Esta historia cuenta algo bastante perturbante en mi vida, pero creo que tiene que saberse...
Estuve reflexionando sobre si contar o no esta historia, pero me parece que es necesario que sea conocida, para que se sepa lo que yo viví, lo que sufrí…
Todo comenzó hace 1 año, gracias a una extensa campaña de ahorro pude costearme algo que yo había anhelado desde hace tiempo como tenaz gamer que soy: una Xbox 360.
Recuerdo que el día que debía ir a buscarla, el dueño del local nos dijo a mi y a mi mamá que la consola se encontraba empaquetada en un almacén no muy lejos de allí, ya que hacía poco tiempo de su llegada al país. Así pues nos dirigimos hacia el lugar sin realizar demasiados comentarios al respecto. Al llegar lo primero que pensé fue que ese no podía ser el lugar: se estaba cayendo a pedazos, las paredes de madera denotaban un pasado agitado y unos cuantos incendios en su haber; las columnas de acero mostraban una oxidación bastante avanzada y no aparentaban resistir mucho tiempo más. Para llegar hacia el mostrador avanzamos por un pasillo que se había delimitado por pilas y pilas de cajas vacías a su alrededor. Este a su vez estaba casi a oscuras: solo lo alumbraba una tenue luz producida por un foco a medio gastar.
A medio camino, una voz grave y potente nos preguntó sobre el propósito de nuestra presencia en aquel lugar, que en mi opinión podría ser el lugar ideal para una escena de algún policial. “Venimos para retirar la Xbox” se escuchó resonar, y como por arte de magia apareció un hombre detrás del mostrador. Era calvo, con una barba de años que en su color blanco se exaltaba la vejez de su portador; tenía unos trapos por ropas y su aroma no era exactamente agradable.
Advertí entonces que sobre el mostrador estaba la consola, en su caja. Pero algo estaba mal…
La caja presentaba el símbolo con un color rojo sangre donde debería ser verde, y un negro intenso. Debajo del nombre del producto se distinguían una palabra y un número, escritos a mano y con una caligrafía que dejaba mucho que desear y que a su vez parecían haberse escrito con mucha prisa.
“Versión 1.666”
Tome rápidamente la consola previamente abonada y salimos del lugar. Estaba perturbado, no solo por la escena que acababa de contemplar, sino por el aspecto macabro de aquella caja que había dado tantas alegrías a tantos niños, adolescentes y adultos por el mundo.
Llegamos a casa, mi hermana estaba sentada en la entrada expectante a ver mi nueva adquisición, por suerte o desgracia ella heredó mi pasión por los videojuegos, lo que le resultaría muy desagradable por razones que contaré luego.
Agustina, “Agus” para mí. Tenía un par de años menos que yo, había sido el resultado de una aventura que mi padre mantuvo con una amiga de mi madre (jamás me atreví a decírselo, tal vez porque éramos muy felices los 4 juntos). Era baja, morocha y con unos ojos preciosos que muchas veces me miraban con enojo pero también con el amor de una niña por su hermano mayor.
Cuando saque la Xbox de la bolsa, hasta ella se extrañó de la caja en la que venía (cabe aclarar que ella jamás había visto una antes). En ese entonces no le dí demasiada importancia, pero ahora esa cara ronda por mi cabeza, sin que pueda eliminarla. Tome un cutter de la cocina y comencé a abrir la caja. Cuando estaba por la mitad, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, como una descarga eléctrica. Tampoco le preste mucha atención y cuando terminé, la coloqué sobre la mesa para empezar a conectarla con el televisor. Hecho esto, le dije a Agustina que saliera de la habitación, en ese momento no se porqué lo hice, pero ahora lo entiendo, mi subconsciente sabía que algo en esa consola no estaba para nada bien…
Luego de encenderla, se escucho un ruido ensordecedor, casi insoportable, seguido de la presentación del logotipo de Xbox. La interfaz era por demás extraña: negra, con una voz tenue de fondo que decía cosas que no llegaba a entender, sin ninguna animación, no había avatar, era solo una frase fría y insulsa que me despertaba unas extrañas y escalofriantes ganas de llorar: “inserte un disco”.
