Los sabores se mezclaban entre su paladar y lengua, masticaba algo rápido por cierto, como si algo o alguien apresurara su mandíbula.
Degustaba algo así como una salsa cuatro quesos picante, algo diferente.Pensaba mientras comía, cuan rápido se pasa el día , y sin haber echo nada mas que rutina.
Fue entonces cuando fijo su mirada, algo , no se, que, ! fijo su mirada a aquel pasillo, oscuro, y elegante del restaurante en el que se encontraba, llamo su atención y todo se detuvo tan solo por un instante.
Y La vio entrar, sus piernas largas abasallantes, vestía de oficina, un saco gris, y camisa blanca , entallaban su cintura a la perfección, pronunciaban su delgadez.
Entonces, el cautivado ante tanto porte de belleza tuvo que llamar su atención, y sin mas se dirijo a la mesa, y saludo amablemente a la dama, y ella sin mas sonrió y acudió su llamado de atención.
Cuando por fin el creyó poder sentarse ante semejante mujer, apareció el , un buen mozo de traje, dejando en nada toda esa platica que con su presencia desvaneció, y sin mediar palabra, de la mesa se retiro. grabando en su memoria las agallas perdidas y el perfume importado de aquella mujer de piel blanca, que el sabia que el destino iba a volver a cruzar...
Degustaba algo así como una salsa cuatro quesos picante, algo diferente.Pensaba mientras comía, cuan rápido se pasa el día , y sin haber echo nada mas que rutina.
Fue entonces cuando fijo su mirada, algo , no se, que, ! fijo su mirada a aquel pasillo, oscuro, y elegante del restaurante en el que se encontraba, llamo su atención y todo se detuvo tan solo por un instante.
Y La vio entrar, sus piernas largas abasallantes, vestía de oficina, un saco gris, y camisa blanca , entallaban su cintura a la perfección, pronunciaban su delgadez.
Entonces, el cautivado ante tanto porte de belleza tuvo que llamar su atención, y sin mas se dirijo a la mesa, y saludo amablemente a la dama, y ella sin mas sonrió y acudió su llamado de atención.
Cuando por fin el creyó poder sentarse ante semejante mujer, apareció el , un buen mozo de traje, dejando en nada toda esa platica que con su presencia desvaneció, y sin mediar palabra, de la mesa se retiro. grabando en su memoria las agallas perdidas y el perfume importado de aquella mujer de piel blanca, que el sabia que el destino iba a volver a cruzar...