Wanda Landowska
Honrada por los gobiernos polaco y francés, la clavecinista polaca Wanda Landowska también recibió el reconocimiento de todo el mundo musical. Falla y Poulenc le escribieron conciertos para clavecín, muchos de sus alumnos se convirtieron en eminentes clavecinistas y ella ejerció una poderosa influencia a través de numerosos escritos y grabaciones.
En el paso del siglo XIX al XX, la fábrica parisiense de pianos Pleyel construyó un clavecín según el proyecto elaborado por uno de sus ingenieros (1), bajo la supervisión de la entonces pianista Wanda Landowska (1879-1959). ¿De qué instrumento estamos hablando? [Curiosamente, no se trataba de un clavecín histórico, sino] de una especie de piano con dos teclados manuales, cuyas cuerdas estaban apoyadas sobre una estructura metálica y que podían ser pulsadas por saltadores con resistentes plectros de cuero, a su vez controlados por medio de pedales. ¿Una aberración para los tiempos actuales? Es posible. Sin embargo, en el momento de su construcción fue considerada una ingeniosa máquina de hacer música.
Fue por medio de este instrumento como Wanda Landowska dio inicio a su importante investigación como musicóloga e intérprete de obras originalmente escritas para clavecín.
En poco tiempo, estudiantes de diversas partes del mundo empezaron a considerarla una maestra del clave, al principio en su estudio en París y, después de la Segunda Guerra Mundial, también en los Estados Unidos (2), donde Wanda se había refugiado del nazismo [de la Francia de Vichy] y donde vivió desde 1941 (a los 62 años) hasta su muerte. De hecho, sería allí donde tendría como alumnos a diversos artistas que más tarde adquirirían un gran reconocimiento, tales como Ralph Kirkpatrick (1911-1984), Ruggero Gerlin (1899-1983) o Rafael Puyana.
[De hecho, su influencia no solamente se dejó sentir en el entorno musicológico o pedagógico, sino también en el ámbito de la creación musical.] Compositores como Manuel de Falla (1876-1946) o Francis Poulenc (1899-1963) llegaron a conocer el clavecín de Pleyel, para el cual escribieron importantes obras, todas ellas dedicadas a Wanda Landowska. Así, el “Concierto para clavecín e instrumentos” de Manuel de Falla (3) y el “Champêtre Concierto” de Poulenc, constituyen pruebas irrenunciables de este periodo inicial.
Honrada por los gobiernos polaco y francés, la clavecinista polaca Wanda Landowska también recibió el reconocimiento de todo el mundo musical. Falla y Poulenc le escribieron conciertos para clavecín, muchos de sus alumnos se convirtieron en eminentes clavecinistas y ella ejerció una poderosa influencia a través de numerosos escritos y grabaciones.
En el paso del siglo XIX al XX, la fábrica parisiense de pianos Pleyel construyó un clavecín según el proyecto elaborado por uno de sus ingenieros (1), bajo la supervisión de la entonces pianista Wanda Landowska (1879-1959). ¿De qué instrumento estamos hablando? [Curiosamente, no se trataba de un clavecín histórico, sino] de una especie de piano con dos teclados manuales, cuyas cuerdas estaban apoyadas sobre una estructura metálica y que podían ser pulsadas por saltadores con resistentes plectros de cuero, a su vez controlados por medio de pedales. ¿Una aberración para los tiempos actuales? Es posible. Sin embargo, en el momento de su construcción fue considerada una ingeniosa máquina de hacer música.
Fue por medio de este instrumento como Wanda Landowska dio inicio a su importante investigación como musicóloga e intérprete de obras originalmente escritas para clavecín.
En poco tiempo, estudiantes de diversas partes del mundo empezaron a considerarla una maestra del clave, al principio en su estudio en París y, después de la Segunda Guerra Mundial, también en los Estados Unidos (2), donde Wanda se había refugiado del nazismo [de la Francia de Vichy] y donde vivió desde 1941 (a los 62 años) hasta su muerte. De hecho, sería allí donde tendría como alumnos a diversos artistas que más tarde adquirirían un gran reconocimiento, tales como Ralph Kirkpatrick (1911-1984), Ruggero Gerlin (1899-1983) o Rafael Puyana.
[De hecho, su influencia no solamente se dejó sentir en el entorno musicológico o pedagógico, sino también en el ámbito de la creación musical.] Compositores como Manuel de Falla (1876-1946) o Francis Poulenc (1899-1963) llegaron a conocer el clavecín de Pleyel, para el cual escribieron importantes obras, todas ellas dedicadas a Wanda Landowska. Así, el “Concierto para clavecín e instrumentos” de Manuel de Falla (3) y el “Champêtre Concierto” de Poulenc, constituyen pruebas irrenunciables de este periodo inicial.