HI!!!, creo que me comenzaré a matar con una ametralladora...
Lunes:
*pensamiento cualquiera*
En un lunes cualquiera estaría yendo de camino a casa de Luis, junto con mi hermano, lo recogeríamos y nos iríamos conversando trivialidades hasta llegar al colegio.
Un lunes en la mañana…, estaría con mis amigos alrededor de una carpeta, esperando a que sonara el timbre. Cantaríamos el himno, vendría nuestro profesor del curso que nos tocara ese día, miraría por la ventana y esperaría a que pasara las horas…
Para mi desafortunada suerte, eso ya no pasará.
….
*en la realidad*
Sentí el suelo, era frío, tan relajante… Me dolía el cuerpo, las pisoteadas que me dieron se sentían como palpitaciones en mi piel. Salí de mi ensoñación.
Debo de conseguir los medicamentos.
Se podía oír las voces de algunas personas. Al parecer, cuando cerraron las puertas también encerraron a unas cuantas personas que estaban en la fila.
Me puse de pie y empecé a escuchar con más atención.
-Vendedor: Señor… trate de ser comprensible…, ya no tenemos ese …-no completó la frase, ya que enseguida comenzó a hablar… mejor dicho a gritar otra persona.
-Señor1: ¡Me consigues eso o te juro que te reviento la cara!- “nota para mí”, no meterme con ese tipo. El señor que amenazó al vendedor (en sí, con su típico uniforme), no era una de esas personas que se les toma de juego. Es alto, hombros anchos, diría que podría cumplir su palabra en cualquier momento, puesto que, en su rosto no se veía más que la mismísima cólera.
Para mi sorpresa, pude ver que unas cuantas personas de la tienda que trataban de razonar con él. Solo consiguieron más gritos.
-Vendedora: ¡Basta!- se apresuró hasta su cartera y sacó un inhalador- ¡¿Es esto?!- por un momento se quedó en silencio el señor, y asintió- Pues, ¡Tómelo!- lo arrojó al señor- Ahora sí, ¡Lárguese!
Al señor ni le importó que le hayan arrojado eso, caminó hasta un pequeño rincón de la tienda y susurró algo, poco tiempo después salió una niña. Ella se colgó de su cuello y no se desprendió por nada del mundo.
-Señor1: ¿Por dónde?- gruñó
-Vendedora: Por allá… -señaló una puerta de empleados- Camine de frente y doble en el primer cuarto, allí encontrará la salida de emergencia…- Ya no se oía enojada, todo lo contrario, se oía ¿Culpable?, tal vez. Después de ver a la pequeña… ¿Quién no?
….
Por un momento creí que era el único en esa habitación. Pero no, la falta de ruido se debía a que las demás personas solo se podían concentrar en esa pequeña escena.
Un padre cargando a su hija, y dirigiéndose a la puerta. En una fracción de segundo, los ojos de la niña se posaron en mí.
Sentí un pinchazo. Recordé a mi padre, jamás volvería a estar sano, no volvería a cargar a Eddy, ya no daría cara por nosotros…
Cerraron la puerta.
……………..
¡Fuera culpabilidad!, no tengo tiempo. Me abrí paso al mostrador. (otras personas se dirigían a los demás vendedores)
-Disculpe..., necesito… (Sacando lista)
-Vendedora: Solo… (Me quito la lista)- busco en el aparador, y sacando unas cuantas cajas las metió en una bolsa- solo… vete…- Se apoyó contra el cristal del mostrador, tocándose la cabeza. Los nervios, y un posible dolor de cabeza, se podían ver en su rostro.
-Ya pasará- traté de darle ánimos. Espero que haya funcionado.
-Vendedora: Será mejor que ocultes la bolsa, de seguro alguien va a querer quitártela- sonrió.
Tomé la bolsa y me la puse debajo de mi ropa.
-Totalmente asegurado- confirmé
-Vendedora: Suerte…
-Igualmente- devolví la sonrisa.
Di media vuelta y caminé hasta la puerta. Doblar en el primer cuarto…
Vi la salida de emergencia.
¡Por fin!, llevaré las medicinas a casa.
….