Dentro de la caja me encontré con un DVD que aparentaba ser un videojuego, de esos que te vienen para probar la consola y que suelen ser una porquería. Lo coloqué en el reproductor y cerré la bandeja. Un instante después comenzó a reproducirse: era una animación de distintos personajes de videojuegos, entre ellos Mario y Sonic; el audio era pésimo, estaba mal grabado y extrañamente me entristeció mucho, los personajes estaban muy mal dibujados y tenían caras que yo hasta ese momento desconocía: caras de enojo, mucho enojo, depresión, violencia… En la animación se podía ver como todos los personajes con los que yo había crecido se golpeaban salvajemente entre ellos, sin piedad, con un realismo que movió hasta mi última fibra. Era horrible, tan horrible que luego de 1 minuto y medio tuve que detenerla porque estaba a punto de vomitar, me hacía sentir mal. Apague la consola, no le dije nada ni a mi madre ni a mi hermana, no quería desilusionarla, pero le advertí que por favor no la usara hasta que yo volviera de la escuela al día siguiente, ella asintió y nos fuimos a dormir.
La mañana siguiente fue como cualquier otra, me levante temprano para ir a la escuela, Agus se quedó en casa: tenía dolor de cabeza, o al menos eso le dijo a mi mamá.
Todo el día estuve pensando en lo que había pasado, en la Xbox, en el tipo del almacén, en Agustina… En fin, las 6 horas pasaron relativamente rápido, tome el bondi y regrese a casa. Al llegar, llamé a mi hermana para preguntarle como estaba: no respondió. La llame de nuevo y tampoco respondió. Me desesperé, empecé a buscarla por toda la casa hasta llegar a mi habitación. Estaba ahí, tirada, pálida, con la mirada fija en la pantalla del televisor, estaba muerta. Los doctores dijeron que fue un paro cardio-respiratorio producto de un problema que ella tenía de chiquita. A mi no me convence, yo se que murió al ver como sus héroes se despedazaban entre ellos, murió al ver la maldad de la que puede ser capaz el ser humano. Murió… por mi culpa.
Hace un año de esto, y todavía llamo a Microsoft para informar de lo que sucedió, pero al nombrarles la versión de la consola, me cortan sin piedad, sin darme tiempo de explicar nada. Busqué en Internet y al parecer nada se sabe de esta extraña versión que según dicen jamás existió. Pero existió, y mató a mi hermanita. Hace 1 año que vivo este calvario, he tenido varios intentos de suicidio pero no he podido concretarlos, quiero estar con ella, pedirle perdón por lo que le hice, por dejar que muriera así, sufriendo…
Cada día veo la animación, ya no me produce nada, tal vez me he hecho inmune a esa maldita masacre, o tal vez es que yo ya estoy muerto.
Estuve reflexionando sobre si contar o no esta historia, pero me parece que es necesario que sea conocida, para que se sepa lo que yo viví, lo que sufrí…
Todo comenzó hace 1 año, gracias a una extensa campaña de ahorro pude costearme algo que yo había anhelado desde hace tiempo como tenaz gamer que soy: una Xbox 360.
Recuerdo que el día que debía ir a buscarla, el dueño del local nos dijo a mi y a mi mamá que la consola se encontraba empaquetada en un almacén no muy lejos de allí, ya que hacía poco tiempo de su llegada al país. Así pues nos dirigimos hacia el lugar sin realizar demasiados comentarios al respecto. Al llegar lo primero que pensé fue que ese no podía ser el lugar: se estaba cayendo a pedazos, las paredes de madera denotaban un pasado agitado y unos cuantos incendios en su haber; las columnas de acero mostraban una oxidación bastante avanzada y no aparentaban resistir mucho tiempo más. Para llegar hacia el mostrador avanzamos por un pasillo que se había delimitado por pilas y pilas de cajas vacías a su alrededor. Este a su vez estaba casi a oscuras: solo lo alumbraba una tenue luz producida por un foco a medio gastar.
A medio camino, una voz grave y potente nos preguntó sobre el propósito de nuestra presencia en aquel lugar, que en mi opinión podría ser el lugar ideal para una escena de algún policial. “Venimos para retirar la Xbox” se escuchó resonar, y como por arte de magia apareció un hombre detrás del mostrador. Era calvo, con una barba de años que en su color blanco se exaltaba la vejez de su portador; tenía unos trapos por ropas y su aroma no era exactamente agradable.
Advertí entonces que sobre el mostrador estaba la consola, en su caja. Pero algo estaba mal…
La caja presentaba el símbolo con un color rojo sangre donde debería ser verde, y un negro intenso. Debajo del nombre del producto se distinguían una palabra y un número, escritos a mano y con una caligrafía que dejaba mucho que desear y que a su vez parecían haberse escrito con mucha prisa.
“Versión 1.666”
Tome rápidamente la consola previamente abonada y salimos del lugar. Estaba perturbado, no solo por la escena que acababa de contemplar, sino por el aspecto macabro de aquella caja que había dado tantas alegrías a tantos niños, adolescentes y adultos por el mundo.
