Buenas, gente de Taringa. Acá les traigo la segunda parte de mi relato, que si alguno de ustedes no llegó a leer desde el principio, si no es mucha molestia les dejo el link de la primera parte para que vean qué es lo que les pareció mi trabajo que elaboré durante bastantes días, al igual que las siguientes partes. Sin más preámbulos, les dejo acá la continuación de mi cuento.
Cuando finalmente llegué hasta la puta puerta me puse a ver el cartel que estaba colgado en el centro de la puerta. Decía con letras mayúsculas lo siguiente “Horario laboral: Lunes a Jueves 17 pm a 3 am.”, y yo me encontraba en un sábado por la tarde, por lo que dije: Bueno, entonces me salvé. Voy a poder perder los nervios y ya tengo una excusa para volver, gracias a dios. Ojalá no hubiese alcanzado a ver la parte de abajo, que estaba a punto de ignorarla, pero tuve la maldita osadía de verla. Esa tan perra, tan desgraciada frase, que decía “Igualmente a nuestros queridos clientes, si nos encontramos fuera de jornada de trabajo pueden pasar cuidadosamente a mirar a sus mascotas.” Parecía que en ese lugar de mierda ellos no querían que me fuese, por un motivo u otro querían que me quedara mirando sus obscenidades.
¿Mascotas? Pregunté. Yo no estaba ahí para mascotas. Yo estaba ahí para la puta droga. Ahí entendí erróneamente que podría haber sido algún seudónimo en clave que se le ponía a todos los cuartos, para si en algún caso llegaba a ir algún chivato, pero igual me incomodaba bastante eso sabiendo que era un lugar de música, y mucho más por lo que me dijo Felipe.
Mientras que vacilaba mirando al marco de la puerta, varios sujetos salieron por el resto de las habitaciones, con mirada y gesto de satisfacción, y luego me miraron, pensando porque carajo me quedaba mirando a esa puerta, como si me fuera a deparar un paraíso. Allí fue cuando captaron mi temor y sintieron que era la primera vez que yo iba a entrar ahí: “Buena suerte, tío”. Fue lo que me habían dicho, con una gran sonrisa en sus rostros, pero a diferencia de la sonrisa del cajero estas no eran irónicas. Entonces salieron riendo con inmensas carcajadas hacia arriba y me quede solo otra vez.
Abrí la puerta, tenía los ojos fijamente entrecerrados y palpé con las palmas de mis manos el picaporte, con temor. Ya está, lo tenía ahí en mis manos, ese picaporte redondo que tanto me atemorizaba. “¡Vamos mierda, yo sé que puedes!”, me decía a mí mismo. La cerradura no impuso resistencia ni el picaporte, se abrió sin dificultad alguna. Empecé a abrir los ojos y me sonó raro lo que podía contemplar, enfrente de mi vista tenía otra puerta exactamente igual, entre esta y la que tenía frente a mis ojos había nada menos que 1 metro de distancia aproximadamente, era como un pequeño vestíbulo. Al ver la puerta suspiré con alivio pero mi desesperación se hacía más grande, quería que todo terminara de una vez por todas, agarrar lo que quería e irme a mi puta casa de una vez por todas. Otra vez a tantear la puerta de mierda, el picaporte, ojos cerrados, sudor por la frente. La abrí, sincronizando con el movimiento del abrir de mis ojos, y me encontré esta vez con una habitación a oscuras pero que en realidad era el lugar donde supuestamente tenía que visitar, así que de vuelta a palpitar el objeto misterioso con las palmas de mis manos. Parecía que el interruptor de la luz no se encontraba en ese plano de la superficie que yo estaba buscando, así que suspire por un momento y me decidí a entrar dispuesto a golpearme con lo que se me cruzara en el camino, ya que no veía nada, era una oscuridad total. “Ya está”, dije. Y encendí el interruptor, la satisfacción momentánea se esfumó tan rápido como una piedra ligera desaparece al adentrarse en un charco de agua profundo. Fue horrible, feo y horrible.
Cuerpos, cuerpos desmembrados por doquier. Torsos humanos sin piernas ni brazos, y todos pertenecían al género femenino. Eran horripilantes. Se encontraban todos ordenados y apoyados entre sí correctamente apilados, como si fueran objetos, y no un cuerpo en sí. Estaban apoyados en toda el área del cuarto, es decir las cuatro paredes, no había ni un hueco solo que no estuviera ocupado. Estaba aterrorizado, no lo podía creer. Mis sentidos agudizaban gravemente indicándome que escapara lo más lejos posible de ese lugar, a la misma vez diciéndome que me quedara. Al no saber qué hacer, me encontraba petrificado allí mismo, era lo más increíble y extravagante que un ser humano como yo pudiese haber presenciado jamás. No sabía si ausentarme hacia otro mundo escondido de mi mente, o permanecer aconteciendo la triste realidad.
