El comercio con China era muy rentable, pero el Gobierno chino rechazaba cualquier influencia «bárbara». Los europeos buscaron otras formas de comerciar. En el siglo XVIII, la seda, el algodón, el té, la porcelana y los objetos esmaltados chinos eran sumamente apreciados en Europa, pero resultaban muy caros y escasos, además, esto significaba un gran esfuerzo para las ya apretadas finanzas europeas provocadas por las guerras napoleónicas.
Los europeos buscaron entonces otras formas de comerciar. El opio era una droga que tradicionalmente se usaba masivamente (mezclado con tabaco) en China desde el siglo XV con fines medicinales; los europeos entablaron relaciones con los traficantes de droga chinos, a quienes vendían grandes cantidades de opio (5.000 barriles por año en la década de 1820) desde países como Birmania.
A cambio recibían lujosos artículos chinos. El comercio creció a finales del siglo XVIII y, aunque el Gobierno Qing intentó detenerlo, en la década de 1830 el opio se consumía ampliamente en China: hacía perezosas a las personas, dañaba la sociedad y la economía, y causaba ingentes gastos al país.
Como consecuencia del aumento del consumo de opio en China (entre 100 y 150 millones de personas a comienzos del siglo XIX) monopolizado su comercio por el Imperio Británico, el gobierno chino lo prohibió, desembocando así la Primera Guerra del Opio (1839-1842) que perdería China y por la que ésta cedía Hong Kong a los ingleses.
La Segunda Guerra del Opio (1856-1860) tuvo lugar después de que los chinos se negaron a ceder ante la presión británica de legalizar el opio y permitir el acceso a puertos en el interior. Se calcula que en 1880 las importaciones chinas del opio pasaban de las 6.500 toneladas al año y la población adicta en más de 15 millones. Según estimaciones de historiadores, en este período murieron cerca de 60 millones de chinos.
Entre las masacres por asuntos religiosos entre católicos y protestantes franceses, la más recordadas se encuentra “La noche de San Bartolomé” (el 24 de agosto de 1572) en París cuando una gran cantidad de hugonotes fueron asesinados por los bandos católicos. Las rebeliones se extendieron por varias ciudades francesas, muriendo más de diez mil personas en todo el país en sólo una noche.
Esa noche toda la nobleza protestante se reunió en París en 1572 para asistir al matrimonio que tuvo lugar el 18 de agosto. Los festejos duraron varios días. El 22 de agosto Gaspar Coligni es objeto de un atentado.
Los protestantes, furiosos, amenazaron con vengarse implacablemente si no se hacía justicia de inmediato. En un consejo privado, el joven rey Carlos IX, su madre Catalina de Médicis y varios príncipes decidieron eliminar a Coligny.
A fin de evitar represalias, también ordenaron el asesinato de todos los protestantes que se hallaban en París a excepción de Enrique de Navarra (el nuevo yerno de Catalina salvará la vida al convertirse repentinamente al catolicismo) y el príncipe Condé.
Para hacer frente a los protestantes que tratarían de defenderse se llama a las milicias parisienses para que los burgueses católicos intervengan junto con los soldados. Esta decisión provoca la masacre que comenzará al alba.
Era el domingo 24 de agosto de 1572. Un toque de campana dio la señal hacia las cuatro de la mañana. Un grupo de mercenarios suizos se encargó de matar, mientras dormían, a muchos de los invitados protestantes alojados en el Louvre. El duque Enrique I de Guisa se dirigió con un grupo de hombres armados hasta la casa de Coligny, lo mató con una pica y arrojó el cuerpo por la ventana.
Los soldados y las turbas se lanzaron a las casas donde vivían los protestantes y los mataron. Mujeres y niños fueron arrastrados a las calles, pasados por la espada y sus cuerpos arrojados al Sena. Los arreglos de cuentas se enmarcaron tras los motivos religiosos; los acreedores fueron de pronto acusados de ser hugonotes: los católicos parisienses detestaban a los hugonotes.
La masacre continué varios días a pesar de que el rey intentó detenerla. A lo largo del mes de septiembre las matanzas se sucedieron en las principales ciudades de Francia. Se calcula que en París hubo unas 3.000 víctimas, mientras que algunos autores estiman que el número total de asesinados en toda Francia llegó a los 70.000.
Iván IV de Rusia ( "Iván el Terrible" ) muestra sus tesoros al embajador de la reina Isabel I de Inglaterra
Iván IV fue el primer zar de Rusia (el primero en usar este título) a los tres años, sucediendo a su padre, Basilio IV. Su madre se llamaba Elena Gliviski, que murió cuando el pequeño heredero contaba apenas ocho años. Ya huérfano de su padre, sufrirá toda clase de violencias y humillaciones por parte de una nobleza que utilizará al niño en sus intrigas y ambiciones. Pero la existencia del pequeño será aún peor cuando, cumplidos los ocho años, asista a la muerte por envenenamiento de su madre, ya que se desató entonces, con más virulencia aún, la guerra entre las enfrenta das facciones nobles.
En 1570 basándose en acusaciones infundadas emitidas por el arzobispo de Novgorod descargó un golpe cruel y terrible sobre esta antigua ciudad provocando un número de muertes indeterminado de miembros de la buena sociedad de Novgorod, algunos ajusticiados por su propia mano, extremidad que gustaba de exhibir y junto a la que utilizaba una extensión artificial en forma de temible mazo de hierro del que sobresalía un espantable bastón del que nunca se separaba. Años después, y como sintiese una enfermiza antipatía por esta misma ciudad de Novgorod, volvió a atacar a la misma a sangre y fuego, produciendo una auténtica matanza entre toda la población durante las cinco semanas que duró la ocupación.
La ciudad vio aterrorizada cómo acabaron pereciendo cerca de 60.000 de sus habitantes. No obstante, y como solía hacer en ocasiones semejantes, tras esta orgía de sangre el Zar sintió la necesidad ineludible de entrar a rezar en el convento de San Nicolás, en la misma diezmada ciudad de Novgorod. Aparentó en aquel templo un sincero arrepentimiento de sus crímenes que, a la postre, resultaba temporal.
