No hace tanto, en tiempos de nuestras abuelas y bisabuelas, allá por los 40, cuando la única agua corriente aún era la del río, existían los lavaderos. Eran éstos lugares públicos que disponían de un canal o se construían en la misma orilla del río, con unas "pilas" con lebrillo(1) donde las mujeres podían arrodillarse para enjabonar, restregar sobre una piedra acanalada y enjuagar la ropa haciendo la colada.
Eran tiempos de las prendas de algodón y de tender o extender la ropa blanca para que secase al sol, el mejor blanqueador conocido.
A la vista de todos, pues, quedaba la ropa lavada, que aunque se secara finalmente en la casa de cada cual, debía ser escurrida para que disminuyera su peso y así ser más fácilmente transportada. Hacia el 1797 se inventó el lavadero en casa para no tener que ir al río, lo que facilitó otra expresión: los trapos sucios se lavan en casa.
Era un trabajo muy duro no sólo por el proceso de lavarla, sino por los materiales usados, como la sosa o la ceniza, que agrietaban y dañaban las manos de las lavanderas, que no sólo eran las amas de casa, sino mujeres que ejercían ese oficio para las familias más pudientes.
Por tanto, éste es el origen de expresiones como "sacar los trapos sucios" o la que hoy nos ocupa. ¿Su sentido? Pues habiendo perdido su significado original, queda como expresión que indica decir verdades en una discusión, poner las cartas sobre la mesa e desvelar hechos que intentan permanecer ocultos pero que son conocidos y expuestos en público, normalmente para desenmascarar alguna traición o hipocresía.
Eran tiempos de las prendas de algodón y de tender o extender la ropa blanca para que secase al sol, el mejor blanqueador conocido.
A la vista de todos, pues, quedaba la ropa lavada, que aunque se secara finalmente en la casa de cada cual, debía ser escurrida para que disminuyera su peso y así ser más fácilmente transportada. Hacia el 1797 se inventó el lavadero en casa para no tener que ir al río, lo que facilitó otra expresión: los trapos sucios se lavan en casa.
Era un trabajo muy duro no sólo por el proceso de lavarla, sino por los materiales usados, como la sosa o la ceniza, que agrietaban y dañaban las manos de las lavanderas, que no sólo eran las amas de casa, sino mujeres que ejercían ese oficio para las familias más pudientes.
Por tanto, éste es el origen de expresiones como "sacar los trapos sucios" o la que hoy nos ocupa. ¿Su sentido? Pues habiendo perdido su significado original, queda como expresión que indica decir verdades en una discusión, poner las cartas sobre la mesa e desvelar hechos que intentan permanecer ocultos pero que son conocidos y expuestos en público, normalmente para desenmascarar alguna traición o hipocresía.