Era feo, y encantador a la vez, su cabeza era como un cubo alargado, plana atrás y plana delante, el ovalo de la cara no era tal, era un rectángulo, el cabello era abundante, le nacía desde la mitad de la frente haciéndole ver como si no tuviera mucho cerebro, como si tuviera una barba invertida, lacio y negro era su cabello, la nariz no era ni grande ni pequeña, un término medio podría decirse, porque todo en él era término medio, recta pero torcida ya que nacía en la mitad y simétricamente entre los 2 ojos y se iba extendiendo y finalizaba casi que en el pómulo izquierdo, la cavidad de su boca era pequeña, no siendo así sus dientes que tenían el tamaño normal de cualquier ser humano desde la prehistoria, dicen los que manejan la evolución que llegaremos a quedarnos sin las cordales, que ya no nos caben por el cambio de la alimentación y el cuerpo en una clara adaptación las desechará tarde que temprano, pero por ahora el cuerpo de este hombre ni se dio por enterado del insuficiente espacio en esa pequeña cavidad donde se alojan los dientes y las mandó así como las ha mandado desde siempre, desde un principio, quedaron los colmillos en el paladar y los incisivos uno encima del otro en una clara muestra evolutiva de cómo es la vida en pobreza, un completo hacinamiento.
Si, era feo, pero quizás no, tenía los ojos más hermosos que persona alguna pudiera tener, estaban ubicados en el sitio perfecto, ni tan separados ni tan juntos, largas pestañas y cejas bien definidas y pobladas, y el color… un color claro indefinible, profundos, que los hacía ver como oscuros, vistos desde lejos alumbraban como pequeñas luces en su cara, quizás era ese el regalo de alguna diosa griega conmovida, que al ver como los dioses le daban por regalo cada uno detalle más mal hecho y crear al feo perfecto, ella, como buena mujer compadecida cuando le tocó su turno le regaló esos ojos, fue quizás su secreto para que nadie se fijara en su fealdad, sus ojos alumbraban, oscureciendo el resto de los detalles como una antorcha en medio de la oscuridad del camino, nadie podía ver por fuera de sus ojos, su color era tan difuso entre claro y oscuro que se podría asimilar a un lago en invierno, su mirada era tan profunda que le daba la calidez que no tenía.
Si, era el hombre más feo de estas tierras, y él lo sabía. Lo sabía desde pequeño, desde que descubrió el rechazo en la mirada de su madre que no se hipnotizaba por sus hermosos ojos, quizás ella en un parto muy doloroso cerró las piernas cuadrándole la cara, torciéndole la nariz, quizás ella ya estaba demasiado vieja para tener otro hijo y le llegó defectuoso, quizás la simiente del marido fuera la mala, porque la agarrara en una noche de tragos, una simiente alcoholizada por trago barato.
Si, era el hombre más feo y él lo sabía, desde cuando se miraba al espejo, él notaba cada una de sus imperfecciones, cada pequeño imperfecto detalle se lo sabía de memoria, trato de arreglarse con un corte de cabello bien a ras como si de un soldado se tratara, pero se le congelaba la cabeza y le crecía tan rápido el cabello que tenía que estar esclavo de la cuchilla hasta que, dándose por vencido decidió dejárselo crecer y lo tuvo tan largo y abundante que se veía así mismo como una bruja recién salida de la cueva, decidió terminar su lucha para tratar de ser bello a punta de elaborados peinados y se mandó a cortar el cabello en la forma tradicional con el anciano barbero de toda una vida de la esquina de la plaza de su pueblo.
Arreglarse los dientes con el ortodoncista no pudo realizar, su pobre economía no daba para tal y en su lejano poblado no había especialista alguno que se dedicare arreglar los dientes desordenados; lo mismo podríamos decir de quién le hiciera cirugía de nariz.
Definitivamente este hombre estaba marcado, feo, muy feo como nunca se habría visto en aquel lejano poblado, por el rechazo de su madre le figuró trabajar desde niño y criarse en la calle, solo entraba a la casa materna a dar vuelta para saber si su vieja estuviera viva o mas bien muerta, pero siempre la encontraba muy viva blandiendo un machete que le hacía dirigirse de nuevo a la calle.
