Tengo que reconocer que mi altruísmo poco a poco ha disminuído hasta casi desaparecer.
Cuando vivía en el DF y me subía al metro, me tocaron varios malhoras que por ganarse unos pesos se ponían unos lentes oscuros y caminaban haciéndose los ciegos, igual me tocó ver doñas que traían un muñeco en su rebozo nomás para dar lástima.
¿Quién no se ha topado con el vato que te echa aguas en el estacionamiento como a 1 km, y corre en chinga para que le des pa’ su chesco y si no le das te mienta la madre entre dientes?
Esque en México ya uno no puede confiar en nadie, neta.
Hace como 3 años acá en el rancho donde vivo, me fui con mi brujer al parque a dar la vuelta y tragar golosinas de parque. Ahí estaba yo tragándome un esquite cuando de pronto llegó una niña como de unos 6 años y empezó a recitar un poema que iba algo así:
“No le baje la luna y las estrellas, mejor dele a su novia la flor más bella y tal vez un día se case con ella”…
Palabras más palabas menos, pero cuando a uno le mencionan una palabra que tenga que ver con matrimonio o casorio en compañía de la novia, se le alacian a uno los pelos de los huevos y ahuevito prestas atención. De inmediato la volteé (¿o voltié?) a ver y le dije: “Nooo espérate”, a lo que mi brujer sólo respondió con una sonrisa que denotaba un “no seas puto”. Busqué en mi bolsillo a ver si traía cambio, y me encontré con una moneda y de inmediato pasaron por mi cabeza miles de historias que me habían contado de cómo abusaban los padres de sus hijos al mandarlos a la calle a pedir dinero.
Detuve la mano en mi bolsillo, y le pregunté a la niña: “¿Dónde está tu mamá?”, y me dijo “Allá”, señalándomela con su mano.
Cuál va siendo mi sorpresa que cuando volteo, me encuentro con la imágen de una mujer de alrededor de 28 años, EMBARAZADA, y con una pinche pose de hueva así como tomando el sol y mirando las palomas.
NO MAMES. Me dió tanto tanto coraje que me dieron ganas de darle a esa perra lo único que necesitaba: eutanasia a la verga.
Controlé mis instintos y volteé a ver nuevamente a la niña y le dije: “¿Y en cuánto das la flor?” a lo que contestó “10 pesos”. Le dije: “Mejor te regalo algo de comer”, y se rió y se quedó viendo mi esquite, y me dice: “¿Me regala su esquite?”…
Mientras mi solitaria me mentaba la madre, estiré mi mano y le dí mi esquite al cual sólo le había comido un par de cucharadas.
La niña se dió la vuelta con una sonrisa, y empezó a comer el esquite, después llegaron los que me imagino que eran sus hermanos, y sin refunfuñar les invitó a cada uno un poco de lo que me había sacado.
Pues para no hacer el cuento largo, antier me topé con una situación parecida. Estábamos mi cuñada, mi brujer y yo entrando al súper y de pronto se acerca un niño como de 5 años con un rollo de flores. Se le acercó a mi cuñada y le dice: “Tome, se las regalo”.
Mi cuñada sólo se quedó como mirando y pensando: “Chale, ¿tan inmunda me veo que este niño me viene a regalar lo poco que tiene?”, y le dijo mientras buscaba en su monedero un par de moneditas: “¿Pero no las vendes?” a lo que el niño contestó: “Si, a 10 pesos pero ya me quiero ir”.
Al unísono nos cagamos de risa, porque lo dijo en un tono como el del chavo del 8.
Mi cuñada le dió las monedas pero el niño no las quería, no era un truco para dar lástima, en verdad se quería largar a la verga.
En eso le digo: “Oye, ¿no quieres una torta? y me contesta “esque me gustan más los helados”.
Me cagué más de risa y como justo frente a todo lo sucedido había una paletería de la michoacana, le dije a la señorita: “Deme un helado, ¿de qué lo quieres?”, ” de vainilla” me dijo.
“¿Chico, mediano o grande?” me dijo la que atiende. “Mediano” le contesté sin ver los precios.
“SON 22 PESOS.” me dijo la que atiende…
No mames casi me baja la regla en ese momento, con 22 pesos le pude haber comprado 1 litro de helado al chamaco pero pues ya ni pedo, como dijera el Ferras: lo pago.
Le dí el helado al niño que sonriente me lo recibió, después nos dimos la vuelta y nos fuimos y ya nomás le dije: “¡Pero vende las flores!”.
Cuando nos alejamos lo volteé a ver e igualmente fue a invitarle de su helado a sus compas, y con una pinche sonrisota nos andaba señalando y diciendo: “ellos me lo compraron”.
Toda esta historia tiene una moraleja queridos lectores: Pinches helados de la Michoacana están bien caros, pero valió la pena, así con esos chamacos deora cómo no va a ser uno altruísta.