No podía escapar de allí, ni siquiera intentando pasar por desapercibido como alguno más de ellos, el momento del shock tardaría en despejarse y eso daría lugar a la resaca mental, por ende si alguno de esos monstruos llegaba a toparse conmigo al salir de la habitación pudiera haber notado la expresión en mi rostro, así que traté de calmarme y tomarme mi tiempo idealizando la manera perfecta para parecer lo más natural posible, algo que me costaría demasiado. Eso había sido una manera inteligente de pensar, o por lo menos para mí sí lo había sido. Ahora el problema era si alguno de ellos intentaba entrar al cuarto en el que estaba. ¿Cómo podría reaccionar yo a semejante situación? Era algo inaudito. Esa fue una enorme contradicción en esa estrategia liosa que se me ocurrió. Dios mío, santa virgen y la puta madre que lo parió, con acordarme nada más de esa situación ahora estoy a punto de orinarme encima de los pantalones. Me da vergüenza necesitar más de dos manos para ir al lavabo. Es indignación, remordimiento, ira, todos los sentimientos juntos que se me cruzan en este momento, simbolizando el intento fracasado en el que habría podido vengarme de ellos. Si tan solo estaba a unos pasos……Bueno, no importa. –Armando agachaba la cabeza lamentado, y avergonzado por alguna acción inapropiada, algo que supuestamente contaría en cualquier momento, lo que le dejó en tal situación. –
Esto es algo, magnífico. Estar acá con todos mis seres queridos, rodeado de amor, comprensión y absoluta compasión. Y todavía poder estar agradecido de que sigo con vida en este lugar, en esta mesa, en este país, mundo, lo que fuese. Se darán cuenta de que estoy excusándome al desviar superfluamente el tema de conversación, para que sepan lo horrible que es meterme de vuelta en la piel del tiempo pasado. Pero igual, sé que por más que intente cambiar de tema sin necesidad, al final voy a tener que terminar contándolo todo. No puedo dejar a todos mis seres queridos en pleno suspenso, jeje. –Armando profería una risa tímida, típica de un introvertido social. Algo rara en su persona. –
Bueno, volvamos a donde estaba. En el momento en que me encuentro en esa habitación, rodeado de esas cosas que se asemejaban más a un torso artificial vulgarmente maquillado, casi como un payaso, más que un ser humano. Si tan solo supiesen como estaban maquillados. Esos torsos vivientes. Me daba espanto, ya que ya no podía pedir ayuda, me siento un cobarde por decir esto y lo sé pero, ¿Acaso tenían vida? ¿Ya a eso se le podía llamar vida? ¡No, dios! ¡Eso no era vida, por la santa virgen! Eso era una abominación a la naturaleza, perdónenme por decir esto porque ya sé que son seres humanos, y yo, yo, que soy una persona totalmente seria y saben el correr de mis rumores de que yo nunca me asusto de nada y que soy muy valiente. Como todos de ustedes, tengo sentimientos. Pero quiero que se imaginen, tan solo por un segundo esto. Al ver a una mujer con los brazos y piernas amputadas, rodeados todos en una fila, acosándote con esos cuerpos de rasgos y características horripilantes, con un kilo de base en los pómulos y en las mejillas, hasta la frente o las orejas, todos cubriendo totalmente su rostro. Sus caras estaban pintadas tal como si fueran unas muñecas de porcelana, que eran lo que esos seres querían pretender que fueran, unas simples muñecas artificiales. Sus labios, pincelados por un lápiz labial de rojo vivo, y que se extendía hasta por encima de las comisuras de los labios, llegando esta hasta la base de las mejillas. Todo hecho con una exigente y enfermiza dedicación.
Si ya esos flashbacks imaginarios están pasando por su mente, tan solo me queda preguntarles algo. ¿Qué feo, no es así? Bueno, la única diferencia entre ustedes y yo, fue que yo lo viví en la vida real.
Bueno, ya no quedándome otra alternativa que volver a mi secuencia natural donde relataba tan horripilante y trágica secuencia, me veía abordado a esperar para que mi espanto abandonara. Tenía miedo de que viniera uno de sus clientes macabros a observar el cuarto para una de sus posteriores compras de muñecas. Esperé, y esperé, y esperé. Creo que pasaron 10 minutos, por lo que durante todo ese transcurso de tiempo solamente mis nervios aumentaban más y más, estaba asegurado y trataba de mantener un firme optimismo para confirmar la victoria de mi estrategia, y poder salir calmado y abordado más adelante. Yo creía como bien una firme reacción que nos produce algo permanente y desagradable que estamos abordando, y después de un largo tiempo ya no nos genera nada más. Eso es el acostumbramiento, señores. Yo creía que con el paso de tiempo esa atmósfera traumática que rodeaba mi cuerpo de pie se me pasaría en un par de minutos, mis músculos dejarían de tensarse y de estar contraídos, y que por fin mi mente se relajara y tomara una auténtica calma. Era algo macabro lo que estaba pensando, pero podría dar sus frutos si se requería el suficiente convencimiento. A lo primero, solamente mi vista se concentraba en los muñones infectados de esas pobres criaturas, luego me fijé en su apariencia, sus rasgos faciales, por lo que comprendí que su edad podría ir desde unos trece o catorce años, hasta la edad que se sellaba a etapas muy posteriores, como la tercera edad, es decir, unos cincuenta años. Arias, de piel morena, occidentales, asiáticas, todas se encontraban allí. Desde las más delgadas hasta señoras con severos problemas de obesidad, ellos no discriminaban. De repente escucho un chirrido detrás de mí, como una barra de metal rechinando, Era el picaporte de la puerta, y se estaba abriendo.