Novgodod fue saqueada, incendiada y arrasada hasta los cimientos. La ocuparon durante cinco semanas y comenzaron asesinando a todos los hombres y ancianos. Las mujeres fueron torturas y ejecutadas y las niñas de entre 10 y 15 años utilizadas como esclavas sexuales durante esos 35 días. Algunos cronistas calculan que en Novgorod fueron masacradas más de 30.000 personas. Después de la matanza, la hambruna y las epidemias extendieron más muerte por el territorio.
Ese mismo año continuaron en Moscú las matanzas y las ejecuciones en masa. Un gran número de familias de nobles fueron completamente exterminadas, incluyendo a los sirvientes y campesinos a su servicio, y las torturas alcanzaban a todos. Muchos eran ahogados, estrangulados o azotados hasta la muerte, también eran habituales los empalamientos o las víctimas quemadas vivas o asadas a fuego lento.
El 14 de marzo de 1519 el conquistador español Hernán Cortés desembarcó en las costas del golfo de México con 11 barcos y 700 hombres para emprender la conquista del país.
Cuando Pánfilo de Narváez dejó Cuba en mayo de 1520, en su viaje a México llevó consigo a unos africanos, probablemente los mismos esclavos cristianizados (o sus hijos) que habían sido embarcados hacia las Indias Occidentales por orden del rey Fernando. Se cree que algunos enfermaron durante el viaje y al menos uno fue bajado a tierra en América estando aún enfermo. Éste infectó a otros tripulantes y la enfermedad, a la que llamaron la “gran lepra’, se diseminó entre la población amerindia.
La descripción no tiene semejanza alguna con la lepra, y su rápida dispersión con una inmediata erupción cutánea no coincide con el aspecto de la frambesia o de la sífilis. Por estos datos, poca duda cabe de que se trataba de una forma letal de viruela.
La enfermedad, ciertamente, era más cruenta que la viruela conocida en la Europa del siglo XVI. Puede considerarse que una forma epidémica que afectaba a los nativos tlascaltecas fue transmitida por éstos a la capital en el primer intento abortado de su captura, durante el verano de 1521.
Cuando Cortés entró en la ciudad en agosto, encontró que casi la mitad de los habitantes habían muerto. En el curso de seis meses prácticamente no quedó un solo pueblo sin ser infectado en las regiones conocidas de la Nueva España. Se ha estimado que casi la mitad de la población azteca pereció en esa primera epidemia.
Una segunda epidemia que, se sabe, ingresó por medio de la llegada de barcos españoles, provocó devastación en 1531. Tres posteriores rebrotes, en 1545, 1564 y 1576, redujeron la población nativa de la Nueva España, de —se estima— entre 10 y 25 millones de habitantes anteriores a la Conquista a menos de 2 millones a comienzos del siglo XVII. En la misma época, también la población inca del Perú disminuyó, de cerca de 7 millones a, aproximadamente, medio millón.
La conquista de América (1492) por los europeos y la expoliación de ésta por sus herederos criollos ha provocado, aproximadamente, la muerte de alrededor de 100 millones de personas hasta la actualidad, entre matanzas, represiones y las múltiples enfermedades derivadas del encuentro intercultural.
Gengis Khan Cazando Con Un Alcón - Pintura China de la época Yuan
Gengis Kan (nacido entre 1162 y 1167, y muerto en 1227). Antes de convertirse en Gengis Kan (escrito a veces Chingis Khan) se llamaba Temüjin. A la edad de trece años se volvió jefe de un clan desesperadamente pobre de mongoles nómadas. Temüjin estaba hambriento de poder, así que puso manos a la obra combatiendo y derrotando a otros clanes, entre otros a los naimanes y tangutos (nombres que hoy día nadie recuerda pero que entonces eran importantes). En 1206, cuando los uigures turcos le rindieron pleitesía, tomó el nombre de Gengis Kan, que significa “gran jefe” o “rey universal” .
En varias campañas, iniciadas en 1211, asoló el imperio de China septentrional y otros territorios de Asia oriental. A su muerte el Imperio Mongol se extendía desde el mar Negro hasta el océano Pacifico.
La Horda Azul, como eran conocidos los mongoles, invadió la China de los Kin arrasándola. En el asedio a Pekín la peste, que ya recorría las estepas, se extendió rápidamente debido a la cantidad de cadáveres putrefactos y a las ratas infectadas que eran catapultadas al interior de las ciudades.
Durante los asedios, los mongoles desviaban cursos de agua, provocando sed o inundaciones, y terribles máquinas lanzaban «fuego griego» (un chorro de fluido ardiente). Después de una tregua en el verano de 1215, Pekín capitulaba. Despreciando la suntuosidad de la impresionante metrópolis china Gengis Khan se retiró hacia el norte mientras sus tropas la exterminaban y saqueaban.
Estas atrocidades eran producto de una visión nómada de la vida que llevo a los mongoles a la política de «tierra quemada», a convertir en desierto las tierras conquistadas. De este modo las zonas muy fértiles fueron restituida a la estepa mientras se asesinaba a miles de personas.
El terror que evoca la mención de los mongoles está directamente relacionado con la terrible devastación que se abatió sobre Asia central entre 1219 y 1221. Las ciudades que ofrecían resistencia eran arrasadas hasta sus cimientos y su población exterminada. En dos años conquistaron todos los grandes centros comerciales de Asia central.
En Merv se alzaron macabras pirámides con las cabezas de hombres mujeres y niños. En Nishapurt Herat hubo también horribles masacres. El desierto recuperó lo que los siglo de civilización le habían arrancado laboriosamente.
Privadas de su base agrícola, multitud de ciudades de Asia central empequeñecieron o desaparecieron. A duras penas se salvaban algunos artesanos, condenados a la esclavitud, y los imanes. Los carruajes repletos de botín y de mujeres partirán hacia Mongolia.
