"El mundo" como nuestro superyó
"Me parece muy mal que 678 esté en el canal del Estado. La televisión pública tiene que ser imparcial (...) Esto es inédito, no se vio en ninguna parte del mundo..." ( Mauricio Macri, sobre 678 ).
"Lean medios del exterior. Lean cómo nos ven. Yo no digo que siempre tengan razón, ahora ¿estará todo el mundo equivocado, menos nosotros? Porque en el mundo se nos cagan de risa..." ( Jorge Lanata, 2010 ).
"Es cultural...". (Dos señores charlando en un bar acerca de las bondades de la civilidad europea en una propaganda del Mundial Sudáfrica 2010).

Sí, definitivamente es cultural. Culturalmente nos adoctrinaron para pensarnos un islote europeo y europeísta en Latinoamérica, un subcontinente al que no pertenecíamos. Si el territorio argentino era La Barbarie, había que mirar hacia La Civilización, hacia Europa, y remedar a los cultos señores y señoras europeos.
Vivimos durante demasiados años ya bajo el presupuesto que la cultura era el viejo continente, la arquitectura francesa, la literatura inglesa. Y debíamos, antes que producir nuestra propia cultura, antes que valorar nuestras creaciones, importar lo foráneo. Para así, pertenecer al mundo.
Esta actitud xenófila tuvo repercusiones no sólo en el ámbito cultural sino en nuestra historia y desarrollo económico y social. Pertenecer al mundo es que el mundo sea nuestro Señor, nuestro Amo. Y el mundo es quien domine al mundo en ese momento. No importa si se trata de España, luego Inglaterra o finalmente los EE.UU. El mundo es dueño del mundo y Argentina debe pertenecer a él.
Concretamente durante los noventas este esquema permitió que nuestro país se incorporara imaginariamente al así denominado Primer Mundo como alumno predilecto del FMI. Por fin eramos ejemplo de algo, no importaba si se trataba de sumisión o sodomización. Nuevamente, como a principios del siglo XX, cuando Argentina era el "granero del mundo" y la "octava economía mundial", teníamos motivos para sentirnos orgullosos de la mirada que el mundo nos dedicaba.
El mundo era nuestro superyó. Nuestra identidad se relacionaba con la identificación que realizabamos, con lo que debíamos ser y no con lo que eramos y somos. Rescatate, Freud. Gato.
Todavía para muchos la mirada del Otro es la mirada que nos enseñaron a utilizar, colocándonos imaginariamente en la piel de un culto señor parisino o londinense, para juzgarnos severamente y autocensurarnos, mirándonos desde allá mirar hacia allá. Sobre ese prejuicio balancean su discurso Macri, LA NACION, Clarín (más pro-norteamericano), Lanata y tantos otros. Es una suerte que estemos entendiendo que somos nosotros y nuestras circunstancias, como decía Ortega y Gasset, a quien necesitábamos para que nos explicara, desde afuera, qué significaba esto de ser argentino y no europeo, europeo y no latinoamericano, civilizados y no bárbaros, aunque los denominados bárbaros fueran mayoría.
Deben resonar aún en la cabeza de la intelectual de izquierda (derecha) las palabras que Gabriel Mariotto le dedicó mientras no lo miraba por TV; que hay una matriz de la tilinguería que dice que en Europa todo es mejor y que la BBC es ejemplo. Quizás estamos llegando a una etapa de madurez en la que podemos, como país y sociedad, pensarnos y repensarnos desde nosotros y para nosotros, como pasando desde una adolescencia que duró un Bicentenario a una adultez más responsable.
Además, señora, ahora, desde allá, nos miran a nosotros. Algunos para entender su presente de crisis y otros para evitar que esos primeros algunos entiendan su presente como entendimos nosotros el nuestro, allá por 2003.
FUENTE:
http://loshuevosylasideas.blogspot.com/2011/07/el-mundo-como-nuestro-superyo.html
http://www.lanacion.com.ar/1387136-entrevista-macri