Síndrome de Munchausen:
enfermos imaginarios
enfermos imaginarios
Tiene nombre extravagante y no es muy conocido entre la gente, pero pediatras y psiquiatras están cada vez más atentos al síndrome de Munchausen, un tipo de maltrato infantil por el que un adulto inventa o provoca enfermedades en un niño. A pesar de que puede tratarse, los expertos aseguraron que los afectados suelen ser personas que no aceptan ayuda y niegan su responsabilidad.
Se muestran como madres amorosas y devotas, pero en realidad sufren una severa patología mental que hace que les inventen o provoquen a sus hijos graves enfermedades. Son mujeres que tienen el síndrome de Munchausen por poder, una forma de maltrato infantil que resulta difícil de detectar. Tras la conmoción por el caso, Soraya Solano, la madre acusada de matar a dos de sus hijos y de intentar hacer lo mismo con un tercero (ver recuadro), se reavivó la preocupación por una de las conductas violentas más siniestras y de la que aún se conoce muy poco.
Aunque en el país no existen estadísticas, los expertos consultados afirman que este síndrome “está mas presente de lo que se cree”. De hecho, sólo en el Hospital de Niños Pedro de Elizalde, de la ciudad de Buenos Aires, en los últimos cinco años se han detectado siete casos. En todos, el modus operandi fue el mismo: una persona –por lo general una madre– finge, inventa o implanta una enfermedad en su hijo con el fin de recibir atención médica. “Los chicos llegan con varios síntomas cuyo diagnóstico no concuerda con las patologías habituales. Y la sintomatología se presenta sólo cuando la madre está cerca del niño”, explicó Norberto Garrote, director de ese hospital.
Para simular o producir la enfermedad, la mamá puede llegar a incorporar sangre en la orina del niño y hasta suministrarle algún fármaco.
El síndrome de Munchausen por poder fue descrito por Samuel Roy Meadow en 1977. Su nombre está inspirado en el fantasioso barón von Munchausen, un alemán del siglo XVIII que relataba historias extraordinarias sobre sus proezas. “En los últimos años se detectaron más casos porque los pediatras conocen más el síndrome”, sostuvo Garrote, cuyo equipo efectuó un trabajo sobre el tema que se publicó en Child abuse and neglect, de la Sociedad Internacional para la Prevención del Abuso en la Infancia.
Según la investigación, en el 80% de los casos las perpetradoras suelen ser las madres, y las víctimas, lactantes o niños en edad escolar. “Por lo general son mujeres de alto nivel de estudios, solteras o separadas y muchas son profesionales ligadas a la salud. Se presentan como madres devotas, angustiadas por la salud de sus hijos, pero son muy calculadoras y consiguen manipular a todo el equipo médico tratante”, detalló la psicoanalista Silvia Morici, miembro del Comité de Salud Mental y Familia de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
Vínculo
Morici explicó que quienes padecen el síndrome de Munchausen “no son madres psicóticas, sino que tienen una perturbación severa del vínculo con el hijo. Son pacientes cuyo mecanismo predominante es la disociación de la realidad. Está alterado el concepto de hijo, al que no reconocen como un ser humano sufriente”. Según la especialista, esta compleja forma de maltrato infantil va más allá de una simple necesidad de atención: “El goce está en ir de hospital en hospital, en la manipulación del otro, en saber si van o no a ser descubiertas”.
Esta manipulación también afecta a los médicos y hace muy dificil el diagnóstico. “Si existe la sospecha es imprescindible evitar que el chico esté solo con la madre y comunicar la situación al Consejo por los Derechos del Niño para protejer al menor”, dijo Garrote. El síndrome requiere tratamiento psiquiátrico, pero son pocos los que llegan a sanarse. “Cuando se separa al niño de la madre, se ve su desmoronamiento. Por lo general, estas personas no quieren ser ayudadas, niegan su responsabilidad y culpa. Y en los casos más graves el pronóstico médico es reservado”, concluyó Morici.
Ocho años, 200 internaciones y 40 cirugías
La infancia de la norteamericana Jennifer Bush fue un calvario sin sentido. Entre los dos y los ocho años los hospitales fueron su hogar: en ese tiempo fue sometida a casi 200 internaciones y 40 cirugías. Llegaron a extraerle parte de la vejiga, el apéndice y un tramo de los intestinos, sin lograr una mejoría, ya que los síntomas parecían agravarse.
Su madre, Kathlee, desesperada, llegó hasta la Casa Blanca para pedir por la salud de su hija y hasta encabezó junto a Hillary Clinton una campaña contra los altos costos de los servicios médicos.
Hasta que en 1996 sus engaños fueron descubiertos. Con ayuda de un experto en síndrome de Munchausen, se descubrió que Kathlee era quien provocaba los males en su hija. Para eso empleaba todo tipo de artilugios, desde describir dolores que la menor no sentía hasta fraguar análisis clínicos y administrarle fármacos para desorientar a los médicos.
Mentiras
La tragedia de Jennifer puso al descubierto una forma de maltrato infantil compleja y poco conocida, que en EE.UU. afecta al 2% de la población pediátrica hospitalizada. Kathy Bush fue condenada por abuso infantil y fraude a cinco años de prisión. Pero las secuelas a su hija le durarán toda la vida. A pesar de esto, en 2005 Jennifer le solicito al juez ver a su madre, después de intercambiar cartas durante varios años.
¿Cómo se explica que la víctima quiera enfrentarse cara a cara con quien la lastimó? Para la psicóloga Silvia Morici, la alienación es un fenómeno típico del abuso. “La idea del maltrato es tan lacerante, tan enloquecedora que muchas veces la psiquis del niño niega esa información y por eso siguen viendo a sus padres como devotos y amorosos”, concluyó.
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