Los Guerreros Cristianos Escalan Las Murallas de Jerusalén - Biblioteca Pública y Privada, Ginebra
Las Cruzadas comenzaron en 1095, cuando europeos de diversa procedencia, respondiendo al llamado del papa y unidos por el fervor religioso (eso decían), intentaron liberar Palestina, la Tierra Santa, de sus nuevos gobernantes turcos selyúcidas (por supuesto, nadie le preguntó a la gente que vivía en Palestina si deseaba ser liberada). Estos turcos islámicos, que conquistaron Asia Menor en el siglo once, vencieron a los ejércitos del Imperio Bizantino en la batalla de Manzikert, en 1071, y capturaron al emperador Romano IV Diógenes. Lo liberaron luego, pero el control bizantino sobre la región quedó maltrecho.
El predominio turco alarmó a la cristiandad toda (es decir, al mundo cristiano), y el eco llegó hasta Roma, en donde, para el papa Urbano II. La gota que llenó la copa fue la toma de Palestina por los turcos selyúcidas incluida Jerusalén y los más sagrados santuarios cristianos. Lo peor para el papa eran los informes según los cuales los turcos maltrataban a los peregrinos que iban a visitar los santuarios de Tierra Santa.
Como musulmanes que eran, los gobernantes selyúcidas tenían poca razones para proteger a los viajeros cristianos, que eran presa fácil de los ladrones. El papa estaba tan fuera de sí que en 1095 promovió una guerra para liberar a Jerusalén y ponerla de nuevo a salvo para los cristianos.
Las Cruzadas fueron la respuesta a su llamado. Al principio fueron tal vez empresas religiosas idealistas, pero degeneraron y se convirtieron en guerras brutales de odio y codicioso oportunismo.
Dos años tardó en llegar exhausto a Jerusalén el poderoso ejército cruzado vencedor en Nicea (primer enfrentamiento con los musulmanes, en junio de 1097), cuando la distancia se podía haber cubierto en unos dos meses de marchas moderadas. Eran unos 1.200 caballeros y 12.000 infantes, sin maquinas de guerra, los que llegaban a la Ciudad Santa al borde del verano de 1099. Su victorioso asedio sólo se explica por la división de los musulmanes, incapaces de oponer un frente común a los cruzados.
El viernes 15 de julio, los jefes cristianos ordenaron el asalto general y rebasaron las murallas de la ciudad. El asalto doblegó la resistencia de los guerreros fatimíes y los cruzados entraron en Jerusalén dispuestos a vengarse de cuantas privaciones habían pasado en los dos años y medio anteriores.
Todos los musulmanes fueron pasados a cuchillo, a excepción de los soldados refugiados en la torre de David que lograron negociar su libertad con uno de los jefes cruzados. Los judíos buscaron amparo en la sinagoga mayor, pero no les sirvió de nada porque los cristianos la incendiaron con ellos dentro. La masacre duró dos días. Niños, mujeres, ancianos, heridos..., no hubo quien se librara del infierno en el lugar considerado las Puertas del Cielo. Cuando los hechos fueron conocidos, buena parte de la cristiandad se quedó atónita, por no hablar del horror y el resentimiento que causó entre musulmanes y judíos.
En Occidente, muchos sacerdotes dedicaron sus sermones a condenar la salvajada, abrumados de espanto porque una empresa bendecida por la Iglesia concluyera de ese modo inhumano y precisamente en Jerusalén.
La cuarta Cruzada, entre 1202 y 1204, tal vez fue la peor de todas. Los cruzados saquearon Constantinopla, ciudad cristiana, y luego establecieron allí otro efímero imperio latino. Como si el cisma entre las iglesias católica romana y ortodoxa oriental no fuera ya suficientemente grave, a partir de estos acontecimientos se volvió permanente.
A pie con niños campesinos
Lamentablemente, los miles de europeos del común que se dirigieron a Palestina plenos de fervor cristiano tenían una mínima probabilidad de sobrevivir: eran ignorantes y no estaban preparados en absoluto para lo que les esperaba.
Todo el asunto comenzó con la Cruzada del Pueblo, muchedumbre heterogénea que formó parte de la primera Cruzada, liderada por un monje predicador francés llamado Pedro el Ermitaño. Sus seguidores caminaron directo hacia una masacre selyúcida. (Para mayor información sobre Pedro el Ermitaño y su colega Gualterio Sans-Avoir,
La Cruzada de los Niños de 1212 fue la más lastimosa. Cerca de 50.000 pobres niños, y algunos adultos, pobres también, caminaron desde Francia y Alemania, movidos por la ilusión de recobrar Palestina para el control cristiano (esto había sucedido antes, en uno y otro sentido, durante más de cien años). La mayoría de los niños que pudo llegar a los puertos italianos logró embarcarse sólo para ir a parar directamente a los mercados de esclavos del norte de África y Oriente Medio. De muy pocos se volvió a tener noticias. Algunos dicen que el cuento titulado El flautista de Hamelín está basado en esta Cruzada.
Podríamos definir a Julio César como un hombre político valiente y sagaz, escritor talentoso, un personaje brillante y mundano y estimado por la multitud. Carecía por completo de escrúpulos y fue un excelente soldado, pero también era un individuo con altísimas ambiciones personales.
Roma necesitaba liderazgo después de décadas de una paz precaria tras la guerra civil de 88 a.C. En 60 a.C., tres individuos formaron el primer Triunvirato, o gobierno de tres, para restaurar el orden.
César era el miembro más joven. Al año siguiente los agradecidos romanos lo nombraron cónsul, primer cargo administrativo del gobierno. Un cónsul era como un primer ministro o un fiscal general y ahora tenía la oportunidad para suplantar a sus dos rivales; y para ello necesitaba un ejército y dinero.
Para conseguirlos asumió el gobierno de la Galia Cisalpina y de la Narbonense, una región de la Galia Transálpina. Allí permanecería nueve años y, al mismo tiempo que libraba duros combates, se dio tiempo para escribir “La Guerra de las Galias”, memoria detallada de su actuación durante ese período.
