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El hombre y el aborto: ¿también puedo decidir?
Hombres y aborto ¿y el derecho a elegir?

Históricamente, el hombre ha quedado excluido de la decisión de una mujer que no quiere tener su hijo, y hay algunos que desean ejercer el derecho a decidir pero no cuentan con herramientas para ello.


“Si queremos hacer relevante el papel de los padres, también necesitan derechos. Si un padre está dispuesto a comprometerse legalmente a criar a un niño sin la ayuda de la madre, debería ser capaz de obtener una orden judicial contra el aborto del feto que ayudó a crear”. Dalton Conley, decano de la Facultad de Sociología de New York University, no pensó que una afirmación como esta generaría reacciones tan encarnizadas. La idea era parte de un artículo llamado “A Man´s Right to Choose” que apareció en diciembre de 2005 en The New York Times.










Allí planteaba que un hombre está en posición de desventaja si la mujer con la que ha tenido relaciones sexuales consensuadas desea interrumpir su embarazo de manera voluntaria. “Cuando hombres y mujeres se involucran en relaciones sexuales, ambas partes reconocen el potencial de crear vida. Si los dos participan de manera voluntaria, ¿no deberían tener ambos algo que decir en la posibilidad de tener el bebé resultante?”, se preguntaba. El artículo de Conley no era un ejercicio académico. Partía de una experiencia personal cuando tenía poco más de 20 años y su novia había quedado embarazada. Aunque tenía muchas ganas de ser padre, ella no estaba lista y había “preocupaciones médicas menores” sobre el feto. ¿Tenía algún derecho de detener el deseo de su novia de interrumpir su embarazo? No, ninguno.




La polémica se dio en Estados Unidos, donde el aborto inducido es legal hasta los tres meses de embarazo. En Colombia, donde este solo está permitido en caso de violación, por malformación del feto incompatible con la vida y por peligro de muerte de la madre, el debate tiene otros matices. Sin embargo, en ningún caso es un dilema fácil. Por un lado está el derecho que defienden las mujeres a ser dueñas de su cuerpo y, por consiguiente, a tomar una decisión que –desde el punto de vista biológico– las afecta solo a ellas. Por el otro, el que reclaman los padres a participar en la decisión de interrumpir el desarrollo de una vida en cuya procreación participaron 50/50. El hecho de que sea el cuerpo de la mujer y no el del hombre el encargado del embarazo es inmodificable. Pero ¿cómo velar entonces por los derechos del padre sin afectar los de la madre?




En busca de opciones
En la sala de espera de una de las entidades sin ánimo de lucro especializadas en salud sexual y reproductiva había siete mujeres menores de 25 años y un solo hombre, papá de una de ellas. Manuel, coautor de este artículo, había ido para saber qué podía hacer en caso de que quisiera ser papá de un hijo de una mujer que no quiere tenerlo. “La asesora que me atendió me explicó que no podía hacer nada porque estaba de por medio el cuerpo de otra persona –mi pareja–. Desde que trabajaba ahí –añadió–, era la primera vez que un hombre se acercaba con esa situación”.





No contento con la respuesta, al día siguiente fue a otra entidad. Encontraría otra vez que los asistentes eran trece mujeres y tres hombres: un papá y dos novios preocupados. “Después de oír mi caso, la asesora me invitó a preguntarme cómo estaba la relación con mi novia”. La pregunta era pertinente. La actitud de un hombre frente a un embarazo es determinante en la decisión de una mujer para interrumpirlo.




De acuerdo con “El lugar de las masculinidades en la decisión del aborto”, un artículo de 2012 por Mara Viveros y Ángela Facundo, investigadoras de la Nacional, hay tres criterios que afectaron a los hombres entrevistados para desear (o no) interrumpir un embarazo: “La evaluación de la relación afectiva en la que están cuando se produce el embarazo; la ponderación de la compañera como una buena futura madre, y la inadecuación del momento del embarazo”. De igual manera, “hay que agregarle el lugar y el significado que tiene la paternidad para el hombre involucrado”, agrega Bárbara Zapata, docente y terapeuta de familia. Pero eso no resuelve el asunto. Independientemente de las razones por las cuales su novia quisiera interrumpir el embarazo, la asesora de la entidad le dice que desde el punto de vista legal, no hay nada que pueda hacer. Ella tiene todo el derecho de abortar: es su cuerpo.




