Los buenos cebadores de mate saben cuáles reglas seguir para lograr el mate perfecto. El que no las conozca, es por que no sabe nada de tomarse unos buenos mates...
1. Nada de azúcar o edulcorante
El mate es amargo (cimarrón) y punto. Toda otra variante es un cobarde plan con burdas intenciones de ablandarle la boca a una bebida que es recia y rica, tal y como la da la naturaleza. Sino, prueba ponerle azúcar a las aceitunas o los pickles, y luego nos cuentas cómo te quedo.
2. Revolver la bombilla es “imperdonable”
La bombilla no es para usar como si fuera una palita para arreglar la yerba y levantarla cuando el mate está lavado, la bombilla solo se toca con los labios. A pesar de que hay gente que les gusta palanquearla para generar un agujerito en las profundidades del mate, la bombilla no se toca.
3. Jamás de los jamases soplar por la bombilla
Alguna gente, cuando el mate está duro (no tira), sopla con la intención de mejorar el tránsito de la bombilla, pero no hay nada más desagradable ni desconsiderado: el mate no es un clarinete, y además lo llenas de microbios que el otro no tiene por qué beberse.
4. Nunca jamás cebar con agua hervida
Cebar un mate con agua hervida es un delito que merece la pena capital, ya que de esa forma la yerba se quema y queda amarga como la carqueja. Un buen cebador, escucha la pava y siempre sabe cuándo el agua está lista, para los que no lo saben debe rondar los 80ºC.
5. Cortar el mate con agua fría de la canilla
Está acción directamente merece la horca sin apelación del reo. El cloro del agua corriente hecha a perder el gusto del mate y ya no tiene retorno. Si el agua te quedó muy caliente, esperas a que se enfríe, sin chistar.
6. Nunca convidar un mate frío
Está es una señal de desprecio y equivale a salivar el asado a quien lo está preparando. Antes que cebar con agua fría, el buen matero rehace la partida: calienta el agua, cambia la yerba y ceba desde cero una nueva ronda, para no desdeñar a nadie y conservar el amor propio.
7. Bajo ningún concepto reusar la yerba
A ver si nos entendemos, eso que dice el tango: “ni yerba de ayer secándose al sol”, es una expresión muy poética que expresa un estado de otros tiempos, pero cuando un mate ya dio todo su sabor crudo y aportó su amargo revitalizante, esa yerba ya no sirve más. Nada de volver a cebarlo conservando la que estaba abajo en el mate. El matero de ley no vuelve a usar la yerba: tira todo y arranca otra vez.
8. Nada de mezclas new age
¿Qué es eso de combinar el mate con poleo, muña muña, o cáscara de naranja? (aunque con cascara de naranja sabe bastante bien). El mate ya tiene sabor suficiente, señores. Si no les va, cambien la marca de yerba. Pero eso de andar buscándole “funcionalidades” -que haga bien a los huesos, al tránsito lento, a la presión- es puro cuento y no es propio de esta bebida, sino de brebajes.
9. Nunca chupar el mate ajeno
Esto equivale a robarle a alguien su porción de asado. En una ronda de materos, para que el mate llegue lejos, pasa por varias manos y ninguna tiene derecho a cortar el trayecto y robar el turno. Es una gruesa afrenta, que puede llevar a una situación desagradable, y que en tiempos de gauchos se solucionaba en un duelo con facón.
10. Dejar migas en la bombilla
Esto sí que es de pésimo gusto. Si todos sabemos que el mate es una costumbre bastante promiscua y hasta poco higiénica, debemos cuidar el aspecto del ritual para no hacerlo aún más asqueroso. Si se toma mate con bizcochos, antes de beber hay que limpiarse la boca. ¿O a alguno le gusta compartir una gaseosa con “pescaditos”?
Planeta Joy
1. Nada de azúcar o edulcorante
El mate es amargo (cimarrón) y punto. Toda otra variante es un cobarde plan con burdas intenciones de ablandarle la boca a una bebida que es recia y rica, tal y como la da la naturaleza. Sino, prueba ponerle azúcar a las aceitunas o los pickles, y luego nos cuentas cómo te quedo.
2. Revolver la bombilla es “imperdonable”
La bombilla no es para usar como si fuera una palita para arreglar la yerba y levantarla cuando el mate está lavado, la bombilla solo se toca con los labios. A pesar de que hay gente que les gusta palanquearla para generar un agujerito en las profundidades del mate, la bombilla no se toca.
3. Jamás de los jamases soplar por la bombilla
Alguna gente, cuando el mate está duro (no tira), sopla con la intención de mejorar el tránsito de la bombilla, pero no hay nada más desagradable ni desconsiderado: el mate no es un clarinete, y además lo llenas de microbios que el otro no tiene por qué beberse.
4. Nunca jamás cebar con agua hervida
Cebar un mate con agua hervida es un delito que merece la pena capital, ya que de esa forma la yerba se quema y queda amarga como la carqueja. Un buen cebador, escucha la pava y siempre sabe cuándo el agua está lista, para los que no lo saben debe rondar los 80ºC.
5. Cortar el mate con agua fría de la canilla
Está acción directamente merece la horca sin apelación del reo. El cloro del agua corriente hecha a perder el gusto del mate y ya no tiene retorno. Si el agua te quedó muy caliente, esperas a que se enfríe, sin chistar.
6. Nunca convidar un mate frío
Está es una señal de desprecio y equivale a salivar el asado a quien lo está preparando. Antes que cebar con agua fría, el buen matero rehace la partida: calienta el agua, cambia la yerba y ceba desde cero una nueva ronda, para no desdeñar a nadie y conservar el amor propio.
7. Bajo ningún concepto reusar la yerba
A ver si nos entendemos, eso que dice el tango: “ni yerba de ayer secándose al sol”, es una expresión muy poética que expresa un estado de otros tiempos, pero cuando un mate ya dio todo su sabor crudo y aportó su amargo revitalizante, esa yerba ya no sirve más. Nada de volver a cebarlo conservando la que estaba abajo en el mate. El matero de ley no vuelve a usar la yerba: tira todo y arranca otra vez.
8. Nada de mezclas new age
¿Qué es eso de combinar el mate con poleo, muña muña, o cáscara de naranja? (aunque con cascara de naranja sabe bastante bien). El mate ya tiene sabor suficiente, señores. Si no les va, cambien la marca de yerba. Pero eso de andar buscándole “funcionalidades” -que haga bien a los huesos, al tránsito lento, a la presión- es puro cuento y no es propio de esta bebida, sino de brebajes.
9. Nunca chupar el mate ajeno
Esto equivale a robarle a alguien su porción de asado. En una ronda de materos, para que el mate llegue lejos, pasa por varias manos y ninguna tiene derecho a cortar el trayecto y robar el turno. Es una gruesa afrenta, que puede llevar a una situación desagradable, y que en tiempos de gauchos se solucionaba en un duelo con facón.
10. Dejar migas en la bombilla
Esto sí que es de pésimo gusto. Si todos sabemos que el mate es una costumbre bastante promiscua y hasta poco higiénica, debemos cuidar el aspecto del ritual para no hacerlo aún más asqueroso. Si se toma mate con bizcochos, antes de beber hay que limpiarse la boca. ¿O a alguno le gusta compartir una gaseosa con “pescaditos”?
Planeta Joy