En la Galia, cada tribu luchaba contra las demás, en interminables guerras de pillaje. Atraídos por las riquezas de esa región, los romanos, los germanos y los helvecios la invadieron al mismo tiempo. En tres años y atacando con apenas tres legiones, César conquistó el país.
Batió duramente a los helvecios, rechazó a los germanos y cubrió a la Galia con una red de fortificaciones. Al finalizar la campaña disponía de diez legiones formadas por soldados romanos, caballería gala y germánica, arqueros cretenses y egipcios y honderos de las Islas Baleares.
De acuerdo al historiador griego Plutarco, la campaña de Julio César en las Galias tuvo como resultado 800 ciudades conquistadas, 300 tribus celtas y germanas subyugadas, un millón de personas vendidas como esclavos y otros tres millones muertas en el campo de batalla y en múltiples razzias.
Ciudades enteras como la Numancia celtíbera, la Alesia gala o la Masada judía fueron sitiadas por las legiones romanas y sus poblaciones perecieron en masa, por el hambre, la peste o por decisión de sus habitantes que prefirieron matarse a sí mismos antes que caer en manos de los legionarios y ser violados, asesinados por vendidos como esclavos. El Imperio Romano durante siete siglos exterminó y esclavizó a millones de personas.
La fortaleza de Masada o Massada es el símbolo de la lucha de la nación israelí por la libertad, contra el sometimiento al poder político romano, dando un gran ejemplo de heroísmo y valor, eligiendo la muerte antes que sojuzgamiento de la esclavitud.
Discurría el año 73 de nuestra era. La Legión Décima de Roma se disponía a lanzarse sobre la fortaleza de Masada, desmantelada ya sobre la fiera meseta de roca, cuando los judíos celotes, encerrados en sus muros, tomaron una suprema decisión. En lugar de rendirse y someterse a las represalias y esclavitud de Roma, eligieron la muerte.
Cuando los ocho mil romanos decidieron sitiar a los judíos, encerrándolos en su misa fortaleza, lo primero que hicieron fue construir una serie de campamentos en donde asentarse por mucho tiempo ,y seguidamente cercaron la fortaleza con una profunda fosa acompañado de una muralla de tres kilómetros en la que alternaban ocho campamentos militares.
De esta manera ya no había escapatoria, y solo se quedaron abajo decididos a esperar el natural y lógico debilitamiento humano. Ante la imposibilidad de resistir el empuje romano, Ben Yair comprendió que aquello era el principio del fin y reuniendo a sus partidarios les exhortó a quitarse la vida antes de caer prisioneros. Elazar ben Yair, convenció a los 960 habitantes que sería mejor morir por sus propias manos y no vivir una vida de vergüenza y humillación como esclavos en manos de los romanos.
"...y se eligieron por sorteo 10 de entre ellos que debieran degollar a los demás. Cada uno se tendió en el suelo junto a su esposa e hijos muertos, abrazándolos y estiró el pescuezo voluntariamente para ser degollado por las personas que cumplían con esta terrible misión. Estas personas degollaron a todos sin temblar. Y después de ello rifaron entre si para que el que salga degollase a sus nueve compañeros y después se mate a si mismo...así murieron todos creyendo que no dejaban a nadie que cayera bajo el yugo romano...al día siguiente subieron los romanos a Masada. Cuando entraron con los defensores muertos, nos e alegraron esta vez al ver ante si sus enemigos muertos, sino que se admiraron por el valor de éstos y su gran decisión de burlarse de la muerte y no se echaron atrás por esa gran acción".
Masada cayó bajo el poder de Roma en abril de 73 d.C.
Mientras Leopoldo II dictaba “normas” arbitrarias que expropiaban propiedades y recursos a los pueblos congoleños, permitía que su brutal ejército privado (la Fuerza Pública), cometiera todo tipo de atrocidades incluido el sistemático uso de torturas, secuestros y asesinatos que tenían el fin de aterrorizar literalmente a la población, para someterla más fácilmente a las ambiciones del rey.
Las incalculables riquezas que alberga el territorio congolés han sido objeto permanentemente de la codicia de reyes, imperios coloniales, multinacionales, políticos y aventureros de las más diversas categorías, siempre dispuestos a privar a los pueblos de sus recursos naturales. En el siglo XIX, durante el reparto europeo de África, el Congo fue entregado al rey Leopoldo II de Bélgica (1835-1909), quien lo gobernó durante décadas, como si se tratara de su hacienda privada.
Eufemísticamente se le denominó Estado Libre del Congo. El dominio belga fue sanguinario, incluso para los brutales estándares del colonialismo europeo en África. En la búsqueda de caucho y marfil, los belgas asesinaron a más de 15 millones de congoleses en los primeros 30 años de su dominio.
La historia de la explotación de los recursos económicos del Congo mientras fue propiedad de Leopoldo II, es una de las historias más sangrientas de la historia contemporánea.
Mientras en Europa se dedicaba a rodear su obra de un aureola de altruismo, en defensa del libre comercio y lucha contra el comercio de esclavos, iba dictando normas por las que expropiaba a los pueblos congoleños de todas sus tierras y recursos e incitaba a su ejército privado, la Fuerza Pública, a servirse de todo tipo de torturas, secuestros y asesinatos para someter a la población a los trabajos forzados que, en un brevísimo periodo de tiempo, le convertiría en uno de los hombres más ricos del mundo.
Para financiar tan colosal negocio se sirvió de todo tipo de engaños sobre su obra civilizadora, consiguiendo aportaciones y préstamos que nunca devolvería, de todo tipo de empresas, instituciones y el propio estado belga, en 1889 y 1895. Además de crear su propia empresa para la extracción del caucho y marfil, concedía tierras a empresas privadas a cambio de un porcentaje sobre los beneficios. Es el caso la Compañía de Katanga o la Unión Minera del Alto Katanga que a partir de 1905 comenzaron a extraer mineral de cobre con la contrapartida del pago de un porcentaje al estado, que no era otro que el propio Leopoldo.