Un caso como el de Manuel no podría ser el único, claro. Muchos hombres que han pasado por este tipo de situación tienen un recuerdo doloroso del episodio. Adolfo es uno de ellos. Tenía 24 años cuando su novia Laura, de 18, quedó embarazada. “Yo tenía claro que era un hijo mío y que tenía que responsabilizarme de él. Eso era lo correcto”. Ella vivía con su tía y acababa de terminar su bachillerato, él vivía con sus padres, trabajaba en el día y estudiaba en las noches. Llevaban tres meses de noviazgo y, por lo general, él utilizaba preservativos, excepto en esa ocasión. Pero Laura se aterró de cómo reaccionaría su papá. Dejó de comer por la depresión y, después de unos días, le planteó que si él no la ayudaba, ella haría lo que fuera necesario para evitar tener ese hijo.
Adolfo y la tía de Laura la acompañaron a una clínica donde un doctor le practicó un aborto que presentó algunas dificultades. El impacto de todo el proceso afectó la relación. Quince días después, Adolfo decidió terminarla: “Ya no quise estar con ella. Me entró remordimiento por haber hecho algo grave. No la he vuelto a ver”. Ahora, a sus 48 años, está casado y tiene dos hijastras. La menor, de 15 años, quedó embarazada hace poco más de un año. Aunque su esposa rechazó la situación, Adolfo dijo que estaba dispuesto a apoyar a la niña si quería tener el hijo. Nació hace cuatro meses y medio.





¿Un asunto femenino?
“No hay en el país las condiciones sociales e institucionales para manejar un caso en el que un hombre quiere ser papá y la mamá no quiere”, asegura Franklin Gil, antropólogo de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional. “Por otra parte, ¿cómo se va a asegurar que esta mujer no va a tener ninguna responsabilidad, que no va a ser estigmatizada por no haber querido ser mamá? Me parece difícil reclamar derechos sobre un evento en el que los dos cuerpos no están en la misma situación”.
En Colombia ocurren entre 300.000 y 400.000 abortos por año, en su mayoría ilegales, y se estima que el 34 % de los casos son de madres solteras cabeza de hogar. En medio de este complejo panorama, la demanda de los hombres por verse más involucrados en la planificación y reproducción ha aumentado en los últimos veinte años, aunque de manera muy incipiente.





Según Claudia Gómez, investigadora de Profamilia, por lo menos la mitad de las jóvenes que van a los 33 centros de jóvenes que tiene la entidad en 29 ciudades del país asisten acompañadas de sus parejas. Consciente de esta situación, Profamilia va a realizar la primera Encuesta de Demografía y Salud para hombres y mujeres en 2015.




Pero no solamente en Colombia se ha enfocado la planificación –y la reproducción– en las mujeres. Solo hasta la Conferencia de El Cairo de 1994 se hizo evidente para la Organización Mundial de la Salud (OMS) que las políticas de planificación debían contar con los hombres. Aunque “desde entonces hasta hoy, no ha habido una recomendación política desde la OMS para decir cómo compartimos la posibilidad de la decisión de la procreación y cómo discutimos el problema del cuerpo”, como anota Hernando Salcedo, uno de los investigadores que llevaron a cabo, entre 1992 y 1995, el estudio El aborto inducido en Colombia, uno de los pocos en el país que habla sobre el aborto desde la experiencia masculina.



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Podes encontrar mas material sobre el "Mens rights movement" en nuestra comunidad.


http://www.taringa.net/comunidades/masculinismo/
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