Hijo de puta.- Había pensado. Manolo no me había tenido en cuenta de ese tipo de precauciones, y yo menos me había avivado aún. Era una emboscada. Eso fue lo que pensé en ese instante, porque él quería tenerme al tanto de que tan inteligente sería para apañármelas a mi manera seguramente. ¿Y si el cajero lo había hecho a propósito?
Había tratado de ser lo más disimulado posible, y al parecer actué bastante bien.
Eran 2 hombres de avanzada edad, yo diría de unos 35 a 40 años. Solteros, al parecer, necesitados de un poco de diversión se podría decir. Se notaba en sus rostros, y sus profundos deseos interiores, que no necesitaban ningún tipo de afecto en general. Cuando entraron se veía su cara de fascinación aún sin haberlos mirado, pero lo podía sentir en ese cuarto y no era ninguna superstición, era más bien un poco de psicología más que nada. No pensaba voltearme ni por la mayor estupidez que se pudiera cometer involuntariamente. Cuando habían abierto la puerta por completo y pudieron visualizar el interior, yo mientras dicho proceso se realizaba, por fortuna lentamente, corrí hasta un rincón de la habitación y me puse con la mirada fija hacia abajo simulando estar viendo los cuerpos que se alojaban en esa área, optando por una postura en la que no se pudiese ver la parte delantera de mi cuerpo, dejando la cara cubierta casi por completo. Así esos dos individuos no pudieran verme por completo, y al tomar una posición demasiado concentrada, casi como si estuviera aislado, sabía que iba a mostrar un tono de intimidación, y que, por más que quisieran, no podrían tomarse la molestia en molestarme ya que yo iba representar cierto tono de incomodidad, uno no se podría dar a la mente como iba a ser mi reacción. Y si me llegaban a hablar era mucho más simple, no iba a responder. Podrían replicar en unas pocas probabilidades con cierto grado de violencia a causa de mi incómodo silencio, pero ninguno iba a ser tan valiente como para dar vuelta mi cuerpo voluntariamente. Por si las dudas tenía la mayor trampa de todas preparadas, y era la expresión de mis ojos. Totalmente faltos de sentido común, en blanco, nublados, inconscientes. Quería dar el aspecto de un lunático para que me dejaran en paz y poder ingeniármelas cuando estos se fueran, para salir de ahí lo más rápido posible. Vieron que fácil podría ser haber salido y que complejo yo torné la situación, pero me gusta jugar a veces con la inteligencia y soy un tanto preciso en las ideas que rondan por mi cabeza. Es como un trastorno obsesivo compulsivo que me impide ser imperfecto, lo quiero todo preciso y al pie de la letra, siempre para aumentar mi orgullo y salir victorioso en todo. Igual es algo contradictorio lo que digo porque en realidad lo que quiero es ser una especie de prototipo perfecto de hombre. Cualquiera podría haber sido lo suficiente estúpido para salir de ese lugar impulsivamente, pero yo elegí por archivar las frases que escuché en mi mente los días anteriores. “Ellos tienen mucha más información de la que tú conoces, y mucho más de la gente que no tienen nada que ver con ellos”. Así que si, se podría salir de manera tranquila de ella, pero al tocar por la puerta principal, la gente de ese ámbito puede darse cuenta de la abundancia de vinagre en el plato de ensalada, y mucho más ese tipo de personas que viven rodeados en un mundo de sospechas y discreción, por la abundancia de peligro que te ofrecen esos trabajos. Por lo que eso quiere decir, fácil, que estás muerto. También podía haber hecho algo más fácil y me convenía, pero a veces lo que más le conviene a una persona es el pensamiento tan predecible que tienen muchas tantas personas como vos, y por eso en esa ocasión tan importante dejé de querer seguir mi instinto e hice todo lo contrario, algo impredecible y realista como esa situación misma.
