La Historia oculta del Régimen Militar
“La historia oculta del régimen militar” es un valioso documento periodístico de aquellos años grises posteriores al golpe de Estado en Chile. Un testimonio histórico y experiencial de una década y media de asaltos y plomos enemigos buscando cuerpos donde explotar. Años en que la sangre derramada teñía las mañanas capitalinas y se convertía en la perversa metáfora del rojo amanecer. “La historia oculta…”, tiene la virtud de retratar las personalidades y los eventos cual novela de ficción, con la salvedad de que su contenido no es sino un fragmento de la realidad misma de nuestra historia reciente. 15 años de terror y desventura, de poder, de pasiones exageradas, de cambios y reformas, de dolor y alegría, de muerte y olvido.
Se nos advierte en la presentación del libro que su valor radica en la rigurosa investigación que sus autores realizaron, pero más que eso, se funda en el hecho de que nada de lo incluido en el libro ha sido rebatido.
Tal advertencia no puede sino hacernos pensar dos cosas: o la investigación fue lo suficientemente rigurosa, exhaustiva y certera como para dilucidar todas aquellas interrogantes que el régimen nos privó de conocer en su momento; lo suficientemente clara y precisa como para no dudar de lo que en ella aparece; y sobradamente verosímil como para no sospechar que en ella se encierra también una cuota de complicidad. O más bien, se trata de una correcta y dedicada investigación dentro de lo que en esos años era posible investigar. Un recuento de hechos que equipara el terrorismo de Estado con la insurrección rebelde de los partidos de izquierda. A fin de cuentas, un libro que presenta los enfrentamientos como una guerra donde en ambos lados de la trinchera se sufrió lo mismo, y por lo tanto, cualquier inclinación supone falta de objetividad. Es decir, una patriciada que no queda mal con nadie y que deja satisfecho al más terrorista de izquierda así como al más déspota de los generales del régimen.
En beneficio del libro diremos que aquello que el presentador supone como fuerza clave del texto –el hecho de que nadie ha rebatido su publicación-, no es propio de las dos primeras ediciones de éste, lo que significa que sólo luego de ellas, puede presentarse en una tercera edición, tamaña satisfacción de quien nos presenta la obra.
Vale decir, además, que cuando salió la primera versión de la “historia oculta…” como recopilación de la serie de capítulos que publicó “La Época”, aún estábamos en plena dictadura militar, y aunque los eventos se presentan como una verdadera guerra –así como al gobierno le gustaba decir- referirse a Pinochet, a la junta, a la DINA y a la CNI, en los términos con que los autores lo hacen, no deja de ser loable. Recordemos que iniciados los noventa, el poder del General aún se respiraba en los pasillos de La Moneda. Y nadie que haya leído el libro podrá decir que no comprendió las características que entre líneas, los autores hacen de los altos mandos de las fuerzas armadas: la ambición, la obsesión por el poder, la violencia de su decir y su práctica. Tampoco se pueden pasar por alto las evidentes contradicciones de una izquierda que nació muerta y que no supo encauzar el deseo popular de justicia e igualdad. Los exiliados chilenos eran vistos con ojos desafiantes y solían ser culpados del fracaso revolucionario. En otros sectores del mundo, sin embargo, ser exiliado se convirtió en un bien preciado del que pocos se atrevieron a renunciar.
Ascanio Cavallo, Manuel Salazar y Oscar Sepúlveda no escondieron la mano luego de tirar la piedra sobre la historia de Chile, porque en ella llevaban las pruebas que sostenían una de las más impecables investigaciones que se hayan hecho del período en que los militares estuvieron a la cabeza.
Sin embargo, a 8 años de la última edición del libro (1997), con otro informe de prisión política y tortura, con militares detenidos y otros en proceso por violaciones a los derechos humanos, con civiles cuestionados y con Augusto Pinochet muerto, la situación no puede ser más diferente. Desde la captura de Pinochet en Londres, se han sucedido desafueros, investigaciones y detenciones de una gran cantidad de personas ligadas al ex dictador. Han quedado en evidencia sus fraudes y se han conocido los nombres de aquellos que no sólo fueron cómplices de un gobierno cruel sino que participaron directamente atentando contra la vida disidente.
Si bien “La historia oculta…” no concluye tajantemente sobre ninguno de estos hechos, dibuja ciertos guiños y se aproxima bastante. La emergencia de todos aquellos elementos que nos permiten elaborar, hoy en día, un juicio menos estrecho es obra de los civiles y periodistas que arriesgaron su vida en dictadura. Fueron esas manos las que comenzaron a cavar bajo el cemento y el desierto, lo que con tierra cubría la historia oficial, aquella que siempre redactan los poderosos y los vencedores. Aquella que en Chile escribió el régimen y que todavía nos deja secuelas en la memoria.
Los autores describen con cuidadosa precisión la persecución de los partidos de izquierda. La cacería fue implacable y escalonada: primero los socialistas, luego el MIR y finalmente los comunistas.
