Es la eterna selección que con el paso del tiempo se hará cada vez más complicada y en la cual nunca habrá un consenso universal, bien sea por predilección personal o nacionalismo, matizada con la irrupción de nuevos talentos, la incómoda comparación de épocas y condiciones diversas, o por simple animadversión hacia uno u otro deportista. Por muy equilibrado que sea el periodista o el aficionado amante de los motores, nadie pudo o puede decir que se identificaba al mismo tiempo con Fangio y Moss, Clark y Hill, Hunt y Lauda, Senna y Prost y más recientemente Schumacher o Alonso; simplemente porque cada uno representaba dos filosofías y maneras distintas de encarar el mismo fin. Es parte de la fascinación que despierta este deporte. Por estas razones manifiesto mis preferencias, las cuales, con el respeto que se merecen todos, presento a continuación: 1) Juan Manuel Fangio: Será por siempre el campeón de campeones, el hombre a quien su virtuosismo al volante quedaba postrado ante su calidad humana, donde la humildad, el nunca sentirse superior y el reconocer las condiciones del rival formaban parte de su credo, premisas ahora desdeñadas por el común de los atletas - sea cual sea la disciplina – suponemos por las ingentes cantidades de dinero que devengan, las cuales superan cualquier lógica. Para uno de los decanos del periodismo deportivo venezolano, Omar Lares, Juan Manuel Fangio no sólo fue el amigo a quien vio vencer en Caracas 1955, sino “el campeón mundial más completo de la historia, dentro y fuera de las pistas, a no dudarlo, el deportista más completo del siglo”, palabras que sintetizan la admiración por el hombre. No es el momento para entrar en detalles acerca de lo que hizo Fangio y cómo lo hizo, baste resumir que el “Chueco de Balcarce” se impuso casi en un 50% de sus presentaciones oficiales en F1 (sin contar carreras fuera de campeonato o máquinas Sport), lo hizo con cuatro marcas diversas, a saber Alfa Romeo, Mercedes, Ferrari y Maserati, pero sobre todo en una época donde anualmente 3 de cada 5 pilotos de calidad fallecían en las pistas. Triunfar y sobrevivir en ese entorno de peligro irreal fue quizás su mayor victoria. Además, y contrariamente a una errada percepción del presente donde se sugiere la ausencia de pilotos profesionales en los cincuenta, Fangio lo ganó todo cuando contaba con más de 40 años de edad (lo cual ensalza todavía más sus logros), y lo hizo ante muchachos como Stirling Moss, Peter Collins y Mike Hawthorne, por señalar apenas a los ingleses, quienes lucharon como leones cuando tenían 25 años. La obra maestra de Fangio la diseñó en la pista que separaba a los hombres de los demás, Nurburgring 1957, la vez que se consagró por quinta vez campeón mundial de F1 rebajando el récord de la pista hasta en 17 segundos! link: http://www.youtube.com/watch?v=L7Ifcgl789E& 2) Ayrton Senna da Silva: El segundo lugar en esta selección ideal viene ocupado por el brasileño Ayrton Senna. Amado u odiado como toda gran figura pública (y es que el paulista, para los que lo olvidaron o no lo sabían, como todo ser humano también tenía virtudes y defectos), su incuestionable habilidad al volante dejó toneladas de documentos e imágenes en sus diez temporadas en la F1, periodo épico que acabó en el muro de la curva Tamburello de Imola de 1994. Fue el más osado, el “Magic”, como le bautizaron por su especial predilección de hacerse con el mejor tiempo de clasificaciones y por su sobrenatural dominio en el piso mojado, el cual le permitió apoderarse de la que sin dudas fue su mejor carrera: Donington 1993. Para convertirse en el ídolo de una generación, Senna tuvo que enfrentarse a una camada excepcional, encabezada por el francés Alain Prost, por dos años coequipero y su antagonista por excelencia, sin olvidar al brasileño Nelson Piquet, con quien de inmediato se entabló una recíproca antipatía, el austriaco Niki Lauda, el finlandés Keke Rosberg o el coraje desmedido del inglés Nigel Mansell. Senna fue un maniático de los detalles y la preparación física, en especial luego de haber sufrido en extremo en sus primeras presentaciones con el Toleman-Hart. Pero el halo místico que lo envolvía también sufrió un duro revés al admitir que había chocado adrede a Alain Prost para llevarse la diadema de 1990. Los defensores a ultranza de Senna no dudan en señalar que el Schumacher versión 1994 no lo habría derrotado de no mediar la infausta jornada de San Marino, ni mucho menos con el mismo Williams-Renault con el que se consagrara Damon Hill y Jacques Villeneuve, pero otra versión, escondida en los más secretos pasillos de la FIA, indica también que el Benetton-Renault del alemán contó con ventajas antirreglamentarias que no se hicieron públicas para evitar un escándalo adicional