Me encontraba todavía de espaldas ante ellos, y aunque yo me encontraba volteado contra ellos por el rabillo del ojo pude ver que uno se acercó hacia mi lado y se encontraba viendo las muñecas en el lado hacia el que estaba mirando, tenía pelo largo y rubio, liso como el de una mujer, de hecho yo creí haber pensado que era una mujer de no ser porque habría escuchado su voz. Tenía lentes y una remera negra con un estampado que parecía de una banda que implicaba en letras medio inteligible que rezaba “Rompeprop”, si mal no recuerdo. El nombre era algo gracioso al decir verdad, y llevaba un estampado que era la foto de un hombre en el que se veía nada más su mano, simulando el acto de agarrar su propio pene (Pero en realidad era uno de goma), y también simular el asqueroso hecho de que lo que salía de su pene de goma era esa tan conocida y viscosa sustancia, había ido a parar a un plato de cereales de maíz, y a pesar de lo nervioso que estaba se me vino a la mente una secuencia un tanto graciosa que me provocaba estallarme de la risa, lo cual no hice.
“-Eh, viejo, se me está haciendo tarde para ir al colegio y no me va a dar tiempo para hacer el desayuno porque estoy muy ocupado, ¿Me lo podrías hacer vos por hoy nada más?
-Sí, maestro, ¿Qué es lo que te gustaría desayunar?
-Cereales y leche.
-Buenísimo, lo que estaba pensando. –Decía mientras se sonreía agarrando el copo de cereales, el paquete y se reía yendo hacia el baño.
-Che, papá. Para qué mierda vas a ir al baño con los ce…….”
Sí, sin duda alguna estoy enfermo como para reírme de algo así, pensé mientras no podía creer lo que había estado imaginando hace unos instantes ¿Acaso era que me estaba volviendo loco? ¿Cómo mierda podía haberme vuelto loco en tan solo 10 putos minutos, o menos? Solamente había entrado y visto un par de……muñecas.
Las voces de los 2 muchachos que estaban en la misma habitación habían interrumpido sus pensamientos en tan solo un instante.
-Qué linda golfa, Javi. –Exclamó el colega del tipo de pelo largo, que al parecer ya sabía su nombre, si es que eso no era ningún camuflaje (Seguro lo era).
-Y te digo. Mira esto. –Indicó el tipo de la remera negra mientras señalaba a una de las muñecas vivientes que estaban apiladas contra la pared con su dedo índice, y luego la levantaba. –Qué tía más buena, mira sus muslos, y su culo. –Sin apenas decir “Ah” su lengua se zambulló por completo resfregándose la lengua contra las nalgas de la inválida mujer, mientras luego la pasaba por el agujero del ano y la mucosa de alrededor, color oscuro, fue tan asqueroso. Para algunos será de lo más normal, pero como él lo hizo les juro que me provocó repulsión.
¿Cómo podía estar viendo eso de tan perfecta manera con el rabillo de su ojo? Fue ahí cuando se dio cuenta de que no estaba viendo eso con el rabillo de su ojo, no había podido resistir y me había volteado, fue un impulso de un momento, pero solamente ese momento me costó y muy caro, porque “Javi” se había percatado de que yo lo estaba mirando, y es más, un tipo que denotaba frialdad calculación en su personalidad me miró de arriba para abajo y vio en la parte delantera de mi frente algo que yo no podía ver con claridad, y me preguntaba y me ponía más nervioso todavía porque verga era que me estaba mirando tanto en….y ya lo había comprendido. Había fallado, a pesar de todos mis esfuerzos por mantener la compostura bien fingida. Él, estaba mirando la gota de sudor que se escurría desde mi cabellera hacia los ojos, y no solo eso, porque no hacía falta deducir que era por los nervios, pero el sí lo dedujo, e inmediatamente, claro.
Después de ese momento el hijo de puta de Javi me empezó a mirar de reojo, de mala gana. Como con modo sobrador y de un racista soberbio a la vez, una buena combinación. Seguido de eso da un par de pasos hacia mi lado y empieza a mirar mi ropa, desde mis zapatos hasta la corbata que llevaba bien ajustada a la camisa y traje. Fue ahí cuando me di cuenta al verlo a Javi vestido de que no debía de haber ido de traje y corbata, pero yo pensé que la gente que recurría a ese tipo de lugares eran gente que quería cometer tal discreción, que les parecería bien ir vestidos así. Igualmente exageraste un poco, pelotudo. Seguía mirándome, y puedo asegurar que ya me estaba cansando. ¿Por qué no me das un beso ya que me mirás tanto, hijo de re mil puta? Como cualquiera se pudiese imaginar, yo estaba enojado por dentro, pero por fuera, muy, muy asustado de pies a cabeza diciéndolo vulgarmente.
CONTINUARÁ...
Bueno, chicos, hasta acá es donde estoy escribiendo últimamente, y es lo que me costó tanto elaborar en cuanto pegarme a la psicología de los personajes, elaborar todo tipo de situaciones y esas cosas, quería plasmarlo todo del modo más realista posible. Fue algo divertido poder estar trabajando en esto, y espero que ustedes lo disfruten tanto como lo disfruté yo, eso sí, no quiero mentes sensibles en este post
, saludos.