La autocrítica que los comunistas hacen de este periodo tiene que ver con su falta de capacidad para construir una verdadera logística revolucionaria, una estructura organizada dotada de armas y comandantes, con cuadros y combatientes dispuestos a morir por la causa. Fue vergonzoso comprender que el golpe, en gran medida, fue producto de un falso discurso incendiario en el que se aseguraba contar con los medios para la revolución armada. Eso, sumado al boicot americano y la intransigencia de la derecha chilena sentenciaron durante la Unidad Popular lo que sería el trágico destino de nuestro país durante los posteriores 17 años. El remedio fue peor que la enfermedad.
Mientras en Chile el olor del miedo se respiraba en las esquinas, en el edificio Diego Portales se diseñaba la nueva institucionalidad chilena. Pinochet y sus generales asignaban los ministerios y se asesoraban de preparados y jóvenes civiles para reconstruir la dañada economía heredada de la UP. Los Chicago Boys asumieron la tarea, no sin contar con el apoyo de la escuela donde se formaron: la de economía en la Universidad Católica. De la misma casa de estudios y de la mano de Jaime Guzmán también surgieron los gremialistas, que contaron siempre con un ferviente apoyo del gobierno. Extraña situación si consideramos que el gremialismo rechaza –en sus fundamentos- la politización de cualquier entidad gremial.
Los gremialistas, ligados ideológicamente al régimen, se constituyeron rápidamente en el think thank del gobierno militar. Muchos de los cerebros que condujeron la vida política nacional provenían de ahí. Fue tanta la importancia del gremialismo en la dictadura que su fundador, Jaime Guzmán, fue uno de los principales redactores de la constitución que forjaría los cimientos del Chile democrático post Pinochet.
Los autores de la “Historia oculta…” concentraron todas su energías y posibilidades en describir los hechos con la mayor precisión posible. Valiéndose de entrevistas, libros, revistas, oficios, declaraciones y conversaciones de pasillo –además de vivir en carne propia el régimen-, detallaron y recrearon, con un original estilo directo para este tipo de investigaciones, las reuniones de Pinochet y la Junta de gobierno.
No tengo la certeza pero es bastante posible que los autores hayan tenido acceso a los audios de más de una de estas conversaciones privadas. Esto considerando que las reuniones de inteligencia en Chile se graban y que los documentos oficiales se archivan y se guardan. También cabe decir que en estado de excepción, la mayoría de las cosas toma rumbos distintos.
No podemos decir que se trate de un libro de fácil lectura. Abundan los datos, las fechas y los nombres. Pienso que el reportaje funciona más como documento histórico que como literatura. Ciertamente los autores no tenían en mente un libro cuando comenzaron a escribirlo y eso se hace evidente luego de adentrarse un poco en sus páginas. Intuyo que quienes lo leyeron semanalmente en La Época opinan lo contrario y esperaban, cada siete días, el capítulo siguiente.
El reportaje tiene la virtud de establecer una suerte de gancho continuador entre los capítulos y sin duda, comporta un valor adicional si tenemos en cuenta la censura establecida por la dictadura y los pocos cambios en materia de libertad de expresión durante los primeros años de la democracia recobrada.
A dicho valor, podemos agregar uno más: la descripción sicológica del estado de almas reprimidas y tristes de los chilenos. No se trata de una caracterización propia de la psicología nacional, sino que el lector infiere, a medida que el libro avanza, el descontento, el dolor de las mayorías sedientas de justicia social.
Todo encuentro se hacía más emotivo, situación no menos importante si consideramos que un grupo de los que se quedaron en el país, vivía en completa clandestinidad. Los segundos en familia se disfrutaban más, pero había que tener cuidado: el fusil perdido en la oscuridad solía no tener compasión con los abrazos colorados.
Además, se agradece la objetividad en tanto se describe la situación en Chile como lo que fue: una dictadura. Nada más y nada menos. La historia está llena de violencia y muerte. Pretender que la dictadura chilena es lo más terrible que le ha pasado a la humanidad es ignorar el dolor de quienes verdaderamente han sufrido holocaustos en otros rincones del planeta. Los genocidios de Stalin y Hitler por nombrar los más conocidos. Decimos entonces que el reportaje de Cavallo, Salazar y Sepúlveda no puede sino parecernos impecable. Esto, por cierto, va más allá de si nos parece que el estilo carece de agilidad y ductilidad.
Se trata entonces de reconocer en la obra un trabajo periodístico verdaderamente admirable y riguroso, lleno de detalles y eventos que muchos extinguieron de su memoria y que evocan sensaciones extraviadas en los recuerdos del subconsciente.
La transición ha terminado. Sólo nos queda mirar adelante y no olvidar nunca el terrible sino de vivir sin libertades y respirando el miedo. Siempre se puede perdonar pero un pueblo deseoso de futuro, no debe olvidar jamás su pasado.