ellos dos tipos pálidos con pasos torpes los seguían, la escena estaba a unos 20 metros de mí. Cuando desaparecieron detrás de una fila de autos, voltee a la izquierda y estaba ahí un hombre con la mirada fija en mí, el sujeto tenia sangre en el cuello y dos heridas profundas en la frente. Nos quedamos inmóviles por unos segundos, yo atónito sin poder concebir lo que estaba pasando, el hombre ensangrentado comenzó a dar unos pasos hacia mí dirección, yo seguía ahí parado viéndolo, no estoy seguro de lo que pasaba en mi mente por esos momentos, además a lo lejos seguía oyendo gritos, sonido de autos con marcha forzada y… no sé si era mi imaginación o escuchaba detonaciones, disparos. Mientras tanto mis ojos se perdían en los ojos amarillentos de aquel hombre casi un monstruo que me asechaba, mi única reacción fue levantar mi mano derecha y saludarlo, buscando una señal de que el sujeto estaba cuerdo o sano, su respuesta fue correr hacia mí, gritando con una voz gutural horrible, yo paralizado del miedo no lograba concebir ni un movimiento, solo lo veía con mi boca abierta, esperando el momento a ser atacado, cerré los ojos y… el hombre ya no estaba ahí, ni a mi izquierda, ni a mi derecha, tampoco atrás de mí, voltee abajo… el idiota había caído en una alcantarilla destapada a unos pasos de donde yo estaba.
En mi primera experiencia con estos come hombres tuve mucha suerte, más de la que esperaba, esto lo tome con mucho optimismo, no creo que haya sido coincidencia, fue por algo que sobreviví aquel día. Por eso me negué a morir este largo año y por ende no iba a dejar a mi hermana decaer, no tenía la voluntad de rendirme, ni si quiera pasaba por mi mente esa idea… hasta ahora.
Cuando llegue a casa, perturbado por aquel encuentro, encontré mi casa tal como lo esperaba a mi padre tacleando la puerta con su cuerpo y mi madre y hermana resistiendo tras de ella, solo había algo que no era de costumbre, mi padre tenía los ojos demasiado diferentes, también su color de piel, pude ver algo de sangre en su costado izquierdo. Cuando estaba más cerca de él se me fue encima, caí y con mis pies evite que me privara de todo movimiento lo patee en el pecho y con eso lo mantuve alejado por unos segundos, cuando de la puerta salió mi madre, lo cogió de los hombros con fuerza y lo jalo hacia atrás, mi monstruoso padre volteo la cabeza y mordió a mi progenitora en el brazo, arrancándole parte de este. En ese instante mi reacción solo fue aprovechar el momento de distracción, correr dentro de la casa y poner el cerrojo en la puerta; por la venta mi hermana y yo vimos a mi madre ponerse de pie y correr hasta perderse en las casas de enfrente, mi padre iba detrás de ella, al parecer se negaba a dejarla huir. Mi hermana tras ver se eso se echó en al suelo con un llanto horrible, yo estaba a su lado temblando, ella se levantó, me dio una bofetada, empezó a gritarme insultos y me empujaba contra la pared. Fue el último día que vimos a nuestros padres.
El resto de la tarde mi hermana se la paso tirada llorando en el piso, todo permaneció en silencio por unas horas cuando llegaron otros 7 o 9 hombres ensangrentados, con las mismas actitudes violentas que había visto, estaban golpeando las ventanas y puerta para poder entrar, uno de ellos logro romper un cristal, pero los barrotes de la ventana impidieron su paso. Destroce la mesa de la cocina con un hacha, conseguí toda la madera posible en casa y bloquee las ventanas y puerta. En el patio trasero era muy difícil de entrar, impedido por altos muros de concreto, por eso solo me limite a cerrar la puerta al patio con un candado y cadenas, parecía inaccesible el lugar. Por dos días mi hermana y yo no probamos bocado ni siquiera hablamos o emitimos un sonido, la pasamos sentados en un rincón de la sala, cubiertos con una manta hasta el cuello, solo escuchábamos el caos que se desarrollaba en el exterior.
