EL DICCIONARIO DEL DIABLO

El diccionario del diablo es un libro escrito por Ambrose Bierce. Es un verdadero glosario que consta de mas de novecientas definiciones inventadas por el autor. Algunas son en verdad bastante interesantes. Bierce usa la satira y el sarcasmo para hacer una critica mordaz de distintos elementos de la sociedad de su epoca, y ciertamente, tambien de la nuestra.
Por favor, no vayan a creer que el post (el libro) es racista en algun modo, porque no lo es. Solo hace notar algunas injusticias o abusos usando el humor negro
Aca les dejo una seleccion de algunas definiciones que me parecieron en verdad muy buenas. Son solo unas pocas que van de la letra A a la C, posteriormente quizas agregue otras.
Abdicación, s.
Acto mediante el cual un soberano demuestra percibir la alta temperatura del trono.
Aborígenes, s.
Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.
Aire, s.
Sustancia nutritiva con que la generosa Providencia engorda a los pobres.
Admonición, s.
Reproche suave o advertencia amistosa que suele acompañarse blandiendo un hacha de carnicero.
Admitir, v. t.
Confesar. Admitir los defectos ajenos es el deber más alto que nos impone el amor de la verdad.
Alba, s.
Momento en que los hombres razonables se van a la cama. Algunos ancianos prefieren levantarse a esa hora, darse una ducha fría, realizar una larga caminata con el estómago vacío y mortificar su carne de otros modos parecidos. Después orgullosamente atribuyen a esas prácticas su robusta salud y su longevidad; cuando lo cierto es que son viejos y vigorosos no a causa de sus costumbres sino a pesar de ellas. Si las personas robustas son las únicas que siguen esta norma es porque las demás murieron al ensayarla.
Amistad, s.
Barco lo bastante grande como para llevar a dos con buen tiempo, pero a uno solo en caso de tormenta.
Anormal, adj.
Que no responde a la norma. En cuestiones de pensamiento y conducta ser independiente es ser anormal y ser anormal es ser detestado. En consecuencia, el autor aconseja parecerse más al Hombre Medio que a uno mismo. Quien lo consiga obtendrá la paz
Apetito, s.
Instinto previsor implantado por la Providencia como solución al problema laboral.
Aplauso, s. El eco de una tontería. Monedas con que el populacho recompensa a quienes lo hacen reír y lo devoran.
Armadura, s.
Vestimenta que usa un hombre cuyo sastre es un herrero.
Ausente, adj.
Singularmente expuesto a la mordedura de la calumnia; vilipendiado; irremediablemente equivocado; sustituido en la consideración y el afecto de los demás.
Australia, s.
País situado en los Mares del Sur, cuyo desarrollo industrial y comercial, se ha visto increíblemente demorado por una funesta disputa entre geógrafos sobre si es un continente o una isla.
Bailar, v. i. Saltar a compás de una música alegre, preferiblemente abrazando a la esposa o la hija del vecino. Hay muchas clases de bailes, pero todos los que requieren la participación de ambos sexos tienen dos cosas en común: son notoriamente inocentes y gustan mucho a los libertinos.
Baño, s.
Especie de ceremonia mística que ha sustituido al culto religioso. Se ignora su eficacia espiritual.
Barba, s.
El pelo que suelen cortarse los que justificadamente abominan de la absurda costumbre china de afeitarse la cabeza.
Barómetro, s.
Ingenioso instrumento que nos indica qué clase de tiempo tenemos.
Bautismo, s.
Rito sagrado de tal eficacia que aquel que entra en el cielo sin haberlo recibido, será desdichado por toda la eternidad.
Bebé, s.
Ser deforme, sin edad, sexo ni condición definidos, notable principalmente por la violencia de las simpatías y antipatías que provoca en los demás, y desprovisto él mismo de sentimientos o emociones.
Blanco, adj. Negro.
Botánica, s.
Ciencia de los vegetales, comestibles o no. Se ocupa principalmente de las flores, que generalmente están mal diseñadas, tienen colores poco artísticos y huelen mal.
Cartesiano, adj.
Relativo a Descartes, famoso filósofo, autor de la célebre sentencia "Cogito, ergo sum", con la que pretende demostrar la realidad de la existencia humana. Esa máxima podría ser perfeccionada en la siguiente forma: "Cogito, cogito, ergo cogito sum" ("Pienso que pienso, luego pienso que existo", con lo que se estaría más cerca de la verdad que ningún filósofo hasta ahora.
Casa, s.
