Como prometí, les dejo el final de mi último cuento. Disfruten...
Acá la primera parte:
Paranoia (02)
Cómo debía rendir el final de una materia muy importante para mi carrera, decidí quedarme a estudiar en la biblioteca de la facultad. Allí tenía todo el material de estudio que necesitaba a mi alcance pero, lo más importante, no iba a estar solo, ya que por lo menos el bibliotecario, un hombre de unos 60 años con cara de intelectual, anteojos y peinado con raya al medio, estaría conmigo.
Estaba enfrascado en la lectura de un libro, cuando comencé a sentir pasos detrás de mi. Giré la cabeza y no vi a nadie, pero esta vez los pasos no sonaron tan cerca no me preocupé, supuse que debía ser otro estudiante caminando entre las estanterías de libros en busca de material. Miré al bibliotecario y le dije con una sonrisa "PARECE QUE TENEMOS COMPAÑÍA". Me miró como si yo fuera un bicho raro y me dijo "¿COMPAÑÍA? ACÁ NO ENTRA NADIE HASTA LAS DIEZ DE LA MAÑANA, Y RECIÉN SON LAS SIETE Y MEDIA. SOS EL PRIMER ESTUDIANTE QUE APARECE POR ACÁ TAN TEMPRANO". Me quedé mirándolo como desorientado un rato, hasta que bajé la vista fijando los ojos en la página abierta del libro, pero sin intentar leer. Con las palabras del bibliotecario había comenzado a sentir un escalofrío en la espalda y noté como se me erizaban los pelos de la nuca.
Después de unos minutos sin que nada ocurra, me tranquilicé y pensé que había imaginado los pasos. Retomé la lectura, tenía que estar preparado para mi examen o iba a tener que rendir en recuperatorio. Media hora después, el bibliotecario me preguntó si no me molestaba quedarme un rato solo porque quería ir a tomarse un café en el bar. Le respondí que no y me dijo "NADIE LLEGA A LA FACULTAD ANTES DE LAS NUEVE, PERO SI LLEGA A VENIR ALGUIEN DECILE QUE EN UN RATO VUELVO". Dije que no había problema, cerró la puerta y se fue caminando arrastrando los pies. Escuché sus pasos alejándose durante unos minutos ya que la biblioteca estaba al fondo de la facultad, al final de un largo pasillo con una increíble acústica.
Estaba concentrado tomando mis apuntes, cuando escuche nuevamente los pasos caminando entre las estanterías a mis espaldas. Traté de no prestarles atención y me repetía mentalmente "NO ESCUCHO NADA, NO ESCUCHO NADA", pero no daba resultado. Cada vez eran más fuertes y sonaban más cerca. Finalmente mi temor fue convirtiéndose en enojo, me levanté con violencia de mi silla y encarando las estanterías grité "¡BASTA!". Los pasos cesaron inmediatamente, pero cuando estaba por sentarme nuevamente, comenzaron a sonar más fuerte que antes. Me acerqué a la primer estantería pero nuevamente los pasos se detuvieron. Caminé rodeando los libreros y me asomé al primer pasillo sin ver nada extraño. Un poco más envalentonado recorrí todos los pasillos de la biblioteca y luego de corroborar que estaba solo volví a mi lugar de estudio. Estaba decidido a no dejarme distraer más.
No había hecho más que sentarme, cuando escuché un débil susurro a mi espaldas. Una voz suave había pronunciado mi nombre: "JUAN". Me hice el que no había escuchado nada, pero la misma voz volvió a repetir ya en un tono normal "JUAN". Seguí sin prestarle atención pero la voz insistió autoritariamente "¡JUAN!". Bajé la cabeza y comencé a agitarme del miedo. Dos lagrimas rodaron desde mis ojos, pero me mantuve firme en no contestar ni darme vuelta. En ese momento sentí claramente como dos manos me tomaban fuertemente de mis hombros y me sacudía con violencia, mientras una voz espantosa gritaba en mis oídos "¡JUAAAAAN! ¡JUAAAAAN! ¡JUAAAAN!"
Me puse de pie soltándome de esas manos como garras, y encarando nuevamente las estanterías grité con todas mis fuerzas "¡BASTAAAA! ¡BASTAAAA! ¡QUÉ QUERÉS! ¡QUEEEEEE!". Cuando dejé de gritar, la misma voz pero nuevamente en un susurro, dijo "ACÁ JUAN, ACÁ ATRÁS". Se escuchaba detrás de la primer estantería, casi a la mitad. Caminé lentamente hacia los libros, y mientras lo hacía escuché unas risas en voz baja, como si fueran niños escondiéndose luego de haber realizado una travesura. Alcé mi mano lentamente y tomé un libro grande de tapas duras para poder mirar al otro lado, hacia el pasillo. Recuerdo que el lomo del libro decía "LA Divina Comedia - Dante Algihieri". Lo saqué de su lugar y entonces lo vi. Dos ojos negros en un rostro blanco sin facciones, sin boca, nariz o mentón. Pero solo vi los ojos, no, no eran negros, eran profundos, infinitos, terribles. Y adentro, las más horribles pesadillas que nadie jamás soñó...
El bibliotecario me encontró acurrucado debajo de una mesa con mis útiles diseminados por el suelo y en medio de un charco de sangre. Sangre de mis ojos, de los cuales sobresalían la mitad de dos lapiceras, cada una ensartada en un ojo. Solo balbuceaba y babeaba sin poder pronunciar una palabra. Todavía sigo sin decir una palabra, pero al menos estoy más presentable en mi cama del hospital. Según lo que escuché mientras mis familiares comentaban lo ocurrido, el bibliotecario había cerrado la puerta con llave cuando se fue para evitar que me fuera llevándome algún libro, y se aseguró de que me encontraba solo en la biblioteca. Mi mamá comentaba a una de mis tías que últimamente estaba como paranoico, y que en los últimos días tenía un semblante asustado. Una vecina que vino a visitarme, le dijo a mis padres que cuando salía a barrer la vereda a la mañana me veía caminar hacia la parada de colectivos, y que en los últimos días me comportaba extraño, caminaba hasta detenerme de repente sin motivo, y que miraba constantemente hacia atrás, como si alguien me persiguiera. Yo lo único que se es que no me quiero dormir, pero es inevitable, cuando se dan cuenta que estoy despierto, mandan una enfermera a colocarme un calmante, y vuelvo a hundirme en esos ojos...
Espero que les haya gustado y que lo compartan. Prometo no tardar tanto en publicar otro cuento que perturbe sus sueños. Nos vemos!