Pero aunque ya en 1890, el misionero americano G.W. Willians hizo la primera denuncia sobre las monstrusidades de las que fue testigo, aún tardarían 10 años en estallar el escándalo en Europa. La publicación en la prensa de los relatos y datos recogidos por escritores como Mark Twain y Joseph Conrad, misioneros como Willians Sephard, diplomáticos como el británico Casement, y sobre todo los trabajos de Edmund Dene Morel consiguieron finalmente, que los gobiernos europeos y EE.UU. comenzaran a investigar y oponerse al exterminio que se estaba llevando a cabo en el Congo.
El parlamento belga, haciéndose eco de este rechazo internacional , en 1908 obligó al rey Leopoldo a ceder sus dominios del Estado Libre del Congo, quedando todo el territorio bajo la autoridad del gobierno, pasado a llamarse Congo Belga.
LEOPOLDO II DE BÉLGICA PIERDE EL CONGO:
En tan sólo dos décadas, el rey Leopoldo II de Bélgica había convertido una parte de África central, ochenta veces mayor que su país natal, en su propiedad privada. Los beneficios de las lucrativas industrias del caucho y del marfil iban a parar directamente a su bolsillo. En 1908, sus abusos de poder y los malos tratos a los africanos provocaron tal escándalo que el Parlamento belga, en un esfuerzo por mantener la constitución monárquica y el poder real, votó la anexión del Estado Libre del Congo y la convirtió formalmente en una colonia.
Leopoldo había empezado a apropiarse de estas tierras a finales de 1870, cuando el explorador Henry Morton Stanley navegó por el río Congo y ofreció los tratados que había negociado con los jefes africanos, en primer lugar, a una desinteresada Gran Bretaña y luego a un ansioso Leopoldo. Hacia 1884, 450 jefes habían cedido sus derechos de soberanía al rey Leopoldo (que por entonces usaba a Stanley para negociar en su nombre). Después de que el rey construyera una carretera a través del interior, la «carrera por África» se aceleró.
El Tratado de Berlín de 1885 estableció fronteras y normas de libre comercio para el África colonial y clamó en defensa de los derechos de los nativos africanos. Leopoldo ignoró todas las estipulaciones del tratado, gobernando el Congo con cruel intransigencia.
Para él, el Congo era «el gran pastel africano». El rey impuso tasas altísimas, que prácticamente acabaror con el comercio internacional y las inversiones extranjeras. Los habitantes fueron desposeídos de todos sus derechos y obligados a recolectar caucho sin cobrar. «Aquí hay una cesta», decían los capataces a sus subordinados, «ve al bosque y si en una semana no has vuelto con 5 Kg. de caucho, ordenaré que incendien tu cabana y tú morirás en ella». Unos quince millones de personas fueron esclavizados de este modo, decenas de miles fueron asesinadas. Grupos como la Asociación Inglesa para la Reforma del Congo estallaron en protestas.
Tras haber adquirido yates, casas en el Mediterráneo y queridas, Leopoldo invirtió dinero en Bélgica. Construyó lujosas obras públicas (avenidas, parques, museos), todo para congratularse con el pueblo belga mientras el resto del mundo lo condenaba. Cuando Leopoldo se percató de que la opinión pública estaba en su contra de manera irrevocable y que el movimiento en favor de la anexión era imparable, de forma silenciosa y cautelosa, transfirió los bienes del Estado Libre y concesiones mineras a compañías secretas fuera del control del gobierno belga. El Congo que cedió a Bélgica, a pesar de ser rico en reservas naturales, estaba arruinado.
El 26 de julio de 1945, el presidente norteamericano Harry Truman lanzó una proclama al pueblo japonés, conocida luego como la Declaración de Potsdam, pidiendo la rendición incondicional del Japón, el 29 de julio el premier japonés Suzuki como era previsible rechazó la propuesta de Truman.
El 3 de agosto, Truman dio la orden de arrojar las bombas atómicas en Hiroshima, Kokura, Niigata o Nagasaki. El objetivo le era indistinto y la suerte de cientos de miles de almas inocentes parecieron no importarle demasiado.
El 6 de agosto despegaba rumbo a Hiroshima la primera formación de bombarderos B-29.Uno de ellos, el Enola Gay, piloteado por el coronel Paul Tibbets, llevaba la bomba atómica; otros dos aviones lo acompañaban en calidad de observadores.
Súbitamente apareció sobre el cielo de Hiroshima el resplandor de una luz blanquecina rosada, acompañado de una trepidación monstruosa que fue seguida inmediatamente por un viento abrasador que barría cuanto hallaba a su paso. Las personas quedaban calcinadas por una ola de calor abrazador.
Muchas personas murieron en el acto, otras yacían retorciéndose en el suelo, clamando en su agonía por el intolerable dolor de sus quemaduras.
Quienes lograron escapar milagrosamente de las quemaduras de la onda expansiva, murieron a los veinte o treinta días como consecuencia de los mortales rayos gamma. Generaciones de japoneses debieron soportar malformaciones en sus nacimientos por causa de la radiactividad. Unas cien mil personas murieron en el acto y un número no determinado de víctimas se fue sumando con el paso de los días y de los años por los efectos duraderos de la radiactividad.
El 16 de marzo de 1968 un centenar de soldados norteamericanos, fueron los responsables del hecho mas aberrante dentro del conflicto bélico en Vietnam, cuando masacraron a una indefensa aldea de campesinos. Asesinaron a mas 300 civiles vietnamitas, entre ellos gran parte de mujeres , niños y ancianos, que se encontraban en tareas pasivas, pues los jefes de familia trabajaban en sus cultivos para su alimentación.
En 1968, los efectivos norteamericanos en la contienda en Vietnam alcanzaron la cifra de medio millón. Ese año parecía que Estados Unidos comenzaba a dominar la situación en Vietnam, pero la ofensiva del Tet acabó con esta ilusión.
