Registrate y eliminá la publicidad! Tiramos 1,5 l cada día. Pero ¿sabes que tu orina puede ser muy útil? Hasta podría ayudarnos a volver a la LunaNo te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”, arengó a sus conciudadanos J. F. Kennedy durante su inspirado discurso de investidura. Pues bien, a lo largo del pasado mes de julio, lo que los patriotas yanquis –y en realidad, todo el que lo tuviese a bien– podían hacer por su nación era orinar en un frasco, donar la muestra a la NASA y contribuir a la consecución del Proyecto Orion (que no Orinón), que aspira a devolver al hombre a la Luna antes de 2020.Cierto que, tal vez, esta actuación no pueda entenderse como dar lo mejor de uno mismo. Pero con el arsenal de líquidas contribuciones recogido (han recolectado unos 450 litros), la Agencia pretende cubrir la demanda de esta materia prima requerida por sus ingenieros. Se utilizará para poner a prueba un nuevo producto químico capaz de mantener en suspensión las partículas sólidas presentes en la orina, lo que evitará que en condiciones de microgravedad aquellas atasquen los retretes espaciales. Porque sí, hasta el infinito y más allá, pero el agua al canario hay que cambiársela aquí y en la Luna. No obstante, no se trata del primer (ni tampoco será el último) experimento científico, ni el más curioso, ni mucho menos el más “resultón”, en contar con la orina humana como producto de partida fundamental. Sin ir más lejos, ni en el tiempo ni en el espacio, y gracias a una iniciativa similar, en 2004 científicos del Ejército estadounidense pudieron confirmar la utilidad de una novedosa y muy práctica ración alimenticia deshidratada que, para rehidratarse y convertirse en el rancho de la tropa, solo requería de la orina del soldado. Estaba dotada de un envoltorio de naturaleza membranosa, con un tamaño de poro tal que permitía el paso del líquido al interior, bajo la acción de la presión osmótica, al tiempo que impedía que bacterias y demás agentes infecciosos y tóxicos, demasiado voluminosos, atravesasen las líneas. Amarilla como el oroAlgunos ejércitos han usado un tipo de comida que se hidrata miccionandoLas primeras máscaras antigás usadas en 1914 funcionaban con algodón empapado en orina, ya que se creía que esta neutralizaría los gases letales.Claro, que si algún experimento brilla con luz propia entre los efectuados con la orina, ese es el realizado en 1669 por el comerciante alemán y alquimista aficionado Henning Brand. Impulsado por la creencia, tan arraigada entre los alquimistas de la época, de que el dorado color de la orina sin duda era una pista que debía conducir hacia la piedra filosofal que transformaría cualquier sustancia en oro, no dudó en almacenar miles de litros en toneles en el sótano de su vivienda para luego procesarlos. Gracias a lo cual, por fin pudo ver la luz. Un brillo emitido por el residuo blanquecino, fosforescente e inflamable en contacto con el aire que obtuvo, y que no era otra cosa que fósforo blanco, en lo que supuso el descubrimiento de dicho elemento. Y también un lucrativo negocio. Primero, para Brand, al vender su secreto procedimiento a otro alquimista, el también alemán Daniel Kraft. Y después para este, que se hizo de oro realizando deslumbrantes presentaciones del nuevo material ante los más distinguidos auditorios de media Europa.Una de ellas, la que efectuó en Inglaterra en 1677 ante un selecto grupo encabezado por el insigne Robert Boyle, considerado uno de los padres de la química moderna. Boyle quedó tan impresionado que solicitó a Kraft una muestra de aquella sustancia (o al menos la forma de obtenerla), para realizar sus propias investigaciones. Ante lo cual, el germano se excusó limitándose a desvelar que procedía de algo que se obtenía del cuerpo humano. Boyle, con buen criterio, conjeturó que debía tratarse de la orina, y durante los dos siguientes años dedicó sus esfuerzos a intentar obtener el fósforo. Para desgracia de su ayudante, Daniel Bilger, empleado en la recolección de toda la orina que se generase en la mansión de los Boyle. Por si no fuera suficiente, ante los repetidos fracasos de su jefe, acabó por convertirse en asiduo de cuanto pozo negro hubiese en la zona en busca de otras posibles fuentes corporales. Finalmente, y por conductos más sutiles no tan alejados del “espionaje industrial”, Boyle fue capaz de hacerse con el secreto de la obtención del fósforo. El proyecto pi-píCreían que enjuagarse con la agüita amarilla evitaba la cariesLas creencias populares atribuyen al pis de la vaca propiedades germicidas. Un solo ejemplar produce al día casi veinte litros.Pero si en algún campo de la ciencia el pis ha desempeñado un papel protagonista en la experimentación, ese es el de la medicina. Con especial incidencia en el estudio de las hormonas, aprovechando el hecho de que aparecen en cantidades significativas en la orina. En esta línea, el experimento más sonoro (más, si cabe, si se tiene en cuenta el aspecto onomatopéyico) fue