Cualquiera pensaría que estaba fracasado para encontrar el amor de una mujer, si ni siquiera su vieja madre lo había querido, quién lo habría de querer? Pero no señor, a este hombre una hermosa chica se le acercó, y así como ésta muchas otras más, y el feo al saberse perseguido por cuanta mujer lo mirase, comenzó aprovechar no fuera que el encanto se acabase, el amor a cada una hacía o mejor lo llamamos como es realmente tener sexo del fuerte, porque de amor este feo no conocía. Se los hacía al revés, por delante y por detrás y quizás ¿en reversa también?, a todas cogía sin temor alguno en las casas paternas de cada una de ellas, en el jardín o en los parques, o si tenían carruaje allí mismo no importando la estrechez, el caso era saciar aquella premura con la que ellas venían y él amanecía, lo dicho antes, no fuera que el encanto se acabase.
Y eran tantas las mujeres, de tantas formas y colores diferentes y con tantas ansias, pero todas muy bellas, que muchas amenazaron con decirle a su ¿amada?, si no la dejaba para con ellas irse a disfrutar de los placeres que ellas pudieran dar, hasta mantenerlo prometieron y poder así, recibir del feo, el amor que sólo éste sabía dar, que se lo siguieran haciendo por delante y por detrás y quizás ¿en reversa también?
Pero llegó un momento que el cansancio le llegó al feo, después de muchos años trajinar con las bellas, se cansó de hacerlo día y noche, por delante y por detrás y quizás ¿en reversa también?, ya no se inmutaba con hacerlo, sólo dejaban que se lo hicieran, si ellas querían de su fealdad disfrutar pues que se esforzaran ellas. Ya no le importaba su figura cuidar, comenzó a engordar y una buena barriga sacar, si antes el bronceado buscaba ahora el blanco leche sería su color natural, sólo se cuidaba una cosa y eran sus ojos y sus cejas, las depilaba y perfilaba cada 2 días cuando veía que algún pelo pilluelo se salía del surco trazado.
Si, el feo había descubierto que hiciera lo que hiciera o fuera como fuera, las mujeres nunca le faltarían, pero su dolor interno era no haber sentido el amor todavía, ni por su madre, ni a ninguna de las muchas mujeres que había cogido, el feo un amor tan grande nunca había sentido, nunca su alma había sentido como pican las hormigas cuando se está enamorado, ni tampoco una lágrima por alguna tusa había derramado, no sabía que era el amor.
El feo cayó en melancolía y dejo de estar con mujeres desde aquel día, se dedicó a mejores placeres según entendía, a leer y escribir y filosofar la vida, pretendía con ello alcanzar otro tipo de trofeos, ya no la admiración de las mujeres si no de los hombres pretendía, de hombres sabios ¡claro esta! No de cualquier ignorante que a su nivel se plantara.
El feo soñaba con la Gloria así no estuviera vivo para verla, soñaba que su filosofía en colegios a miles de cerebros se enseñaría y a su pies se rendirían, odas y canciones y tratados hablarían de ese pensamiento tan claro oscuro como sus ojos al pueblo hipnotizaría. Alcanzaría la ¡Gloria¡ así estaba escrito, si el amor no conocería ni al final de sus días, ciertamente la fama por sus versos si le alcanzarían, y de repente … pasó la Gloria, delante del feo pasó la mujer más fea que pueblo alguno haya conocido, una escultural flaca, muy alta y por ello desgarbada, quiebre de espalda obtenido de lo mucho que se inclinaba para poder así escuchar claramente a sus congéneres, una cabeza tan pequeña y redonda que no se sabía si era cabeza o era bola, su vestimenta no era muy llamativa, largas faldas hasta el piso arrastraba para cubrir sus piernas escuálidas, con sus blusas hacia lo mismo, largas mangas y cuello alto para con algo de trapo rellenar lo que con la carne no se lograba, pelo crespo y alborotado cogido en una cola de caballo en su puesto siempre estaba, su frente amplia ya que sufría de una incipiente alopecia, ojos hundidos con claras marcas oscuras a su alrededor como si nunca hubiera podido en su vida dormir, nariz chata y amplia y una boca con gruesos labios dejaban entrever una fila de dientes parejos y grandes ubicados en una buena y sana cavidad bucal. De sus senos no hablemos, no se proyectaba hacia adelante, ni sus nalgas por detrás.
A la Gloria Novio nunca se le conoció, no había varón tan valiente de invitarla a salir, su padre mucho amor le profesó, era la niña consentida de mamá, a la Gloria la veían como un ser tan indefenso que tenían que proteger, no fuera que un zancudo la picara y la desangrara y al cielo volara.
