Los programas de “chimentos” se basan en la vida ajena de los famosos o de los “nuevos mediáticos” y no hacen crítica y periodismo de espectáculo, como indica el género de dicha transmisión.
Actualmente hay una transformación en los programas de espectáculos actuales y aquellos primeros programas de crítica del espectáculo de décadas anteriores. Es decir, cambio el formato de este tipo de información de chimentos de famosos por realitys que sacan a la luz ofensas y miserias con los nuevos escándalos entre distintos personajes, no muy conocidos.
El filosofo español Gustavo Bueno, en “Telebasura y Democracia” (2002) afirma que este tipo de programas que se caracterizan por su mala calidad de forma y contenido, en los que prima la chabacanería, la vulgaridad, el morbo y, a veces, incluso la obscenidad y el carácter pornográfico se denominan televisión basura.
Estas emisiones se dedican exclusivamente a la farándula y a entrevistas a estos nuevos mediáticos para entretener al publico que pasa sus tardes acompañado de estos nuevos culebrones. Estas transmisiones no sólo viven de rumores sino que inventan “famosos” con vocación para el show mediático. Se abocan a construir celebridades dudosas, que saltan de un canal a otro, haciendo escándalos, al igual que en las revistas del género.
La periodista de espectáculos Susana Rocasalvo, sostiene: “un mediático es aquel que le gusta el reconocimiento publico mas que el dulce de leche, y si pueden ganar plata mejor. Es aquella persona que habla, opina y no mide sus limites.” El comentarista de entretenimientos Marcelo Polino afirma que es un neologismo que creo el en el 2000 para definir a las personas que tienen ganas de contar sus intimidades en la televisión, que les gustar estar en los medios.
La figura mediática en cuestión debe estar dispuesta a ser interpelada y responder sin recato, acerca de todo tipo de asuntos íntimos propios y, mejor aún, si son ajenos. Los asuntos en cuestión suelen ser peleas públicas con “ex”, ya sean maridos/ esposas, parejas, amigos/ as o colegas, discrepancias contractuales, confidenciales y/ o habladurías de índole diversa.
Sin embargo, el requisito es cuidar la apariencia física de forma impactante, y esto demanda algún tipo de intervención quirúrgica. Las mujeres se muestran en poses ante la cámara. Coquetean. Sus cuerpos hablan, se tocan el pelo. Importa más la figura (estética) que la celebridad. En cambio los varones requieren de una alta dosis de audacia y certeza en sus desplantes. En algunos casos inclusive, la sensibilidad sirve para atraer la cámara.
Podríamos decir que una de las prácticas actuales más habituales de la televisión es la de reducir la mujer a “objeto”, es decir “cosificarla”. Dentro de todo el contenido televisivo la mujer está despersonalizada, sin identidad propia, sólo pone su cuerpo y belleza al servicio de la satisfacción de los varones. En este ciclo especialmente utilizan a la mujer con un significado sexual, sirve como llamada de atención al sexo masculino. Su imagen aparece simplemente como adorno o vehículo de promoción del programa, su apariencia sirve como reclamo erótico. Así pues, primero atrae la mirada del espectador varón para traspasar posteriormente su atención al verdadero objeto, el programa.
Sin embargo, estos “lugares” de la mujer en la televisión aparecen cada vez mas socialmente aceptados. En estos programas muestran a las mujeres como objeto sexual, es decir, usan el cuerpo femenino para la venta del programa a modo de reclamo publicitario. El problema es que el sexo vende y en la sociedad occidental el sexo está atribuido hacia los hombres, las mujeres son las víctimas de la situación. Pese a los logros conseguidos por la mujer, estos programas quieren llegar a los televidentes dando la imagen de la muchacha que pone de manifiesto sólo su vertiente erótico-sexual, lo que hace de la dama un objeto de uso para el hombre. Con este mensaje ella misma se convierte, al aceptarlos, en objeto de deseo.
