InicioOfftopicFlorencia, la sra que destrozó los escenarios!!!
Florencia, la sra que destrozó los escenarios!!!

La falta de talento, a secas, provoca pena. O peor aún, indiferencia. Pero cuando se une a una voluntad de hierro y una ceguera total, una disociación casi esquizofrénica de lo que eres realmente y lo que la gente ve en ti, crea una figura muchísimo más interesante que la que existiría si tuvieses talento de verdad. Probablemente Florence ni tendría entrada en Wikipedia de haber sido otra soprano correcta que cantaba en Manhattan en los años 30. Triunfar en algo que se te da terroríficamente mal –que no regular ni medio bien– te hace parte de una milicia que planta cara al sistema y se caga en las altas esferas intelectuales. Florence no solo se cagó en todos los críticos, sino que luego los acabó haciendo adeptos a sus shows.




La voz melodiosa que destroza La flauta mágica de Mozart es la de Florence Foster Jenkins. Florence nació en una ciudad mediana de Pensilvania en 1868 y desde pequeña quiso ser famosa. Hay que aplaudir que una niña supiese entonces lo que era la fama y la quisiera para sí. Si había alguna celebridad por aquel entonces debían de ser la reina de Inglaterra, Buffalo Bill y Jesucristo. Y no quería ser famosa de cualquier modo. Quería ser cantante de ópera.



Los Foster eran millonarios. Su padre, Charles, era un banquero con 50.000 dólares en bienes inmuebles y 10.000 en el banco. Y un padre rico siempre animará a su hija a cumplir sus sueños. Pero el de Florence le dijo que no podía ser cantante de ópera porque no tenía ningún talento. El servicio se volvía loco en casa barriendo cristales cada vez que la niña se atrevía con otra aria. El señor Foster pagaba a su hija las clases de piano, pero cuando Florence le dijo que quería irse a Europa a estudiar canto lírico él le respondió que de ninguna de las maneras.




Florence se enfurruñó, encontró a un médico y se fue a vivir una existencia acomodada a Filadelfia. Desgraciadamente, tras cantar ópera para él, su marido también le dijo que ni se le ocurriese volver a hacerlo. En 1902 se divorciaron.


titanic



Y en 1909, cuando ella tenía 41 añazos, ocurrió algo maravilloso: el padre de Florence se murió.
millonaria

Con el dinero de la herencia se mudó a Nueva York y empezó a recibir sus ansiadas clases de canto lírico. Y también creó el Verdi Club, una asociación para ayudar a nuevos talentos de la lírica. Logicamente, para Florence el nuevo talento era Florence. El Verdi Club organizaba un montón de eventos benéficos a los que acudían millonarios de Nueva York, nobles europeos y sopranos de todo el mundo. En todos esos eventos la soprano estrella era la que ponía la pasta: Florence Foster Jenkins. Ofreció su primer show en abril de 1912, pocos días después de que se hundiese el Titanic. No estaba el ambiente para chistes, pero seguro que la gente se susurraba al oído crueles paralelismos entre ambos hechos .



Florence se ponía un larguísimo vestido de tul, una corona de oropel y dos alas con plumas para cantar. Quería parecer un ángel, pero los presentes la describían como algo más cercano a un pavo asado. Siempre abría sus espectáculos con La flauta mágica de Mozart, pero su numero favorito era Clavelitos, durante el cual tiraba flores a su público desde le escenario mientras éste, entusiasmado, pedía un bis. La gente se reía, claro. Pero ella, con envidiable miopía y sordera, lo achacaba a la envidia que todos le tenían por ser rica y talentosa.


Los espectáculos de Florence se multiplicaron cuando se corrió el boca a boca de que había una señora que cantaba ópera de una manera absolutamente innovadora y chirriante. Pero no cualquiera podía ir a ver un show de Florence. Dejando a un lado a poderosos y gente del mundo del arte, si alguien de a pie deseaba verla tenía que someterse a un examen. La mujer que no alcanzaba ni una nota y cuya pronunciación de francés y alemán hacía arder bibliotecas desde Lima a Pekín dejaba muy claro que sus shows eran para gente que realmente amase la ópera. Los aspirantes a ser parte del público tenían que presentarse en su suite del hotel Seymour de Manhattan, responder a sus preguntas y ser aprobados personalmente por la artista. Una vez superado esto y tras abonar 2,50 dólares, estaba dentro.




Le iba tan bien cantando tan mal que empezó a organizar un concierto anual en el hotel Ritz-Carlton. Solo podían entrar 800 personalidades escogidas por Florence. Cada año la policía acudía a la puerta a desalojar a los cientos de neoyorquinos que querían presenciar aquello que la gente describía como el espectáculo más tronchante del mundo. En 1943 sufrió un accidente en un taxi y se convenció de que, debido al impacto, sus notas sonaban mucho más altas y perfeccionadas. Le envió al taxista una caja de puros habanos como agradecimiento por haber estampado el coche contra una farola.
Florencia
En 1944 llenó el Carnegie Hall. Las entradas se habían agotado semanas antes. Fue el 25 de octubre, justo un mes antes de morir con 76 años. Feliz como unas castañuelas, imagino. Ella dijo poco antes de morir: “Muchos dirán que no canto bien, pero nadie podrá decir que no canté”. Los que la conocían dijeron que nunca habían visto a alguien tan feliz con su trabajo. No tuvo descendencia y dejó toda su fortuna al Verdi Club. Ya en vida, todos los beneficios de sus horrorosos conciertos iban destinados a obras benéficas.



Hay muy pocas grabaciones de las óperas de Florence. Las que se editaron tienen nombres crueles, como Murder of the high Cs o The Glory (????) of the Human Voice (así, con interrogaciones).
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