
Mi hijo es un ladron ¿Que hago?
Hijos 8-12 años
Un ladron en casa
Revista Nro.50 Por Andrea López E.
Según los expertos, ya desde los 5 años un niño sabe que tomar lo ajeno no es correcto. Sin embargo, sustraen cosas a otros por el simple hecho de querer tenerlas. Rara vez roban por necesidad, la mayoría lo hace por un afán de acumular cosas. “Sienten que tienen que ser el recipiente de todo lo que les gusta. Son unos verdaderos coleccionistas que quieren disfrutar sin que los demás puedan hacerlo, hay una gran dosis de egoísmo que los motiva”, dice el profesor Mario Stambuck, del Colegio Cordillera.

¿Cómo darse cuenta de que está robando?
Cuando de un momento a otro un hijo empieza a tener muchas cosas nuevas y no tiene respuesta a cómo las ha obtenido, lo más probable es que sean productos de un robo. Si un niño llega del colegio con el estuche rebalsado de lápices, gomas, sacapuntas o bolitas ajenas y al preguntarle de dónde las sacó responde evasivamente que se las dieron o se las encontró, puede ser que las haya hurtado. Basta que uno haga un pequeño seguimiento a estos objetos sospechosos para darse cuenta de que se está frente a un niño que roba.
Por eso es importante estar al tanto de las cosas que tienen los niños, qué traen en la mochila del colegio y qué hay en sus piezas. Sin ser detectives, pero tampoco sin caer en la ingenuidad: “mi hijo es un ángel” o “cómo, si en la casa sólo ha tenido ejemplos de honestidad”.


¿Qué hacer con un ladrón?
Una vez que los padres saben que su hijo se ha apropiado de algo ajeno, lo primero que hay que hacer es preguntarle con mucha delicadeza, pero firmeza a la vez, de dónde salió ese objeto, de modo que el niño reconozca que lo robó. Sin este reconocimiento, no se puede hacer nada.
El segundo paso es que el niño se dé cuenta del daño que causó y entienda que de la misma forma que a él le gusta ese objeto hay alguien que ahora está muy apenado porque ya no lo tiene. Y que si él lo quería (un cassette, por ejemplo) o lo necesitaba (los apuntes para la prueba) debe pedirlo y no sacarlo a escondidas.
También es necesario explicarle que si toma cosas ajenas, la gente va a desconfiar de él, sus amigos no querrán invitarlo a sus casas y cada vez que pierdan algo sospecharán de él.
Pero es la razón de fondo la que debe calar en la inteligencia del niño, de manera que sepa enfrentar la próxima tentación: el robo es contrario al orden de la creación, en que cada cual tiene un conjunto de objetos que le son propios. Quien roba no sólo daña al otro y se causa un daño a sí mismo, sino que ofende a Dios, Señor de todas las cosas.


Una enseñanza de por vida
Finalmente, el hijo debe devolver lo ajeno sin que ello le signifique una humillación personal. Esa será una enseñanza de por vida. Dice el profesor Stambuck: Creo que sería muy brutal hacer que le diga a su compañero: “Toma, te lo robé”. Es más fácil que diga: “Toma, yo lo tenía”. De esta manera el niño da la cara y vive la experiencia de devolver personalmente lo que sustrajo, pero sin tener que entrar en mayores detalles para que no se sienta humillado. Es algo personal que no se debe hacer delante de todo el curso.
Lo mismo sucede cuando uno lo pilla que sacó un juguete de una tienda o algo de un supermercado. Aunque suponga molestia y tiempo es necesario regresar a devolverlo (o pagarlo si es algo que se consumió), pues en caso contrario se estaría avalando una conducta errónea y se le enseñaría a no enfrentar las consecuencias de lo que hace.