Por suerte nuestro hogar resulto un buen refugio, las ventas eran impenetrables gracias a los barrotes que estaban adheridas a ellas, la puerta principal, la más desprotegida de las entradas, fue totalmente bloqueada por un auto, al parecer una patrulla que quedo ahí parada de costado impidiendo que algo o alguien tocara la puerta desde afuera…quien sabe cómo llego el automóvil ahí, días después cuando por fin me atreví a asomar mi cara por la ventana de en frente, el auto ya estaba encima del pórtico.
Teníamos el almacén de alimentos al tope, mi madre había comprado 7 pipas de gas butano para unos departamentos que rentaba, por suerte estaban en casa, aparte de tener demasiada comida enlatada, el drenaje y flujo de agua no se vio afectado, nuestra fuente de energía eléctrica se alimenta de una conexión subterránea, evitando quedándonos sin esta, ya que varios postes de luz de la calle se vieron derribados por autos y demás accidentes.
Así pasamos un año, mi hermana y yo invernando de aquel horror, no teníamos noticia alguna de lo que había pasado, la línea de teléfono y las transmisiones de radio y televisión estaban sin servicio. De vez en cuando nos asomábamos por la ventana del ático y veíamos a esos caníbales cada vez más monstruosos y en mayor cantidad, la piel más putrefacta y los ojos más amarillentos, muy parecido al color de una orina insalubre. Las calles eran lo más asqueroso no solo a la vista, sino a todos los sentidos, pues estaban repletas de sangre y cuerpos en descomposición, cuando había ventiscas y un poco de aire se lograba colar a la casa el olor llegaba a ser insoportable; un día mi hermana tuvo molestias estomacales por el insoportable hedor. Aquello era un infierno.
Todo en nosotros se estaba acabando, de las bombillas de luz funcionaban un par, quemamos varios de nuestros libros y álbumes fotográficos en una fuerte temporada de frio, pipas de gas solo quedaban una y medio, la comida restaba para dos semanas o menos, el flujo de agua cada vez era menor y ya había días en el que no veíamos ni una gota de esta; de igual forma nuestras esperanzas se habían acabado, cada semana la pasaba más tedioso, mi hermana se veía más deprimida, había veces en las que se la pasaba horas sentada viendo un reloj de manillas que ni siquiera funcionaba, el olor a encerrado nos bajaba más los ánimos.
Una mañana sin decir palabra alguna mi hermana y yo salimos sin algún miedo al patio trasero, tomamos unas palas y cavamos dos agujeros del tamaño de un par de cajas de madera que teníamos en el ático, un baúl enorme y otra casi del mismo tamaño donde venía un congelador que compro mi madre por internet, colocamos nuestras ataúdes improvisadas en las tumbas… ella y yo hablamos de las pocas esperanzas que nos quedaban, que en realidad ya todo había acabado era cuestión de tiempo.
Mi hermana tenia ocultas dos revolver en su cuarto, regalos de un ex novio aficionado a las armas. Dos balas solamente, una para cada arma; me dijo que la única forma decente de morir en este mundo era así, un suicidio rápido, con un ser querido al lado y sobretodo bajo tierra, se negaba a ser la comida de esos errantes carnívoros, también repugnaba la idea de andar deambulando por ahí noche y día en busca de sangre y carne viva.
Ayer por la tarde mi hermana subió al ático, se asomó a nuestro pórtico y vaya sorpresa, esos monstruos habían desviado el auto de su posición, con el suficiente espacio para romper la puerta, rápidamente me aviso, le dije que no se preocupara, mientras no hiciéramos ruido, tal como permanecimos un año, casi en total silencio, no pasaría nada… ya entrada la noche mi hermana encontró una película VHS de un cumpleaños que celebramos juntos, ella tenía 10 y yo 5 años de edad. Pusimos la en el reproductor, para ver ese nostálgico video… al encender el televisor se fue la energía eléctrica. Suponíamos que en ese momento era lo mejor, pues cualquier ruido nos expondría ante los monstruos.
Estábamos en profundo sueño cuando el televisor se encendió de forma repentina, con el volumen a todo nivel, los dos despertamos asustados, escuchando la canciones de una fiesta de cumple años; lo peor fue que atrajo la atención de los caníbales, mi hermana salió pronto de su cuarto bajo a la sala y apago el televisor, al bajar yo para saber que sucedía, vi a mi hermana frente a la puerta, mientras se escuchaban los manoteos de decenas de aquellas cosas, la tome de la mano y me dijo vamos hacia el patio, Salí primero, ella antes fue a su habitación, gritándome enseguida te alcanzo.- llego a nuestro destino, nuestras tumbas, me dio un candado y una pistola con una sola bala.
