Intrépido habitante del crepúsculo
Podemos verlo durante el crepúsculo y al anochecer. Tiene alas grandes y largas, cola negra y terminada en una punta blanca. Vuela a ras del suelo y es sumamente intrépido. Aparece, de pronto, entre las patas del caballo, hace un poco de alboroto y luego se adelanta. Él también tiene su leyenda
Cuenta esta leyenda triste que un vez al pueblo llegó un viajero, joven y buen mozo. Anahí, la hija de unos modestos campesinos del lugar, se quedó completamente enamorada del muchacho.
Era Primavera y todo parecía estar más bello. La pequeña soñaba con casarse y tener una vida tranquila con su enamorado.
Pero un día, nadie supo por qué, el joven recién llegado preparó sus cosas y partió sin saludar siquiera a Anahí. Desde entonces Anahí no volvió a sonreír y lo buscó desesperada por poblados cercanos sin dar con él.
El tiempo pasó y la niña no volvió a su casa; se había transformado en un pequeño pajarito que buscaba en cada camino a su amado.
El pajarito al que hacemos referencia en la leyenda es el atajacaminos, y habita en el norte argentino. Se lo puede ver durante el crepúsculo y al anochecer. Tiene alas grandes y largas, cola negra y terminada en una punta blanca. Vuela a ras del suelo y es sumamente intrépido: aparece de pronto entre las patas del caballo, hace un poco de alboroto y luego se adelanta.
Verónica Podestá