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El soldadito de plomo, cascanueces y otros cuentos para ver

resumen

Atención:

·El Argumento de la historia NO es el mismo que del vídeo.
·Hay distintas versiones de las historias.
·La historia de Barba Azul esta en una Versión Infantil.


cuentos

Cascanueces

historias




cuentos cortos

Argumento:

El relato comienza en una celebración de Nochebuena, en casa de Stahlbaum, el médico de provincia, los niños Fritz y Clara están fascinados con los regalos colocados en el árbol de Navidad. Su padrino, el magistrado Drosselmeier, singular anciano muy hábil en mecánica, les regaló un castillo de juguete cuyos habitantes bailan al compás de una caja de música. De pronto, Clara descubre entre los demás juguetes un muñeco de expresión dulce y bondadosa, cuya función es partir nueces con la boca, y se prenda de él.
Al terminar la fiesta todos se van a dormir, pero Clara entra en el cuarto de los juguetes y ve cómo éstos han cobrado vida y, dirigidos por el Cascanueces, están en plena batalla contra un ejército de ratones guiado por su rey. Luego de un gran susto, Clara se involucra también en esta guerra y se pone a favor de Cascanueces.
De repente la niña rompe sin querer la vitrina de los juguetes y se hiere. Pierde el conocimiento y; mientras está en cama, el viejo Drosselmeier le cuenta la historia de la princesa Pirlipat, que fue embrujada por la señora Ratona para vengarse de la reina por no haberla dejado comer todo el tocino. Sólo puede salvar a la princesita un joven capaz de romper con los dientes una durísima nuez. Quince años después la princesa es curada, pero el curador es convertido en un ser deforme igual al Cascanueces y la princesa se rehúsa a casarse con él.
Clara se cura de sus heridas y continúan los combates nocturnos en el cuarto de los juguetes. Para aplacar el hambre del rey de los ratones, o de la ahora difunta señora Ratona, y salvar a Cascanueces, Clara le ofrece sus dulces preferidos y sus muñecos de azúcar. Finalmente, un día se da cuenta de que el salvador de la princesa Pirlipat es el sobrino de su padrino Drosselmeier, convertido por obra de magia en el Cascanueces. Clara está convencida de la ingratitud de Pirlipat por negarse a desposar a su salvador.
Una tarde, en casa del padrino, Clara se hace pequeñita, cae de su silla y encuentra un muñeco muy bien hecho: es el bello Cascanueces. Éste le pide casarse con él y reinar juntos en el palacio de mazapán. Ella lo acepta y, según dicen, al cabo de un año, llegó a buscarla en un carruaje de oro tirado por caballos de plata. Las bodas fueron muy rumbosas y Clara fue reina de un país donde sólo se ven bosques de árboles navideños, transparentes palacios de mazapán y toda clase de cosas asombrosas.


cuentos infantiles

El Soldadito de Plomo

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Parte 1




Parte 2




Parte 3




cascanueces

Argumento:

Había una vez veinticinco soldados de plomo con un bonito uniforme azul y rojo y un fusil al hombro. Vivían metidos en una caja de madera y se aburrían un poco. Un día oyeron una voz de niño que decía:
- ¡Hala! ¡Soldados de plomo!
Era la voz de Carlos, quien había recibido los soldados como regalo de Navidad. Enseguida los sacó de la caja. Todos eran exactamente iguales menos uno, que, aunque sólo tenía una pierna, se mantenía firme como los demás.
A su lado también había más regalos, pero muy pronto el soldado de plomo se fijó en una bailarina que levantaba con gracia un pie para dar a entender que estaba bailando.
"También le falta una pierna, como a mi. Es la mujer que me conviene - pensó el soldadito de plomo -. La quiero conocer, ¡es tan guapa!"
El soldadito estaba detrás de una caja sorpresa desde donde podía contemplar a la bailarina. Al llegar la noche, Carlos guardó todos los soldaditos excepto a él, porque no lo vio. Y, aprovechando que toda la familia dormía, los juguetes empezaron a divertirse.
De la caja sorpresa salió un muñeco verde que, al ver al soldado mirar a la bailarina, le dijo:
- Soldadito de plomo, ¿por qué en vez de mirar a la bailarina no miras el tipo que tienes?
Pero el soldadito no hizo caso y siguió mirando a la bailarina.
- Bueno, bueno, ya verás mañana - dijo el malvado muñeco.
Al día siguiente Carlos puso el soldadito en la ventana. No se sabe bien si por el viento o porque el muñeco de la caja- sorpresa cerró la ventana, el soldadito cayó a la calle.
- Mira, un soldado de plomo - dijo un niño que pasaba por la calle.
- Le haremos navegar - dijo su amigo -. Le meteremos en una barca.
Y dicho esto, hicieron un barquito de papel en el que metieron al soldado, luego empujaron el barco y el soldadito se alejó por las aguas de un arroyo que se había formado por la lluvia.
"¡Dios mío! ¿Adónde iré a parar? - pensaba el soldadito -. La culpa de todo la tiene el muñeco verde de la caja sorpresa. Estoy seguro de que si estuviera a mi lado la hermosa bailarina no me importaría estar aquí."
El barco cada vez tenía más agua y se hundía más, porque era de papel. Al final le cubrió la cabeza al soldadito. Pensó que sería su final y sólo se acordaba de la bella bailarina que tampoco tiempo pudo ver. Creía haberla perdido para siempre. Poco poco, se fue hundiendo hasta el fondo del arroyo. Allí se lo tragó un gran pez que pasaba en ese momento.
Durante un largo tiempo, se quedó a oscuras y en silencio. No sabía donde estaba, aunque tenía la esperanza de que alguien pescase el pez y lo rescataran. Estaba dormido cuando de pronto oyó una voz que le sonaba familiar:
- ¡Oh, mirad quién está aquí! ¡Es mi soldadito de plomo!
Era la voz de Carlos. El soldadito no se lo podía creer. ¿Cómo habría llegado hasta allí? La cocinera de Carlos había comprado el pez a un pescador.
Enseguida el soldado se dio cuenta de que estaban sus amigos y su querida bailarina. Su fortuna no duró mucho tiempo, ya que una ráfaga de viento hizo caer de nuevo al soldadito, esta vez a la chimenea, mientras se derretía, vio a su lado a su querida bailarina, que debió caer con él.
Nada más se supo del soldado y de la bailarina. Al limpiar la chimenea a la mañana siguiente, se encontraron un corazón de plomo y una rosa de lentejuelas. Era la señal de amor que había quedado entre el soldado y la bailarina.

Barba Azul

El Flautista de Hamelin

el marinero




simbat

Argumento:

Hamelín era una localidad tranquila y hospitalaria, con un alcalde que pasaba el día contando sus bienes y riquezas, olvidando sus tareas de la comunidad. Pero una tarde su gente sufriría un ataque de espanto.
Cientos de animales de ratones habían invadido las calles y casas de la cuidad, causando pavor entre la población. Atormentados por la terrible plaga, la gente se acercó en masa hasta el local municipal en son de protesta, obligando a que el alcalde olvide por un rato la manía de contar las monedas de oro. Fue el pregonero del municipio quien leyó el dispositivo que buscaba frenar la plaga roedora, el mismo que decía: “Se dará una jugosa recompensa a la persona que acabe con la plaga de ratones que han invadido nuestra cuidad. El alcalde de Hamelín”
Se presentó un gran número de postulantes y todos fallaron. Mientras que el alcalde era pifiado, los ratones hacían de las suyas en toda la ciudad.
Ya iba a presentar su renuncia cuando el alcalde recibió ha visita de un raro y pintoresco personaje.
- Yo le prometo acabar con todos los ratones -le dijo- a cambio de la recompensa.
- Si lo hace -dijo el alcalde- tendrá derecho a ella, ¿pero cómo logrará esa hazaña?
- Con una técnica propia - dijo el hombre y comenzó a tocar su reluciente flauta.
El alcalde lo dejó ir y al mirarlo por la ventana que bailaba con la música de su flauta, pensó: "Está loco”. Pero su duda se volvió asombro al ver que todos los ratones perseguían al extraño flautista, como si estuviesen hipnotizados.

