La infidelidad siempre ha sido monopolio del varón la relación paralela, bá5adá~én la convicción de que los hombres tienen una libido y un eros claramente más fuertes que los de la mujer. De modo que se les ha permitido, «concedido» tener relaciones sexuales también fuera del matrimonio. La alcoba conyugal no era el lu- gaFctéhtteséo, sino que tenía, como sabemos, una función muy precisa, vinculada a los intereses económicos y sociales de las respectivas familias. Otro pequeño detalle: la prohibición de tener relaciones sexuales extramatrimoniales era todavía más fuerte para las mujeres, porque se pondría en peligro el honor familiar y la supervivencia de la estirpe, dado el riesgo de embarazos ilegítimos.
¿ qué ocurre hoy en día con la monogamia? Hoy las mujeres comienzan a engañar igual que los hombres. Los porcentajes varían y son difíles de conseguir de forma fiable.
¿Algunos datos? La duración media de los matrijjñónios que acaban en separación —dicen las estadísticas— oscila entre 3 y 5 años. Luego se insinúa la tentación del nuevo. Y el 50 por 100 tle las parejas se rompe por culpa del adulterio; que ya no es delito, sino causa de muchas separaciones. Porque además los sociólogos coinciden en este punto: la traición ya no es estigmatizada, ha perdido la connotación negativa de pecado, de rebelión. Ya no se somete —al menos no con el mismo rigor de antes— al juicio social. ¿Y qué ocurre con las mujeres? Según una encuesta de la agencia Klaus Davi realizada en el año 2000, el 70 por 100 de las entrevistadas confiesa haber engañado al menos una vez en la vida.
Creo que esto está relacionado con el cambio de la posición social de la mujer. Pensemos en una mujer de unos cuarenta años hace un siglo: se encontraba casi al final de la vida, con muchos embarazos a sus espaldas e hijas en edad de casarse; encerrada en casa, esclava de las obligaciones domésticas, carena de trabajo remunerado, no tenía más rentas que las que procedían de su familia (en el caso de la alta burguesía) y por lo general no podía disponer libremente de su tiempo ni de su propia vida. ¿Cómo es hoy una mujer de cuarenta años? A menudo se encuentra en el mejor período de su vida. Seguramente ha estudiado, trabaja, gana un sueldo, tiene la posibilidad de gastar su dinero como quiera y, sobre todo, tiene un puesto «en el mundo», no sólo «en casa». Es posible que esté casada y tenga hijos, pero también es posible que haya decidido vivir sola, manteniendo una relación más o menos importante con un compañero. ¡Cuánto camino han recorrido las mujeres!
Los cambios fundamentales —no me cansaré nunca de repetirlo— son seguramente dos: la posibilidad de trabajar (y ganar) y el descubrimiento de la pildora anticonceptiva, que permitió separar el sexo de la procreación y eliminar el riesgo de embarazos no deseados. Y todo esto, que ha contribuido a que las mujeres sean más libres, les ha proporcionado además mayor desenvoltura en su conducta sentimental: si quieren, pueden engañar. Y cada vez quieren más.
¿ qué ocurre hoy en día con la monogamia? Hoy las mujeres comienzan a engañar igual que los hombres. Los porcentajes varían y son difíles de conseguir de forma fiable.
¿Algunos datos? La duración media de los matrijjñónios que acaban en separación —dicen las estadísticas— oscila entre 3 y 5 años. Luego se insinúa la tentación del nuevo. Y el 50 por 100 tle las parejas se rompe por culpa del adulterio; que ya no es delito, sino causa de muchas separaciones. Porque además los sociólogos coinciden en este punto: la traición ya no es estigmatizada, ha perdido la connotación negativa de pecado, de rebelión. Ya no se somete —al menos no con el mismo rigor de antes— al juicio social. ¿Y qué ocurre con las mujeres? Según una encuesta de la agencia Klaus Davi realizada en el año 2000, el 70 por 100 de las entrevistadas confiesa haber engañado al menos una vez en la vida.
Creo que esto está relacionado con el cambio de la posición social de la mujer. Pensemos en una mujer de unos cuarenta años hace un siglo: se encontraba casi al final de la vida, con muchos embarazos a sus espaldas e hijas en edad de casarse; encerrada en casa, esclava de las obligaciones domésticas, carena de trabajo remunerado, no tenía más rentas que las que procedían de su familia (en el caso de la alta burguesía) y por lo general no podía disponer libremente de su tiempo ni de su propia vida. ¿Cómo es hoy una mujer de cuarenta años? A menudo se encuentra en el mejor período de su vida. Seguramente ha estudiado, trabaja, gana un sueldo, tiene la posibilidad de gastar su dinero como quiera y, sobre todo, tiene un puesto «en el mundo», no sólo «en casa». Es posible que esté casada y tenga hijos, pero también es posible que haya decidido vivir sola, manteniendo una relación más o menos importante con un compañero. ¡Cuánto camino han recorrido las mujeres!
Los cambios fundamentales —no me cansaré nunca de repetirlo— son seguramente dos: la posibilidad de trabajar (y ganar) y el descubrimiento de la pildora anticonceptiva, que permitió separar el sexo de la procreación y eliminar el riesgo de embarazos no deseados. Y todo esto, que ha contribuido a que las mujeres sean más libres, les ha proporcionado además mayor desenvoltura en su conducta sentimental: si quieren, pueden engañar. Y cada vez quieren más.