Cuando finalmente llegué hasta la puta puerta me puse a ver el cartel que estaba colgado en el centro de la puerta. Decía con letras mayúsculas lo siguiente “Horario laboral: Lunes a Jueves 17 pm a 3 am.”, y yo me encontraba en un sábado por la tarde, por lo que dije: Bueno, entonces me salvé. Voy a poder perder los nervios y ya tengo una excusa para volver, gracias a dios. Ojalá no hubiese alcanzado a ver la parte de abajo, que estaba a punto de ignorarla, pero tuve la maldita osadía de verla. Esa tan perra, tan desgraciada frase, que decía “Igualmente a nuestros queridos clientes, si nos encontramos fuera de jornada de trabajo pueden pasar cuidadosamente a mirar a sus mascotas.” Parecía que en ese lugar de mierda ellos no querían que me fuese, por un motivo u otro querían que me quedara mirando sus obscenidades.
¿Mascotas? Pregunté. Yo no estaba ahí para mascotas. Yo estaba ahí para la puta droga. Ahí entendí erróneamente que podría haber sido algún seudónimo en clave que se le ponía a todos los cuartos, para si en algún caso llegaba a ir algún chivato, pero igual me incomodaba bastante eso sabiendo que era un lugar de música, y mucho más por lo que me dijo Felipe.
Mientras que vacilaba mirando al marco de la puerta, varios sujetos salieron por el resto de las habitaciones, con mirada y gesto de satisfacción, y luego me miraron, pensando porque carajo me quedaba mirando a esa puerta, como si me fuera a deparar un paraíso. Allí fue cuando captaron mi temor y sintieron que era la primera vez que yo iba a entrar ahí: “Buena suerte, tío”. Fue lo que me habían dicho, con una gran sonrisa en sus rostros, pero a diferencia de la sonrisa del cajero estas no eran irónicas. Entonces salieron riendo con inmensas carcajadas hacia arriba y me quede solo otra vez.
Abrí la puerta, tenía los ojos fijamente entrecerrados y palpé con las palmas de mis manos el picaporte, con temor. Ya está, lo tenía ahí en mis manos, ese picaporte redondo que tanto me atemorizaba. “¡Vamos mierda, yo sé que puedes!”, me decía a mí mismo. La cerradura no impuso resistencia ni el picaporte, se abrió sin dificultad alguna. Empecé a abrir los ojos y me sonó raro lo que podía contemplar, enfrente de mi vista tenía otra puerta exactamente igual, entre esta y la que tenía frente a mis ojos había nada menos que 1 metro de distancia aproximadamente, era como un pequeño vestíbulo. Al ver la puerta suspiré con alivio pero mi desesperación se hacía más grande, quería que todo terminara de una vez por todas, agarrar lo que quería e irme a mi puta casa de una vez por todas. Otra vez a tantear la puerta de mierda, el picaporte, ojos cerrados, sudor por la frente. La abrí, sincronizando con el movimiento del abrir de mis ojos, y me encontré esta vez con una habitación a oscuras pero que en realidad era el lugar donde supuestamente tenía que visitar, así que de vuelta a palpitar el objeto misterioso con las palmas de mis manos. Parecía que el interruptor de la luz no se encontraba en ese plano de la superficie que yo estaba buscando, así que suspire por un momento y me decidí a entrar dispuesto a golpearme con lo que se me cruzara en el camino, ya que no veía nada, era una oscuridad total. “Ya está”, dije. Y encendí el interruptor, la satisfacción momentánea se esfumó tan rápido como una piedra ligera desaparece al adentrarse en un charco de agua profundo. Fue horrible, feo y horrible.
Cuerpos, cuerpos desmembrados por doquier. Torsos humanos sin piernas ni brazos, y todos pertenecían al género femenino. Eran horripilantes. Se encontraban todos ordenados y apoyados entre sí correctamente apilados, como si fueran objetos, y no un cuerpo en sí. Estaban apoyados en toda el área del cuarto, es decir las cuatro paredes, no había ni un hueco solo que no estuviera ocupado. Estaba aterrorizado, no lo podía creer. Mis sentidos agudizaban gravemente indicándome que escapara lo más lejos posible de ese lugar, a la misma vez diciéndome que me quedara. Al no saber qué hacer, me encontraba petrificado allí mismo, era lo más increíble y extravagante que un ser humano como yo pudiese haber presenciado jamás. No sabía si ausentarme hacia otro mundo escondido de mi mente, o permanecer aconteciendo la triste realidad.
