El tablero de un auto es el espacio con el que más tiempo estamos en contacto, es donde nos informamos sobre el estado actual del vehículo y desde el que controlamos la mayoría de sus funciones.
Semejante importancia en su funcionalidad deja poco espacio al vuelo creativo de los diseñadores, sin embargo en la historia del automóvil hubo inventos que revolucionaron para mejor la forma en la que interactuamos con nuestro auto. Pero esta no es precisamente la ocasión.
Lancia Beta Trevi
Nos gustaría saber en qué estaban pensando los diseñadores de Lancia cuando idearon un tablero repleto de pocitos. Cada botón está ubicado en orificios, que a primera vista dan la apariencia de que nuestro querido Lancia contrajo viruela plástica. Quizá podamos perdonarle el hecho que la palanca de cambios no se decida a estar en el torpedo y tome una extraña posición oblicua, pero el volante con expresión de tristeza pareciera que está hecho para funcionar como un reflejo de la cara que pone el usuario cuando se sube al auto.
K.I.T.T. (El Auto Increíble)
David Hasselhoff interactuó con lo peor del mal gusto norteamericano y no hablamos de Baywatch, sino del tablero de K.I.T.T., el Auto Increíble. Completamente digital, el esfuerzo por parecer de última tecnología se focalizó en la absurda cantidad de luces, indicadores y un volante inspirado en un mando de avión. Si bien se puede criticar el antiestético tablero, vale la pena rescatar que muchos de los gadgets que encontramos en él, actualmente son moneda corriente, como el comando por voz, la brújula y la pantalla de video.
Porsche Panamera
Diseño alemán, prestaciones deportivas, lujo y una enorme cantidad de equipamiento ¿Qué puede fallar? Adivinaste, la forma de interactuar con el usuario. El Porsche Panamera ofrece una consola central digna de un módulo lunar, con tantos botones rodeando la palanca de cambios que podríamos estrellarnos antes de poder encontrar el accionamiento de las direccionales. Para colmo de males, esta forma de distribuir la botonera se volvió habitual en la marca de Stuttgart, obligando a los usuarios a tener buen tacto, memoria y saber leer braile para poder disfrutar con fluidez de las comodidades de su vehículo.
Alfa Romeo GTV "Alfetta"
Un vehículo bellísimo, deportivo y con la característica estampa italiana. Seguramente hizo suspirar a más de uno en su época y actualmente te haría voltear a verlo. Pero esta belleza exterior se pone a prueba cuando nos acomodamos en el asiento del conductor. El auto parece normal, pero algo raro perturba la armonía. Sucede que para darle un aspecto más deportivo, Alfa Romeo colocó frente al piloto solamente el tacómetro, dejando el resto del instrumental en la consola central. Esta distribución estaría bien si se tratase de un vehículo preparado para carreras o tuneado, pero para un uso cotidiano fluctúa entre lo incómodo y lo peligroso. Increíblemente, la moda del cuadro de instrumentos en el centro del auto se popularizó en los 90s y algo similar al GTV volvió en la reencarnación del MINI.
Spyker C8
Los diseñadores de la holandesa Spyker se esforzaron tanto en hacerte sentir en el habitáculo de un avión al subirte al vehículo, que terminaron estrellándose de trompa en la enorme montaña del mal gusto. Generalmente, la fusión del cuero con el metal es signo de delicadeza y refinamiento, pero en el caso del C8 la abrumadora cantidad de brillo y perillas poco tiene que ver con el austero equipamiento de los aviones, sino más bien se parece a las máquinas que mecen a los niños por algunas monedas al compás de una melodía estridente. El volante evoca a las cuatro aspas de los primeros aviones fabricados por la marca y la palanca de cambios quizás sea el elemento más original y destacable, ya que simula el funcionamiento de los antiguos mandos de las aeronaves.
Chevrolet Corvette C4 (80s)
El C4 cargó con el legado del C3 -uno de los muscle cars favoritos entre los norteamericanos en sus treinta años de historia- y esta evolución prometía insertar a la legendaria bestia en un ámbito moderno y sofisticado. Quizás estas últimas palabras fueron las que más quedaron resonando en los oídos de los encargados en diseñar el tablero, ya que incursionaron en el mundo digital mediante un sistema de luces digno del DMC DeLorean de Marty McFly. Si algo pudiese empeorar al velocímetro y tacómetro en forma de grandes olas con bastones digitales verdes, los responsables de diseño se las ingeniaron para crear un volante que no coincide para nada con la estética de semejante deportivo.
FIAT Multipla
Siempre que hay un ranking de vehículos raros (feos), el Multipla de FIAT está presente. Invariablemente, su arriesgado diseño la ubica como uno de los autos más estrambóticos que salieron de la casa de Turín. Su diseño cuestionable no está sólo en el exterior, sino que ¡mira ese tablero! Uno de los mayores amontonamientos de instrumental que jamás hemos visto. Todo está en el centro, justo enfrente del asiento central (el Multipla tiene dos filas de tres asientos) remarcando la importancia de usar el cinturón de seguridad ya que una frenada brusca o un choque frontal ocasionaría que el pasajero del medio reciba gratuitamente una lobotomía con la palanca de cambios ubicada justo a la altura de su cabeza.
Citroën GSA
La constante pretensión creativa de la marca del doble chevrón es parte de su espíritu como empresa y es la responsable de crear maravillas tecnológicas que revolucionaron el mundo automotriz. Pero todo tiene un límite y los diseñadores de Citroën lo encontraron con el GSA. Un diseño completamente radical, inentendible a primera vista y para nada intuitivo. Los comandos de las luces y los limpiaparabrisas se manejan desde dos cilindros (del desafortunado tamaño de una lata de cerveza) a cada lado del antiestético volante. Para continuar con su extravagancia, el GSA tiene velocímetro y tacómetro rotativo-flotante y un panel lumínico con el perfil del vehículo a todo color.
Chrysler Imperial de 1962
La aparatosa apariencia de este gigante estadounidense merecía este tablero. Un volante casi ovalado, cromo por doquier y líneas que remiten al Batimóvil de Adam West pero con pretensiones de volar por el espacio sideral. Los cambios automáticos se accionan mediante una botonera vertical a la izquierda y el resto del instrumental se divide entre palancas y botones, que sin duda hacían sentir al piloto como un astronauta preparándose para el despegue. Para complementar esta idea, el Imperial tenía un tablero fotoluminiscente, denominado por Chrysler como “Panelescent” que funcionaba sin usar los bulbos tradicionales. El mismo se iluminaba con electricidad corriendo a través de cinco placas lumínicas que brillaban en la oscuridad, sorprendiendo a todos con un radioactivo fondo verde y agujas rojas.
Aston Martin Lagonda
La polémica serie 2 del Lagonda vio la luz en 1976 y aunque no lo creas, fue tan grande su éxito que por aquel entonces reflotó las acciones de Aston Martin. La enorme cantidad de pedidos por este vehículo se debía a que fue el primer cuatro puertas fabricado por la marca británica y el primer automóvil del mundo en ofrecer instrumental computarizado e indicadores digitales. Aston Martin gastó cuatro veces más presupuesto en desarrollar la interfaz electrónica que el auto en sí, sin contar el costo de las reparaciones que se vieron obligados a realizar en los años venideros, ya que el Lagonda fue famoso por fallar en cada uno de sus componentes digitales. Más caro que un Rolls-Royce, enorme, raro por todos lados y con uno de los tableros más ridículos de la historia. De los errores se aprende.