-Ya sabes que hacer, entras al baúl, pones tu candado con el cerrojo que tiene por dentro y bueno… con el revólver ya sabes que hacer.
Asentí con la cabeza, cuando atrás uno de los monstruos ya había hecho un hoyo en la puerta, mi hermana entro primero a su ataúd, se encerró, yo por fuera vi que jalo unas cadenas que rodeaban el cajón y terminaban en una obertura por dentro, y escuche el clic de un candado. En seguida hice lo mismo, con nerviosismo selle el baúl, me recosté boca arriba y espere a que los monstruos entraran.
-Hermano!! Te amo… no tardes en salvarte.
Mi hermana me dijo eso con un grito lastimoso, y después de un instante, un disparo.
Ella fue más valiente que yo, irónicamente más valiente, pues esa era la única salida, tome el arma la puse bajo mi barbilla, en mi cien, en mi frente, sobre mi lengua, me sudaban las manos… recordé el día que sobreviví a dos ataques de esos muertos vivientes, al que intervino mi madre y en el que la suerte, Dios o el destino puso una alcantarilla cerca de mi… tome el revólver, apunte hacia el cerrojo, le dispare, abriéndolo y destrozando parte del baúl, salí aturdido de este, ya había dos monstruos dentro de la casa, antes de que me alcanzaran salte el muro del patio trasero y corrí, dos calles abajo… en el viejo asilo había ahora una cerca metálica rodeándolo, vi varias personas tras las ventas, sin duda habitaba gente viva ahí, sana… mi único objetivo era llegar a ese lugar.
-No, mamá… no me encierres en el cuarto del monstruo… - gimió Andrés.
-Andrés, deja de lloriquear y acepta el castigo como un niño grande - contestó María. Además, te he dicho mil veces que olvides esa patraña del monstruo que ya somos mayorcitos.
-Pero no fui yo quien pinté la pared de mi cuarto, fue Luis.
-No acuses a tu hermano, sabes que fuiste tú. Te manchaste las manos de pintura.
-Porque quise borrarlo para que no lo vieras.
-Se acabó la discusión. Reconoce tus errores y acepta el castigo.
-Pero mamá, el monstruo…
-¡Se acabó! Los monstruos no existen, solo buscas eludir tu castigo.
-Me comerá…- sollozó Andrés entre lágrimas.
Andrés, con sus diez años recién cumplidos, sabía entre otras cosas que lo reyes magos eran los padres, sabía cómo se hacían los niños, y también sabía que los monstruos no existen. Pero también sabía que si no entraba en el cuarto del monstruo, no tenía que preocuparse por eso.
Su hermano pequeño, Luis, observaba la escena desde el pasillo con el miedo pintado en su cara, ante la posibilidad de que a su hermano mayor le hicieran entrar en aquel cuarto. Andrés le había explicado infinidad de historias sobre él, y Luis, por supuesto, las creía todas a pies juntillas, (los hermanos mayores lo sabían todo). Andrés le miraba intentando que su hermano aceptara la autoría del suceso y le evitara así el castigo que se le venía encima, pero el terror en los ojos del pequeño le hizo comprender que no sería así.
-Mamá, por favor, te lo suplico…
-Si no entras ahora mismo no saldrás hasta la hora de la cena.
Andrés abandonó toda esperanza de evitar lo inevitable. Bajó la cabeza y una lágrima se precipitó en caída libre hasta la moqueta. Dio media vuelta sobre sus pies y un paso tras de otro, mirando al suelo, se encaminó hacia la planta baja donde se ubicaba el cuarto de los trastos. Su madre le vio desaparecer escaleras abajo poniendo los ojos en blanco, preguntándose que había hecho ella para tener que lidiar con un hijo como aquel.
Fue la última vez que vio a Andrés.