Aprovechando la tregua del Año Nuevo lunar budista (Tet), en enero de 1968, el Vietcong lanzó una gran ofensiva y 600.000 soldados arremetieron contra Vietnam del Sur, Saigón, su capital, fue atacada por 15 lugares distintos y los comunistas ocuparon la Embajada de Estados Unidos durante seis horas. Las represalias no se hicieron esperar.
En la mañana del 16 de marzo de 1968, un pelotón de soldados estadounidenses 1 legó a la aldea de My Lai, en la provincia vietnamita de Da Nang. Pensando que el pueblo albergaba una patrulla del Vietcong que había participado de la ofensiva del Tet, se había ordenado su destrucción así como la detención de los no combatientes. Amparándose en estas instrucciones, el capitán de la compañía ordenó no sólo la destrucción de las viviendas y los alimentos, sino también de los habitantes, quienes fueron considerados enemigos.
Cuando los soldados llegaron, sólo encontraron mujeres, niños y ancianos desarmados y ni rastro de guerrilleros del Vietcong. Sacaron a todos de sus chozas, los mataron con bayonetas y los tiraron a zanjas.
El hecho trató por todos los medios de ocultarse, pero semejante atrocidad no pudo quedar oculta, y fue difundido por todo el mundo. Hay también información, que ese mismo día por la mañana, otro grupo de soldados americanos a llegar a la aldea de My Khe, y no encontrar resistencia, asesinados unas 150 personas de esa aldea.
No solo fueron asesinados, sino también las mujeres violadas y los hombres torturados. Los soldados potenciados por la agresividad lanzaban granadas adentro de las casas y tiraban ráfagas de balas por todas partes sin importar para nada las consecuencias.
TENIENTE CALLEY
(Georgia, EE. UU. - 1943)
Criminal de guerra sobre el que recayó la responsabilidad
de la masacre de My Lai (Vietnam del Sur) .
¿Asesino sádico, ejecutor de la irracionalidad
de la guerra, o chivo emisario?
Teniente del ejército estadounidense, Calley alcanzó celebridad internacional en 1971, cuando un jurado militar, luego de hacerlo responsable de la masacre ocurrida en My Lai, Vietnam del Sur, lo condenó a prisión perpetua. En dicha matanza, ocurrida en marzo de 1968, fueron bárbaramente asesinados 22 civiles.
Los pormenores del juicio fueron seguidos con gran interés por la opinión pública estadounidense. Perpleja, la multitud se dividió, no sabiendo cómo juzgar al reo: ¿criminal o no?
Hasta entonces, se creía que los soldados estadounidenses no cometían ningún tipo de atrocidad en Vietnam. La investigación de este caso y el largo juicio provocaron una crisis de consciencia en el ámbito nacional.
La mayoría, en descargo del teniente, decía que eran muchos los que sostenían que la culpa debería recaer sobre sus superiores, o por lo menos ser compartida por ellos. Otros decían que incidentes de ese tipo eran
inevitables durante una guerra. Se tachaba de irracional la condena porque el ejército enseñaba a los soldados precisamente a matar.
No todos los que minimizaban la actuación de Calley eran simpatizantes de la administración de Nixon. Algunos pertenecían a grupos pacifistas o de izquierda, y se pronunciaron en contra de la condena utilizando como argumento la teoría del "chivo expiatorio".
Alegaban que el nivel de inmoralidad alcanzado por la guerra era tal, que hombres comunes como Calley eran obligados a matar. Frente a la magnitud alcanzada por el problema, Nixon ordenó que Calley abandonara el Fuerte Benning y que fuera mantenido en prisión domiciliaria.
Más tarde, otra comisión militar fue encargada de rever el caso, y en agosto de ese mismo año confirmó la culpabilidad del reo, pero la pena original fue conmutada por veinte años de prisión. Hace poco se habló de su posible liberación.
Hutus y tutsis: Los primeros, el 86% de la población, son los habitantes originarios de Burundi y han estado históricamente sometidos por los segundos: los tutsis, que tras invadir el país en el siglo XV, se las han ingeniado para monopolizar el Ejército, la política y la economía. Y eso, a pesar de ser sólo el 14% de la población. El resultado: una maraña de odios profundamente enraizada que ha dado lugar a uno de los conflictos más sangrientos de África.
Oficialmente, el genocidio de los tutsis en Ruanda, tuvo lugar en 1994, mas anteriormente hubo varias matanzas (progroms), hasta llegar a la de 1994 que se saldó con un millón de tutsis asesinados. El diario belga «Le Soir», escribía al respecto « ...se trataba de arrastrar al mayor número posible de personas [de hutus] en esa locura criminal, con el doble propósito de comprometer al máximo de gente, y de ser lo más eficaces posible. El resultado es elocuente: un millón de muertos y miles de asesinos».
Las causas de esa matanza, cómo no, tiene que ver con la posesión de las riquezas naturales del país. Los tutsis, en su mayoría ganaderos, habían sido favorecidos por los colonialistas alemanes, y cuando estos fueron derrotados en la I GM, fueron sustituidos por los belgas, que siguieron con la misma política, en detrimento de los hutus. Así, mientras los tutsis recibían una cierta educación y sus jefes eran alzados a puestos políticos con sus migajas económicas, los hutus –agricultores- eran relegados, se les negaba el acceso a las escuelas, enseñanza, etc.,. Siendo mayoritarios en el país, eran sometidos por la minoría tutsi que los trataba como a siervos.
El Gran Salto Adelante fue una serie de medidas económicas, sociales y políticas implantadas en la República Popular China por el gobierno del Partido Comunista de China (PCCh) a finales de los 1950 y principios de los 1960 con la intención de aprovechar el enorme capital humano del país para la industrialización.
El fracaso de estas medidas, unido a una serie de catástrofes naturales, produjo una hambruna que, según la mayoría de las estimaciones, provocó la muerte de entre 20 y 30 millones de personas.