Del “manilarga” al ladrón
Según la psicóloga infantil Andrea Cornejo, tomar lo ajeno es más o menos grave según el contexto en que se toma lo que no es propio y su frecuencia. Hay que conocer las circunstacias del robo. Una atenuante es, por ejemplo, si encontró algo botado en el colegio y en vez de llevarlo al encargado de las cosas perdidas sencillamente se lo apropió. Si el acto ocurre en medio de una situación de estrés emocional o familiar (nacimiento de un hermano, muerte de un miembro de la familia, problemas matrimoniales de los padres) puede entenderse la acción como un desahogo del niño en medio de esta tensión emocional. Igual sucede si uno se da cuenta de que con el robo ha logrado captar la atención de los padres que antes no tenía. Ambas situaciones no dejan de ser preocupantes, pero uno sabe que es algo en lo que se puede trabajar, pues se conocen sus causas.
La frecuencia del robo también es fundamental para establecer su gravedad. No es lo mismo un robo aislado que el que se repite dos o tres veces por semana.
Realmente preocupante es cuando un niño no reconoce que los objetos que hurtó no le pertenecen. No quiere aceptar la segunda oportunidad que se le está dando. En este caso, se le puede pedir ayuda al profesor jefe, en vez de guardar silencio y tratar de tapar la situación. Si con todo esto sigue robando habría que consultar a un psicólogo infantil.


El orgullo de ser honesto
Lo importante es la actitud del niño frente a las cosas. Lo ideal es que deje de ser el que las acumula y pasa a ser el que las presta. Por ejemplo, si roba la colación de alguién se le puede mandar doble colación para que comparta. Debe pasar de ser un niño egoísta a uno generoso.
Los padres no pueden contentarse con que un hijo no robe, sino que deben lograr que se sienta orgulloso de ser honesto, poder mirarse al espejo y ver reflejada la figura de un hombre o una mujer íntegros.
Ello se logra cuando desde pequeños se les ha hablado del honor familiar, de que la honradez se nota en lo pequeño (pagar el pan y luego sacar uno en el supermercado) y que no vale la pena manchar el propio nombre “robándose” un pollito en la kermesse.


¿Por qué roban?
Para la psicóloga infantil Andrea Cornejo, los niños toman lo que no es de ellos por distintas razones:
-Sacan cosas que no le corresponden como una forma inconsciente de hacerse notar. Al principio, no están conscientes que por tomar algo ajeno van a llamar la atención. Pero, cuando lo consiguen, se dan cuenta del efecto que tiene robar y siguen haciéndolo para que se preocupen más de ellos.
-Otras veces son niños que están en un ambiente en el que poseer bienes materiales otorga cierta importancia frente a los compañeros. En este sentido, tomar cosas ajenas es una forma de alcanzar notoriedad.
-También detrás de tomar lo ajeno hay una conducta impulsiva e irreflexiva de conocer el medio que los rodea. Esto porque todavía se están formando en lo que es respetar la propiedad ajena y el espacio de los otros.
-Si tienen padres excesivamente estrictos, roban como una forma de desafiarlos o porque es la única forma de obtener ciertos placeres. Si un niño va a un supermercado con su mamá y ella jamás le compra algo porque le dice que no tiene plata, que es malo para la salud, etc, puede que él robe porque es la única forma de acceder a lo que tanto desea. Cuando hay una restricción excesiva en un montón de áreas, el robo aparece como la única opción.

¿Qué se hace en los colegios?
Un profesor de un colegio masculino cuenta: “Me ha tocado tener un curso en que se roban muchas cosas. A veces pasa que el día martes por ejemplo, a tal hora, se roban todas las colaciones. Muchas veces uno se encuentra que no es gente de ese curso la que roba, sino que del de al lado. Cuando hay robo en un curso, uno les dice que es una situación que no se va a repetir y el próximo que sea pillado robando va a recibir tal sanción. Algunos profesores se han tenido que esconder en la sala para sorprender a los infractores. Casi siempre se pilla a los ladrones porque tienden a especializarse; roban a cierta hora y bajo ciertas circunstancias. Uno investiga qué cursos están libres a esa hora, quiénes piden permiso para ir al baño y se va achicando el círculo hasta que uno los pilla”, dice el educador. Se puede llegar a la expulsión del ladrón si tras varias advertencias sigue robando.
FUENTE
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