La policía dijo que debió salir por la puerta del garaje y perderse después por las calles de la urbanización, con la oscuridad y el frio por techo. Que podría haber caído en un canal de agua de riego cercano, o haber llegado a la carretera, o…
Se hicieron muchas conjeturas pero nunca encontraron a Andrés.
Pasaron dos años con todos sus segundos, uno detrás de otro. Y María olvidó que tenía otro hijo, incluso olvidó que ella misma estaba viva. Sus cajones se llenaron de píldoras y sus ojos de dolor y de amargura.
El día que llamo la policía para comunicarle que el expediente de la desaparición de su hijo sería archivado, María supo lo que tenía que hacer.
Entró en la habitación de su hijo y cogió la fotografía que mostraba a Andrés y a ella en la puerta de entrada a casa, unas semanas antes del día en que cambió su vida para siempre. Su corazón se comprimió un poco más y acabó por exprimir las últimas gotas de sensibilidad que quedaban en sus venas. Con la fotografía en la mano bajó las escaleras que conducían al garaje, que no había vuelto a pisar desde entonces.
La puerta del cuarto en cuestión estaba abierta, como si quisiera invitarla a discutir sobre un problema largamente demorado. Se detuvo justo delante y con los ojos perdidos en una dimensión solamente discernible por las personas que han sufrido un dolor intolerable, miró. Y vio lo que había bajado a ver.
-Ya voy cariño…- dijo con un hilo de voz.
Lo último que notó antes de entrar en esa inmensa boca fue su aliento.
Que harian ponganlo en los comentarios.
Estás acorralado por una horda de zombies...
Lugar: Escuela.... 4 pisos, un patio enorme, salón de intendencia con cosas que podrían ser útiles, escaleras por ambos lados, las paredes del alrededor tienen cerca, no hay luz
Situación: Te encuentras en el segundo piso, más de 25 zombies en la planta baja esperando a que salgas, 3 en las escaleras de la derecha y 2 en las de la izquierda, el enfermería se encuentra en la planta baja al igual que el salón de intendencia.... un miembro de tu equipo se rasgó la pierna izquierda tratando de saltar la cerca, sangra y mucho. Necesitas llegar a la enfermería, usar armas de fuego es altamente riesgoso, el estruendo sería enorme y atraería a muchos más zombies de los alrededores
Equipo: Tu medico se encuentra un poco cansado pero bien, armas: Sólo una pistola 9mm con apenas 6 balas
Compañero 1: Herido gravemente... apenas y puede caminar con un gran dolor, armas: Escopeta recortada ((Uso: NO RECOMENDADO)), cuchillo estilo militar y una USP con 2 balas
Compañero 2: En buen estado, pero impredecible y un poco temeroso, armas: cuchillo de carnicero, pistola .45 con 1 cartucho y medio ((Uso: NO RECOMENDADO)) y un bate de beisball
Tu: Buen estado, nervios bajo control, armas: Desert eagle con una ronda completa ((Uso: NO RECOMENDADO)), cuchillo Kukri y una palanca
Que harías para sobrevivir?
Tu equipo te necesita
Solo !2! Balas
Aquella noche ya lo habíamos pensado todo, planteamos cualquier error que pudiésemos tener, cualquier percance, creo que hasta contamos los pasos apresurados que íbamos a dar en caso de que sucediera algo como que aquello, que al parecer nos esperaba en uno de estos días venideros y agonizantes.
Mi hermana y yo teníamos un año encerrados en casa, sin ver ninguna otra cosa que no sea lo que nos rodeaba ahí dentro y hasta donde la vista de las rendijas de las ventanas selladas nos lo permitía. Ella perdió todo su carácter, su liderazgo como la mayor de nosotros dos; siempre fue una persona valiente y con decisiones acertadas… todas esas virtudes que la hacían ver como un refugio y fuente de seguridad las perdió con este desastre que aún continuaba destrozándola. Se transformó en una chica temerosa, levantaba la duda en donde quiera que se necesitara una elección. Con el tiempo la ojeras fueron acabando sus brillantes ojos, la poca exposición al sol arruino su piel ahora pálida, a pesar de tener un buen abastecimiento de comida adelgazo demasiado en cuestión de meses, la vanidad a su físico que era uno de sus atractivos ya no tenía cabida en este mundo, no tenía caso teñirse el cabello, usar buena ropa o labial si de todos modos la ibas a pasar encerrado en tu casa;…bueno, mejor dicho, refugio. Cada día sin quererlo se parecía más a uno de ellos. Así es, tal vez mi hermana y todo lo que representaba no servía de mucho en este nuevo mundo, en esta vida que solo consumía lo poco que quedaba de mi hermana. Una chica de 25 años de edad, con futuro enorme en la vida que perdió hace ya un año, esa era ella, una carga para mí y para su propia existencia.