El Gran Salto Adelante tomó diferentes elementos de la historia de la URSS para combinarlos en una única y original fórmula china. La idea era la de colectivizar y crear comunas como unidades económicas autosuficientes, que incorporaban la industria ligera junto a proyectos de infraestructuras. Se pensaba que a través de la colectivización y el trabajo en masa, la producción china de acero sobrepasaría la del Reino Unido en quince años.
También influyó la herencia histórica de China, en la que la lealtad de las autoridades locales al centro de poder se demostraba obteniendo buenos resultados en la implantación de las políticas impulsadas por éste, al igual que hacía la pequeña nobleza en los tiempos imperiales.
Esto generaba una competición de las autoridades locales para informar de lo bien que se estaban cumpliendo las ordenes, lo que generaba informes demasiado optimistas, o francamente falsos. Por otro lado, la docilidad del campesinado chino y el culto a la personalidad en la figura de Mao y la confianza que el pueblo sentía hacia él, llevó a estos campesinos a un paroxismo colectivo de trabajo interrumpido.
En la provincia de Henan se estableció una comuna experimental a principios de 1958, y pronto el modelo se fue extendiendo por el país. Decenas de millones de personas fueron movilizadas para producir un único producto, símbolo de la industrialización, el acero. Se crearon aproximadamente 25.000 comunas, con alrededor de 5.000 familias en cada una de ellas.
Durante un tiempo, explotando el recurso natural más importante de China, pareció que el gran salto funcionaba. En 1958, las cosechas fueron enormes y el gobierno requisó una cantidad récord de cultivos.
El año siguiente fue desastroso para la agricultura a causa del mal tiempo y de la diversificación del trabajo en las granjas, pero los requisitos del gobierno no disminuyeron, de modo que los campesinos, sin comida, empezaron a morir de hambre (entre 1959 y 1962 murieron veinte millones).
Mao reconoció el desastre, pero se negó a disculparse. Explicó a sus partidarios que Confucio, Lenin y Marx también habían cometido errores.
El genocidio camboyano fue dirigido por Pol Pot y ejecutado por el régimen de los Jemeres Rojos, el partido político que gobernó la llamada Kampuchea Democrática de ideología maoísta entre 1975 y 1979, con una concepción extremista de revolución.
Durante el tiempo del gobierno de los Jemeres Rojos desaparecieron entre dos y tres millones de personas, por lo cual se constituyó en 2006 un Tribunal internacional para llevar a cabo el Juicio a los Jemeres Rojos en 2007
Se estima que fueron asesinadas mas de 2.000.000 personas, es decir una proporción mayor que uno de cada cuatro Camboyanos, lo primero que quería hacer era acabar con la población Urbana, por lo que no se le ocurrió otra cosa que deportar a todo el mundo al campo, y el que osaba tan siquiera tener mala cara era fulminado al instante, hubo ciudades enteras que al no poder ubicarlas en ningún sitio se les decido exterminar en campos de concentración al mas puro estilo nazi.
Fueron prohibidas la enseñanza, la libertad de desplazamiento, los médicos, pues se afirmaba que si una persona estaba tan enferma para necesitar un médico, era una lacra para el país y merecía morir, las creencias religiosas y filosóficas, la escritura, llevar gafas, ver a tus familiares, porque suprimió las familias como tal (y la autoridad paterna si se daba el soplo de que existía se mataba a toda la familia), se mataba a la gente que sabia leer, no estaban permitidas las relaciones sexuales extramatrimoniales, estaban prohibidas las manifestaciones públicas de afecto, castigaban con torturas inimaginables incluso a los niños que descubrían robando porque se morían de hambre.
Para el pueblo de Argelia, el 8 de mayo de 1945, representa otra historia; ese día, las tropas colonialistas francesas masacraron a más de 40 mil argelinos que se manifestaban para reclamar su independencia del dominio francés. La ciudad de Sétif, al este de Argelia, fue el principal lugar donde la ofensiva terrestre y aérea francesa daba muerte a los manifestantes.
Hasta el día de hoy, el presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika, continúa exhortando a las autoridades francesas para que se logre reconocer oficialmente esta masacre. En Paris están muy ocupados con otra agenda. Para sostener la “Argelia Francesa”, el colonialismo francés destruyo más de 8 mil aldeas, elimino a más de un millón de civiles y utilizo sistemáticamente la tortura.
Solo fue hasta 1962, cuando el presidente francés, Charles de Gaulle, firmo un tratado donde daba la autorización al pueblo argelino de realizar un plesbicito de autodeterminación. En Argelia hubo mas de un millón muertos, pero ni uno solo ha merecido un homenaje de grandes personalidades.
Paradoja de masacres. El 8 de mayo de 1945, mientas en Europa se festejaba la victoria sobre la Alemania Nazi, Francia continuaba otra masacre contra los árabes argelinos. Muertos también, pero no europeos.
Cuando la guerra terminó millones de judíos, eslavos, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová, comunistas y otros grupos habían fallecido en el Holocausto. Más de 5.000.000 de judíos fueron asesinados: unos 3.000.000 en centros de exterminio y en campos de trabajo, 1.400.000 en los fusilamientos masivos, y más de 600.000 en los guetos (se estima que el número de víctimas fue casi de 6.000.000).
No puede hallarse en la Historia otro crimen tan atroz ni tan fríamente calculado como el que aniquiló a millones de seres humanos en los campos de concentración nazis. Reducidos al estado animal, sometidos a la más espantosa degradación moral y física, hombres, mujeres y niños fueron salvajemente torturados y arrastrados a las cámaras de gas por el solo hecho de pertenecer a una raza considerada inferior o de sostener creencias religiosas o políticas antagónicas a las de la «raza de los señores».
Hitler fue el origen de este furioso torbellino de la muerte. Pero Hitler no estaba solo. Parte de un pueblo fanatizado por la propaganda, educado en el desprecio hacia el hombre no ario, le ayudó a borrar de la faz de la tierra a sus pretendidos «enemigos».