Cuando vivía en el DF y me subía al metro, me tocaron varios malhoras que por ganarse unos pesos se ponían unos lentes oscuros y caminaban haciéndose los ciegos, igual me tocó ver doñas que traían un muñeco en su rebozo nomás para dar lástima.
¿Quién no se ha topado con el vato que te echa aguas en el estacionamiento como a 1 km, y corre en chinga para que le des pa’ su chesco y si no le das te mienta la madre entre dientes?
Esque en México ya uno no puede confiar en nadie, neta.
Hace como 3 años acá en el rancho donde vivo, me fui con mi brujer al parque a dar la vuelta y tragar golosinas de parque. Ahí estaba yo tragándome un esquite cuando de pronto llegó una niña como de unos 6 años y empezó a recitar un poema que iba algo así:
“No le baje la luna y las estrellas, mejor dele a su novia la flor más bella y tal vez un día se case con ella”…
Palabras más palabas menos, pero cuando a uno le mencionan una palabra que tenga que ver con matrimonio o casorio en compañía de la novia, se le alacian a uno los pelos de los huevos y ahuevito prestas atención. De inmediato la volteé (¿o voltié?) a ver y le dije: “Nooo espérate”, a lo que mi brujer sólo respondió con una sonrisa que denotaba un “no seas puto”. Busqué en mi bolsillo a ver si traía cambio, y me encontré con una moneda y de inmediato pasaron por mi cabeza miles de historias que me habían contado de cómo abusaban los padres de sus hijos al mandarlos a la calle a pedir dinero.
Detuve la mano en mi bolsillo, y le pregunté a la niña: “¿Dónde está tu mamá?”, y me dijo “Allá”, señalándomela con su mano.
Cuál va siendo mi sorpresa que cuando volteo, me encuentro con la imágen de una mujer de alrededor de 28 años, EMBARAZADA, y con una pinche pose de hueva así como tomando el sol y mirando las palomas.
NO MAMES. Me dió tanto tanto coraje que me dieron ganas de darle a esa perra lo único que necesitaba: eutanasia a la verga.
Controlé mis instintos y volteé a ver nuevamente a la niña y le dije: “¿Y en cuánto das la flor?” a lo que contestó “10 pesos”. Le dije: “Mejor te regalo algo de comer”, y se rió y se quedó viendo mi esquite, y me dice: “¿Me regala su esquite?”…
Mientras mi solitaria me mentaba la madre, estiré mi mano y le dí mi esquite al cual sólo le había comido un par de cucharadas.
La niña se dió la vuelta con una sonrisa, y empezó a comer el esquite, después llegaron los que me imagino que eran sus hermanos, y sin refunfuñar les invitó a cada uno un poco de lo que me había sacado.
Pues para no hacer el cuento largo, antier me topé con una situación parecida. Estábamos mi cuñada, mi brujer y yo entrando al súper y de pronto se acerca un niño como de 5 años con un rollo de flores. Se le acercó a mi cuñada y le dice: “Tome, se las regalo”.
Mi cuñada sólo se quedó como mirando y pensando: “Chale, ¿tan inmunda me veo que este niño me viene a regalar lo poco que tiene?”, y le dijo mientras buscaba en su monedero un par de moneditas: “¿Pero no las vendes?” a lo que el niño contestó: “Si, a 10 pesos pero ya me quiero ir”.
Al unísono nos cagamos de risa, porque lo dijo en un tono como el del chavo del 8.
Mi cuñada le dió las monedas pero el niño no las quería, no era un truco para dar lástima, en verdad se quería largar a la verga.
En eso le digo: “Oye, ¿no quieres una torta? y me contesta “esque me gustan más los helados”.
Me cagué más de risa y como justo frente a todo lo sucedido había una paletería de la michoacana, le dije a la señorita: “Deme un helado, ¿de qué lo quieres?”, ” de vainilla” me dijo.
“¿Chico, mediano o grande?” me dijo la que atiende. “Mediano” le contesté sin ver los precios.
“SON 22 PESOS.” me dijo la que atiende…
No mames casi me baja la regla en ese momento, con 22 pesos le pude haber comprado 1 litro de helado al chamaco pero pues ya ni pedo, como dijera el Ferras: lo pago.
Le dí el helado al niño que sonriente me lo recibió, después nos dimos la vuelta y nos fuimos y ya nomás le dije: “¡Pero vende las flores!”.
Cuando nos alejamos lo volteé a ver e igualmente fue a invitarle de su helado a sus compas, y con una pinche sonrisota nos andaba señalando y diciendo: “ellos me lo compraron”.
Toda esta historia tiene una moraleja queridos lectores: Pinches helados de la Michoacana están bien caros, pero valió la pena, así con esos chamacos deora cómo no va a ser uno altruísta.