En cambio yo me he adaptado rápido; aún recuerdo cuando todo esto empezó; iba camino a mi casa después de estar una hora más en el salón de clases, era mi castigo por fumar en los comedores…ya todos habían salido del edificio, solo me encontraba yo y el conserje.
Tenía alrededor de 20 minutos esperando el bus, pero eso no era lo raro, si no que al salir del colegio las calles que acostumbraba tomar para llegar a la parada de mi transporte estaba totalmente solitaria, creía que en el centro de la ciudad o a unas cuadras de allí había un desfile o algo así, de esos eventos que hacen que la gente se acerque a ver y dejen media ciudad vacía. Aun así aunque hubiese algo que desviara a las demás personas de su camino rutinario, había algo raro, se notaba en el color del cielo, en el olor del día…algo no marchaba bien.
Aún estaba en la parada del bus, ya algo impaciente cuando recibí una llamada de mi madre, ella algo nerviosa trataba de decirme algo sobre correr y tener cuidado con no sé qué cosas, en el fondo se escuchaba mi hermana llorando y gritando parecía que azotaba la puerta de la entrada, lo primero que vino a mi mente fue una de esas visitas violentas de mi padre golpeando la puerta, tratando de agredir a mi madre, su clásica forma de pedir dinero. Ignore la alarma familiar, aun así decidí caminar a casa con paso lento sin prisa alguna, pues no había nada de que correr, además mi madre y hermana ya sabían solucionar las singulares visitas de mi padre. Ya estaba a menos de diez minutos de mi casa y aún seguía sin ver a una sola persona…cuadras antes de llegar a mi destino escuche varios pasos, una marcha pensé, eso me relajo y solo pasaba a ser un día raro; de la calle siguiente venían unos gritos estremecedores, vi a una mujer y a el conserje de la escuela corriendo, detrás de ellos dos tipos pálidos con pasos torpes los seguían, la escena estaba a unos 20 metros de mí. Cuando desaparecieron detrás de una fila de autos, voltee a la izquierda y estaba ahí un hombre con la mirada fija en mí, el sujeto tenia sangre en el cuello y dos heridas profundas en la frente. Nos quedamos inmóviles por unos segundos, yo atónito sin poder concebir lo que estaba pasando, el hombre ensangrentado comenzó a dar unos pasos hacia mí dirección, yo seguía ahí parado viéndolo, no estoy seguro de lo que pasaba en mi mente por esos momentos, además a lo lejos seguía oyendo gritos, sonido de autos con marcha forzada y… no sé si era mi imaginación o escuchaba detonaciones, disparos. Mientras tanto mis ojos se perdían en los ojos amarillentos de aquel hombre casi un monstruo que me asechaba, mi única reacción fue levantar mi mano derecha y saludarlo, buscando una señal de que el sujeto estaba cuerdo o sano, su respuesta fue correr hacia mí, gritando con una voz gutural horrible, yo paralizado del miedo no lograba concebir ni un movimiento, solo lo veía con mi boca abierta, esperando el momento a ser atacado, cerré los ojos y… el hombre ya no estaba ahí, ni a mi izquierda, ni a mi derecha, tampoco atrás de mí, voltee abajo… el idiota había caído en una alcantarilla destapada a unos pasos de donde yo estaba.
En mi primera experiencia con estos come hombres tuve mucha suerte, más de la que esperaba, esto lo tome con mucho optimismo, no creo que haya sido coincidencia, fue por algo que sobreviví aquel día. Por eso me negué a morir este largo año y por ende no iba a dejar a mi hermana decaer, no tenía la voluntad de rendirme, ni si quiera pasaba por mi mente esa idea… hasta ahora.