el Proyecto Pi-Pi. Así fue rebautizado en el “mundillo” académico, a modo de recordatorio de la materia a estudio, el oficialmente denominado Proyecto PP (siglas de Progesterona Pincus). Fue puesto en marcha en 1955 por el doctor John Rock, una eminencia en el campo de la infertilidad, amén de uno de los integrantes de la terna a la que se atribuye la paternidad de la píldora anticonceptiva, junto al propio Gregory Pincus y al bioquímico Carl Djerassi. El reto de dicho proyecto era comprobar la eficacia de las progestinas (compuestos sintéticos con una acción fisiológica análoga a la de la hormona sexual femenina progesterona) sintetizadas por Djerassi. Y su verdadero héroe anónimo fue el ayudante de Rock, el obstetra Luigi Mastroianni. Durante los dos meses que duró el experimento, Luigi analizó a diario las muestras de orina de las cincuenta mujeres voluntarias. Estas permanecieron aisladas durante ese período, para constatar que, efectivamente, ninguna de ellas ovulaba, en lo que supuso el paso clave, por ser el indispensable ensayo clínico para la aprobación como fármaco de la píldora anticonceptiva.De vuelta a la trascendencia de la relación orina-hormonas, en la actualidad, las “aguas” de mujeres postmenopáusicas o embarazadas son la fuente de la que se obtienen las hormonas aplicadas en tratamientos de fertilidad. En tanto que a partir de la de las yeguas embarazadas se obtienen hormonas aplicadas en tratamientos hormonales sustitutivos para la menopausia. Supone la perpetuación del método ensayado por el bioquímico polaco Cassimir Funk, más conocido por ser el acuñador del término “vitamina”, quien en la primera mitad del siglo XX se concentró en la obtención de hormonas sexuales (en cantidades de apenas un puñado de miligramos) a partir de cientos de litros de orina. Mas como no solo de hormonas vive el hombre, ni tampoco la mujer, ni mucho menos los doctores, la orina también ha sido el perfecto caldo de cultivo para otros gloriosos y extravagantes experimentos médicos. Para abrir boca, el efectuado en la década de 1720 por el dentista francés Pierre Fauchard, considerado uno de los fundadores de la odontología moderna y que, tan “avanzado” él, contó con la colaboración de sus pacientes para comprobar las bondades de los enjuagues de orina para aliviar las caries. Resultó ser una iniciativa médica que no tuvo mucho éxito, todo hay que decirlo. Todavía más escatológicos fueron los ensayos efectuados en Filadelfia a principios del siglo XIX por el aspirante a médico Stubbins Ffirth, quien, en su afán por demostrar su tesis de que la fiebre amarilla no era una enfermedad contagiosa, no tuvo reparos en ingerir e inyectarse la orina aún tibia de enfermos aquejados por dicho mal, entre otras delicatessen que incluían vómito fresco, heces, esputos… Pero, dado que la fiebre amarilla sí que es una enfermedad muy contagiosa, lo único que logró demostrar el temerario Ffirth, que no llegó a contraerla pese a sus continuos y memorables esfuerzos, es que los milagros médicos sí que existen en ocasiones. Al menos, tan colorista y repulsiva dieta le sirvió para obtener el ansiado título de doctor.Por eso, parece evidente que puestos a mear en (un) balde o en cualquier otro recipiente similar, es mucho mejor hacerlo por causas que realmente sean provechosas para la Humanidad, como los viajes espaciales. Bienvenidos, por tanto, a la era de la ciencia-micción. El urinario espacial Un lavabo diseñado especialmente por la NASALavabo incómodo para mujeres, ya que tienen que esforzarse para lograr la estanquidad entre el tubo y su zona púbica.Desde que, el pasado junio, el retrete de la Estación Espacial Internacional sufrió su avería más grave, la NASA está investigando para diseñar un lavabo espacial más funcional que el ya existente. Actualmente, los astronautas tienen que hacer sus necesidades en una instalación dotada de agarraderas para poder sujetarse, y orinan con una especie de aspirador que succiona la micción. Luego, en un tanque, un ventilador separa el aire del agua, para el reciclaje de ambos elementos. ¿Eres urópato?El auge de las llamadas medicinas alternativas sirvió para popularizar en Occidente la conocida como orinoterapia, la creencia de que beberse la propia orina es saludable.John Lennon era seguidor de la orinoterapia.Numerosos gurús y naturistas han proclamado las supuestas bondades de esta “terapia”, cuyo origen (dicen) está vinculado a prácticas budistas e hinduistas.?Sus partidarios afirman que la orina humana tiene propiedades rejuvenecedoras, que es buena para la piel, para recuperar el vigor sexual y que hasta podría ser anticancerígena. Ninguna de estas virtudes ha sido demostrada o corroborada por investigación científica alguna. Pese a ello, la orinoterapia cuenta con centenares de seguidores (que reciben el nombre de urópatos), algunos de ellos tan ilustres como el rockero Jim Morrison y el Pandit Nehru. Fuente
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