El discurso público circulante es contradictorio. Por un lado, se critica el poderoso monopolio mediático que está conformando el Gobierno, y por el otro se habla de la debilidad que poseen los medios oficialistas en cuanto a ventas y repercusión en cosecha de lectores. Es sabido que los dos diarios que mayor tirada y venta realizan a nivel nacional son Clarín y La Nación. El gran diario argentino viene cayendo en sus ventas desde hace ocho años, mientras que el diario de Mitre y Saguier cada año aumenta más sus ejemplares vendidos. Los motivos son evidentes.
El diario de Héctor Magnetto prefirió calzarse el fusil y emprender una batalla contra el Gobierno Nacional a toda costa. Por el camino quedó la ética periodística, el rigor informativo, la seriedad, e incluso la prolijidad con la que solían redactarse algunas notas. Por el contrario, el diario La Nación aposto a la renovación, se flexibilizó un poco más, sin dejar de lado su línea editorial de derecha, y permitió el acercamiento de la juventud buscando imitar de alguna forma el esquema de Página/12. Incluso, hay rumores de que probablemente en el 2014, el diario cambie su formato sabana al tabloide.
Pero volvamos a la prensa oficialista. Durante estos años surgieron, y re surgieron, medios que brindaron un aire fresco al tan añejado aire liberal que se respiraba en las editoriales y abrieron un poco el mercado donde se encontraba, prácticamente, sólo el diario Página/12. Así fue que en menos de seis años surgieron Tiempo Argentino, Miradas Al Sur, y revistas como Caras y Caretas, Debate, entre otras. Además de sumarse al “monopolio” oficial la Revista Veintitrés, por ejemplo, que solía dirigir Jorge Lanata.
Si bien es cierto que no se puede comparar el nivel de ventas que posee una revista como Veintitrés contra la revista Noticias, también es cierto que no siempre la cantidad que se vende nos muestra la realidad completa. Los medios opositores apuestan más a la noticia de impacto que a la nutrición intelectual o cultural de sus lectores. Se brinda al lector lo básico para la charla de café, o la mesa del domingo. Lo efímero trasciende más, por eso también las revistas sobre farándula son las más vendidas del país. La gente quiere tener algo de qué hablar en concordancia con el resto y no ser un sapo de otro pozo que se quiere hacer el intelectual. Eso no es bien visto.
Muchas veces, por prejuicio, nadie quiere ni leer en la web los medios oficialistas. Sucede mucho en el típico opositor anti k. Lo curioso es que el lector oficialista, o alineado con el gobierno, sí lee y mira los medios opositores aunque sea por el hecho de responder al discurso de un Lanata o un Nelson Castro.
Quizás nadie quiera reconocerlo, o no lo sepa. Pero nunca se va a observar a un periodista oficialista trabajando en un medio opositor. Sin embargo, en los medios “K” sí se puede ver a periodistas opositores entre sus filas. Tales son los casos de Ernesto Tenembaum y Marcelo Zlotogwiazda en Veintitrés, Oscar Martínez, Rosendo Fraga y otros tantos en Caras y Caretas, Darío Aranda en Página/12, Eduardo Feinmann, Baby Echecopar, Tomas Bulat, González Oro, Chiche Gelblung y demás en C5N y Radio 10.. La lista es interminable.
La oposición se rasga las vestiduras por una falta de libertad de prensa virtual y se alarma cuando un medio apoya al gobierno, pero deja de lado los más de 300 medios opositores que se distribuyen a lo largo y a lo ancho del país, la mayoría bajo la dependencia de Clarín. Los medios oficialistas, forzando cifras, no llegan ni a 100. Nadie exterioriza el control que posee Clarín de los canales de distribución, las plantas de impresión, y los centros de venta. Muchas veces surgieron quejas de que diarios como Miradas al Sur, o Página/12 nunca llegaron a destino debido a bloqueos de distribución del propio Grupo Clarín. Sin ir más lejos, son inexcusables las desventajas con las que cuentan los medios oficialistas para llegar a los kioscos. En el interior son moneda corriente las veces que llegan cuatro ejemplares de algún medio oficial, en contraste con cuarenta de un medio opositor. A veces, ni llegan o lo hacen con un atraso de una semana.
Habría que ver si la pauta oficial debería ser igual para todos o compensar a los medios que no existirían si por sus ventas fuera. No imagino sobreviviendo a grandes medios que demostraron una calidad editorial impecable y que sin embargo no venden lo suficiente para redondear una ganancia y que encima reciben la presión de los poderosos para que nadie publicite a costa de sanciones. Fue el caso del Diario Critica de la Argentina de Lanata, Clarín presiono, ningún supermercado publicitó al corto tiempo.
Es evidente la pluralidad de voces que se percibe. Pero también es evidente la concentración mediática. Los dos puntos son realidades, y no se debe caer en la lógica del mundo virtual que nos pintan quienes poseen más poder incluso que el propio gobierno y lo demostraron durante tantos años. Apostar a los medios alternativos es una salida, leer de todo un poco y defender los derechos que uno tiene como lector es un deber. Las ventas no hacen al medio, lo más vendido no siempre es lo mejor, pero tampoco se debe financiar aquello que no posee contenido. Está en nosotros como lectores revisar que se respete al gusto, la calidad y la pluralidad por encima del dinero.