Contundentes declaraciones del Obispo de Villa María
Samuel Jofré
Samuel Jofré
"Si viene un señor, se hace operar, un varón, se saca todo lo que se quiera sacar y se pone todo lo que se quiera poner, le cambian el documento... pasa a figurar como mujer. Sin embargo, le toman 1 pelo... Un pelo. Las células que vamos dejando constantemente. Y se sabe que es varón. Y se va a saber siempre que es varón. Entonces acá lo que hace falta es sentido común. Simplemente sentido común, vivir en La Verdad. De eso se trata. Entonces no es cuestión de que yo esté de acuerdo o no esté de acuerdo: es que La Verdad se nos impone. Y si no la queremos reconocer, mientras más tardemos en reconocerla, más duro es el golpe.
Entonces yo propongo que ayudemos a las personas que tienen dificultad para aceptar y amar su condición varonil o su condición femenina. Comprendiendo las situaciones y dificultades que puedan tener por distintas razones, por las cuales no los tenemos que discriminar, y los tenemos que querer, y todo eso. Pero perder el sentido común, me parece que no es camino de ayuda a nadie: ni a las personas que sufren el problema, ni para la sociedad. Para la sociedad es una cuestión suicida, básica. La familia es la base de la sociedad, y el matrimonio es el fundamento de la familia. Si confundimos eso...
Y además en este campo entramos en otro tema que tiene muchas aristas y es problemático: la cuestión de la discriminación. Hoy se usa la palabra discriminación como una "palabra mágica" y salvadora de todo. O al contrario, estigmatizadora de todo. ¿Qué es discriminar? Discriminar es tratar de manera diversa a los iguales. Ahora bien, todos somos en algo iguales y en algo diversos. Por lo tanto la discriminación es una injusticia y es pecado precisamente cuando trato de manera diversa a los iguales, en lo que son iguales. Pero tratar de manera diversa a las personas, en lo que son diversos, es justicia. Y tratar de manera igual a las personas en lo que son diversas, es una injusticia. De esto podríamos hablar a todo nivel: impositivamente, podríamos hablar en la masculinidad y femeneidad, en la edad, en la inteligencia, ¿no?
El criterio de nivelar para abajo, que se nos ha introducido... Uno de los factores que ha provocado la decadencia nacional es este nivelar para abajo. Da lo mismo cualquier cosa. Le pongo otro ejemplo: los concubinos tienen los mismos derechos que los esposos. Pero resulta que los esposos se comprometen, y los concubinos no. Entonces no hay correlación entre derechos y deberes. Eso es una gravísima injusticia. Y sin embargo no dicen nada. Insisto, más acá de la fe: simplemente una mujer que se casa se compromete y se obliga con su esposo, una concubina no. Un señor que "se junta" lo mismo. ¿Y por qué les vamos a dar los mismos derechos, cuando no tienen las mismas obligaciones? Eso provoca un desorden social muy grave que es fuente de muchas violencias. Y lo estamos viendo: no podemos tapar el sol con la mano y esto es fuente de muchísimas violencias interfamiliares, que ya no son intra-familiares son intra- este conjunto que no tiene el orden básico elemental.
Pero insisto, no es una cuestión de fe, es de sentido común. La fe viene a rescatarnos el sentido común."
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Escudo Episcopal.
En el primer cuadrante un lirio de plata sobre campo azul representa a la Virgen María, patrona de la diócesis de Villa María y cuyos colores tomó Liniers para las escarapelas celestes y blancas de la Reconquista de Buenos Aires.
El segundo es una caracola de oro en campo rojo, simbolizando al papa Benedico XVI que llamó a Jofré al episcopado.
El tercer campo, en rojo la torre del escudo de la provincia de Córdoba.
En el cuarto campo, las armas nobiliares de la familia Jofré, que el obispo heredó de su antepasado el conquistador Juan Jofré , fundador de la ciudad de San Juan.
Por último en el centro se ubica un campo de oro, donde resalta el Sagrado Corazón de Jesús, abierto y coronado de espinas y una cruz paté en negro, del que mana sangre y agua.
El escudo sintetiza los amores e ideales del obispo, todos dominados y unificados por el amor del Corazón de Jesús, en cuyas misas del primer viernes oyó el llamado de Dios. En la parte superior está su amor sobrenatural por la Iglesia, particularmente en Villa María, la Virgen y el Papa. Abajo su amor humano por la patria, el terruño y el campo apostólico del obispo, así como la familia de quien recibimos la vida y la fe, y cuyo servicio las circunstancias reclaman hoy con peculiar intensidad.