Si señores, esta era la Gloria para el feo, la Gloria harto esperada, la que le daría el amor eterno, se casaron rápidamente cuando la chica le informó que vendría un retoño para dejar de ser 2 y ahora ser 3, pero no sólo un bebe muy hermoso llegaría, con los mejores rasgos que ambos padre y madre poseían y sería este chico concebido con amor el que se encargaría de pregonar la filosofía de su padre y cantar las odas a su madre y dar fe que los feos también hacen falta en este mundo de belleza ficticia donde todos se arreglan, para parecer menos feos.
Si, era feo, pero quizás no, tenía los ojos más hermosos que persona alguna pudiera tener, estaban ubicados en el sitio perfecto, ni tan separados ni tan juntos, largas pestañas y cejas bien definidas y pobladas, y el color… un color claro indefinible, profundos, que los hacía ver como oscuros, vistos desde lejos alumbraban como pequeñas luces en su cara, quizás era ese el regalo de alguna diosa griega conmovida, que al ver como los dioses le daban por regalo cada uno detalle más mal hecho y crear al feo perfecto, ella, como buena mujer compadecida cuando le tocó su turno le regaló esos ojos, fue quizás su secreto para que nadie se fijara en su fealdad, sus ojos alumbraban, oscureciendo el resto de los detalles como una antorcha en medio de la oscuridad del camino, nadie podía ver por fuera de sus ojos, su color era tan difuso entre claro y oscuro que se podría asimilar a un lago en invierno, su mirada era tan profunda que le daba la calidez que no tenía.
Si, era el hombre más feo de estas tierras, y él lo sabía. Lo sabía desde pequeño, desde que descubrió el rechazo en la mirada de su madre que no se hipnotizaba por sus hermosos ojos, quizás ella en un parto muy doloroso cerró las piernas cuadrándole la cara, torciéndole la nariz, quizás ella ya estaba demasiado vieja para tener otro hijo y le llegó defectuoso, quizás la simiente del marido fuera la mala, porque la agarrara en una noche de tragos, una simiente alcoholizada por trago barato.
Si, era el hombre más feo y él lo sabía, desde cuando se miraba al espejo, él notaba cada una de sus imperfecciones, cada pequeño imperfecto detalle se lo sabía de memoria, trato de arreglarse con un corte de cabello bien a ras como si de un soldado se tratara, pero se le congelaba la cabeza y le crecía tan rápido el cabello que tenía que estar esclavo de la cuchilla hasta que, dándose por vencido decidió dejárselo crecer y lo tuvo tan largo y abundante que se veía así mismo como una bruja recién salida de la cueva, decidió terminar su lucha para tratar de ser bello a punta de elaborados peinados y se mandó a cortar el cabello en la forma tradicional con el anciano barbero de toda una vida de la esquina de la plaza de su pueblo.
Arreglarse los dientes con el ortodoncista no pudo realizar, su pobre economía no daba para tal y en su lejano poblado no había especialista alguno que se dedicare arreglar los dientes desordenados; lo mismo podríamos decir de quién le hiciera cirugía de nariz.
Definitivamente este hombre estaba marcado, feo, muy feo como nunca se habría visto en aquel lejano poblado, por el rechazo de su madre le figuró trabajar desde niño y criarse en la calle, solo entraba a la casa materna a dar vuelta para saber si su vieja estuviera viva o mas bien muerta, pero siempre la encontraba muy viva blandiendo un machete que le hacía dirigirse de nuevo a la calle.
Cualquiera pensaría que estaba fracasado para encontrar el amor de una mujer, si ni siquiera su vieja madre lo había querido, quién lo habría de querer? Pero no señor, a este hombre una hermosa chica se le acercó, y así como ésta muchas otras más, y el feo al saberse perseguido por cuanta mujer lo mirase, comenzó aprovechar no fuera que el encanto se acabase, el amor a cada una hacía o mejor lo llamamos como es realmente tener sexo del fuerte, porque de amor este feo no conocía. Se los hacía al revés, por delante y por detrás y quizás ¿en reversa también?, a todas cogía sin temor alguno en las casas paternas de cada una de ellas, en el jardín o en los parques, o si tenían carruaje allí mismo no importando la estrechez, el caso era saciar aquella premura con la que ellas venían y él amanecía, lo dicho antes, no fuera que el encanto se acabase.