Cuando llegue a casa, perturbado por aquel encuentro, encontré mi casa tal como lo esperaba a mi padre tacleando la puerta con su cuerpo y mi madre y hermana resistiendo tras de ella, solo había algo que no era de costumbre, mi padre tenía los ojos demasiado diferentes, también su color de piel, pude ver algo de sangre en su costado izquierdo. Cuando estaba más cerca de él se me fue encima, caí y con mis pies evite que me privara de todo movimiento lo patee en el pecho y con eso lo mantuve alejado por unos segundos, cuando de la puerta salió mi madre, lo cogió de los hombros con fuerza y lo jalo hacia atrás, mi monstruoso padre volteo la cabeza y mordió a mi progenitora en el brazo, arrancándole parte de este. En ese instante mi reacción solo fue aprovechar el momento de distracción, correr dentro de la casa y poner el cerrojo en la puerta; por la venta mi hermana y yo vimos a mi madre ponerse de pie y correr hasta perderse en las casas de enfrente, mi padre iba detrás de ella, al parecer se negaba a dejarla huir. Mi hermana tras ver se eso se echó en al suelo con un llanto horrible, yo estaba a su lado temblando, ella se levantó, me dio una bofetada, empezó a gritarme insultos y me empujaba contra la pared. Fue el último día que vimos a nuestros padres.
El resto de la tarde mi hermana se la paso tirada llorando en el piso, todo permaneció en silencio por unas horas cuando llegaron otros 7 o 9 hombres ensangrentados, con las mismas actitudes violentas que había visto, estaban golpeando las ventanas y puerta para poder entrar, uno de ellos logro romper un cristal, pero los barrotes de la ventana impidieron su paso. Destroce la mesa de la cocina con un hacha, conseguí toda la madera posible en casa y bloquee las ventanas y puerta. En el patio trasero era muy difícil de entrar, impedido por altos muros de concreto, por eso solo me limite a cerrar la puerta al patio con un candado y cadenas, parecía inaccesible el lugar. Por dos días mi hermana y yo no probamos bocado ni siquiera hablamos o emitimos un sonido, la pasamos sentados en un rincón de la sala, cubiertos con una manta hasta el cuello, solo escuchábamos el caos que se desarrollaba en el exterior.
Por suerte nuestro hogar resulto un buen refugio, las ventas eran impenetrables gracias a los barrotes que estaban adheridas a ellas, la puerta principal, la más desprotegida de las entradas, fue totalmente bloqueada por un auto, al parecer una patrulla que quedo ahí parada de costado impidiendo que algo o alguien tocara la puerta desde afuera…quien sabe cómo llego el automóvil ahí, días después cuando por fin me atreví a asomar mi cara por la ventana de en frente, el auto ya estaba encima del pórtico.
Teníamos el almacén de alimentos al tope, mi madre había comprado 7 pipas de gas butano para unos departamentos que rentaba, por suerte estaban en casa, aparte de tener demasiada comida enlatada, el drenaje y flujo de agua no se vio afectado, nuestra fuente de energía eléctrica se alimenta de una conexión subterránea, evitando quedándonos sin esta, ya que varios postes de luz de la calle se vieron derribados por autos y demás accidentes.
Así pasamos un año, mi hermana y yo invernando de aquel horror, no teníamos noticia alguna de lo que había pasado, la línea de teléfono y las transmisiones de radio y televisión estaban sin servicio. De vez en cuando nos asomábamos por la ventana del ático y veíamos a esos caníbales cada vez más monstruosos y en mayor cantidad, la piel más putrefacta y los ojos más amarillentos, muy parecido al color de una orina insalubre. Las calles eran lo más asqueroso no solo a la vista, sino a todos los sentidos, pues estaban repletas de sangre y cuerpos en descomposición, cuando había ventiscas y un poco de aire se lograba colar a la casa el olor llegaba a ser insoportable; un día mi hermana tuvo molestias estomacales por el insoportable hedor. Aquello era un infierno.