Llegamos a casa, mi hermana estaba sentada en la entrada expectante a ver mi nueva adquisición, por suerte o desgracia ella heredó mi pasión por los videojuegos, lo que le resultaría muy desagradable por razones que contaré luego.
Agustina, “Agus” para mí. Tenía un par de años menos que yo, había sido el resultado de una aventura que mi padre mantuvo con una amiga de mi madre (jamás me atreví a decírselo, tal vez porque éramos muy felices los 4 juntos). Era baja, morocha y con unos ojos preciosos que muchas veces me miraban con enojo pero también con el amor de una niña por su hermano mayor.
Cuando saque la Xbox de la bolsa, hasta ella se extrañó de la caja en la que venía (cabe aclarar que ella jamás había visto una antes). En ese entonces no le dí demasiada importancia, pero ahora esa cara ronda por mi cabeza, sin que pueda eliminarla. Tome un cutter de la cocina y comencé a abrir la caja. Cuando estaba por la mitad, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, como una descarga eléctrica. Tampoco le preste mucha atención y cuando terminé, la coloqué sobre la mesa para empezar a conectarla con el televisor. Hecho esto, le dije a Agustina que saliera de la habitación, en ese momento no se porqué lo hice, pero ahora lo entiendo, mi subconsciente sabía que algo en esa consola no estaba para nada bien…
Luego de encenderla, se escucho un ruido ensordecedor, casi insoportable, seguido de la presentación del logotipo de Xbox. La interfaz era por demás extraña: negra, con una voz tenue de fondo que decía cosas que no llegaba a entender, sin ninguna animación, no había avatar, era solo una frase fría y insulsa que me despertaba unas extrañas y escalofriantes ganas de llorar: “inserte un disco”.
Dentro de la caja me encontré con un DVD que aparentaba ser un videojuego, de esos que te vienen para probar la consola y que suelen ser una porquería. Lo coloqué en el reproductor y cerré la bandeja. Un instante después comenzó a reproducirse: era una animación de distintos personajes de videojuegos, entre ellos Mario y Sonic; el audio era pésimo, estaba mal grabado y extrañamente me entristeció mucho, los personajes estaban muy mal dibujados y tenían caras que yo hasta ese momento desconocía: caras de enojo, mucho enojo, depresión, violencia… En la animación se podía ver como todos los personajes con los que yo había crecido se golpeaban salvajemente entre ellos, sin piedad, con un realismo que movió hasta mi última fibra. Era horrible, tan horrible que luego de 1 minuto y medio tuve que detenerla porque estaba a punto de vomitar, me hacía sentir mal. Apague la consola, no le dije nada ni a mi madre ni a mi hermana, no quería desilusionarla, pero le advertí que por favor no la usara hasta que yo volviera de la escuela al día siguiente, ella asintió y nos fuimos a dormir.
La mañana siguiente fue como cualquier otra, me levante temprano para ir a la escuela, Agus se quedó en casa: tenía dolor de cabeza, o al menos eso le dijo a mi mamá.
Todo el día estuve pensando en lo que había pasado, en la Xbox, en el tipo del almacén, en Agustina… En fin, las 6 horas pasaron relativamente rápido, tome el bondi y regrese a casa. Al llegar, llamé a mi hermana para preguntarle como estaba: no respondió. La llame de nuevo y tampoco respondió. Me desesperé, empecé a buscarla por toda la casa hasta llegar a mi habitación. Estaba ahí, tirada, pálida, con la mirada fija en la pantalla del televisor, estaba muerta. Los doctores dijeron que fue un paro cardio-respiratorio producto de un problema que ella tenía de chiquita. A mi no me convence, yo se que murió al ver como sus héroes se despedazaban entre ellos, murió al ver la maldad de la que puede ser capaz el ser humano. Murió… por mi culpa.
Hace un año de esto, y todavía llamo a Microsoft para informar de lo que sucedió, pero al nombrarles la versión de la consola, me cortan sin piedad, sin darme tiempo de explicar nada. Busqué en Internet y al parecer nada se sabe de esta extraña versión que según dicen jamás existió. Pero existió, y mató a mi hermanita. Hace 1 año que vivo este calvario, he tenido varios intentos de suicidio pero no he podido concretarlos, quiero estar con ella, pedirle perdón por lo que le hice, por dejar que muriera así, sufriendo…
Cada día veo la animación, ya no me produce nada, tal vez me he hecho inmune a esa maldita masacre, o tal vez es que yo ya estoy muerto.