Y eran tantas las mujeres, de tantas formas y colores diferentes y con tantas ansias, pero todas muy bellas, que muchas amenazaron con decirle a su ¿amada?, si no la dejaba para con ellas irse a disfrutar de los placeres que ellas pudieran dar, hasta mantenerlo prometieron y poder así, recibir del feo, el amor que sólo éste sabía dar, que se lo siguieran haciendo por delante y por detrás y quizás ¿en reversa también?
Pero llegó un momento que el cansancio le llegó al feo, después de muchos años trajinar con las bellas, se cansó de hacerlo día y noche, por delante y por detrás y quizás ¿en reversa también?, ya no se inmutaba con hacerlo, sólo dejaban que se lo hicieran, si ellas querían de su fealdad disfrutar pues que se esforzaran ellas. Ya no le importaba su figura cuidar, comenzó a engordar y una buena barriga sacar, si antes el bronceado buscaba ahora el blanco leche sería su color natural, sólo se cuidaba una cosa y eran sus ojos y sus cejas, las depilaba y perfilaba cada 2 días cuando veía que algún pelo pilluelo se salía del surco trazado.
Si, el feo había descubierto que hiciera lo que hiciera o fuera como fuera, las mujeres nunca le faltarían, pero su dolor interno era no haber sentido el amor todavía, ni por su madre, ni a ninguna de las muchas mujeres que había cogido, el feo un amor tan grande nunca había sentido, nunca su alma había sentido como pican las hormigas cuando se está enamorado, ni tampoco una lágrima por alguna tusa había derramado, no sabía que era el amor.
El feo cayó en melancolía y dejo de estar con mujeres desde aquel día, se dedicó a mejores placeres según entendía, a leer y escribir y filosofar la vida, pretendía con ello alcanzar otro tipo de trofeos, ya no la admiración de las mujeres si no de los hombres pretendía, de hombres sabios ¡claro esta! No de cualquier ignorante que a su nivel se plantara.
El feo soñaba con la Gloria así no estuviera vivo para verla, soñaba que su filosofía en colegios a miles de cerebros se enseñaría y a su pies se rendirían, odas y canciones y tratados hablarían de ese pensamiento tan claro oscuro como sus ojos al pueblo hipnotizaría. Alcanzaría la ¡Gloria¡ así estaba escrito, si el amor no conocería ni al final de sus días, ciertamente la fama por sus versos si le alcanzarían, y de repente … pasó la Gloria, delante del feo pasó la mujer más fea que pueblo alguno haya conocido, una escultural flaca, muy alta y por ello desgarbada, quiebre de espalda obtenido de lo mucho que se inclinaba para poder así escuchar claramente a sus congéneres, una cabeza tan pequeña y redonda que no se sabía si era cabeza o era bola, su vestimenta no era muy llamativa, largas faldas hasta el piso arrastraba para cubrir sus piernas escuálidas, con sus blusas hacia lo mismo, largas mangas y cuello alto para con algo de trapo rellenar lo que con la carne no se lograba, pelo crespo y alborotado cogido en una cola de caballo en su puesto siempre estaba, su frente amplia ya que sufría de una incipiente alopecia, ojos hundidos con claras marcas oscuras a su alrededor como si nunca hubiera podido en su vida dormir, nariz chata y amplia y una boca con gruesos labios dejaban entrever una fila de dientes parejos y grandes ubicados en una buena y sana cavidad bucal. De sus senos no hablemos, no se proyectaba hacia adelante, ni sus nalgas por detrás.
A la Gloria Novio nunca se le conoció, no había varón tan valiente de invitarla a salir, su padre mucho amor le profesó, era la niña consentida de mamá, a la Gloria la veían como un ser tan indefenso que tenían que proteger, no fuera que un zancudo la picara y la desangrara y al cielo volara.
Si señores, esta era la Gloria para el feo, la Gloria harto esperada, la que le daría el amor eterno, se casaron rápidamente cuando la chica le informó que vendría un retoño para dejar de ser 2 y ahora ser 3, pero no sólo un bebe muy hermoso llegaría, con los mejores rasgos que ambos padre y madre poseían y sería este chico concebido con amor el que se encargaría de pregonar la filosofía de su padre y cantar las odas a su madre y dar fe que los feos también hacen falta en este mundo de belleza ficticia donde todos se arreglan, para parecer menos feos.