¡Cuidado del relativista ignorante! no todo es relativo
Es difícil hablarle a un relativista ignorante, una de esas personas para quienes cualquier tipo de principio es discutible, pues no hay verdades universales. Sus ideas tienen la consistencia de The Blob, ese monstruo alienígena viscoso y amorfo que se dedica a alimentarse de incautos en una vieja película de terror. Y si uno se descuida, puede terminar engullido por la falta de firmeza y estabilidad que tienen los argumentos de un relativista a la hora de hablar de cualquier cosa: desde la dinámica de fluidos hasta la multiplicación de los virus, pasando tranquilamente por temas como la llegada del hombre a la Luna, los asesinatos de los nazis o la propagación del virus del sida. Te dirá que “todo es relativo” y se quedará tan pancho, mirándote con astucia, mientras lo observas con la boca muy abierta, incapaz de creer que haya gente así.
Lo curioso es que en ciertos casos, muy muy muy particulares, el relativismo tiene un valor importante. Como en las ciencias sociales, donde nos recuerda que la forma cómo las personas elaboran sus pensamientos cambia según la cultura a la que pertenecen. Algo que es muy relevante a la hora de analizar fenómenos como el lenguaje, el arte o la moral.
Esto los griegos ya lo habían intuido. Los sofistas utilizaron sus trampas dialécticas como una forma de demostrar que cada quien tiene su verdad, y con un poco de habilidad retórica puede defenderla. Sin embargo, fuera de las ciencias sociales y del pensamiento sofista, el relativismo al estilo griego usado como forma de entender el universo resulta absurdo: el hecho de que puedas demostrar con palabras que para ti no existe la gravedad, no va a hacer que salgas volando. Hay certezas que no son relativas, sino que están comprobadas por la ciencia, y permanecen así hasta que llegan otras a tomar su lugar, tal y como funciona el método científico.
El hecho de que Einstein utilizara el término para denominar su famosa y revolucionara Teoría, no ha servido más que para dar a los más ignorantes una falsa manera de sustentar su absurda posición relativista. Las complejas matemáticas de Einstein, que demuestran los comportamientos físicos de las partículas a grandes velocidades, no tienen ningún reflejo en la vida cotidiana de la gente normal, y menos aún en su percepción sobre la realidad. Y, por supuesto, no significan que “todo es relativo”, como nos quiere decir tan pancho nuestro relativista aficionado.
No obstante, el siglo XX con sus grandes avances científicos y tecnológicos (muchos de ellos derivados de las teorías de Einstein) hizo que el mundo se viera diferente. La atrocidad de las guerras mundiales, el peligro a un cataclismo nuclear, el contacto real con el vasto y desconocido espacio, los cambios en el rol de la mujer y la familia, y la consciencia de la diversidad cultural que proporcionaron los medios masivos de comunicación y de transporte, hicieron que de repente ya nada pareciera tan seguro como antes.
De esta incertidumbre nacida en el siglo pasado se alimentó ese relativismo que es la principal característica de las corrientes filosóficas y sociales de la posmodernidad, donde todo es válido, pero a la vez nada es del todo cierto. Si has leído a Paul Auster, escuchado a Michael Nyman o visto el cine de David Lynch entenderás un poco de qué va el asunto (aunque es probable que no entiendas mucho más: todo es relativo).
Las ciencias formales también sacaron ventaja de esa forma de ver el mundo donde nada era tan seguro como antes. Teorías científicas como el principio de incertidumbre de Heisenberg, la paradoja de Schrödinger o la muy mentada teoría del caos, se deben en parte a todo este proceso en el que la ciencia aprendió nuevas maneras de aproximarse a una mejor concepción del Universo.
Pero de nuevo hay que decirlo: no todo es relativo. Tal vez lo sea el olor de las flores en una tarde de primavera, o la interpretación del poema 20 de Neruda. No lo son, desde luego, los principios científicos sobre los cuales se basa la realidad de las ciencias modernas. No son relativos los ingredientes activos de los medicamentos, ni los cálculos que debe hacer un ingeniero para levantar un puente, ni la forma como fue asesinado Julio César. Millones de estudios, análisis, comprobaciones y dobles comprobaciones prueban que hay certezas sobre las cuales estamos construyendo nuestro progreso como humanidad en muchos niveles. Y los métodos utilizados para conseguirlo están siendo utilizados en la investigación de otras miles de futuras certezas en todos los campos, desde la secuenciación del ADN con nanotecnologías hasta la formación de agujeros negros a partir de las supernovas.
Nada de eso es relativo salvo en tu estrecha mente, querido relativista ignorante.
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