en uno de los años más negros de la categoría. link: http://www.youtube.com/watch?v=nru1V-JpO0w& 3) Jim Clark: Hablar del escocés es referirnos a los años sesenta y a una era donde hubo numerosos cambios técnicos en la Fórmula Uno, desde la consolidación del motor trasero que dieron un nuevo aspecto a los monoplazas, hasta el cambio de propulsores de 1500cc a tres litros. Su sólida unión con el constructor Colin Chapman y la firma Lotus le otorgaron victorias en todos los continentes, a razón de un triunfo cada tres presentaciones y si en su palmarés se registran “apenas” dos títulos, ello es debido a los fallos mecánicos que en dos ocasiones le privaron de otras tantas consagraciones en la cita de clausura de las temporadas 1962 y 1964. Asombró a los norteamericanos al imponerse en las 500 Millas de Indianápolis de 1965 pero sería su desenvuelta manera de conducir la que sellaría una etapa imborrable del automovilismo mundial. Arrancaba en punta y nadie lo podía alcanzar y, salvo inconvenientes mecánicos, era imbatible. Su mejor carrera no sería una de sus 25 victorias: ocurrió en Monza 1967 donde pinchó una goma, paró en pits, perdió una vuelta y comenzó la recuperación que no se detuvo hasta que recobró la vanguardia, locura y delirio que culminó en la última vuelta al quedarse sin combustible. Resulta curioso advertir que buena parte de los pilotos del presente admiten haber querido competir en un Lotus 25, 33 ó 49 como los de Clark, sin embargo, lo que ninguno habría aceptado bajo ninguna circunstancia habría sido correr en el antiguo Nurburgring, SpaFrancorchamps o Clermont Ferrand, por mencionar apenas algunos escenarios. La incertidumbre de no saber cuándo podía ser la última largada marcó con sangre y fuego el primer cuarto de siglo de la F1 y Jim Clark pagó el precio más alto en 1968 en una carrera de F2. Y es que hasta en eso todo ha cambiado radicalmente: hoy el trabajo (y el salario) se concentra en una categoría, evitándose peligrosas distracciones como las que condujeron a su fin al virtuoso alemán Stefan Bellof en un prototipo Porsche en 1985. link: http://www.youtube.com/watch?v=i0vmUn5Z3o0 4) Michael Schumacher: Es uno de los mejores pilotos de la actualidad y se dispone a acaparar todas las marcas históricas de la Fórmula Uno con lo cual automáticamente obtendría los puntos para ser considerado el mejor de los mejores. Sin embargo, el propio germano - en una inusual pero honesta confesión - sabe que no es justo comparar la época que le ha tocado vivir con relación a la de Fangio, su objetivo numérico más próximo. Pero no nos equivoquemos: un piloto de su estirpe habría sido campeón en cualquier periodo y su única ventaja es haber nacido para conducir los nuevos F1 en las pistas del presente. Michael Schumacher representa además el modelo del piloto ideal: irresistiblemente veloz, constante, técnico, analítico, con una preparación física asombrosa y, por qué no decirlo, con la dosis de fortuna que debe acompañar a los grandes. Por otra parte, fue el encargado de devolverle a la firma Ferrari la alegría que no se dibujaba en su rostro durante dos décadas. Los retiros de Prost y Mansell y la desaparición de Senna le dejaron el camino expedito para asumir el trono, lo que no quiere decir que no los hubiese superado de igual manera. Desde su primera coronación en 1994 y de manera intermitente, se han interpuesto en su camino hombres como Damon Hill, Jaques Villeneuve y Mika Hakkinen. Sin Senna, el camino para la consolidación definitiva de Michael Schumacher fue mucho más sencilla, aunque igual compartieron un par de intensas temporadas. Al germano le tocó vivir la incómoda situación que afrontaron otros grandes como Jackie Stewart, quien en 1968 tuvo que aceptar el vacío que dejó Jim Clark, piloto que a su vez recibió el testigo de Stirling Moss en 1962, confrontaciones nunca consumadas en su máximo esplendor y que en aquel entonces, ahora y siempre servirán para recrear las discusiones entre los aficionados y cronistas. A Michael Schumacher se le objetan igualmente sus maneras poco ortodoxas para definir los títulos de 1994 y 1997, pero si vamos a la realidad y sin los contratiempos como el choque con su hermano en Nurburgring 1997, la discutida colisión con Coulthard bajo la lluvia en Spa 1998 (donde a nuestro juicio no toda la culpa la tuvo Schumacher) y el grave accidente de Silverstone 1999, hoy estaríamos hablando del heptacampeón del mundo... y es que en el campo de la especulación también Alain Prost podría recriminar a su suerte los tres o cuatro títulos que perdió en los ochenta, pero a diferencia del galo y por si faltaba alguna cualidad en el alemán, es también maestro en la lluvia. ¿La mejor victoria de Schummy? Nos quedamos con la primera, en