Así se los llevó hasta las afueras del pueblo y al cruzar el río, todos los ratones se ahogaron. Cuando el flautista volvió a la ciudad para cobrar la recompensa, le dijo el alcalde: - Ha sido un trabajo muy fácil y no merece tanto dinero. El noble flautista, sin perder el aplomo, contestó:
- Muy bien, quizás algún día me necesite. Adiós.
Y se fue danzando con su pegajosa melodía. Al rato otra turba irrumpió en el municipio:
- Los niños han desaparecido – dijeron - y un testigo dice que siguieron la música del flautista. Cientos y miles de ratones habían, invadido las calles y casas de la ciudad,
Así fue. Se los llevó a una cueva, la que se cerró como por encanto. Fueron días muy tristes y el alcalde, al sentirse culpable, rogó: "Perdóname noble flautista y daré justo pago por el bien que nos hiciste, pero devuélvenos a los niños". Al día siguiente los niños le devolvían la vida y la alegría a Hamelin y el buen flautista se despedía feliz sabiendo que dejaba una gran enseñanza.
Fin


El soldadito de plomo, cascanueces y otros cuentos para ver

Pulgarcito

resumen




cuentos

Argumento:

Pulgarcito era un niño tan, pero tan pequeñito, que fácil alcanzaba en una caja de sorpresas. Era el último de siete hermanos y sus padres estaban en la miseria. Una tarde, el niño pudo oírlos en extraña conversación.
"Que Dios nos perdone, pero tenemos que eliminar a nuestros hijos o será el hambre y la miseria quienes se encargarán de hacerlo”, decía su dolido padre y ella musitaba incesante llanto.
Horas más tarde y con engaños, el padre marchó con sus siete hijos a lo más frondoso del bosque donde los abandonaría, pero el pequeñín que había oído la terrible sentencia, fue dejando guijarros en el camino, lo que les permitió volver a su cálida casa. Su padre se sintió feliz de verlos sanos y salvos, aunque persistiría en acabar con ellos. Esa vez el padre en pleno invierno, revisó a Pulgarcito aunque no pudo hallar las migas de pan que iba a esparcir en el camino. Al ser abandonado, el niño buscó las migas y casi se muere al comprobar que las aves se las habían comido, ¡Estaban perdidos!
Mientras que sus hermanitos lloraban, en medio de la oscuridad y el grito de las fieras, Pulgarcito se subió a un árbol y a lo lejos divisó a una solitaria cabaña. "Quizás nos ayuden, pero debemos calmarnos para llegar a ella”; les dijo y sus hermanitos obedecieron.
Al llegar tocaron la puerta y un horrible sonido de pisadas hicieron temblar a la Tierra. No podían creer lo que estaban viendo: era el horrible ogro come-niños, cuyos ojos brillaron al verlos allí esperando. Los capturó de inmediato, al tiempo que le gritaba a su mujer: "¡Ya tengo siete niños para mi gran cena!", y el gigante se fue a dormir la siesta.
El llanto de los niños hizo que la mujer del ogro se apiadara de ellos y les dio la libertad. Pero el gigante los alcanzaría al despertar, por lo que Pulgarcito planeó una habilísima estrategia.
El ogro despertó y al no hallar servida la cena, puso el grito en el cielo: "¡Dónde están los niños!". Su mujer le dijo que una bruja logró liberarlos y el ogro, para ir en su busca, calzó las botas mágicas que había robado al rey de esas tierras.

Pulgarcito, por su parte, cobijó a sus hermanitos en un refugio y empezó a correr y correr en círculos, logrando marear al ogro que lo perseguía y que sufriera un ruidoso desmayo.
Al verlo así, el niño le quitó las botas, se las calzó y corrió al castillo del rey de esas tierras. Allí devolvió lo robado y el rey, agradecido, ordenó rescatar a los niños, apresar al ogro y honrar a Pulgarcito con un título y una gran recompensa. Los siete hermanitos volvieron a casa, salvaron su hogar y perdonaron a su padre por tan equivocada sentencia.
Fin


historias

Barba azul

cuentos cortos




cuentos infantiles

Argumento:

Érase una vez, un hombre sumamente rico, tenía todo cuanto se puede desear, pero también tenía un defecto, su barba era azul, y esto lo hacía tan feo que ninguna mujer se le acercaba.
Una vecina suya tenía dos hermosas hijas, y el caballero pidió a una en matrimonio, pero permitió que eligiera la que deseara. Como es natural, ninguna de las muchachas quería, no sólo por su barba, sino porque, el hombre se había casado varias veces y no se sabía qué había sido de ellas.
Para que entraran en confianza, Barba Azul las invitó junto a su madre y algunos amigos, a visitar una de sus casas de campo. Estuvieron ocho días y todo fue paseos y fiestas. Todo resultó de maravilla, tanto, que la hermana menor comenzó a verlo menos feo y pensó que era un hombre honesto.
Apenas retornaron, se consumó el matrimonio.
Había pasado un mes, cuando Barba Azul dijo a su mujer que debía salir de viaje por lo menos durante seis semanas, le pidió que se divirtiera en su ausencia y que invitara a sus amigas y las llevase al campo si deseaba. Y le entregó las llaves:
- Éstas son las llaves de los guardamuebles; éstas, las de la vajilla de oro y plata; éstas, las de mis cajas fuertes, donde guardo el oro y la plata, y ésta, es la llave maestra de todas las habitaciones de la casa. Pero esta llavecita, es la del gabinete que está en el fondo de la galería del piso de abajo, puedes abrir todo lo que desees, pero os prohíbo que abráis este gabinete, de lo contrario, conocerás mi cólera.
La esposa prometió obedecer en todo. El esposo la besó y partió en su carroza.
Las amigas y vecinas acudieron inmediatamente a la casa, para curiosear todas sus riquezas, pues no se habían atrevido a visitarla mientras estaba el marido, por el miedo que les provocaba.
Estaban todas muy entusiasmadas recorriendo las habitaciones y husmeando entre los guardarropas, los muebles y las joyas, y no paraban de envidiar a su amiga. Pero ella no se divertía, pues estaba tan intrigada por el contenido del pequeño gabinete, que no podía esperar ni un minuto más.
Era tan grande la curiosidad, que, olvidándose de las amigas, bajó por una pequeña escalera, dejando a sus invitadas solas. Al llegar frente a la puerta se detuvo a reflexionar sobre lo que su marido había dicho, y sobre las desgracias que podrían ocurrirle si desobedecía. Pero la tentación pudo más que el sentido común y abrió temblorosa la puerta.
Al entrar no podía ver nada, pues no había ventanas en la habitación. Caminó unos pasos y tropezó con algo, apenas pudo distinguir de qué se trataba, la habitación estaba repleta de baúles. Abrió uno y encontró ropa de mujer en el interior. Comprendió en seguida, que se trataba de los vestuarios de las mujeres de Barba Azul, pero de ellas no había rastro. Asustada, abandonó la habitación y volvió a cerrar la puerta, pero la llave cayó y no pudo encontrarla.
Temblando regresó con sus amigas sin decir palabra. Su esposo regresaría y sabría que había desobedecido, y ella sufriría el mismo destino que las demás.
Barba Azul regresó aquella misma noche, pues había recibido una carta diciendo que se había solucionado el asunto que lo requería. La muchacha trató de fingir que estaba feliz.
Al día siguiente, cuando el esposo le pidió las llaves, la muchacha se las entregó temblorosa. Cuando Barba Azul notó que faltaba la llavecita del gabinete se puso furioso y le dijo:
- Me has desobedecido como las otras, ahora tendrás su mismo destino. Te encerraré para siempre en la torre de mi casa de campo, aquella en la que estuvimos. Así aprenderás tu lección.
La esposa lloraba y suplicaba que la perdonara, pero el esposo tenía el corazón duro como una roca. Atada y amordazada, la llevó hasta el carruaje y condujo él mismo hasta la casa de campo, donde la encerró en la torre, tal como lo prometiera. Luego regresó a la ciudad.
La muchacha estaba desolada, la habitación era pequeña y tenía apenas una ventanita diminuta, por la cual entraba apenas un rayo de luz. Debía resignarse a terminar allí sus días, a menos que ocurriera un milagro.
Afortunadamente, la hermana de la muchacha había presenciado cuando el marido se la llevaba por la fuerza y los había seguido a caballo, sin que Barba Azul lo notara. Regresó a su casa y mandó llamar a sus hermanos que eran mosqueteros. Contó a los jóvenes lo sucedido, y éstos se encaminaron hasta la casa de Barba Azul para darle muerte.
Cuando terminaron con Barba Azul, fueron a liberar a su hermana, que se convirtió en la heredera de todas sus riquezas y las utilizó para acomodar a toda su familia y para casarse con un joven de buen corazón.


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Simbat el Marino

cascanueces




Barba Azul

Argumento:

Hace muchos, muchísmos años, en la ciudad de Bagdag vivía un joven llamado Simbad. Era muy pobre y, para ganarse la vida, se veía obligado a transportar pesados fardos, por lo que se le conocía como Simbad el Cargador. "¡Pobre de mí! -se lamentaba- ¡qué triste suerte la mía!".

