La madrasta de Blancanieves, al enterarse que ella ya no era la más bella, directamente la manda a matar. ¡Yegua competitiva!
Hoy en día no vamos a negar que las mujeres son más competitivas entre ellas que los hombres al menos en materia de belleza.
Así arranca el cuento.. ¿Y cómo termina? Con un cansamiento entre Blancanieves y un príncipe.
Pero fíjensé qué curioso: el principe no reparó en el oscuro pasado de Blancanieves. Al verla tan hermosa se boludizó tanto que ni siquiera se puso a pensar que la mina venía de convivir con siete enanos calentones y bien dotados en un cabañita con siete camitas en el medio del bosque. Con solo contar las camas se tendría que haber dado cuenta que su mina no tenía cama propia, por lo que debían ser ciertos los rumores que se escuchaban en la comarca de que Blanqui dormía cada noche con un enano diferente.
Él vió a una mujer hermosa y le dio para adelante autoconvenciéndose de que era perfecta. Todo lo demás no lo veía o no lo quería ver. Y a Blancanieves le interesó bastante poco que el príncipe fuera un necrófilo hijo de puta que se mando a comerle la boca mientras supuestamente la estaban velando.
Lo único que le impotó fue que el tipo príncipe vaya a saber de dónde y que tendría un castillo y varios sirvientes a su disposición. Blancanieves no se fijó si compartían los mismos gustos, si tenían afinidad de caracteres, si tenían objetivos de la vida comunes. nada. Era príncipe y listo.
Ustedes dirán: ¿en qué difieren entonces las actitudes de ambos?
La diferencia está en que Blancanieves <se hacía> la boluda.
El principe <era> boludo.
<Fabio Fusaro>