Todo en nosotros se estaba acabando, de las bombillas de luz funcionaban un par, quemamos varios de nuestros libros y álbumes fotográficos en una fuerte temporada de frio, pipas de gas solo quedaban una y medio, la comida restaba para dos semanas o menos, el flujo de agua cada vez era menor y ya había días en el que no veíamos ni una gota de esta; de igual forma nuestras esperanzas se habían acabado, cada semana la pasaba más tedioso, mi hermana se veía más deprimida, había veces en las que se la pasaba horas sentada viendo un reloj de manillas que ni siquiera funcionaba, el olor a encerrado nos bajaba más los ánimos.
Una mañana sin decir palabra alguna mi hermana y yo salimos sin algún miedo al patio trasero, tomamos unas palas y cavamos dos agujeros del tamaño de un par de cajas de madera que teníamos en el ático, un baúl enorme y otra casi del mismo tamaño donde venía un congelador que compro mi madre por internet, colocamos nuestras ataúdes improvisadas en las tumbas… ella y yo hablamos de las pocas esperanzas que nos quedaban, que en realidad ya todo había acabado era cuestión de tiempo.
Mi hermana tenia ocultas dos revolver en su cuarto, regalos de un ex novio aficionado a las armas. Dos balas solamente, una para cada arma; me dijo que la única forma decente de morir en este mundo era así, un suicidio rápido, con un ser querido al lado y sobretodo bajo tierra, se negaba a ser la comida de esos errantes carnívoros, también repugnaba la idea de andar deambulando por ahí noche y día en busca de sangre y carne viva.
Ayer por la tarde mi hermana subió al ático, se asomó a nuestro pórtico y vaya sorpresa, esos monstruos habían desviado el auto de su posición, con el suficiente espacio para romper la puerta, rápidamente me aviso, le dije que no se preocupara, mientras no hiciéramos ruido, tal como permanecimos un año, casi en total silencio, no pasaría nada… ya entrada la noche mi hermana encontró una película VHS de un cumpleaños que celebramos juntos, ella tenía 10 y yo 5 años de edad. Pusimos la en el reproductor, para ver ese nostálgico video… al encender el televisor se fue la energía eléctrica. Suponíamos que en ese momento era lo mejor, pues cualquier ruido nos expondría ante los monstruos.
Estábamos en profundo sueño cuando el televisor se encendió de forma repentina, con el volumen a todo nivel, los dos despertamos asustados, escuchando la canciones de una fiesta de cumple años; lo peor fue que atrajo la atención de los caníbales, mi hermana salió pronto de su cuarto bajo a la sala y apago el televisor, al bajar yo para saber que sucedía, vi a mi hermana frente a la puerta, mientras se escuchaban los manoteos de decenas de aquellas cosas, la tome de la mano y me dijo vamos hacia el patio, Salí primero, ella antes fue a su habitación, gritándome enseguida te alcanzo.- llego a nuestro destino, nuestras tumbas, me dio un candado y una pistola con una sola bala.
-Ya sabes que hacer, entras al baúl, pones tu candado con el cerrojo que tiene por dentro y bueno… con el revólver ya sabes que hacer.
Asentí con la cabeza, cuando atrás uno de los monstruos ya había hecho un hoyo en la puerta, mi hermana entro primero a su ataúd, se encerró, yo por fuera vi que jalo unas cadenas que rodeaban el cajón y terminaban en una obertura por dentro, y escuche el clic de un candado. En seguida hice lo mismo, con nerviosismo selle el baúl, me recosté boca arriba y espere a que los monstruos entraran.
-Hermano!! Te amo… no tardes en salvarte.
Mi hermana me dijo eso con un grito lastimoso, y después de un instante, un disparo.
Ella fue más valiente que yo, irónicamente más valiente, pues esa era la única salida, tome el arma la puse bajo mi barbilla, en mi cien, en mi frente, sobre mi lengua, me sudaban las manos… recordé el día que sobreviví a dos ataques de esos muertos vivientes, al que intervino mi madre y en el que la suerte, Dios o el destino puso una alcantarilla cerca de mi… tome el revólver, apunte hacia el cerrojo, le dispare, abriéndolo y destrozando parte del baúl, salí aturdido de este, ya había dos monstruos dentro de la casa, antes de que me alcanzaran salte el muro del patio trasero y corrí, dos calles abajo… en el viejo asilo había ahora una cerca metálica rodeándolo, vi varias personas tras las ventas, sin duda habitaba gente viva ahí, sana… mi único objetivo era llegar a ese lugar.