El batallón femenino de los kurdos (Norte de Syria ) son la pesadilla del ISIS o Estado Islámico, por su habil y letal fiereza en batalla y por que es dogma entre los miembros del estado islámico que si mueren a manos de una mujer, nunca alcanzarán el paraíso.
El pueblo kurdo es la minoría étnica más grande en el Medio Oriente que no se encuentra establecida en alguna forma de Estado nación.
Son entre 55 y 60 millones de personas (no existen censos rigurosos), aproximadamente un 45 % de los cuales vive en Turquía, un 25 % en Irán, otro 25 % en Irak y un 5 % en Siria.
Si bien los kurdos se distinguen por elementos como la lengua, el kurdo, existen variantes idiomáticas por todo el Kurdistán. En Turquía los kurdos hablan el kurmanji y el zaza. En el norte de Irak se habla el sorani y los kurdos de Irán, además del sorani y el kurmani, también hablan distintos dialectos en el sureste del país.
Tras la Primera Guerra Mundial, en la que apoyaron a los aliados contra el Imperio otomano, los kurdos lograron por medio del Tratado de Sèvres el reconocimiento de la independencia de su país. Sin embargo, este acuerdo internacional nunca se ratificó y fue sustituido por el Tratado de Lausana, que repartió el territorio otomano entre los actuales Estados entre los que se encuentra dividido. Por esta razón esta es su verdadera situación actual, su población, territorio en el que habitan pero sin estado o república.
Los destacamentos armados kurdos que luchan contra el grupo yihadista Estado Islámico incluyen no solo a hombres, sino a mujeres también. Ellas forman parte de las Fuerzas de Autodefensa Populares (YPJ) y de los peshmerga (milicianos kurdos).
AQUÍ LA SEMEJANZA ENTRE ISIS Y LOS VIRGOS DE TARINGA
Para un yihadista, una luchadora femenina es considerada como haram, lo que significa maldición o visión inquietante y aterradora, añade Telesur.
Las mujeres componen cerca de un tercio de las milicias kurdas que operan en Siria y más de 10 mil se han unido a la YPJ. Este último grupo, sin embargo, también tiene en sus filas a inglesas, danesas, suecas, iraníes e israelíes, la mayoría entre 18 y 24 años.
Después de un mes de entrenamientos, las jóvenes se dirigen al frente, donde en el mejor de los casos lucharán durante dos meses, después de lo cual podrán regresar a su casa solo por un día o dos, antes de volver al campo de batalla.
Los padres de Gulán, una joven kurda de 18 de edad a quién RT sigue en su camino al campamento, son conscientes de que ella puede morir.
Aún así, quieren que vaya al campo. Y no porque no la quieran, sino todo lo contrario. "El EI nos atacó. Se llevan a nuestros niños, les cortan las cabezas. Secuestran a nuestras hijas y las deshonran", relata el padre de Gulán. "Rezo para que nunca la tomen como rehén. Y si ocurre, que se dispare la última bala que le quede", agrega.
FIN