La razón por la que las mujeres son las más afectadas por el aire acondicionado.
Científicos holandeses descubrieron que los aires acondicionados están programados con un estándar viejo, de los años de la década de 1960, diseñado para hombres y por eso están puestos a temperatura de freezer, como solo a ellos les gusta. Mientras tanto, las mujeres llevamos años de abrigarnos en pleno verano cuando vamos a trabajar o a un sitio público.
La noticia la reveló ayer en su portada el diario The New York Times, e inmediatamente se convirtió en la más leída del día y compartida en la Web. Es que lo que para los hombres es una normalidad, para las damas es un malestar cotidiano que obliga a llevar insólitos abrigos para ir al trabajo o sitio público, cuando afuera hace 35 grados. Es un tema universal, pero en Estados Unidos es particularmente sensible porque los sitios públicos son decididamente un paisaje ártico para las mujeres.
Además, en épocas en que el mundo pelea por ahorrar energía para combatir el cambio climático, el uso feroz del aire suena al menos desubicado.
El Times reveló los datos de un trabajo publicado el lunes por la revista Nature Climate Change de dos investigadores de la Universidad de Maastricht, Boris Kingma y Wouter van Marken Lichtenbelt, que controlaron la fisiología de mujeres jóvenes mientras hacían trabajos sencillos de oficina. El estudio señala que su metabolismo basal estaba significativamente por debajo de los valores estándar, lo que los llevó a concluir que las mujeres requieren temperaturas menos bajas durante el verano para estar cómodas. Concretamente: para los hombres la temperatura ideal en casa o el trabajo es de 22 grados y, en cambio, para las mujeres es de 25.
Que las mujeres somos más friolentas no parece novedad. Pero el tema es otro: “Los estándares para los modelos de confort térmicos fueron establecidos en los años 60” por el investigador danés Fanger, ajustándose al metabolismo de un varón de 40 años y 70 kilos de peso”, que iba a trabajar con traje, afirman los autores de la investigación. Sucede que estos estándares –derivado de una fórmula que combina el metabolismo con temperatura, ropa, velocidad del aire, entre otras variables– son los que todavía se usan para programar sistemas de aire acondicionado en los edificios, dejando afuera a las mujeres para los cálculos térmicos.
Pero, décadas después, hay casi tantas mujeres como hombres en las oficinas y encima ellas suelen usar ropa más liviana que los hombres. Por eso, ese viejo estándar –dice la investigación que recopila casos en varios países del mundo– ya no sirve y hay que adecuarlo porque discrimina a las damas, al menos en el verano. Como conclusión, el estudio llama a “reducir la discriminación de género en el confort térmico”.
Científicos holandeses descubrieron que los aires acondicionados están programados con un estándar viejo, de los años de la década de 1960, diseñado para hombres y por eso están puestos a temperatura de freezer, como solo a ellos les gusta. Mientras tanto, las mujeres llevamos años de abrigarnos en pleno verano cuando vamos a trabajar o a un sitio público.
La noticia la reveló ayer en su portada el diario The New York Times, e inmediatamente se convirtió en la más leída del día y compartida en la Web. Es que lo que para los hombres es una normalidad, para las damas es un malestar cotidiano que obliga a llevar insólitos abrigos para ir al trabajo o sitio público, cuando afuera hace 35 grados. Es un tema universal, pero en Estados Unidos es particularmente sensible porque los sitios públicos son decididamente un paisaje ártico para las mujeres.
Además, en épocas en que el mundo pelea por ahorrar energía para combatir el cambio climático, el uso feroz del aire suena al menos desubicado.
El Times reveló los datos de un trabajo publicado el lunes por la revista Nature Climate Change de dos investigadores de la Universidad de Maastricht, Boris Kingma y Wouter van Marken Lichtenbelt, que controlaron la fisiología de mujeres jóvenes mientras hacían trabajos sencillos de oficina. El estudio señala que su metabolismo basal estaba significativamente por debajo de los valores estándar, lo que los llevó a concluir que las mujeres requieren temperaturas menos bajas durante el verano para estar cómodas. Concretamente: para los hombres la temperatura ideal en casa o el trabajo es de 22 grados y, en cambio, para las mujeres es de 25.
Que las mujeres somos más friolentas no parece novedad. Pero el tema es otro: “Los estándares para los modelos de confort térmicos fueron establecidos en los años 60” por el investigador danés Fanger, ajustándose al metabolismo de un varón de 40 años y 70 kilos de peso”, que iba a trabajar con traje, afirman los autores de la investigación. Sucede que estos estándares –derivado de una fórmula que combina el metabolismo con temperatura, ropa, velocidad del aire, entre otras variables– son los que todavía se usan para programar sistemas de aire acondicionado en los edificios, dejando afuera a las mujeres para los cálculos térmicos.
Pero, décadas después, hay casi tantas mujeres como hombres en las oficinas y encima ellas suelen usar ropa más liviana que los hombres. Por eso, ese viejo estándar –dice la investigación que recopila casos en varios países del mundo– ya no sirve y hay que adecuarlo porque discrimina a las damas, al menos en el verano. Como conclusión, el estudio llama a “reducir la discriminación de género en el confort térmico”.