No podía escapar de allí, ni siquiera intentando pasar por desapercibido como alguno más de ellos, el momento del shock tardaría en despejarse y eso daría lugar a la resaca mental, por ende si alguno de esos monstruos llegaba a toparse conmigo al salir de la habitación pudiera haber notado la expresión en mi rostro, así que traté de calmarme y tomarme mi tiempo idealizando la manera perfecta para parecer lo más natural posible, algo que me costaría demasiado. Eso había sido una manera inteligente de pensar, o por lo menos para mí sí lo había sido. Ahora el problema era si alguno de ellos intentaba entrar al cuarto en el que estaba. ¿Cómo podría reaccionar yo a semejante situación? Era algo inaudito. Esa fue una enorme contradicción en esa estrategia liosa que se me ocurrió. Dios mío, santa virgen y la puta madre que lo parió, con acordarme nada más de esa situación ahora estoy a punto de orinarme encima de los pantalones. Me da vergüenza necesitar más de dos manos para ir al lavabo. Es indignación, remordimiento, ira, todos los sentimientos juntos que se me cruzan en este momento, simbolizando el intento fracasado en el que habría podido vengarme de ellos. Si tan solo estaba a unos pasos……Bueno, no importa. –Armando agachaba la cabeza lamentado, y avergonzado por alguna acción inapropiada, algo que supuestamente contaría en cualquier momento, lo que le dejó en tal situación. –
Esto es algo, magnífico. Estar acá con todos mis seres queridos, rodeado de amor, comprensión y absoluta compasión. Y todavía poder estar agradecido de que sigo con vida en este lugar, en esta mesa, en este país, mundo, lo que fuese. Se darán cuenta de que estoy excusándome al desviar superfluamente el tema de conversación, para que sepan lo horrible que es meterme de vuelta en la piel del tiempo pasado. Pero igual, sé que por más que intente cambiar de tema sin necesidad, al final voy a tener que terminar contándolo todo. No puedo dejar a todos mis seres queridos en pleno suspenso, jeje. –Armando profería una risa tímida, típica de un introvertido social. Algo rara en su persona. –
Bueno, volvamos a donde estaba. En el momento en que me encuentro en esa habitación, rodeado de esas cosas que se asemejaban más a un torso artificial vulgarmente maquillado, casi como un payaso, más que un ser humano. Si tan solo supiesen como estaban maquillados. Esos torsos vivientes. Me daba espanto, ya que ya no podía pedir ayuda, me siento un cobarde por decir esto y lo sé pero, ¿Acaso tenían vida? ¿Ya a eso se le podía llamar vida? ¡No, dios! ¡Eso no era vida, por la santa virgen! Eso era una abominación a la naturaleza, perdónenme por decir esto porque ya sé que son seres humanos, y yo, yo, que soy una persona totalmente seria y saben el correr de mis rumores de que yo nunca me asusto de nada y que soy muy valiente. Como todos de ustedes, tengo sentimientos. Pero quiero que se imaginen, tan solo por un segundo esto. Al ver a una mujer con los brazos y piernas amputadas, rodeados todos en una fila, acosándote con esos cuerpos de rasgos y características horripilantes, con un kilo de base en los pómulos y en las mejillas, hasta la frente o las orejas, todos cubriendo totalmente su rostro. Sus caras estaban pintadas tal como si fueran unas muñecas de porcelana, que eran lo que esos seres querían pretender que fueran, unas simples muñecas artificiales. Sus labios, pincelados por un lápiz labial de rojo vivo, y que se extendía hasta por encima de las comisuras de los labios, llegando esta hasta la base de las mejillas. Todo hecho con una exigente y enfermiza dedicación.
Si ya esos flashbacks imaginarios están pasando por su mente, tan solo me queda preguntarles algo. ¿Qué feo, no es así? Bueno, la única diferencia entre ustedes y yo, fue que yo lo viví en la vida real.
Bueno, ya no quedándome otra alternativa que volver a mi secuencia natural donde relataba tan horripilante y trágica secuencia, me veía abordado a esperar para que mi espanto abandonara. Tenía miedo de que viniera uno de sus clientes macabros a observar el cuarto para una de sus posteriores compras de muñecas. Esperé, y esperé, y esperé. Creo que pasaron 10 minutos, por lo que durante todo ese transcurso de tiempo solamente mis nervios aumentaban más y más, estaba asegurado y trataba de mantener un firme optimismo para confirmar la victoria de mi estrategia, y poder salir calmado y abordado más adelante. Yo creía como bien una firme reacción que nos produce algo permanente y desagradable que estamos abordando, y después de un largo tiempo ya no nos genera nada más. Eso es el acostumbramiento, señores. Yo creía que con el paso de tiempo esa atmósfera traumática que rodeaba mi cuerpo de pie se me pasaría en un par de minutos, mis músculos dejarían de tensarse y de estar contraídos, y que por fin mi mente se relajara y tomara una auténtica calma. Era algo macabro lo que estaba pensando, pero podría dar sus frutos si se requería el suficiente convencimiento. A lo primero, solamente mi vista se concentraba en los muñones infectados de esas pobres criaturas, luego me fijé en su apariencia, sus rasgos faciales, por lo que comprendí que su edad podría ir desde unos trece o catorce años, hasta la edad que se sellaba a etapas muy posteriores, como la tercera edad, es decir, unos cincuenta años. Arias, de piel morena, occidentales, asiáticas, todas se encontraban allí. Desde las más delgadas hasta señoras con severos problemas de obesidad, ellos no discriminaban. De repente escucho un chirrido detrás de mí, como una barra de metal rechinando, Era el picaporte de la puerta, y se estaba abriendo.