En este mundo la estética y la belleza física son más importantes que la misma cultura. Los programas de televisión no hacen un recorrido por la obra de cada uno de los artistas, no la analizan, ni la describen. El fin que persiguen es el placer, es solo la belleza expresiva.
http://blogsdelagente.com/varios/2010/01/12/la-mujer-un-objeto-sexual
Actualmente hay una transformación en los programas de espectáculos actuales y aquellos primeros programas de crítica del espectáculo de décadas anteriores. Es decir, cambio el formato de este tipo de información de chimentos de famosos por realitys que sacan a la luz ofensas y miserias con los nuevos escándalos entre distintos personajes, no muy conocidos.
El filosofo español Gustavo Bueno, en “Telebasura y Democracia” (2002) afirma que este tipo de programas que se caracterizan por su mala calidad de forma y contenido, en los que prima la chabacanería, la vulgaridad, el morbo y, a veces, incluso la obscenidad y el carácter pornográfico se denominan televisión basura.
Estas emisiones se dedican exclusivamente a la farándula y a entrevistas a estos nuevos mediáticos para entretener al publico que pasa sus tardes acompañado de estos nuevos culebrones. Estas transmisiones no sólo viven de rumores sino que inventan “famosos” con vocación para el show mediático. Se abocan a construir celebridades dudosas, que saltan de un canal a otro, haciendo escándalos, al igual que en las revistas del género.
La periodista de espectáculos Susana Rocasalvo, sostiene: “un mediático es aquel que le gusta el reconocimiento publico mas que el dulce de leche, y si pueden ganar plata mejor. Es aquella persona que habla, opina y no mide sus limites.” El comentarista de entretenimientos Marcelo Polino afirma que es un neologismo que creo el en el 2000 para definir a las personas que tienen ganas de contar sus intimidades en la televisión, que les gustar estar en los medios.
La figura mediática en cuestión debe estar dispuesta a ser interpelada y responder sin recato, acerca de todo tipo de asuntos íntimos propios y, mejor aún, si son ajenos. Los asuntos en cuestión suelen ser peleas públicas con “ex”, ya sean maridos/ esposas, parejas, amigos/ as o colegas, discrepancias contractuales, confidenciales y/ o habladurías de índole diversa.
Sin embargo, el requisito es cuidar la apariencia física de forma impactante, y esto demanda algún tipo de intervención quirúrgica. Las mujeres se muestran en poses ante la cámara. Coquetean. Sus cuerpos hablan, se tocan el pelo. Importa más la figura (estética) que la celebridad. En cambio los varones requieren de una alta dosis de audacia y certeza en sus desplantes. En algunos casos inclusive, la sensibilidad sirve para atraer la cámara.
Podríamos decir que una de las prácticas actuales más habituales de la televisión es la de reducir la mujer a “objeto”, es decir “cosificarla”. Dentro de todo el contenido televisivo la mujer está despersonalizada, sin identidad propia, sólo pone su cuerpo y belleza al servicio de la satisfacción de los varones. En este ciclo especialmente utilizan a la mujer con un significado sexual, sirve como llamada de atención al sexo masculino. Su imagen aparece simplemente como adorno o vehículo de promoción del programa, su apariencia sirve como reclamo erótico. Así pues, primero atrae la mirada del espectador varón para traspasar posteriormente su atención al verdadero objeto, el programa.
Sin embargo, estos “lugares” de la mujer en la televisión aparecen cada vez mas socialmente aceptados. En estos programas muestran a las mujeres como objeto sexual, es decir, usan el cuerpo femenino para la venta del programa a modo de reclamo publicitario. El problema es que el sexo vende y en la sociedad occidental el sexo está atribuido hacia los hombres, las mujeres son las víctimas de la situación. Pese a los logros conseguidos por la mujer, estos programas quieren llegar a los televidentes dando la imagen de la muchacha que pone de manifiesto sólo su vertiente erótico-sexual, lo que hace de la dama un objeto de uso para el hombre. Con este mensaje ella misma se convierte, al aceptarlos, en objeto de deseo.
En este mundo la estética y la belleza física son más importantes que la misma cultura. Los programas de televisión no hacen un recorrido por la obra de cada uno de los artistas, no la analizan, ni la describen. El fin que persiguen es el placer, es solo la belleza expresiva.
http://blogsdelagente.com/varios/2010/01/12/la-mujer-un-objeto-sexual