El gesto involuntario
Puede ser un parpadeo, una mueca en la boca, un ruido en la garganta o con la nariz, como si estuvieran resfriados, también un movimiento de hombros o de cabeza. Es un trastorno de origen neurológico que se trata con paciencia y contención. Aquí, todos los consejos para saber qué hacer.
Tics motores simples: el 90% de los tics son faciales. Puede ser un parpadeo, una mueca con la boca como tirando besitos o un movimiento de hombros. Tics motores complejos: el chico camina, se detiene, da una vuelta y sigue; o se agacha, toca el piso y sigue caminando.
Tics Fónicos simples: se aclara la garganta, hace un ruido con la nariz, resopla. Tics Fónicos complejos: ecolalia (repite palabras que le dirigen), alilalia (repite sus propias palabras) o coprolalia (emite palabras obscenas).
Puede ser un parpadeo, una mueca en la boca, un ruido en la garganta o con la nariz, como si estuvieran resfriados, también un movimiento de hombros o de cabeza. Es un trastorno de origen neurológico que se trata con paciencia y contención. Aquí, todos los consejos para saber qué hacer.
Tics motores simples: el 90% de los tics son faciales. Puede ser un parpadeo, una mueca con la boca como tirando besitos o un movimiento de hombros. Tics motores complejos: el chico camina, se detiene, da una vuelta y sigue; o se agacha, toca el piso y sigue caminando.
Tics Fónicos simples: se aclara la garganta, hace un ruido con la nariz, resopla. Tics Fónicos complejos: ecolalia (repite palabras que le dirigen), alilalia (repite sus propias palabras) o coprolalia (emite palabras obscenas).
a escena puede suceder en cualquier casa: Santiago, de 8 años, no para de hacer ruidos con la boca y su mamá lo reta porque impide que su hermana se concentre en la tarea del colegio. Santiago deja de hacerlos por un momento, pero luego los ruidos vuelven y se hacen más frecuentes. Es un tic. El primer paso es consultar al médico pediatra, que puede tranquilizar a los padres y observar para saber si es transitorio. En caso de haber múltiples tics, o que persistan por varios meses, lo ideal es consultar a un neurólogo infantil. Es común que las madres lleguen muy preocupadas al consultorio, pero esta alteración, de origen neurológico, no es grave. Una vez diagnosticado, sólo resta tener paciencia, contener y aliviar al chico para que se sienta más seguro. Se trata de movimientos involuntarios que suelen comenzar a los 6 años, con el inicio de la etapa escolar, y desaparecen –generalmente– en la adolescencia. “Son cortos, bruscos y repetitivos. El paciente siente la necesidad de realizarlos”, explica el Dr. Guillermo Agosta, jefe del servicio de Neurología Infantil del Hospital Italiano.
“Los tics se tratan con conocimiento: el primer tratamiento es enseñar y que los padres y maestros sepan que, como es un movimiento involuntario, es totalmente negativo pedirles que lo controlen”, apunta Angeles Schteinschnaider, neuróloga infantil del FLENI y especialista en movimientos anormales infantiles. Voluntariamente se pueden controlar por un corto período de tiempo, pero luego hay un rebote, y el tic vuelve con más fuerza. Es, además, el único movimiento involuntario que se puede imitar fácilmente; entonces muchas veces los padres creen que el chico lo sigue haciendo porque quiere, y lo reprenden.
Mediante un estudio neurofisiológico, conocido como “promediación retrógrada”, se logró establecer exactamente que los tics se originan en los ganglios de la base del cerebro. Pero si se le pide al chico que lo padece, que imite su movimiento involuntario, el movimiento de imitación se origina en la corteza motora frontal. Los tics pueden variar de localización y de intensidad. “La mayor parte de los cuadros evolucionan por rachas, y hay épocas en que son más comunes en la vida de la persona y épocas en que son casi indetectables”, dice el Dr. Agosta. Todo lo que signifique tensión o estrés emocional –ya sea una tensión negativa por algo que aflige o angustia, o algo que excita, como una fiesta de cumpleaños– va a desencadenar un aumento de los tics. Y aunque empeoran en situaciones de ansiedad, esto no significa que el trastorno sea puramente emocional. Tienen una base genética muy fuerte: el 99 % se origina por una predisposición hereditaria a padecer una alteración en los neurotrasmisores. Esta predisposición puede venir por parte del papá, la mamá o de ambas familias. No hay estadísticas en la Argentina, pero sí se sabe que es un trastorno de alta prevalencia en la población. “La gente sigue hablando de los tics nerviosos, y esto puede confundir y hacer creer que ocurren porque uno está tenso. Sin embargo, uno puede estar con el peor estrés de su vida y, si no tiene esta predisposición genética, no va a tener tics”, advierte la Dra. Schteinschnaider.
Respuestas posibles
“Muchas veces, las mamás vienen totalmente nerviosas al consultorio, y piden una solución a toda costa, y por los medios que sean necesarios, porque no toleran lo que le pasa al hijo, aun cuando el chico no haya empeorado. Y lo que nosotros les decimos es que no podemos medicar la ansiedad o el disgusto que les produce que su hijo tenga tics”, advierte la Dra. Schteinschnaider. La medicación sólo se indica en aquellos casos en que sobrevienen dificultades sociales a causa de este trastorno y siempre se prescribe por un período breve, ya que el tic varía de intensidad en distintos momentos. El Dr. Agosta explica: “El tratamiento farmacológico es excepcional. Y además, sólo los mejorará, ya que no es un ‘curativo’”. Hay chicos que sufren mucho porque los “cargan” en el colegio; otros, que tienen tics fónicos y hacen ruidos fuertes, no se animan a subirse a un colectivo, para que la gente no los mire; estos son los casos en que se recomendaría una medicación, para no sumar situaciones estresantes al trastorno. En este contexto, es sumamente importante el rol de la familia para disminuir la ansiedad que puede generar en el chico.
“Para evitar situaciones lamentables, hay que instruir a los padres, a los hermanos, y a los docentes –señala la Dra. Scheinschnaider–. Si durante la cena familiar, el chico hace un gesto que a los padres les parece una morisqueta, lo retan y le ordenan que deje de hacerlo, entonces, el chico se pone más tenso y lo hace el doble, y los padres piensan que es por desobediente, cuando en realidad el niño lo hace involuntariamente”. El Dr. Agosta recomienda: “El cuadro debe ser tomado con tranquilidad por parte de los padres, ya que no encierra peligros en sí mismo y sólo requiere, en la mayoría de los casos, seguimiento y observación”. Cuando llegan las vacaciones, el chico se relaja y los tics pueden desaparecer, luego empiezan las clases y todas las novedades del año –desde la mochila hasta las materias para aprender, pasando por las maestras–, producen ansiedad. Y es una época donde el trastorno se vuelve a intensificar. Entonces, es fundamental la contención familiar. No hay que pedirle, bajo ninguna circunstancia, que controle el movimiento involuntario, porque es contraproducente. Hay que restarle importancia si lo hace muy seguido, ya que el objetivo no es que no tenga tics, sino que los lleve lo mejor posible, sin que representen un trastorno social. “La tolerancia es sumamente variable, hay quienes tienen muy pocos tics y vienen realmente molestos al consultorio, y están dispuestos a tomar cualquier medicación y hacer millones de cosas para sacarlos; y otros que tienen montones de tics, pero en el colegio no los cargan, y lo toman con una naturalidad envidiable”, explica la Dra. Scheinschnaider. Con el apoyo y la contención de la familia, el éxito de un 50% del tratamiento está asegurado.
Texto Marina Cociffi Fotos Claudia Martínez
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