Hijo de puta.- Había pensado. Manolo no me había tenido en cuenta de ese tipo de precauciones, y yo menos me había avivado aún. Era una emboscada. Eso fue lo que pensé en ese instante, porque él quería tenerme al tanto de que tan inteligente sería para apañármelas a mi manera seguramente. ¿Y si el cajero lo había hecho a propósito?
Había tratado de ser lo más disimulado posible, y al parecer actué bastante bien.
Eran 2 hombres de avanzada edad, yo diría de unos 35 a 40 años. Solteros, al parecer, necesitados de un poco de diversión se podría decir. Se notaba en sus rostros, y sus profundos deseos interiores, que no necesitaban ningún tipo de afecto en general. Cuando entraron se veía su cara de fascinación aún sin haberlos mirado, pero lo podía sentir en ese cuarto y no era ninguna superstición, era más bien un poco de psicología más que nada. No pensaba voltearme ni por la mayor estupidez que se pudiera cometer involuntariamente. Cuando habían abierto la puerta por completo y pudieron visualizar el interior, yo mientras dicho proceso se realizaba, por fortuna lentamente, corrí hasta un rincón de la habitación y me puse con la mirada fija hacia abajo simulando estar viendo los cuerpos que se alojaban en esa área, optando por una postura en la que no se pudiese ver la parte delantera de mi cuerpo, dejando la cara cubierta casi por completo. Así esos dos individuos no pudieran verme por completo, y al tomar una posición demasiado concentrada, casi como si estuviera aislado, sabía que iba a mostrar un tono de intimidación, y que, por más que quisieran, no podrían tomarse la molestia en molestarme ya que yo iba representar cierto tono de incomodidad, uno no se podría dar a la mente como iba a ser mi reacción. Y si me llegaban a hablar era mucho más simple, no iba a responder. Podrían replicar en unas pocas probabilidades con cierto grado de violencia a causa de mi incómodo silencio, pero ninguno iba a ser tan valiente como para dar vuelta mi cuerpo voluntariamente. Por si las dudas tenía la mayor trampa de todas preparadas, y era la expresión de mis ojos. Totalmente faltos de sentido común, en blanco, nublados, inconscientes. Quería dar el aspecto de un lunático para que me dejaran en paz y poder ingeniármelas cuando estos se fueran, para salir de ahí lo más rápido posible. Vieron que fácil podría ser haber salido y que complejo yo torné la situación, pero me gusta jugar a veces con la inteligencia y soy un tanto preciso en las ideas que rondan por mi cabeza. Es como un trastorno obsesivo compulsivo que me impide ser imperfecto, lo quiero todo preciso y al pie de la letra, siempre para aumentar mi orgullo y salir victorioso en todo. Igual es algo contradictorio lo que digo porque en realidad lo que quiero es ser una especie de prototipo perfecto de hombre. Cualquiera podría haber sido lo suficiente estúpido para salir de ese lugar impulsivamente, pero yo elegí por archivar las frases que escuché en mi mente los días anteriores. “Ellos tienen mucha más información de la que tú conoces, y mucho más de la gente que no tienen nada que ver con ellos”. Así que si, se podría salir de manera tranquila de ella, pero al tocar por la puerta principal, la gente de ese ámbito puede darse cuenta de la abundancia de vinagre en el plato de ensalada, y mucho más ese tipo de personas que viven rodeados en un mundo de sospechas y discreción, por la abundancia de peligro que te ofrecen esos trabajos. Por lo que eso quiere decir, fácil, que estás muerto. También podía haber hecho algo más fácil y me convenía, pero a veces lo que más le conviene a una persona es el pensamiento tan predecible que tienen muchas tantas personas como vos, y por eso en esa ocasión tan importante dejé de querer seguir mi instinto e hice todo lo contrario, algo impredecible y realista como esa situación misma.
