Las hojas de aquél sauce
acariciaban mi cabello
aquel día junto al río
cuando tu me encontraste.
No sé si ese día
yo estaba allí
sólo recordando
mi enorme pasado
o si en mi eterno caminar
todo estaba preparado
para que ese día
tu pudieras verme.
Junte miles de años
en mi recorrido.
Me pregunté por qué
llegaste allí.
No sé que buscabas
cuando me saludaste.
ni que podría decirte.
Pero no te temí.
por que yo soy libre
libre de todo y libre de tí.
Aunque mi destino sea
la perpetua atadura,
ser un eterno caminante,
un vagabundo
de los siglos.
Viví miles de años
como mudo testigo
de un mundo
que creció donde yo aprendi
de esclavitud, de libertad,
de odio y de paz,
de guerra y destrucción.
De claros y de oscuros,
de luz radiante
y de inmensa oscuridad.
De lágrimas y risas.
De humedad y de calor,
de amor y de fe.
Todavía no sé porque
tuve que ser yo,
ni cual fue mi misión
ni que puedo enseñarte.
Ni sé para qué vienes.
Aprendi de amigos y enemigos.
De santos y de hombres.
De tristezas, de miserias,
de grandezas y noblezas.
¿Traes tú la respuesta
a mis preguntas?
¿Eres acaso quién me dirá
a dónde debo ir esta vez?
¿O vienes para decirme
que debo ahora
hacer algo mejor?
Quizás puedas tu decirme
qué soy o porqué soy.
Dime por qué
nunca pude morir,
de qué está hecho mi cuerpo.
No te vayas. No me abandones.
No dejes a quien
ha caminado tanto
y nunca pudo llegar
ni al cielo ni al infierno.
Soy inmortal, y en mi camino
he visto mezquitas,
iglesias y sinagogas.
Contemplé a los hombres
de rodillas, adorando
al Dios que me imagino
fue el que me puso
aquí también a mí.
Tuve el privilegio
o la desgracia
de vivir todos los siglos,
pero nunca pude
dejar este mundo
para poder ver
al Dios de los hombres
que sí mueren.
Es preciso que lo haga,
y si no puedes
llevarme hacia El,
ayudame a sentir
que El está presente
para mí
como para todos,
aunque El
no me deje morir.
acariciaban mi cabello
aquel día junto al río
cuando tu me encontraste.
No sé si ese día
yo estaba allí
sólo recordando
mi enorme pasado
o si en mi eterno caminar
todo estaba preparado
para que ese día
tu pudieras verme.
Junte miles de años
en mi recorrido.
Me pregunté por qué
llegaste allí.
No sé que buscabas
cuando me saludaste.
ni que podría decirte.
Pero no te temí.
por que yo soy libre
libre de todo y libre de tí.
Aunque mi destino sea
la perpetua atadura,
ser un eterno caminante,
un vagabundo
de los siglos.
Viví miles de años
como mudo testigo
de un mundo
que creció donde yo aprendi
de esclavitud, de libertad,
de odio y de paz,
de guerra y destrucción.
De claros y de oscuros,
de luz radiante
y de inmensa oscuridad.
De lágrimas y risas.
De humedad y de calor,
de amor y de fe.
Todavía no sé porque
tuve que ser yo,
ni cual fue mi misión
ni que puedo enseñarte.
Ni sé para qué vienes.
Aprendi de amigos y enemigos.
De santos y de hombres.
De tristezas, de miserias,
de grandezas y noblezas.
¿Traes tú la respuesta
a mis preguntas?
¿Eres acaso quién me dirá
a dónde debo ir esta vez?
¿O vienes para decirme
que debo ahora
hacer algo mejor?
Quizás puedas tu decirme
qué soy o porqué soy.
Dime por qué
nunca pude morir,
de qué está hecho mi cuerpo.
No te vayas. No me abandones.
No dejes a quien
ha caminado tanto
y nunca pudo llegar
ni al cielo ni al infierno.
Soy inmortal, y en mi camino
he visto mezquitas,
iglesias y sinagogas.
Contemplé a los hombres
de rodillas, adorando
al Dios que me imagino
fue el que me puso
aquí también a mí.
Tuve el privilegio
o la desgracia
de vivir todos los siglos,
pero nunca pude
dejar este mundo
para poder ver
al Dios de los hombres
que sí mueren.
Es preciso que lo haga,
y si no puedes
llevarme hacia El,
ayudame a sentir
que El está presente
para mí
como para todos,
aunque El
no me deje morir.