Bélgica 92 ante Mansell, Prost y Senna o en el mismo Spa, año 95, tras arrancar en los últimos lugares. link: http://www.youtube.com/watch?v=GM912vJXFRw 5) Stirling Moss: En un margen de selección tan limitado como indicar apenas cinco nombres entre no menos de veinte candidatos, el quinto seleccionado a nuestro criterio es el inglés Stirling Moss, cuatro veces subcampeón mundial de F1. Pero ¿cómo es posible que pasemos por alto al tetracampeón Alain Prost, los triple coronados Jack Brabham, Niki Lauda, Jackie Stewart o Nelson Piquet?. Es cuestión de gustos y no necesariamente de números. Es rigurosamente cierto que Moss nunca pudo llegar al número uno, pero el único responsable de ello fue Juan Manuel Fangio, con lo cual abundan los comentarios. Stirling Moss ganó más de 200 carreras en todo tipo de máquinas y condiciones y, como se destacó en el caso de Fangio, pudo contarlo a pesar de coquetear con la muerte en varias ocasiones. Se retiró con 32 años de edad, en 1962, víctima de un grave accidente del cual escapó con vida por pura casualidad. Se dice que su romanticismo en defender los colores de las firmas inglesas le impidieron alcanzar muchos más éxitos, pero Moss también supo correr y ganar para Mercedes Benz y Maserati. A diferencia de Fangio, su maestro, vivió el cambio del propulsor delantero a la parte posterior, triunfando en ambas configuraciones. Especialista en retos desiguales, su victoria más espectacular la obtuvo en Nurburgring 1961 cuando con un Lotus dejó atrás a los Ferrari del americano Phil Hill y el alemán Wolfgang Von Trips. link: http://www.youtube.com/watch?v=2LxcD_ZrtgU link: http://www.youtube.com/watch?v=wqBFZpnNz5c Si la elección pudiera extenderse a 10 nombres, entonces colocaria a Jackie Stewart en el sexto, Alain Prost en el séptimo, Alberto Ascari en el octavo, Emerson Fittipaldi en el noveno y a Mario Andretti en el décimo. TRIBUTO A LA GRANDEZA No podria terminar sin hacer referencia a uno de los mejores ejemplos que reflejan la nobleza y reconocimiento de los conocedores hacia el talento, sea cual sea su lugar de origen. Es una estatua tamaño natural que se encuentra en el museo de Donington Park, en Inglaterra, en la que es sin dudas la galería de monoplazas de F1 más completa del mundo, recinto que merecerá un trabajo aparte con sus correspondientes imágenes. A la entrada del referido museo, dos figuras pétreas parecieran decirle al mundo: “Gracias, el señor que tengo a mi lado fue el mejor”. Nos referimos a Juan Manuel Fangio y a Ayrton Senna. Para no herir susceptibilidades colóquenlos en el orden que prefieran; lo trascendente es que en plena campiña británica hayan erigido este monumento, cuando perfectamente pudieron colocar la figura de cualquier as local, como Stirling Moss, Jim Clark, Jackie Stewart y hasta del mismo Nigel Mansell, de lo cual sólo se puede concluir que el amor y el respeto hacia deporte no tiene barreras ni conoce fronteras. Y es que sin tener preciso si lo hizo con intención o no, el acaudalado Mr. Whattecroft, propietario de Donington, reunió en esas dos figuras latinoamericanas a los mejores pilotos de la historia del automovilismo deportivo, un ejemplo y lección que ojalá podamos aprender y que en un futuro no muy lejano nos permita admirar en nuestro entorno continental, tarea sencilla de lograr si conseguimos que la intolerancia y el orgullo cedan paso a la razón. Nadie pretende que el común del pueblo brasileño destaque la labor de un rioplatense o viceversa, rivalidad que siempre existirá entre todas las naciones limítrofes del planeta (¿acaso creen que los franceses son felices con los triunfos de los Schumacher?), pero de allí a desmerecer y a atacar a un deportista por el color de su piel o del pasaporte, por su acentuación al hablar o lugar de origen, es síntoma evidente de poca cultura y suprema envidia, sello inconfundible de sociedades - o sin caer en el grave error de generalizar- de individuos enajenados. Más complicado lo tienen los latinoamericanos y especialmente aquellos aficionados que profesan legítima y sagrada devoción hacia Michael Schumacher, muchos de los cuales son, por lo general y antes que cualquier otra cosa, seguidores de la casa Ferrari, pero las reiteradas victorias del germano ponen ahora en peligro la marca del “Quíntuple” Juan Manuel Fangio, un récord que ojalá se quede en manos del argentino por siempre, si bien la realidad apunte hacia un nuevo destinatario. Bueno Esa es mi lista. Si lo desean pongan la suya... “Vi a dios. El fue quien me guió a la victoria. Su deseo su poder. Rezaba, agradeciendo a dios todo lo que había echo por mi. Vi su imagen elevándose hacia el cielo...” Ayrton Senna...
La lista de los 5... (F1)
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