Me encontraba todavía de espaldas ante ellos, y aunque yo me encontraba volteado contra ellos por el rabillo del ojo pude ver que uno se acercó hacia mi lado y se encontraba viendo las muñecas en el lado hacia el que estaba mirando, tenía pelo largo y rubio, liso como el de una mujer, de hecho yo creí haber pensado que era una mujer de no ser porque habría escuchado su voz. Tenía lentes y una remera negra con un estampado que parecía de una banda que implicaba en letras medio inteligible que rezaba “Rompeprop”, si mal no recuerdo. El nombre era algo gracioso al decir verdad, y llevaba un estampado que era la foto de un hombre en el que se veía nada más su mano, simulando el acto de agarrar su propio pene (Pero en realidad era uno de goma), y también simular el asqueroso hecho de que lo que salía de su pene de goma era esa tan conocida y viscosa sustancia, había ido a parar a un plato de cereales de maíz, y a pesar de lo nervioso que estaba se me vino a la mente una secuencia un tanto graciosa que me provocaba estallarme de la risa, lo cual no hice.
“-Eh, viejo, se me está haciendo tarde para ir al colegio y no me va a dar tiempo para hacer el desayuno porque estoy muy ocupado, ¿Me lo podrías hacer vos por hoy nada más?
-Sí, maestro, ¿Qué es lo que te gustaría desayunar?
-Cereales y leche.
-Buenísimo, lo que estaba pensando. –Decía mientras se sonreía agarrando el copo de cereales, el paquete y se reía yendo hacia el baño.
-Che, papá. Para qué mierda vas a ir al baño con los ce…….”
Sí, sin duda alguna estoy enfermo como para reírme de algo así, pensé mientras no podía creer lo que había estado imaginando hace unos instantes ¿Acaso era que me estaba volviendo loco? ¿Cómo mierda podía haberme vuelto loco en tan solo 10 putos minutos, o menos? Solamente había entrado y visto un par de……muñecas.
Las voces de los 2 muchachos que estaban en la misma habitación habían interrumpido sus pensamientos en tan solo un instante.
-Qué linda golfa, Javi. –Exclamó el colega del tipo de pelo largo, que al parecer ya sabía su nombre, si es que eso no era ningún camuflaje (Seguro lo era).
-Y te digo. Mira esto. –Indicó el tipo de la remera negra mientras señalaba a una de las muñecas vivientes que estaban apiladas contra la pared con su dedo índice, y luego la levantaba. –Qué tía más buena, mira sus muslos, y su culo. –Sin apenas decir “Ah” su lengua se zambulló por completo resfregándose la lengua contra las nalgas de la inválida mujer, mientras luego la pasaba por el agujero del ano y la mucosa de alrededor, color oscuro, fue tan asqueroso. Para algunos será de lo más normal, pero como él lo hizo les juro que me provocó repulsión.
¿Cómo podía estar viendo eso de tan perfecta manera con el rabillo de su ojo? Fue ahí cuando se dio cuenta de que no estaba viendo eso con el rabillo de su ojo, no había podido resistir y me había volteado, fue un impulso de un momento, pero solamente ese momento me costó y muy caro, porque “Javi” se había percatado de que yo lo estaba mirando, y es más, un tipo que denotaba frialdad calculación en su personalidad me miró de arriba para abajo y vio en la parte delantera de mi frente algo que yo no podía ver con claridad, y me preguntaba y me ponía más nervioso todavía porque verga era que me estaba mirando tanto en….y ya lo había comprendido. Había fallado, a pesar de todos mis esfuerzos por mantener la compostura bien fingida. Él, estaba mirando la gota de sudor que se escurría desde mi cabellera hacia los ojos, y no solo eso, porque no hacía falta deducir que era por los nervios, pero el sí lo dedujo, e inmediatamente, claro.
Después de ese momento el hijo de puta de Javi me empezó a mirar de reojo, de mala gana. Como con modo sobrador y de un racista soberbio a la vez, una buena combinación. Seguido de eso da un par de pasos hacia mi lado y empieza a mirar mi ropa, desde mis zapatos hasta la corbata que llevaba bien ajustada a la camisa y traje. Fue ahí cuando me di cuenta al verlo a Javi vestido de que no debía de haber ido de traje y corbata, pero yo pensé que la gente que recurría a ese tipo de lugares eran gente que quería cometer tal discreción, que les parecería bien ir vestidos así. Igualmente exageraste un poco, pelotudo. Seguía mirándome, y puedo asegurar que ya me estaba cansando. ¿Por qué no me das un beso ya que me mirás tanto, hijo de re mil puta? Como cualquiera se pudiese imaginar, yo estaba enojado por dentro, pero por fuera, muy, muy asustado de pies a cabeza diciéndolo vulgarmente.
CONTINUARÁ...
Bueno, chicos, hasta acá es donde estoy escribiendo últimamente, y es lo que me costó tanto elaborar en cuanto pegarme a la psicología de los personajes, elaborar todo tipo de situaciones y esas cosas, quería plasmarlo todo del modo más realista posible. Fue algo divertido poder estar trabajando en esto, y espero que ustedes lo disfruten tanto como lo disfruté yo, eso sí, no quiero mentes sensibles en este post
, saludos.