Cuando llegaron los soldados del Ejército Rojo, los primeros que iban a liberar un campo de exterminio nazi, sólo 385 de los 120.000 prisioneros que habían pasado por Stutthof (el 90 % de ellos era de origen polaco) lograron franquear las puertas del campo y respirar de nuevo la libertad.
Los jóvenes soldados soviéticos descubrieron un espectáculo dantesco. Allí estaban los supervivientes del horror nazi, que vagaban moribundos, casi desnudos, por la amplia plaza del campo mientras el termómetro marcaba -30 °C; allí estaba el patíbulo, que en numerosísimas ocasiones había servido para segar las vidas de cientos de polacos, mudo testigo de unos hechos difícilmente creíbles; allí estaba la cámara de gas, sofisticada habitación de la muerte, que en los últimos meses de 1944 había consumido la escalofriante cantidad de 200 víctimas por hora; y, finalmente, allí estaba el horno crematorio, con su erguida chimenea aún humeante, donde las SS habían intentado borrar todo rastro de su barbarie, pero sin conseguirlo, porque los 85.000 cadáveres que pretendían hacer desaparecer en el momento de la liberación del campo eran demasiados para la capacidad del horno.
Así pues, los rusos encontraron también miles y miles de cadáveres amontonados formando un amasijo de brazos, piernas y cabezas.
Cuando la guerra terminó millones de judíos, eslavos, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová, comunistas y otros grupos habían fallecido en el Holocausto. Más de 5.000.000 de judíos fueron asesinados: unos 3.000.000 en centros de exterminio y en campos de trabajo, 1.400.000 en los fusilamientos masivos, y más de 600.000 en los guetos (se estima que el número de víctimas fue casi de 6.000.000).
Se caracterizó por su brutalidad en las masacres y la utilización de marchas forzadas con las deportaciones en condiciones extremas, que generalmente llevaba a la muerte a muchos de los deportados.
Las atrocidades cometidas contra el pueblo Armenio por el Imperio Otomano y el Estado de Turquía durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial y años anteriores y posteriores a ésta, son llamadas en su conjunto el Genocidio Armenio.
El Genocidio es una forma organizada de matanza de un conjunto de personas con el objetivo explicito de ponerle fin a su existencia colectiva. Esto requiere un planeamiento central y una maquinaria organizada para implementarlo haciendo que el genocidio sea un prototipo de crimen de estado, ya que solo un estado cuenta con los recursos necesarios para llevar a cabo tal destrucción.
El Genocidio Armenio fue planeado y administrado centralmente por el Estado de Turquía contra toda la población Armenia del Imperio Otomano. Fue llevado a cabo durante la Primera Guerra Mundial entre los años 1915 y 1918.
El pueblo Armenio fue sujeto a deportaciones, expropiaciones, secuestros, tortura, masacre e inanición. La gran mayoría de la población Armenia fue forzosamente removida desde Armenia y Anatolia a Siria, donde una gran parte de la población fue enviada al desierto para morir de hambre y sed.
Gran número de Armenios fueron masacrados metódicamente a lo ancho y largo del Imperio Otomano. Mujeres y niños fueron raptados y brutalmente abusados. Toda la riqueza del pueblo Armenio fue expropiada.
Después de menos de un año de calma al final de la Primera Guerra Mundial, las atrocidades contra el pueblo Armenio fueron reanudadas entre 1920 y 1923, donde los restantes armenios fueron victimas de más masacres y expulsiones. En 1915, treinta años antes de que la Organización de las Naciones Unidas adoptase la Convención sobre la Prevención y Castigo de los Crímenes de Genocidio, la comunidad internacional condenaba el Genocidio Armenio como un crimen contra la humanidad.
Stalin, dirigió la construcción del socialismo en la URSS, que pasó de ser un país rural a una potencia industrial. El nivel de vida de la población se elevó. En contraparte, dirigió un régimen represivo de la población, caracterizado por la presencia de campos de trabajo, campañas de represión política, y deportaciones. Diversos historiadores estiman que las víctimas del régimen de Stalin oscilan entre 4 y 60 millones de muertos.
Cuando Stalin alcanzó el poder en 1924, vio el nacionalismo ucraniano como una amenaza al poder soviético, creyendo que cualquier insurrección futura podría provenir probablemente de los kulaks. Así que decidió aplastarles utilizando los métodos que tan exitosos habían sido en la URSS durante la política de “liquidación como clase”.
En 1929, arrestó a miles de intelectuales ucranianos bajo falsos cargos y o bien los fusiló o bien los envió a campos de trabajo en Siberia. Llevó a cabo la colectivización de las explotaciones ucranianas requisando todas las tierras y el ganado privados, lo que afectó aproximadamente al 80% de la población de Ucrania, anteriormente conocida como el granero de Europa. Declaró a los kulaks enemigos del pueblo.
Se han estimado en diez millones de personas las que fueron desposeídas de sus hogares y pertenencias y enviadas a Siberia en trenes de mercancías sin calefacción, condiciones en las cuales pereció al menos un tercio de ellos. Los que se quedaron en Ucrania lo pasaron igual de mal, si no peor. Enfrentándose a la propaganda de guerra y a una ardua batalla, muchos kulaks se rebelaron, volviendo a sus propiedades, e incluso matando a las autoridades soviéticas locales.
Tan pronto como llegó a Stalin la palabra rebelión el pequeño éxito de los kulaks se tornó breve. Los soldados del Ejército Rojo fueron enviados para ahogar la rebelión y la policía secreta inició una campaña de terror con el objetivo de romper el ánimo de los kulaks.
En 1932, con la mayoría de las explotaciones ucranianas colectivizadas a la fuerza, Stalin ordenó un aumento en las cuotas de producción de comida. Lo hizo en múltiples ocasiones hasta que no quedó comida para los ucranianos. La cosecha de trigo de 1933 se vendió en el mercado mundial a precios por debajo del mercado. Los historiadores han calculado que dicha cosecha podría haber alimentado a los ucranianos por dos años.