Wiiii!!!!, ¿Qué les pareció?
Lunes:
*pensamiento cualquiera*
En un lunes cualquiera estaría yendo de camino a casa de Luis, junto con mi hermano, lo recogeríamos y nos iríamos conversando trivialidades hasta llegar al colegio.
Un lunes en la mañana…, estaría con mis amigos alrededor de una carpeta, esperando a que sonara el timbre. Cantaríamos el himno, vendría nuestro profesor del curso que nos tocara ese día, miraría por la ventana y esperaría a que pasara las horas…
Para mi desafortunada suerte, eso ya no pasará.
….
*en la realidad*
Sentí el suelo, era frío, tan relajante… Me dolía el cuerpo, las pisoteadas que me dieron se sentían como palpitaciones en mi piel. Salí de mi ensoñación.
Debo de conseguir los medicamentos.
Se podía oír las voces de algunas personas. Al parecer, cuando cerraron las puertas también encerraron a unas cuantas personas que estaban en la fila.
Me puse de pie y empecé a escuchar con más atención.
-Vendedor: Señor… trate de ser comprensible…, ya no tenemos ese …-no completó la frase, ya que enseguida comenzó a hablar… mejor dicho a gritar otra persona.
-Señor1: ¡Me consigues eso o te juro que te reviento la cara!- “nota para mí”, no meterme con ese tipo. El señor que amenazó al vendedor (en sí, con su típico uniforme), no era una de esas personas que se les toma de juego. Es alto, hombros anchos, diría que podría cumplir su palabra en cualquier momento, puesto que, en su rosto no se veía más que la mismísima cólera.
Para mi sorpresa, pude ver que unas cuantas personas de la tienda que trataban de razonar con él. Solo consiguieron más gritos.
-Vendedora: ¡Basta!- se apresuró hasta su cartera y sacó un inhalador- ¡¿Es esto?!- por un momento se quedó en silencio el señor, y asintió- Pues, ¡Tómelo!- lo arrojó al señor- Ahora sí, ¡Lárguese!
Al señor ni le importó que le hayan arrojado eso, caminó hasta un pequeño rincón de la tienda y susurró algo, poco tiempo después salió una niña. Ella se colgó de su cuello y no se desprendió por nada del mundo.
-Señor1: ¿Por dónde?- gruñó
-Vendedora: Por allá… -señaló una puerta de empleados- Camine de frente y doble en el primer cuarto, allí encontrará la salida de emergencia…- Ya no se oía enojada, todo lo contrario, se oía ¿Culpable?, tal vez. Después de ver a la pequeña… ¿Quién no?
….
Por un momento creí que era el único en esa habitación. Pero no, la falta de ruido se debía a que las demás personas solo se podían concentrar en esa pequeña escena.
Un padre cargando a su hija, y dirigiéndose a la puerta. En una fracción de segundo, los ojos de la niña se posaron en mí.
Sentí un pinchazo. Recordé a mi padre, jamás volvería a estar sano, no volvería a cargar a Eddy, ya no daría cara por nosotros…
Cerraron la puerta.
……………..
¡Fuera culpabilidad!, no tengo tiempo. Me abrí paso al mostrador. (otras personas se dirigían a los demás vendedores)
-Disculpe..., necesito… (Sacando lista)
-Vendedora: Solo… (Me quito la lista)- busco en el aparador, y sacando unas cuantas cajas las metió en una bolsa- solo… vete…- Se apoyó contra el cristal del mostrador, tocándose la cabeza. Los nervios, y un posible dolor de cabeza, se podían ver en su rostro.
-Ya pasará- traté de darle ánimos. Espero que haya funcionado.
-Vendedora: Será mejor que ocultes la bolsa, de seguro alguien va a querer quitártela- sonrió.
Tomé la bolsa y me la puse debajo de mi ropa.
-Totalmente asegurado- confirmé
-Vendedora: Suerte…
-Igualmente- devolví la sonrisa.
Di media vuelta y caminé hasta la puerta. Doblar en el primer cuarto…
Vi la salida de emergencia.
¡Por fin!, llevaré las medicinas a casa.
….
Wiiii!!!!, ¿Qué les pareció?