Quiso el destino que sus quejas fueran oídas por el dueño de una hermosa casa, el cual ordenó a un criado que hiciera entrar al joven. A través de maravillosos patios llenos de flores, Simbad el Cargador fue conducido hasta una sala de grandes dimensiones. En la sala estaba dispuesta una mesa llena de las más exóticas viandas y los más deliciosos vinos. En torno a ella había sentadas varias personas, entre las que destacaba un anciano, que habló de la siguiente manera: "Me llamo Simbad el Marino. No creas que mi vida ha sido fácil. Para que lo comprendas, te voy a contar mis aventuras...".

"Aunque mi padre me dejó al morir una fortuna considerable. Fue tanto lo que derroché que, al fin, me vi pobre y miserable. Entonces vendí lo poco que me quedaba y me embarqué con unos mercaderes. Navegamos durante semanas, hasta llegar a una isla. Al bajar a tierra el suelo tembló de repente y salimos todos proyectados: en realidad, la isla era una enorme ballena. Como no pude subir hasta el barco, me dejé arrastrar por las corrientes agarrado a una tabla hasta llegar a una playa plagada de palmeras. Una vez en tierra firme, tomé el primer barco que zarpó de vuelta a Bagdag..."

L legado a este punto, Simbad el Marino interrumpió su relato. Le dio al muchacho 100 monedas de oro y le rogó que volviera al día siguiente. Así lo hizo Simbad y el anciano prosiguió con sus andanzas... "Volví a zarpar. Un día que habíamos desembarcado me quedé dormido y, cuando desperté, el barco se había marchado sin mí. Llegué hasta un profundo valle sembrado de diamantes. Llené un saco con todos los que pude coger, me até un trozo de carne a la espalda y aguardé hasta que un águila me eligió como alimento para llevar a su nido, sacándome así de aquel lugar."

Terminado el relato, Simbad el Marino volvió a darle al joven 100 monedas de oro, con el ruego de que volviera al día siguiente... "Hubiera podido quedarme en Bagdag disfrutando de la fortuna conseguida, pero me aburría y volví a embarcarme. Todo fue bien hasta que nos sorprendió una gran tormenta y el barco naufragó. Fuimos arrojados a una isla habitada por unos enanos terribles, que nos cogieron prisioneros. Los enanos nos condujeron hasta un gigante que tenía un solo ojo y que comía carne humana. Al llegar la noche, aprovechando la oscuridad, le clavamos una estaca ardiente en su único ojo y escapamos de aquel espantoso lugar. De vuelta a Bagdag, el aburrimiento volvió a hacer presa en mí. Pero esto te lo contaré mañana..."

Y con estas palabras Simbad el Marino entregó al joven 100 piezas de oro. "Inicié un nuevo viaje, pero por obra del destino mi barco volvió a naufragar. Esta vez fuimos a dar a una isla llena de antropófagos. Me ofrecieron a la hija del rey, con quien me casé, pero al poco tiempo ésta murió. Había una costumbre en el reino: que el marido debía ser enterrado con la esposa. Por suerte, en el último momento, logré escaparme y regresé a Bagdag cargado de joyas..."

Y así, día tras día, Simbad el Marino fue narrando las fantásticas aventuras de sus viajes, tras lo cual ofrecía siempre 100 monedas de oro a Simbad el Cargador. De este modo el muchacho supo de cómo el afán de aventuras de Simbad el Marino le había llevado muchas veces a enriquecerse, para luego perder de nuevo su fortuna. El anciano Simbad le contó que, en el último de sus viajes, había sido vendido como esclavo a un traficante de marfil. Su misión consistía en cazar elefantes. Un día, huyendo de un elefante furioso, Simbad se subió a un árbol. El elefante agarró el tronco con su poderosa trompa y sacudió el árbol de tal modo que Simbad fue a caer sobre el lomo del animal. Éste le condujo entonces hasta un cementerio de elefantes; allí había marfil suficiente como para no tener que matar más elefantes.

Simbad así lo comprendió y, presentándose ante su amo, le explicó dónde podría encontrar gran número de colmillos. En agradecimiento, el mercader le concedió la libertad y le hizo muchos y valiosos regalos.

"Regresé a Bagdag y ya no he vuelto a embarcarme -continuó hablando el anciano-. Como verás, han sido muchos los avatares de mi vida. Y si ahora gozo de todos los placeres, también antes he conocido todos los padecimientos."

Cuando terminó de hablar, el anciano le pidió a Simbad el Cargador que aceptara quedarse a vivir con él. El joven Simbad aceptó encantado, y ya nunca más, tuvo que soportar el peso de ningún fardo.

FIN


el marinero
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