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Mujeres que odian a otras mujeres por ser como hombres

Femme•11/25/2016
Un Día Internacional de la mujer me voy a tomar unos minutos para hablar de cómo nos destruimos entre nosotras mismas. Hay miles de muertes que son conmemoradas hoy, pero me voy a permitir unos párrafos egoístas y voy a hablar de una cuestión muy personal que sé que a más de una le pasa.


No sé si es porque de niña me lo repitieron muchas veces, pero siempre he creído que puedo decir y hacer lo que se me pegue la gana. Digo lo que pienso. Construyo argumentos y sostengo aseveraciones. Cuando no las puedo sostener, enfrento las consecuencias y acepto haber estado equivocada. No me quedo callada solo por ser (o no ser algo). Desde que tengo memoria, he tenido conflicto con otras mujeres por esto.


De niña mi mamá me decía que las otras niñas me peleaban y no me querían por que a mí no me daba miedo demostrar que era inteligente. Y no que ellas no lo fueran, pero se sentían amenazadas por mí. Envidia, le dicen. Una aprende a crecer con las bullies que no la bajan de gorda nerd. Sufrí como buena ñoña. Creces y lo superas. O eso creí.


Crecí y no he dejado de toparme con estos conflictos como de secundaria. Solo que en vez de niñas, me topo con mujeres. Funciona así: tengo posturas sobre algo. Las expreso, con seguridad. Me empiezan a tildar de arrogante. De pedante. Esnob. De mandona. De perra. No me conocen personalmente, podría ser pocamadre si se dieran la oportunidad de conocerme, pero de la nada, ya todas las mujeres de un grupo me detestan. Para estas alturas de mi vida ya estoy acostumbrada. Lo que mi mamá llamaba envidia infantil, se vuelve en algo más complejo: se sienten amenazadas porque sienten que evidencio lo que son. Lo que te choca te checa, dicen. Intento no tomármelo personal.
¿Pero qué pasa cuando esto te pasa en varios grupos? En mi salón en la universidad, en grupos de trabajo, en colectivos de ciudad. ¿Qué pasa cuando te empiezan a llamar ‘conflictiva’ y te la empiezas a creer? Si yo soy el común denominador, seguro yo soy el problema. Algo muy terrible he de tener que tengo conflicto con muchas mujeres.


Y luego me di cuenta que, tengo conflicto con las mujeres. Mujeres. Toda mi vida me he llevado mejor con hombres. Luego mis amigos hombres me dicen ‘es que me caes muy bien porque eres como un vato, directa, práctica’.


En diferentes colectivos de ciudad, me entero de que hay mujeres en los grupos que hablan mal de mí a mis espaldas. No todas, pero algunas que cumplen el perfil de las de la secundaria. Que aunque pensaba que eso de insultar diciendo ‘gorda’ era cosa del pasado, en las fiestas todavía me dicen así esas mismas mujeres que me detestan, porque aparte de arrogante, gorda. Nononó. Les pregunto a mis colegas hombres que qué estoy haciendo mal. Me dicen ‘es que no es que no tengas razón en lo que dices, es que es la forma en la que lo dices’. Concedo que tal vez sí soy medio ruda en mis formas. Que se puede interpretar como arrogancia. Ignoro la malavibra que me tiran y sigo adelante.
Hasta que vuelve a pasar. Y vuelve a pasar. Me cuestiono una y otra vez, qué demonios hago para que tantas mujeres que supuestamente tienen los mismos intereses de ciudad que yo, me odien. Seguro hay algo muy mal conmigo. No soy tan inteligente como me dijeron los profes en la primaria. Te falta humildad, mamacita.


Y luego hace clic algo: es que me caes bien porque eres como un vato.
Me acuerdo que en alguna junta equis di mi postura sobre algo. Las mujeres que me detestan no se lo tomaron bien. Después un compañero reiteró lo que yo dije. Entonces sí lo toman bien. Pero porque lo dijo él. Me acuerdo, «bueno es que son las formas». Reparo en cómo lo dije. Me doy cuenta que no lo dije de forma grosera. Me expresé con seguridad, contundente y certera, igual que mi compañero hombre. Y en eso me cae el 20. Me expresé IGUAL QUE MI COMPAÑERO HOMBRE. ¿Quién me creo como para hacer eso?


Ese es el problema, que hago las cosas como hombre. Este tipo de mujer que me encuentra detestable, repele eso. No es como si alguna de ellas llegara directamente conmigo a decirme lo que piensan sobre mis formas, o que se sientan ofendidas por que me haya expresado de forma grosera. No. Todo es por detrás. Soy la última que se entera. El problema es qué me creo yo como para expresarme así, con seguridad, si yo soy mujer. Todo esto es a un nivel subconsciente. No se dan cuenta que me detestan por eso. Piensan que les caigo mal porque soy arrogante. ¿Por qué es arrogante expresarme con seguridad? ¿No titubear? ¿Decir lo que siento? ¿Por qué si mi compañero dice lo mismo que yo a él no lo detestan?


Llega a un punto en el que es demasiado. Qué hay demasiada grilla interna. Que los hombres están cansados de que yo genere tanto conflicto. Esos hombres tienen que salir a defenderme. Dicen que sí soy conflictiva pero que tal vez tenga razón. Qué jodidas estamos si a una mujer que se expresa la tiene que defender un hombre para que las otras la tomen en serio.
¿Por qué carajos somos así? ¿En qué momento enseñaron a estas mujeres a ser así? Si ven a una mujer segura de sí misma, en lugar de tener un sentido de hermandad, de decir «qué bueno», la primera reacción es destruirla. Es hacerla menos. ¿Cómo es que la seguridad de una mujer atenta contra la autoestima de otra? ¿Por qué si una mujer es igual de fuerte que un hombre hay conflicto? Es que estos problemas personales que describo no solo me pasan a mí. Le pasan a otras mujeres que son como yo. Que van por la vida comportándose «como hombres», expresando sus opiniones y defendiendo sus posturas.


No es enteramente su culpa. Vivimos en un mundo en el que cuando un niño muestra liderazgo es algo bueno pero cuando una niña lo hace, se vuelve mandona. Somos víctimas de nuestro propio sistema social. Pero ya basta. Ya basta de participar en prácticas destructivas. Ya estuvo bueno de cizaña. De chisme. De envidias vacías. Tener seguridad en lo que una cree y dice y expresarlo sin tapujos no es ser como un hombre. Es ser una persona que dice lo que piensa. Vamos bajándole tantito a nuestro veneno. Démonos cuenta de lo que hacemos.


Seguramente en ocasiones sí soy arrogante y conflictiva. Al escribir esto no pretendo excusar a nadie que caiga en actitudes que sí son negativas. Tampoco se trata de hacer que todo sea una cuestión de género, pero 26 años de experiencia y platicar con otras mujeres a las que les sucede esto me ha hecho observar que no nos medimos con la misma vara. Que sí caemos en cuestiones sexistas, en contra de nosotras mismas. La próxima vez que le tiremos mierda a otra mujer, que nos caiga mal alguien solo por decir lo que piensa, vale la pena preguntarnos por qué.
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