Estructura hueca construida para habitación del hombre, la rata, el escarabajo, la cucaracha, la mosca, el mosquito, la pulga, el bacilo y el microbio. "Casa de corrección": lugar de recompensa por servicios políticos o personales. "Casa de Dios": edificio coronado por un campanario y una hipoteca. "Perro Guardián de la Casa": bestia pestilente encargada de insultar a los transeúntes y aterrar a los visitantes. "Sirvienta de la Casa": persona joven, del sexo opuesto, a quien se emplea para que se muestre variadamente desagradable e ingeniosamente desalineada en la situación que el bondadoso Dios le ha dado.
Celoso, adj.
Indebidamente preocupado por conservar lo que sólo se puede perder cuando no vale la pena conservarlo.
Centauro, s.
Miembro de una raza de personas que existió antes que la división del trabajo alcanzara su grado actual de diferenciación, y que obedecían la primitiva máxima económica. "A cada hombre su propio caballo". El mejor fue Quirón, que unía la sabiduría y las virtudes del caballo a la rapidez del hombre.
Cerbero, s.
El perro guardián del Hades, que custodiaba su entrada, no se sabe contra quién, puesto que todo el mundo, tarde o temprano, debía franquearla, y nadie deseaba forzarla. Es sabido que Cerbero tuvo tres cabezas, pero algunos poetas le atribuyeron hasta un centenar. El profesor Graybill, cuyo erudito y profundo conocimiento del griego da a su opinión un peso enorme, ha promediado todas esas cifras, llegando a la conclusión de que Cerbero tuvo veintisiete cabezas; juicio que sería decisivo si el profesor Graybill hubiera sabido: a) algo de perros y b) algo de aritmética.
Cerdo, s.
Ave notable por la uníversalidad de su apetito, y que sirve para ilustrar la universalidad del nuestro. Los mahometanos y judíos no favorecen al cerdo como producto alimenticio, pero lo respetan por la delicadeza de sus costumbres, la belleza de su plumaje y la melodía de su voz. Esta ave es particularmente apreciada como cantante: una jaula llena, puede hacer llorar a más de cuatro. El nombre científico de este pajarito es Porcus Rockefelleri. El señor Rockefeller no descubrió el cerdo, pero se lo considera suyo por derecho de semejanza.
Cetro, s.
Bastón de mando de un rey, signo y símbolo de su autoridad. Originariamente era una maza con que el soberano reprendía a su bufón y vetaba las medidas ministeriales, rompiendo los huesos a sus proponentes.
Cínico, s.
Miserable cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como debieran ser. Los escitas acostumbran arrancar los ojos a los cínicos para mejorarles la visión.
Circo, s.
Lugar donde se permite a caballos, "ponies" y elefantes contemplar a los hombres, mujeres y niños en el papel de tontos.
Clérigo, s.
Hombre que se encarga de administrar nuestros negocios espirituales, como método de favorecer sus negocios temporales.
Comer, v. .i.
Realizar sucesivamente (y con éxito) las funciones de la masticación, salivación y deglución.
--Me encontraba en mi salón, gozando de la cena...--dijo un día BriSavarin, comenzando una anécdota.
--¡Qué! --interrumpió Rochebriant-- ¿Cenando en el salón?-- Le ruego observar, señor, --explicó el gran gastrónomo--, que yo no dije que estaba cenando, sino gozando de la cena. Había cenado una hora antes.
Corazón, s.
Bomba muscular automática que hace circular la sangre. Figuradamente se dice que este útil órgano es la sede de las emociones y los sentimientos: bonita fantasía que no es más que el resabio de una creencia antaño universal. Sabemos ahora que sentimientos y emociones residen en el estómago y son extraídos de los alimentos mediante la acción química del jugo gástrico. El proceso exacto que convierte el bistec en un sentimiento (tierno o no, según la edad del animal); las sucesivas etapas de elaboración por las que un emparedado de caviar se transmuta en rara fantasía y reaparece convertido en punzante epigrama; los maravillosos métodos funcionales de convertir un huevo duro en contrición religiosa o una bomba de crema en suspiro sensible: todas estas cosas han sido pacientemente investigadas y expuestas con persuasiva lucidez por Monsieur Pasteur. (Ver también mi monografía "Identidad Esencial de los Afectos Espirituales con Ciertos Gases Intestinales Liberados en la Digestión" págs. 4 a 687). En una obra titulada según creo Delectatio Demonorum (Londres 1873) esta teoría de los sentimientos es ilustrada de modo sorprendente; para más información se pued
e consultar el famoso tratado del profesor Dam sobre "El amor como producto de la Maceración Alimentaria".
Costumbre, s.
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